El documento siguiente es un informe sobre la situación nacional actual que diversos grupos y organizaciones del peronismo revolucionario han enviado al General Perón en los primeros días de agosto de 1969:

  • ANÁLISIS DE LA REALIDAD ARGENTINA
  • Serían necesarias muchas páginas para hacer el análisis de la situación política nacional, es decir, de esa realidad trágica que sufre el pueblo argentino como consecuencia de la tiranía ejercida por Onganía en nombre de las FF.AA.
    Pero es que, además, es innecesario hacerlo, puesto que ello ya lo han hecho las masas populares y el Pueblo todo, al expresar su repudio al gobierno de Onganía a través de las manifestaciones masivas de trabajadores y estudiantes y amplios sectores de la clase medía en las jomadas nacionales de mayo-junio del presente año.
    En cambio, consideramos que importa caracterizar la realidad actual, a travos de sus signos más notorios con lo que se alcanza a configurar un funesto panorama que deteriora la salud y el bienestar del pueblo argentino, mientras se inmola la soberanía y se rinden sus riquezas al usufructo de los monopolios internacionales.
    La actualidad política está fundamentalmente caracterizada por la violencia y el enfrentamiento, como consecuencia de la reacción natural del Pueblo, que ha resuelto responder a la violencia pretoriana del régimen
    En efecto, la violencia del sistema se exterioriza, no sólo a través de la represión despiadada, del encarcelamiento, persecuciones, torturas, asesinatos de estudiantes y obreros, de la intimidación permanente mediante la brutal utilización de la arbitrariedad y de la fuerza, sino, especialmente, mediante la desocupación, el hambre, la miseria, las ollas populares en todo el Norte, el cierre de fabricas, los jornales impagos, la usura y la explotación, los atentados institucionalizados contra la salud, la educación y el porvenir de los trabajadores y de la juventud, el cercenamiento de las conquistas sociales adquiridas después de muchos años de lucha, los derechos de los trabajadores conculcados compulsivamente, las organizaciones gremiales y estudiantiles intervenidas, la injusticia ejercida sistemáticamente por magistrados venales sometidos indignamente a la voluntad del régimen o miedosos que han encontrado en el recurso de la “incompetencia” el modo de eludir el enfrentamiento con el “ejecutivo”, convirtiéndose en modernos émulos del Poncio Pilatos de la antigua Judea, capaces de eludir el ejercicio de sus deberes para salvar
    el puesto y el cargo y las prebendas y las monedas que ello les pueda reportar.
    Ante esta situación, el Pueblo, representado fundamentalmente en las jornadas de Mayo-Junio (primera gran batalla exitosa del Pueblo organizado espontáneamente para enfrentar a la fuerza represiva policial, a la que puso en fuga) por los trabajadores, estudiantes y amplios sectores de la clase media, puso término a la turbia guerra fría en la que se había estancado la contienda y el enfrentamiento.
    Frente a ello, la tiranía, lejos de reaccionar ante estas muestras de dignidad y valentía, que concitaron la solidaridad de amplios sectores nacionales, puso en marcha un organismo y una táctica represiva, por la conducción de una figura desleal una vez y represor de sus actuales Jefes en 1951, Oral. Menéndez, Lanusse, López Aufrane, Piémoli, etc. que endureció el enfrentamiento y negó las posibilidades del diálogo auténtico, que se quiso simular con la complicidad de algunos dirigentes sindicales y políticos desprestigiados y repudiados por sus bases.
    Es inútil que se declaren aperturas de orden social, al mismo tiempo que denuncian su propia falacia haciendo méritos de su obra y poniendo énfasis en refirmar la continuidad de su política de contención, subconsumo y libre juego de las fuerzas monopólicas.
    No llama la atención, pues, que para iniciar el “tiempo social” sea necesario implantar el “estado de sitio”, asesinar a militantes revolucionarios en las calles de Buenos Aires, ocupar ciudades con policías y perros para imponer a su población la “fe cristiana” de una Iglesia cómplice de la explotación, de la miseria, de las torturas, ejercer la represión masiva sobre los dirigentes revolucionarios (previa y permanentemente seleccionados, la famosa lista de los “400”), asesinar sin discriminación a jóvenes y viejos, mujeres y hombrea, niños… Sin duda los tres años del “Onganiato” han configurado ya la “tiranía evidente y prolongada” que justifica el empleo de la violencia para derrocarla, según reza la Encíclica Populorum Progressio.
