Casi por arte de magia, y acompañados con toda la estridencia que necesitan las maniobras antipopulares, los argentinos estamos asistiendo a la resurrección de dos expresiones especiales con que el régimen intenta seguir expoliando a la clase obrera: Aramburismo y Vandorismo. En lo que respecta al aspecto político se insiste con una frase rimbombante: «El gran acuerdo nacional». Esto es, encuadrar dentro de la estrategia de la dictadura a todos aquellos que revelan gran ansiedad por la entrega de las luchas de nuestro pueblo a través de una boleta electoral. Allí convergen sin ningún prejuicio una amplia gama de cipayos ya sean de la derecha como de la izquierda antinacional. Los protagonistas que creen en esta salida pacífica que ofrece el presidente Lanusse, son los que conforman la regiminosa Hora del Pueblo y el Encuentro de los Argentinos.
Pero hay algo que tener presente si se quiere analizar esta falsa salida. Este «gran acuerdo» de hoy no es ni más ni menos que lo que pretendía el ejecutado Tte. Gral. Aramburu. Sus seguidores dentro de las FF.AA. están tratando de reeditar la experiencia, sin darse cuenta que el pueblo ya no es un manso receptor de mentiras, sino que se va convirtiendo en un poderoso y violento foco de rebeldía, que quien lo intente seguir engañando sufrirá las consecuencias de la «justa ira de los .oprimidos» como ya lo expresara Evita.
Como ejemplo está el interior donde a partir de una organización desde la bases , se golpea a cada instante a los enemigos más poderosos. Por eso es que aunque Paladino y Balbín o Ghioldi y Bustos Fierro insistan en que la salida electoral es la que espera la «gran mayoría», nadie se ha inmutado ni se ha dado por aludido. Eso, en un idioma más claro significa, que los trabajadores ya están hablando un lenguaje distinto, violento y liberador, con la mirada puesta en un mundo sin explotados y con justicia social.
Para ellos su boleta electoral está representada por las armas de los combatientes de los distintos frentes armados.
Paralelamente a este hecho, en el campo militar se va desarrollando una crisis que desmorona estrepitosamente todo el sistema de unidad vertical, disciplina y subordinación de que el ejército ha venido haciendo alarde en los últimos años. Aunque se intente demostrar lo contrario, la unidad de las FF.AA. está quebrada. Varias son las líneas y tendencias irreconciliables que pululan en su seno. Este creciente estado de descomposición de los altos mandos parece localizarse especialmente a partir de la intervención de jefes de distintas armas en los directorios de empresas extranjeras, o en la coparticipación existente en actividades de penetración que programa el imperialismo yanqui en América Latina: y por último en las sucesivas pugnas entre sí de varias líneas golpistas para apropiarse del poder.
Ya son varios los generales y coroneles que conspiran. Lo hacen Onganía, Levingston y hasta el irrisorio «Comandante» Labanca, pero a todos los une una gran ausencia. Carecen de respaldo popular por pertenecer a una clase odiada y decadente que como única particularidad tiene la de profundizar su gran desprecio por las mayorías.

  • El regreso de Vandor
  • Acompañando los vaivenes y desventuras del presidente Lanusse, el vandorismo enquistado en la CGT de Azopardo se ha lanzado a la ofensiva. Para ello cuenta con la destacada actividad que vienen desarrollando en ese sentido sus dos «Secretarios Generales»: José Rucci y Rubens San Sebastián.
    Este organismo es uno de los ejes principales de una gran campaña mackartista y reaccionaria que se viene gestando en sectores desplazados por las bases del peronismo. Junto con lo más oligárquico del nacionalismo, que lidera el estanciero Manuel de Anchorena, Rucci y su patota armada han comenzado a querer dividir a los trabajadores en rojos y blancos. Coreando la marcha peronista se intenta acallar a compañeros que se desangraron en la resistencia después de 1955, mientras que los actuales burócratas de la CGT eran ilustres desconocidos. Pero como si todo fuera poco, el aparato cegetista en franca combinación con el gobierno trata de presentar como enemigos del pueblo a quienes libran batallas día a día por la liberación, a quienes mueren torturados y a quienes sufren cárcel y humillación constante.
    Los Rucci, los Coria, y todo ese grupo cómplice de una estrategia vandorista tiemblan cuando se produce un Cordobazo. Saben perfectamente que la marea va creciendo del interior al puerto. No dudan que su estabilidad pende de un hilo y por ello siguen negociando. Tratan de aferrase deseperadamente al sistema, que por ahora los usa, pero cuando no le sirvan los expulsará y entonces ya será tarde. Estarán inexorablemente perdidos y en manos de la buena memoria de los trabajadores.
    Esa suerte no la han de correr quienes por ser incesantes luchadores de la causa obrera pagan su coraje con la cárcel, como los compañeros Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Gregorio Flores, y tantos otros. Como el prolcctariado combatiente alineado en Sitrac-Sitram, el Peronismo de Base en Córdoba o los compañeros del Bloque Gremial Peronista de Rosario, que encabeza Mario Aguirre. Ellos saben junto con sus bases que a las conquistas se las arranca luchando violentamente y no por medio de prebendas —tal el caso de los 1000 millones de pesos que el gobierno entregara a la CGT— que agravian para siempre la memoria revolucionaria del proletariado argentino.

