La larga historia cordobesa se ve jalonada por los acontecimientos que la configuran como la cabeza del interior. Sin embargo, a través de esta trayectoria, por primera vez. las mismas armas que lograron la Independencia sitian la Sede Arzobispal y la consideran territorio enemigo. El motivo es claro: por primera vez en Córdoba el Arzobispado se convirtió, por unas horas, en sede de los pobres, en habitación del pueblo.
Esta actitud denota un giro radical en la política de la “Revolución Argentina”. Las Fuerzas Armadas ya no pretenden defender las tradiciones “occidentales y cristianas” y no titubean en atropellar al Arzobispo para cumplir su cometido fundamental: silenciar al pueblo allí donde levante su voz de protesta.
La pulcritud y artificial corrección de los uniformes militares han debido estremecerse ya que sus dueños han comenzado a ejercer funciones policiales, intentando con ello frenar el avance incontenible de quienes no tienen ya la paciencia de los débiles.
De allí en más el Ejército saldría periódicamente a la calle para combatir al enemigo que no es otro que el propio pueblo argentino.
Ya libre de su careta cristiana y desesperando de una sanción del Movimiento del Tercer Mundo por sus jerarquías eclesiásticas, el régimen con gran despliegue de fuerzas detiene en Rosario a los sacerdotes García, Arroyo. Ferrari y el ex-párroco MacGuira y secuestra en Resistencia a Rubén Dri, activo militante peronista. Transcurridas dos semanas y pese a la presión y solidaridad de sus respectivas comunidades siguen presos e incomunicados, sin que se haya formulado cargo alguno en su contra de cuantos se les pretendió imputar en un principio. Se busca con esto que su prisión sirve de escarmiento y neutralice la acción del Movimiento.
Para Lanusse y Mor Roig esto también entra dentro del Gran Acuerdo, tanto como la injustificada detención de Ongaro, Flores, Tosco y demás prisioneros de guerra. Para Lanusse y Mor Roig, Gran Acuerdo significa apertura, pero apertura para los torturadores que esterilizaron a punta de picana al combatiente Veloso, o destrozaron a patadas los órganos genitales de los guerrilleros del ERP que fueron acusados de planear un falso complot contra el presidente.
Paralelamente a esto fueron creciendo las organizaciones parapoliciales que reviven toda vez que el régimen, débil en sí mismo, no sabe cómo evitar los continuos traspiés.
El secuestro y presunta muerte del matrimonio Verd en San Juan, el intento de rapto y detención del Dr. Quieto, la desaparición de los Maestre y posterior aparición del cadáver de Juan Pablo y el reciente y silenciado secuestro de los esposos Sansoulet, señalan claramente el objetivo criminal de este Acuerdo que tan pomposamente penetró en el marco político nacional.
Juan Pablo Maestre, es la otra síntesis, la de aquellos que cansados de ver como se golpea constantemente a nuestro pueble, comienzan a recorrer el camino de la guerra popular prolongada y empuñan las armas liberadoras. El puesto de combate que Juan Pablo tenía en las FAR fue siempre cubierto con esa cuota de honradez y lealtad revolucionarias que sólo puede tener un óptimo cuadro militante. Vivió y murió con el pensamiento puesto en el hombre nuevo, por eso su nombre fue rescatado inmediatamente por el pueblo y llevado al frente cómo banderín de pelea en cuanta manifestación popular se sucedió a partir de su muerte física. Dentro de este siniestro proceso cabe destacar la actitud obsecuente y descarada del Ministro del Interior, Mor Roig, que demostrando ser un digno representante de la “hora del pueblo” intentó restar importancia a las acusaciones que se hacían desde distintos sectores contra sus fuerzas de seguridad. Los cargos formulados no se basaban en peregrinas hipótesis sino en rastros bien concretos y visibles que, haciendo alarde de la impunidad de que gozan, no se habían preocupado en ocultar.