    Por ello, por la voluntad del Pueblo soberano, respaldada por la justificación papal, no queda otro camino que el de la oposición total, en el nivel y con los métodos y las medidas que el propio gobierno fraudulento usó para reprimir y silenciar.
    El pueblo argentino aceptó el reto y se dispone a la lucha para conseguir su liberación. — Esta es la característica principal de la realidad política argentina.
    Intentar entrar en discriminaciones de carácter económico, remarcando los males que aquejan n nuestra economía y desarrollo autónomo así como nuestra subordinación a organismos internacionales que subordinan también nuestra soberanía es repetir, desandar un camino en el análisis que ya el Pueblo con su intuición y sabiduría natural ha realizado, lo que le ha permitido adoptar ya su resolución de enfrentamiento contra el régimen, mediante la lucha armada para conquistar revolucionariamente el poder para su ejercicio pleno y sin limitaciones para el Pueblo.

  • LOS HECHOS NUEVOS
  • Por ello es que esta realidad engendra hechos como los de Corrientes, Santa Fe, Salta, Tucumán, Rosario, La Plata, Mar del Plata, San Juan y especialmente, Córdoba, que el gobierno trató de minimizar responsabilizando de los desmanes a grupos de extremistas influenciados y aún reclutados en el extranjero.
    La batalla de Mayo, dada en Córdoba por el Pueblo contra las fuerzas policiales, a las que derrotó luego de cuatro horas de enfrentamiento violento, venía gestándose desde hace tiempo a través de una concientización revolucionaria y de hechos previos que fueron dando confianza a la clase trabajadora y a los sectores estudiantiles sobre sus fuerzas y métodos de lucha.
    Y es así, que lo que se inició como uno de tantos otros enfrentamientos entre obreros y estudiantes con la policía, de los que el país tiene en los últimos tiempos tantos ejemplos, incluso con el asesinato impune de militantes y dirigentes obreros y estudiantiles, se transformó en un alzamiento colectivo, no sólo contra Onganía y su representante local, sino contra el propio sistema político y social imperante. Lo que comenzó como una lucha común pero violento, concluyó con una verdadera rebelión popular, que originó la primera batalla victoriosa del Pueblo contra el aparato represivo desde 1955. Que haya quedado demostrado lo que las masas populares son capaces de hacer y conseguir a través de la lucha violenta, es más importante que las consecuencias que generaron en el seno del gobierno y que la prensa internacional recogió con gran estruendo: la caída del gabinete; el desplazamiento del poder de manos del Virrey omnipotente a las de su guardia pretoriana que a partir de ahora discutirá sus decisiones; el clima deliberativo que engendró en las FF.AA. cuya evidencia queda demostrada con el relevo del Gral. Labanca y da otros que sucederán; la caída de un gobierno provincial y de todo su ensayo piloto corporativo, con sus implicancias en el orden nacional; la revisión de la idea de durabilidad del “Onganiato” (10 años previstos); la liquidación de los ensayos “participacionistas”, la demostración de la falacia del régimen de “orden” y de “paz” y del “concenso” con que la tiranía engañaba hipócritamente para beneficio de la oligarquia y el imperialismo y para la explotación del Pueblo y del país.
    El pueblo tiene fe en sus fuerzas y confianza en sí mismo. Ha luchado y recuperado su fe y la alegría que provoca saberse fuerte y descubrir la cobardía de los agentes de la represión ante la presencia del Pueblo organizado para la lucha, con lo que desaparece la impunidad con la que procedían hasta ese momento.
    La guerra revolucionaria comenzó violenta y exitosamente en Córdoba. No se detendrá más, porque además, el Pueblo ha adquirido conciencia que lo que debe plantearse como objetivo es la toma del poder, a través de los métodos que ya comenzó a emplear.
