Hace un año caía bajo las balas de la represión Emilio Ángel Maza, un compañero peronista revolucionario, sumándose a la larga y dolorosa lista de hombres y mujeres de nuestro pueblo que entregan su vida y su sangre en la lucha contra la explotación y la miseria de una sociedad injusta, inhumana. Hoy, mordiendo la impotencia en las cárceles de la dictadura, queremos reflexionar juntos el testimonio que con su vida y con su muerte nos dejan los Gerardos, los Alejandros, los Emilios, los Fernandos, las Lilianas, los Marcelos y tantos otros que, dentro o fuera del peronismo, pelearon por lo mismo.
Y queremos ver en ellos al combatiente revolucionario, y en especial al combatiente peronista, porque encarna un mensajes especial para cada peronista, sobre todo en momentos en que otros, usando la camiseta, dialogan con el régimen, le allanan el camino “salvador”, traicionando la razón de ser, la misión histórica de nuestro Movimiento, traicionando en definitiva al pueblo trabajador. Gerardo, Emilio, Liliana… son el corazón del peronismo que no reniega de su papel histórico, del peronismo leal a los intereses de la clase trabajadora. Ellos cayeron peleando, con las armas en la mano, por abrazar hasta las últimas consecuencias las luchas de nuestro pueblo por ser definitivamente libre y dueño de su historia.
Cayeron enfrentando a las fuerzas represivas de la clase explotadora en esta guerra larga y costosa que han comenzado a librar los oprimidos y explotados contra este sistema inhumano e injusto defendido por quienes han sido y son sus verdugos históricos. Guerra que no terminará sino con la liberación definitiva de nuestro pueblo, con la toma del poder por la clase trabajadora, con la construcción de la Patria Justa, Libre y Soberana, de la Patria Socialista; sin explotadores ni explotados, donde todos los hombres y mujeres tengan la posibilidad maravillosa de construir solidariamente la sociedad nueva, el Hombre Nuevo. Si tomaron el camino de la lucha armada, como la expresión más alta de la Iucb3 política, fue por la única y poderosa razón de que era y es el único camino que las clases dominantes, que el régimen custodio del capitalismo deja para quienes lo combaten en serio, con la decisión de destruirlo definitivamente: para quienes están cansados de componendas, de promesas no cumplidas, de traiciones, de falsas salidas, de seudodirigentes. Porque la historia misma de las luchas de la clase trabajadora, la Resistencia, el voto en blanco, las huelgas, las elecciones, los planes de lucha, la llevan a tomar con. ciencia de que “lo que se pierde por la fuerza, por la fuerza solo se conquista”.
Y nunca el pueblo conquistará el poder si no es por la lucha violenta, porque las fuerzas reaccionarias lo defienden y lo defenderán con las armas.
Por eso Emilio, Gerardo, los combatientes caídos no se engañaron, ni quisieron engañar a nadie. Y en ese asumir la violencia revolucionaria hasta sus últimas consecuencias, con todo lo que ella implica, conciente y responsablemente comprometían sus vidas, la de todos los días, con la causa de nuestro pueblo.
Y en ese asumir la lucha armada decían un NO rotundo a cualquier otra maniobra que se plantee como “la salida”: sea elección, sea golpe. Decían un NO rotundo a todo lo que sea pacto, componenda, acuerdo con los dictadores de turno o con los gorilas de siempre. Decían NO al diálogo disparado.
Porque son demasiadas las traiciones y engaños, porque es demasiada la miseria y el hambre, porque es demasiada la sangre derramada, porque ya se les pasó la hora a los “salvadores” que ahora quieren orquestar otro engaño, porque nunca les importó el verdadero pueblo porque siempre estuvieron, disfrazados o no, del lado de los explotadores, en definitiva porque ya tampoco el pueblo cree en ellos.
Por eso nos duele, por eso nos indigna que la sangre de los compañeros caídos en combate sea utilizada tan vilmente por los oportunistas traidores para darle a sus juegos y componendas el cartel de duro, de fuerza, de combativo. Pretenden mezclar en una sola cosa el testimonio de una vida revolucionaria, la acción de los combatientes del pueblo, con la bajeza humana de sus traiciones. Y quieren engañar.
Emilio. Gerardo, Liliana, Fernando. Daniel, los caídos en combate, son nuestros dirigentes. Ellos son nuestros delegados. Los que luchan y no los que lloran. Ellos son la medida del peronismo leal a Perón y a su pueblo: quien quiera entender que entienda. En el dolor de esas vidas acribilladas está el germen del hombre liberado y de la Nueva Argentina que un día juramos construir.
No habrá bandera blanca. La sangre de nuestros compañeros no será negociada. Sus vidas y sus muertes no serán traicionadas.
En los altares de nuestros mártires y en el dolor de los explotados proclamamos nuestro triunfo.
¡Venceremos! ¡Algún día venceremos! ¡tengan fe los compañeros! ¡sin duda venceremos!
¡Libres o muertos! ¡Jamás esclavos!
¡Perón o Muerte! ¡Viva la Patria!
¡Caiga quien caiga y cueste lo que cueste, venceremos!
Ignacio Vélez, José Fierro, Luis Lozada, Luis ñodeiro, Carlos Soratti, Envar El Kadri, Carlos Caride, Néstor Verdinelli, David Ramos, Orlando Tomás, Mario Franco, Edgardo Olivera, Ernesto Pettinacti, Mario Duaihy, Carlos Maguid, Carlos Arbelos, Aristides Bonaldi, Roberto Barúa, Alberto Monaco, Raimundo Ongaro, Horacio Rossi. Alfredo Cohén, Joaquín Rojas, Pedro Fuunes, Carlos Berazategui, Héctor Pringles, Pablo Tejada, Hipólito Robledo.

Tags: , ,