En primera instancia este título puede sorprender, por cuanto nuestra historia ha sido narrada en forma optimista por la historiografía correspondiente a la corriente “liberal”. Solamente se discute en sus distintas tendencias, si determinado grupo de hombres que pertenecía a cierta línea política e ideológica hicieron mucho más que otros por lograr el país que hoy tenemos. Pero lo que no se discute es precisamente el modelo de desarrollo adoptado. La forma en que fue construido el país se da por supuesta o por sentada en forma determinista, pues como ya se concretó históricamente se considera que —por una lógica superior— se debía dar de todas maneras ese molde. Y el debate se centra sobre lo epidérmico. Ya no se discute, por ejemplo, si el proyecto de la generación del 80 podía haber sido concebida con otras variables o haber tenido otra suerte de aplicación. Se da por descontado el crecimiento económico logrado y el proceso de modernización; si alguna discrepancia puede existir es acerca de si el proceso de democratización se dio en forma acelerada o lenta, completa o incompleta. No se discute la tendencia general del proceso, si se respetaron o no las formas institucionales, o si se amplió el sufragio a otras capas de la población.
El método de análisis que aquí se expone sucintamente surge de considerar nuestro carácter de país dependiente. Entendemos que Argentina ha recorrido un largo camino de subordinación, con escasas y reducidas etapas en donde parecía que comenzaba a concretarse nuestra emancipación económica y cultural. Desde este ángulo nuestra historia adquiere una gran claridad y nos permite apreciar cuáles han sido los movimientos que en distintas etapas de nuestra evolución, y con distintos métodos han intentado romper las cadenas de nuestra dependencia, y cuáles han sido los sectores que han pretendido y logrado consolidar y mantener nuestra situación colonial.