    Por ello es que podemos anunciar que a partir de ahora se hará concreta y real la sentencia de que “el Pueblo avanzará con sus dirigentes a la cabeza o coa la cabeza de sus dirigentes”. Que aquellos dirigentes que no acompañen al Pueblo, así sean ellos obreros e estudiantes o políticos, serán repudiados con la mirona violencia con que el Pueblo repudia a los hombrea de la dictadura.
    Por esto, a muchos sectores del país, no lo ha llamado la atención mayormente, pese a constituir un hecho hasta ahora no común en la Argentina, la muerte trágica de Vandor.
    Es muy probable que por no haber comprendido nunca que lo que se planteaba desde 1955 debía ser la toma del poder en forma definitiva y efectiva y sin limitaciones, haya llevado a Vandor a morir como murió. Su política siempre negociadora, con objetivos limitados al ámbito de su sindicato, trascendiendo al sector sindical que se agrupó con el calificativo de “vandorismo” (único caso de desviación física, notoria y real dentro del Movimiento Peronista) cuando quería ejercer presión sobre Perón o sectores del gobierno de turno, con los que al final siempre acababa negociando, estaba muy lejos de plantear una correcta política de poder, tal como ahora plantean otros sectores obreros y populares en el país, para solucionar los problemas de la clase trabajadora que él decía representar.
    Pero es que no solamente no comprendió esto o no lo quiso comprender para especular con un poder evidente, con objetivos políticos limitados o personales ilimitados, sino que además, obstaculizó cuanto pudo la política revolucionaria de otros grupos obreros, políticos y estudiantiles,
    Es que cuando el enemigo ya está definido y la lucha se ha entablado, cuando ya ha corrido sangre en combate y hay muertos, cuando se condena a compañeros a quienes los Tribunales Militares no conceden ni el tratamiento de prisioneros de guerra, norma que se respeta hasta en la lucha entre distintos países, no se puede estar negociando con el enemigo al mismo tiempo que se proclama mentidamente el enfrentamiento. Porque filo más que el delito infamante que condenaban los griegos, cuando habiéndose declarado la guerra alguien pretendía no estar en ninguno de los dos bandos en lucha o en ambos a la vez, para los peronistas, para el movimiento obrero, para el movimiento revolucionario constituye lisa y llanamente traición a los compañeros en lucha y a la causa que se debo defender.
    Frente juicio no significa, de ninguna manera, abrirlo sobre los responsables de la muerte de Vandor, puesto que también podríamos hablar de sus compañeros metalúrgicos que él persiguió en la necesidad de constituir y mantener una organización sindical con incondicionales y sumisos a su persona, poniendo a aquéllos en las listas negras de las patronales y obteniendo su despido, dejando en la calle a millares de delegados de fábrica, militantes y activistas que le eran desafectos.
    O de los sectores del gobierno y de las FF.A.A. que vejan con malos ojos las negociaciones de Vandor con Ongania para ofrecerle y suministrarle el “apoyo popular” que estaba dispuesto a conceder a cambio de la defenestración del sector sindical de Paseo Colón y el apoyo a la corriente de Azopardo por parte del gobierno, renunciando al de la “Nueva corriente de opinión” (Coria, Peralta, Alonso, Loholaberry, etc.).
    O de estos últimos, por razones similares, que al verse desplazados de sus preferencias, se sentirían beneficiados con la muerte del dirigente metalúrgico, sin dejar de considerar, por supuesto, los enfrentamientos personales que existían con algunos dirigentes de esa corriente.
    Y en tren de no descartar a los más probables ejecutores no podemos dejar de mencionar a los mismos sectores del gobierno con los que estaba negociando, ante la interpretación de deslealtad que pudieran haber considerado por las reuniones tenidas por el dirigente muerto con Aramburu, evidente opositor golpista de Onganía. Y esta hipótesis no es descabellada por los siguientes motivos:
    Sólo, los sectores que en ese momento negociaban
    con Vandor tenían perfectamente detectados todos los pasos del día de su muerte, única forma de poder asestar el golpe con la precisión con que se dio. Debemos recordar que ese día debía almorzar con un grupo de sindicalistas (Roqué y Kacrhini) y con funcionarios del gobierno (Cnel. Obregón y otros).
    La Policía Federal, “la mejor del mundo”, sobre
    todo “cuando de detener y perseguir peronistas revolucionarios se trata, mantiene silencio y se manifiesta las medidas de seguridad adoptadas por los ejecutores para eludir su apresamiento.