  • El ejército popular
  • De un tiempo a esta parte el pueblo sabe que ya tiene un representante que lo interpreta en un terreno muy especial. Los militantes que han emprendido el camino de la acción armada y están estructurando el Ejército capaz de responder con una guerra prolongada a la violencia del régimen, son quienes dan en el momento oportuno las respuestas que muchos argentinos desean y a veces no pueden concretar. Por ello, es que los combatientes de las FAR golpean a fin de abril al Ejército de ocupación apoderándose de numerosas armas. Pero más que la acción en si, lo que se rescata de ese hecho, es la contundente negativa del peronismo revolucionario, a pactar y a seguir los deseos de la dictadura de caer en el juego electoral. No hay que olvidarse que un día después, el señor Paladino debía entrevistarse con el ministro Mor Roig. para autenticar el asentimiento y subordinación al Presidente Lanusse. La contestación del Ejercito
    Popular fue terminante y desarticuló prácticamente toda posibilidad existente de componenda. Otro eslabón de este método de respuesta directa y combativa, lo encarnan los integrantes del ERP cuando en un espectacular y cerebral operativo secuestran y logran canjear al cónsul de Gran Bretaña en Rosario y Gerente de la empresa Swift en esa. Allí los guerrilleros reemplazan con éxito a los dirigentes gremiales de la carne, que subordinados a la política de traición a que nos tienen acostumbrados estos burócratas, no habían logrado para sus representados ni tan solo una mínima conquista salarial. El brazo armado del pueblo toma cartas en el asunto y consigue en forma inmediata numerosas concesiones para los obreros del frigorífico. Además y como sintetizando lo que ya venía sucediendo en los últimos meses, se produce una amplia participación de los hombres y mujeres del pueblo en apoyo de la acción guerrillera, lo que hace confesar al mismo Jefe de Policía de Rosario: «aquí nadie colabora con las fuerzas de seguridad».
    Por supuesto nadie podía colaborar con quienes en nombre del miedo convierten la zona en campo de concentración. Los habitantes de las villas que rodean los terrenos donde los ejecutivos del frigorífico juegan despreocupadamente al golf, fueron avasallados, ultrajados y cientos de ellos detenidos. Todo ello, por quienes combaten la «subversión antinacional». Después de esa experiencia, es un tanto inútil preguntar de que lado estuvo el pueblo rosarino en esos «aciagos» días que soportó el gobierno del Gral. Lanusse. A partir de ese operativo los obreros de Swift se sintieron ya con la fuerza recobrada y comenzaron a exigir lo que les corresponde, y que gracias al acuerdo que existía entre falsos dirigentes y la patronal, jamás hubieran podido lograr para sí.
    Dos días después dé esta acción, los Montoneros ocupan San Jerónimo Norte en Santa Fe, infligiendo un nuevo y rudo golpe a las fuerzas de represión. Todo esto configura un panorama violento dentro de esta guerra prolongada de liberación en que está empeñado el pueblo argentino.
    Una guerra que ya está reclamando de sus combatientes la unidad orgánica y concreta para poder así, seguir creando nuevas alternativas de poder popular. Ya lo reclaman desde la prisión numerosos militantes. En un documento que publicamos en sección aparte se impone la necesidad de conformar el Ejército Peronista que es hoy la instancia revolucionaria que se le presenta al Gral. Perón. Instancia única e irrechazable frente a la salida reformista que pregonan los conocidos usufructuarios de la vieja política. Unidos, y con el claro respaldo de la gran mayoría del pueblo, los combatientes peronistas tendrán una nueva etapa que recorrer junto a las demás organizaciones guerrilleras. Tenemos la absoluta seguridad de que la batalla por la derrota total del capitalismo no admite bandera de rendición. Ese será el mayor orgullo para la futura Patria Socialista.

    Tags: ,