I — Variables
Para detectar las importantes consecuencias que devienen de nuestro carácter de país colonial, consideramos como clarificadora la utilización de tres variables interrelacionadas: a — tipo de economía; b — sistema de estratificación social, y c — instituciones y valores.
a — tipo de economía: se considera a esta variable como independiente pues tiene peso por sí sola y condiciona las demás; lo más importante en la vida de un país joven como el nuestro es precisamente su existencia o no como nación a través de sus distintas etapas históricas. Una economía puede ser autónoma o dominada. En la medida en que se adopte una u otra característica, la influencia se advierte sobre el sistema de estratificación social, que no es lo mismo en un país dependiente que en un país independiente; también, por supuesto, en las instituciones y valores que son en parte cristalizaciones del sistema de estratificación y en parte creaciones humanas para modificar o mantener la estructura social, en su conjunto.
La actividad de producir es una actividad social, que no se hace aisladamente. El trabajo es energía colectiva que se hace en el medio físico de un país para subvenir a las necesidades de la población. En un país colonia el producto del trabajo no beneficia al pueblo, sino que emigra hacia el país colonialista, ya sea de acuerdo a la antigua relación Argentina agraria — Inglaterra industrial, o a la nueva, Argentina menos industrializada — Estados Unidos más industrializados.
El tipo de economía condiciona el sistema de estratificación social, pues el sistema de producción provocado por el imperialismo en un país colonializado implica que los individuos se distribuyen funciones, posiciones y papeles, que no serían las de un país con desarrollo autónomo. La dependencia económica deforma la estructura de clases, lo que confunde a los observadores que se colocan de derecha a izquierda en el análisis de la misma pues no visualizan como previo a este análisis la existencia o no de una nación independiente.
b — sistema de estratificación social: la estructura de clases en un país colonial es diferente a la que se encuentra condicionada por la dominación imperialista en un país central. La Argentina como país periférico que ha sufrido la dominación exterior en las distintas etapas de su evolución, ha acomodado su economía a las necesidades de la potencia dominadora, y ha producido su crecimiento económico y la expansión de sus fuerzas productivas de acuerdo y en forma subordinada al desarrollo económico del país imperial. Indudablemente que esa especial forma de producción determina una estructura de clases diferentes a la existente en un país con autodesarrollo.
Así, la Argentina que va desde 1880 hasta 1943 creció en su sector agrario complementándose con el desarrollo industrial británico y sus clases sociales resultaron influidas por esta relación de dependencia económica. Una clase alta agro-exportadora, detentadora de los medios de producción, de distribución y comercialización, controlaba políticamente el país, siendo disputado el poder político por sectores medios emergentes que no buscaban el cambio de la estructura económica, sino acceder a posiciones de poder y prestigio —radicalismo—. Este movimiento significó la democratización del país mediante el sufragio universal, pero no modificó la relación de dependencia. En un país independiente hubiera significado el movimiento de la burguesía industrial. En un país-colonia como el nuestro no hubo ruptura con el orden económico y social establecido y sólo se trató de participar dentro de ese orden y dentro de la constitución oficial, obrando la Ley Saenz Peña como reguladora del conflicto de clases. La tensión social logró un escape mediante el sufragio secreto.
Pero este cuadro no quedaría completo si no tuviéramos en cuenta que los productos de la vida social —instituciones y valores— están también condicionados por la dependencia económica y la especial estratificación social. Estos valores e instituciones productos de una sociedad dependiente, tienden a mantener la situación colonial, y se produce entonces una auto-alimentación del sistema, pues el control de los aparatos de formación leí pensamiento realizado por el sector terrateniente, tienden a mantener la situación de subordinación económica y cultural. En este sentido, mediante el sistema educativo se dio la visión de una Argentina agraria y la glorificación como héroes de todos aquellos que habían contribuido a ese especial desarrollo económico. No sólo esos valores e instituciones son productos de la situación colonial, sino que operan ligando a las distintas partes de la estructura entre sí.
c — valores e instituciones: esta variable —también dependiente— comprende el estudio de la evolución del aparato cultural y de la organización institucional. En nuestro país ha operado como estabilizador de nuestra dominación imperialista y es particularmente importante, pues frena todo posible proceso de cambio, cuando impide que los sectores políticos e intelectuales concienticen el proceso de liberación y den su aporte ideológico al movimiento popular, que en potencia busca la liberación nacional.
Esta función de los valores e instituciones del régimen tiende a defenderlo a oscurecer a los que buscan su modificación, lo que finalmente configura una forma de auto-defensa, que deglute a los que no tienen visión nacional. A veces ciertos “izquierdismos” favorecen al imperialismo, no precisamente por mala fe, sino por ceguera mental e histórica.
Para el análisis de algunas etapas que consideraremos importantes en nuestra historia partiremos de la variable dependencia, no porque la consideremos abstractamente más importante, sino porque en un país periférico y mal desarrollado como el nuestro influye y condiciona el resto de la estructura social. La forma en que se estableció nuestro sistema de dependencia económica, social y cultural no ha seguido seguramente en forma mecánica el orden que hemos utilizado para analizar las partes de una estructura social. Pero el modo con que nosotros hemos querido exponerlo teóricamente aquí es útil para establecer y determinar cuál es el aspecto que debe tenerse en cuenta al estudiar la historia de un país periférico.
Si estuviésemos en un país independiente daríamos prioridad a la estructura de clases y a las clases y grupos sociales con vocación de cambio social. Por el contrario, como nos encontramos en un país de economía dominada, surge evidente que cualquier paso que demos para analizar aspectos ideológicos, o sobre problemas de conflictos e integración de clases están vinculados. El estudio de nuestra historia centrado sobre otro tipo de variables como el respeto o no a una constitución determinada, y la vigencia de la democracia representativa, tan importantes para países desarrollados autónomamente, disminuyen su validez en las zonas periféricas en donde la presencia de los monopolios traducidos en imperialismo distorsionaban el sistema institucional y la representación política de los sectores sociales.
Simplificando: en un país dependiente de una potencia imperialista el análisis histórico debe estar centrado en la “cuestión nacional” en forma previa a todo tipo de disquisición sobre la prefectibilidad o no de la evolución política. El planteo de las distintas posiciones, que van desde la derecha hacia la izquierda —dentro de la línea liberal— y desde lo totalitario a lo liberal-democrático, carece de base real y distorsiona el panorama político general.
II — Proceso histórico argentino
De acuerdo a las variables expuestas, en próximas notas analizaremos más en detalle las etapas que en la evolución histórica argentina tengan mayor conexión con lo que hoy está sucediendo. Compararemos especialmente las diferencias y similitudes del implanta-miento del viejo imperialismo inglés y del nuevo imperialismo norteamericano. Y ese análisis comparativo de modelos de desarrollo dependiente lo haremos siguiendo al siguiente marco general, en el que ubicamos las etapas de nuestra evolución nacional.
a. Argentina colonia española — con breve lapso de independencia política y el paso a la colonización inglesa — (hasta 1816).
b. Argentina colonia inglesa — con breve lapso de independencia económica en el período federal — (hasta 1946).
c. Argentina colonia norteamericana — con el lapso de independencia económica en el período peronista — (hasta nuestros días).
Naturalmente, que en lo referente a nuestra historia económica, el presentado es un esquema bastante simple, pero la consideración de períodos de transición, de lucha y de inestabilidad pueden complicar el panorama en un trabajo de este tipo cuya finalidad es trazar someramente las grandes líneas de la evolución nacional.

Gonzalo Cárdenas

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