    A nosotros no nos corresponde abrir juicio sobre los posibles responsables: ello corresponde a los organismos encargados de la investigación, juicio que por otra parte está sujeto a sospechas en lo que a veracidad respecta, en razón de las circunstancias que pueden revelarse en contra de sectores oficiales y por constituir una práctica ya conocida de nuestra policía la de fabricar delincuentes o responsables, cuando no los encuentra y necesita demostrar su “eficacia” o encubrir la delincuencia del sistema del que forma parte.
    Por otra parte, ya apareció un hecho nuevo. Un nuevo “identikit” demostraría que la maniobra de fabricar un responsable ya está en marcha. Elegido ya el “cabeza de turco”, todo es cuestión de “dibujarlo”, y hacerlo aparecer despues muerto a palos con la declaración de culpabilidad ya firmada o simplemente muerte en un tiroteo, Esta maniobra, que ya ha sido denunciada, la veremos poner en ejecución brevemente. Evidentemente nuestros “vigilantes” son buenos discípulos de sus “hermanos” del norte. (Casos Kennedy, Luther Ring, etc.).
    En todo caso, todo lo expresado sobre el tema revela la contundencia de la enseñanza: “no se puede estar en dos bandos en lucha a la vez o pretender no estar en ninguno de los dos, cuando se ha planteado la lucha en los niveles ya alcanzados en la Argentina”. Si no se muere en manos del enemigo, se muero en manos de. los supuestos amigos, a los que por otra parte, se los está traicionando.
    Todo esto los peronistas lo comprendemos muy bien. Por ello siempre hemos repudiado la posición de “estar contra Perón para salvarlo a Perón” (fórmula inventada precisamente por el mismo Vandor en el Plenario de Avellaneda) o enfrentarlo a Perón en Mendoza en las elecciones de 1966 “para ganar las elecciones para el peronismo” (hecho que también protagonizó el mismo Vandor), etc., etc., etc.
    Por otra parte, el hecho de que la muerte de Vandor haya sido el motivo desencadenante de la implantación del estado de sitio, de cuya innecesidad se jactaba días antes el mismo Onganía en un discurso, revelaría cómo su muerte podría interferir sus planes de “empaquetar” al movimiento obrero a través de Vandor. Decretada la medida, desconocidas todas las garantías constitucionales (interpretación castrense de la nueva y drástica autoridad que ejercen ahora las FF.A.A., sin necesidad
    do enfrentarse con el concepto constitucional que los acusa de traidores a la Patria, los militares que ahora tiranizan al país quedan con las manos libres para encarcelar a sus opositores, intervenir la C.G.T. y los sindicatos de Paseo Colón, los únicos que se pueden oponer con eficacia y garantía moral a los falsos deseos de “unificar al sindicalismo” a su gusto y paladar.
    Y aquí es donde la Ley de Estado de Sitio anunciada al mismo tiempo que Imaz anuncia la iniciación del “tiempo social” y la “necesidad del diálogo leal y sincero” se transforma en una cruel ironía. Porque no es un instrumento de emergencia para prevenir desmanes, sino para producirlos en nombre de los más espúreos intereses, no para defender al pueblo de ningún peligro inminente, sino para enfrentarlo indefenso al riesgo del hambre, de la desocupación, de la miseria, no es para terminar con los “extremistas” que socavan los cimientos de nuestra forma de vida sino para hacer posible la operación de los extremistas que están en el gobierno de imponernos una forma de vida que no está de acuerdo con nuestra tradición, con nuestra historia y con nuestra verdadera y pura raigambre cristiana: no con la raigambre cristiana de la Iglesia de las jerarquías sino con la que surge del ejemplo de la Iglesia de los pobres, de la verdadera iglesia de Cristo que echó a latigazos a los mercaderes del templo; no para echar a los mercaderes modernos de nuestra Patria, sino para atraerlos a explotar a nuestro pueblo a través de sus empréstitos, de sus negocios, de sus exportaciones… Para implantar la arbitrariedad como sistema, la injusticia como norma, la represión impunemente, la persecución, para llenar las cárceles de presos políticos mientras los delincuentes se enseñorean en las calles, en las instituciones de crédito, en las reparticiones públicas, en la policía, en el gobierno… Para sostener la Tiranía

  • LA C.G.T. DE LOS ARGENTINOS, RAIMUNDO ONGARO
  • En todo el proceso descrípto, en que el pueblo canalizó SUS acciones de violencia y enfrentamiento hacia la toma revolucionaría del poder, la C.G.T. de los Argentinos, cumplió el panel para el que fue creada en marzo de 1968, como consecuencia de una necesidad revolucionaria del Movimiento Peronista. Debemos insistir que la C.G.T. de los Argentinos fue una creación netamente peronista, como que todo la planificación y resolución surgió de los acuerdos de dirigentes sindicales con el Secretario General del Movimiento de esa época. Además Contó con el apoyo del Jefe del Peronismo, General Juan Perón, quien fue Informado minuciosamente de todos los estudios, alternativas posibles, resoluciones acordes con las mismas, cursos de acción más probables y la resolución final y definitiva del Gabinete Político Peronista, en el que participaron, además de los asesores gremiales, los integrantes de todas las ramas del Movimiento.