El “frente” de fuerzas represivas estrecha sus filas. Ya no es solo la bayoneta del Ejército o la redada policial, ahora también disfrazan su rostro con nombres como MANO, ANA. 30 de Junio y prosiguen la campaña intimidatoria atentando contra militantes y abogados, buscando penetrar en sus lados débiles y quebrar sus resistencias. En torno a ellos nuestra respuesta inmediata debe ser la solidaridad activa, única factor que podrá detener la violencia policial. El “Gran Acuerdo Nacional” es una nueva trampa que se quiere imponer a un pueblo proscripto y marginado. Esta trampa
hoy se manifiesta claramente en la pretensión del régimen militar de negociar el candidato a Presidente previamente a la fijación de la fecha de convocatoria electoral, y en la exigencia de que el Gral. Perón condene o desautorice a las organizaciones armadas del Movimiento. Ante este burdo intento de repetir elecciones condicionadas y proscriptivas la respuesta de Perón es clara y justa: fijación de fecha de elecciones sin ninguna clase de condicionamiento ni proscripción de candidatos por un lado, libre desenvolvimiento de las formaciones especiales del Movimiento para la revolución violenta, si el régimen no deja ninguna otra posibilidad de acceso del pueblo al poder.
Si el GAN, lanzado al asumir el mando Lanusse, ha demorado sólo cuatro meses en venirse abajo y ya prácticamente no concita expectativas por parte del pueblo, en lo que se refiere a la política económica “nacionalista” instaurada por el ministro Ferrer unos meses antes, el naufragio es tan total que ya nada se ha salvado de sus floridos anuncios. La inflación para todo el año 1971. prevista en enero en el 10%. se acepta oficialmente que llegará al 47 % aproximadamente. La desocupación en el gran Buenos Aires alcanza en la actualidad el 6.3% y las exportaciones para este año, previstas originalmente en 2.000 millones de dólares, llegarán escasamente a 1.650 millones, y por primera vez en varios años tendremos nuevamente un déficit en el comercio exterior.
Al mismo tiempo, las escasas reservas de divisas del Banco Central, compuestas por dólares que acaban de ser formalmente devaluados, se encuentran totalmente comprometidas para la devolución de préstamos de corto plazo contraídas por las empresas extranjeras y la fuga de capitales continúa acelerando su ritmo, sobrepasando holgadamente los 8.000 millones de dólares estimados oficialmente.
Finalmente, el gran fetiche del culto desarrollista: el Producto Bruto, bajará este año del pedestal del 8% de crecimiento en que lo había colocado Ferrer. a un mísero 2,5 % que apenas alcanza para compensar el crecimiento de la población. El gobierno pretende capear esta situación con Ja formación de un gabinete de “unión nacional”, que tropieza con muchas dificultades para formarse. Es que aunque muchos personajes están dispuestos a aceptar, las jerarquías partidarias están obligadas a ser muy cautelosas. Sus propias bases están dando muestras inequívocas de rebelión y de rechazo a toda componenda con el régimen. Esto no sucede sólo dentro del Justicialismo, donde las bases y la estructura partidaria han repudiado totalmente al Gran Acuerdo Nacional en todo el Nordeste con la reunión de Formosa, en Córdoba con el Congreso de Calamuchita y en Rosario, con el reciente Congreso del Peronismo para la Victoria, sino también dentro del radicalismo del pueblo, donde la conducción cordobesa y la juventud partidaria se han manifestado en igual sentido.
Frente a este repudio popular, el sector ultra del ejército gana terreno poniendo en práctica el esquema brasileño de fraude abierto y represión propagandizada por Alsogaray. Cuadra a la mentalidad de la mayoría de los militares creer que sólo si ellos dirigen la represión ésta será eficaz y acallará al pueblo, pues si por un lado tienen el ejemplo de la indestructibilidad de los Tupamaros en el Uruguay, por el otro tienen el de los serios reveses sufridos por el pueblo brasileño y sus guerrillas.

  • Desde abajo y combatiendo
  • Pero las analogías no valen, y pensar que un régimen como el brasileño puede perdurar en nuestro país es no tener en cuenta la conciencia política y la consiguiente capacidad de respuesta del pueblo argentino.
    El trabajo con las bases cobra en esta etapa una importancia fundamental. La batalla política deberá intensificarse desde abajo y combatiendo, organizándose cada vez más y mejor para superar el esponíaneísmo y el reformismo participacionista Se hace indispensable esclarecer que la salida electoral que auspicia Lanusse no es una salida para el pueblo sino un escape para e¡ sistema. Y así la aspiración popular de levantar la candidatura de Perón se verá fatalmente defraudada ya que resulta intolerable para el régimen. Esta comprobación servirá a muchos que creen de buena fe en elecciones libres a ir tomando conciencia de que se trata de una farsa más que se agrega a una década y media de usurpación oligárquica y proscripción popular. Y esa continuidad no se romperá sino con las armas, ya que sobre ellas se apoya.
    Un Gran Acuerdo

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