    El nacimiento de la C.G.T. de los Argentinos se produce como única posibilidad, de agrupar las mejores fuerzas de sindicalismo argentino y a través de una lucha consecuente contra el régimen y contra sus agentes dentro del campo sindical, intentar la recuperación de los sindicatos para la clase trabajadora.
    Y al mismo tiempo, puesto que la lucha social y nacional están indisolublemente unidas, ya que el pueblo sabe que ninguna conquista será válida si no se toma el poder y ante la inexistencia real y legal de los partidos políticos, se convirtió en la práctica en un frente de liberación nacional, creador y movilizador del movimiento de masas. Trabajadores castigados, desheredados y sumergidos en las innumerables villas, estudiantes,
    intelectuales revolucionarios, profesionales populares, pequeña burguesía, clase media golpeada, se congregó en unidad real en cada lugar del país, en que la C.G.T. de los Argentinos alcanzó un mínimo de eficacia organizativa.
    Con limitaciones y errores, pero con honestidad y fuerza creadora, la C.G.T. de los Argentinos congrego y movilizó, organizó, devolvió al pueblo una confianza y una fe reiteradamente traicionada, logrando una unidad combativa alrededor de los objetivos expresados con claridad en el mensaje del 1″ de mayo. El pueblo ya «abe a favor de qué está la C.G.T. de las Argentinos y por qué combate. Para las bases del Peronismo, largamente maniobradas por el “tacticaje”, por la instrumentación de la peor burocracia, por la traición sistemática de todas las promesas, es un aglutinante combativo de primer orden, el mejor que nos ofrece la realidad política argentina, hoy por hoy.
    La tarea agitativa desarrollada por la C.G.T. de los Argentinos es conocida por la trascendencia que adquirió su accionar político acertado y combativo a todo lo largo y ancho del país.
    Para mejor comprender lo que significó la C.G.T. de los Argentinos basta recordar que frustró los planes del gobierno de la tiranía de constituir, hasta el presente, una C.G.T. colaboracionista que respaldara su política de miseria y de desocupación. Esto no lo consiguió el Gobierno, pese a haberse esforzado en tal sentido, gracias a la acertada conducción por parte del Movimiento Peronista que lo impidió, planificando y desarrollando toda una acción que generó la citada C.G.T. rebelde. Debe recordarse, en este sentido, la severidad con que se procedió en oportunidad de los primeros atisbos de “colaboracionismo”, en que se adoptaron medidas disciplinarias contra Coria y toda la Comisión Directiva de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina, que constituyó tal cual se había previsto y acertadamente apreciado, el eje alrededor del cual estaba girando la traición al Movimiento y al Peronismo. Lamentablemente, la conducción política que siguió conduciendo al Peronismo no Comprendió (en el mejor de los casos) o no quiso comprender, la trascendencia de esta nueva C.G.T., alineándose con los peores sectores e intereses del Movimiento Obrero, cuyos dirigentes ya habían darlo muestras de traición, deshonestidad y de lealtad, arrastrando tras de sí a muchos dirigentes políticos neoperonistas con los que constituyeron y siguen constituyendo un factor de poder importante dentro del Movimiento, con el que imponen decisiones a Perón, o negocian con los gobiernos de turno marginando a la clase trabajadora y al Jefe del Movimiento.
    En estos días, por ejemplo, se ha producido un hecho revelador de cuál es la posición de ese Peronismo, al que un alto funcionario del Ministerio del Interior en la última reunión de Gobernadores convocada por el Ministro Imaz, denomina el Peronismo Nacional para diferenciarlo del Peronismo Revolucionario. Luego de anatemizar al Peronismo revolucionario por sus tácticas violentas y subversivas, se complace de que el Peronismo nacional no esté colocado en es la misma posición, pero al mismo tiempo, respondiendo a un requerimiento periodístico, respecto al regreso de Perón al país manifiesta: “mientras haya un solo oficial de las fuerzas armadas vivo, el General Perón no regresará jamás a la Argentina”. Suponemos que las coincidencias del “peronismo nacional” con este émulo grotesco de aquel tan grotesco como el obispo Lue (recordar sus manifestaciones en las reuniones del Cabildo del 22-V-1810), han de ser totales. Totales en la práctica, puesto que no dudamos que quizás hagan algunas tibias manifestaciones de enojo por las tremendistas del funcionario aludido, pero que de ahí no pasaran a la única y efectiva
    acción que corresponde realizar para conseguir el retorno de Perón.
    La C.G.T. de los Argentinos ha asumido la posición combativa del Peronismo Revolucionario y sus planteos tácticos y estratégicos son coincidentes con los de él. Por ello cuando hablamos del Peronismo Revolucionario debe considerarse que lo estamos haciendo también de esta central de los trabajadores que se ha ubicado perfectamente respecto de las posibilidades limitadas que el sindicalismo tiene para producir la revolución nacional y popular.
    En efecto, la posición opositora y rebelde de la C.G.T. de los Argentinos fiel a la tradición de lucha de la clase trabajadora y del sindicalismo argentino y que representa un progreso en la conciencia política sindical, pretende asumir la responsabilidad de lucha para reivindicar los derechos aplastados de la clase trabajadora. Pero no puede por si sola innovar en cuanto a los métodos organizativos y de lucha que han sido utilizados hasta ahora. Los viejos métodos que fueron útiles en su oportunidad ahora han perdido efectividad por insuficientes y limitados.
    La experiencia ha demostrado que los movimientos sindicales de fuerza deben producirse conjuntamente con otros sectores directa o indirectamente afectados por la política del gobierno y acompañados de una serie de hechos de violencia que permitan responder son la misma fuerza a la violencia que desatan las fuerzas de la represión. Ademas, y dado que toda medula de fuerza sindical debe plantear en última instancia una cuestión de poder, toda huelga debe ser incluida dentro de un plan político, en una estrategia de lucha elaboraEL PERONISMO REVOLUCIONARIO

    La aparición de una tendencia revolucionaria dentro del Peronismo, es la consecuencia natural de la evolución política que se va produciendo en Latinoamérica y en el país, y en el mundo entero.
    El Peronismo moderno, rompiendo con una práctica suicida quiere salir de los antiguos esquemas, que son precisamente los que lo hicieron perder el poder cuando lo tenía en sus manos y realizó exhaustivamente una autocrítica que le permitiera corregir errores, modificar métodos y objetivos, y adaptarse a las exigencias revolucionarias que imponen las masas populares que dejaron de tener representación a través de las antiguas y burocráticas direcciones políticas, sindicales, etc.
    Hacer una síntesis de esta autocrítica, procedimiento inaudito en el Movimiento siempre copado por los obsecuentes y los incondicionales es imprescindible para comprender mejor a esta corriente nueva y revolucionaria dentro del mayor movimiento de masas de Latinoamérica.
    Al respecto, podemos asegurar que la burocracia y la burguesía del Peronismo, representada por la actual conducción táctica y por algunos elementos que integran el Comando Superior, han caído en una claudicación vergonzosa frente al gobierno de la dictadura. El Peronismo revolucionario, en cambio, considera que es su deber y obligación hacer la revolución para el Pueblo y por ello ha decidido hacerla dentro de él y trabajando con él.
    El Peronismo fue sin duda, el más alto nivel de conciencia alcanzado por la clase trabajadora argentina, pero no ha reajustado su visión y sigue sin elaborar una teoría adecuada a su situación real dentro de las condiciones político-sociales a que somete al país la dictadura militar. Ese déficit es el que nos llevó a la pérdida del poder, y si persistimos en él es el que nos impedirá llevar a cabo con éxito y concebir seriamente la toma del poder. Hemos sido formidables en la rebeldía, la resistencia, la protesta, pero no hemos conseguido ir más allá.
    El Peronismo es la fuerza que nuestra realidad social ha originado como oposición al régimen, real, concreía, de luchas, de sacrificios. El Peronismo sigue vivo, existe y no podrá ser suplantado jamás o sustituido en ningún planteo revolucionario. Sigue vivo por sus esencias, que están en el pueblo, y no por sus excrecencias que están en muchos de sus dirigentes. Ninguna revolución es posible sin el Peronismo, que es la forma política que adquieren las fuerzas sociales de la transformación.
    Pero todo esto sólo será posible por la acción de las vanguardias que impulsen el avance de conciencia y la movilización de las masas tras una política real y sincera de poder.
    El Peronismo es la expresión de la crisis general del sistema burgués argentino, pues expresa a las clases
    sociales cuyas reivindicaciones no pueden lograrse dentro del institucionalismo actual. Si fuese como su dirección burocrática y burguesa, no crearía ningún problema, pero detrás de la mansedumbre de los dirigentes está ese peligro oscuro, que por instinto las clases dominantes suben que las desbordarán a ellas, así como a los “calígrafos de la buena letra” que exhiben su dócil disposición desde cargos políticos sindicales o de conducción del Movimiento político.
    El régimen no puede institucionalizarse como democracia burguesa porque el Peronismo obtendría el gobierno y aún no podría propiciar satisfacciones mínimamente compatibles con las expectativas populares y las exigencias de autodeterminación que son consustanciales a la masa, porque todo ello llevaría a la alteración del orden social existente.
    De ahí que todo plan de institucionalizar al Peronismo realizando la farsa de la negociación con Perón sea tan ilusorio como los propios planteos tácticos de los dirigentes del Movimiento. Perón hoce y hará lo que el Pueblo quiera y el Pueblo quiere la toma del poder pata mi ejercicio pleno y sin limitaciones.
    Por eso, el Peronismo y Perón siempre han jaqueado al redimen, agudizando sus crisis, pero no han podido aún suplantarlo, cosa que sólo será posible, por métodos revolucionarios que no puedo dar la burocracia peronista que representa al Movimento en su más bajo nivel militante y combativo.
    El Peronismo como movimiento político ha estado muy por debajo de su movimiento de masas. El espontaneismo nos ha deparado los grandes, verdaderos y únicos triunfos reales. Pero ahora es indispensable pasar de la rebeldía inorgánica a la revolución organizada, y para ello es necesario una política que oriente y coordine la táctica y la estrategia general y supere al reformismo, al burocratismo y a la improvisación.
    Hasta ahora no se nos había ofrecido otra política de poder que el electoralismo o el golpismo, dos alternativas de un mismo planteo que implican precisamente la renuncia del Peronismo a su razón de ser y a su misión de servir de instrumento a las clases trabajadoras pava la toma del poder.
    AmbOi términos de la alternativa, golpismo y electoralismo, son igualmente suicidas: el Peronismo incapaz de traducir su número en fuerza, pretendía prestar su número a los que detentan la fuerza para que ejerzan el poder subordinándose a sus designios. Con ello se acepta y se pacta la proscripción de las mayorías, incurriéndose en el delito nías infamante que un político pudiera cometer: traición a las masas a las que se dice servir.
    Pero no siempre ello estuvo inspirado en la traición o la venalidad: a veces resulta un déficit de conducción metodológica, de acertada apreciación de las nuevas realidades nacionales. Los contactos entre los dirigentes burocráticos del Peronismo con jefes militares eran cosa corriente y lo continúan siendo desde hace mucho tiempo y responden a una causa que revela fallas internas del Movimiento. La falta de uno teoría revolucionaria y la consiguiente política de poder, ha acentuado la institucionalización de una capa de dirigentes que no enfrentan al régimen globalmente, sino que dentro de él. sin romper con él conciben su estrategia (golpismo, electoralismo, frentes electorales, reencuentro de pueblo y ejército) y allí buscan su apoyo. Hacia allí se tienden todos los puentes de acercamiento, como método claudicante que revela una actitud no sólo no revolucionaria, sino, además, no viril y decadente.
    El resultado es que el régimen integró a los burócratas en formas diversas, que van desde el “terrorismo ideológico” que impone continuos actos de contricción hasta inspirarles pautas de conducta para ser reconocidas como personas dignas, responsables y sin la mácula de “extremista”, “revoltoso” o cualquier otro calificativo con el que se amenaza para quitar al peronista rebelde su “carta de ciudadanía”.
    Pero en la Argentina el régimen no puede dar soluciones y la crisis es permanente, pero no por eso ha caído ni está próxima su desaparición; cuenta con fuerza como para continuar durante mucho tiempo azotando al país, mientras no se creen, además de las condiciones objetivas que existen, las subjetivas que vayan desarrollando la conciencia revolucionaria de las masas y la creación de vanguardias revolucionarias que estimulen el proceso.
    El golpe de junio de 1966 que implantó la tiranía en el país no os más que un reacondicionamiento del régimen tradicional para adaptarse a la etapa actual aplicando las modalidades y procedimientos que funcionan a la perfección en el ámbito castrense. Las FF.AA. han pasado a ser el partido único del régimen al quedar vacante el poder que en épocas pasadas ejercieron en su nombre las clases privilegiadas y la oligarquía.
    Esta autocrítica del Peronismo a través de sus sectores más combatientes para lograr superar todas sus limitaciones y sus fallas y este análisis, sintéticamente expresado precedentemente es el motivo que hace comprender la necesidad de estructurar la Tendencia Revolucionaria del Peronismo, de manera de poder continuar la etapa que a no dudarlo podría quedar trunca cuando se agotaran las posibilidades de la C.G.T. de los Argentinos inspirada, como ya expresamos anteriormente, por la nueva concepción revolucionaria que apareció en la Dirección Táctica del Movimiento en 1967″.
    El “Documento de Córdoba”, determina los principios tácticos y estratégicos a los que el Peronismo revolucionario deberá ajustar su conducta operativa, lo que deberá dar motivo a planteos políticos, organizativos y de acción que concretados permitirán realizar la segunda etapa de la Revolución Peronista; la toma revolucionaria del poder.
    Hoy, en la Argentina de 1969, que a partir de los acontecimientos de Córdoba se incorpora a los pueblos que ocupan la vanguardia de los movimientos revolucionarios, queda el convencimiento del papel protagonice y precursor de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo.
    Las luchas entabladas entre el pueblo que comienza a pelear con un nuevo concepto orgánico y operativo y la represión, que resulta impotente para contener estos primeros embates, encuentra al Peronismo Revolucionario en primera linea y además, incorporando militancia revolucionaria a sus cuadros y organizaciones combatientes.
    La etapa que se inicia no es la más difícil. Muchos hombres y organizaciones ya han sido probadas en la lucha y lo que es importante, ya se ha tomado contacto con el enemigo y se ha probado cual es su grado de debilidad.
    Al Peronismo Revolucionario, afluyen muchos combatientes de diferente extracción, convencidos que el cauce natural de la revolución está determinado por esta nueva corriente combativa del Peronismo, que sin renunciar a sus principios y esencias fudamentales ha incorporado nuevos métodos de lucha,
    Se va conformando así el ejército del Pueblo que responde a las exigeneias que políticamente va marcando el nuevo gran movimiento nacional que se va constituyendo, y que tiene en el Peronismo su basamento ideológico y de masas y una militancia revolucionaria experimentada durante largas y sangrientas luchas desde 1955, así como una experiencia de 10 años de gobierno que hicieron la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación.
    A la nueva militancia, a sus dirigentes les corresponde adaptar ese Peronismo, a las circunstancias actuales para que sea el que encabece el Grán Movimiento de Liberación de la Patria.

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