El Primer Ministro del Gobierno Revolucionario de Cuba, Comandante Fidel Castro, dijo esta noche que se puede asegurar que el país dispone de la caña necesaria para producir los diez millones de toneladas de azúcar, al pronunciar un discurso con el que se da inicio a la zafra mayor en la historia de la nación.
Hablando ante los dirigentes del Partido Comunista de Cuba, de la agricultura y de la industria azucarera, en el “Teatro Chaplin” de esta capital. Fidel expresó que durante un buen número de años se ha trabajado para esta batalla que se inicia masivamente en la noche de hoy.
Se refirió al compromiso histórico contraído por el país y a la evaluación que se hizo de la importancia de disponer de la caña necesaria al comenzar la zafra.
Fidel Castro explicó detalladamente todos los problemas del proceso que se inicia hoy para la producción de los diez millones de toneladas, tanto los relacionados con las normas de trabajo, como con la atención que debe prestarse a los equipos mecánicos que funcionan en los centrales azucareros.
Dijo el Primer Ministro que la batalla de los diez millones no es una batalla de los administradores ni de los dirigentes, sino una batalla de todo el pueblo, y cada trabajador debe enfrentarla como si se tratara de un ataque de) enemigo, como lo hicieron los combatientes revolucionarios en los momentos decisivos y debe sentirse como un soldado en la trinchera, con el fusil en las manos, cumpliendo con su deber.
En esta ocasión como nunca antes, se requiere de ese patriotismo y de ese espíritu revolucionario de todos los días, dijo Fidel, agregando que ahora hace falta como nunca que los trabajadores den muestras de ese espíritu, de esa actitud que han mantenido siempre de estar dispuestos a darlo todo y en esta ocasión se requiere el heroísmo silencioso y callado de todos los días.
Se refirió luego a la situación que confrontaban los trabajadores en el pasado, cuando las zafras eran más cortas y los trabajadores esperaban con ansia el momento del comienzo, esperando una oportunidad de trabajar, ya que por cada uno que laboraba en la zafra había muchos esperando.
Hoy no hay problema de “tiempo muerto”, dijo Fidel,
sino lo contrario: problema de brazos; los obreros azucareros son considerados como obreros de todo el año y ya nunca más se volverá a tener el “tiempo muerto” de la época capitalista.
Afirmó el Primer Ministro que hoy el obrero es el directamente beneficiado o perjudicado por cualquier incumplimiento en el trabajo, por cualquier descuido, y nada puede sustituir a la actitud consciente y al sentido del deber del hombre.
Explicó que la sociedad socialista no puede acudir a los procedimientos de los capitalistas ya que no dispone de medios coercitivos como el desempleo, el hambre y sus horribles consecuencias, que eran los métodos que usaba el capitalismo contra los trabajadores.
May algo esencial en el hombre, expresó Fidel, que puede ser caoaz de mucho más de lo que en el pasado se podía lograr con el hambre y la miseria, y ese factor es la propia vergüenza del hombre.
Fidel Castro orientó a los dirigentes que estarán al frente de distintos aspectos de la zafra, como apelar, cuando sea necesario, al sentido del honor y de la dignidad del hombre, del pueblo.
Dijo que los pueblos han sido capaces de realizar hechos extraordinarios impulsados por ese sentido del honor, de la dignidad y de la vergüenza, sentimientos que hacen a los combatientes, a los buenos soldados en la guerra y a los buenos guerrilleros en la lucha.
Ese sentimiento que hace que el hombre sepa apreciar más su honor que su vida, fue señalado por Fidel como decisivo en la conducta del hombre y el único resorte al que los dirigentes deben apelar incesantemente.
Luego explicó lo que significa para el país esta zafra de los diez millones, que ha sido muy discutida en todo el mundo e incluso fuera del país creían que no se podría cumplir esa meta, y los enemigos de la revolución se encargaron de regar por ahí que era imposible.
Fidel dijo que no se trata solamente de una cuestión política o moral o de prestigio, sino de una cuestión económica fundamental para el país.
Dijo Fidel que el crédito de Cuba en el exterior ha ido progresivamente en aumento, como resultado del cumplimiento y pago puntual de las obligaciones financieras del país, lo que ha contribuido mucho a derrotar al bloqueo económico contra Cuba.
Lo anterior ha heco posible que el país haya ido adquiriendo los equipos necesarios para su desarrollo, incluso con créditos concedidos en momentos en que el precio del azúcar estaba más bajo.
Citó el hecho de que Estados Unidos realizó todo tipo de presiones para evitar que se le comprara a Cuba el níquel, fracasando en su intento ya que actualmente el níquel cubano ha llegado a adquirir un valor superior a los diez mil dólares por tonelada y el país tiene enormes reservas y puede aumentar considerablemente su producción de níquel.
Esta batalla, dijo Fidel, es una batalla decisiva e histórica del pueblo. Esta batalla abrirá la confianza hacia el futuro, abrirá las puertas del crédito al país, consolidará la confianza de los que han concedido créditos al país, pues en medio del bloqueo Cuba se abre paso y ha demostrado que su economía y su pueblo pueden realizar una proeza que la inmensa mayoría consideraba imposible.
Se refirió al hecho magnífico de que todo trabajador cubano, todo revolucionario en el país, quiere ir a cortar caña en esta zafra de los diez millones y que esa participación del pueblo en el trabajo agrícola es hoy un fenómeno de masas, pero que es necesario tener en cuenta que hay otros planes en marcha, como el del | arroz oor ejemplo, que sobrará en el país, lo que va a ser difícil que lo crean en el exterior los enemigos de la revolución.
No se trata de ganar la batalla de los diez millones de cualquier manera, dijo Fidel, sino de ganarla inteligentemente, sin abandonar los otros planes revolucionarios.
Fidel dijo que el 24 de diciembre el pueblo estará en la caña, lo mismo que el primero y el dos de enero: celebrando el aniversario de la revolución, y ese será un recuerdo digno de los que han luchado y caído por esta causa.
El pueblo de Cuba tendrá sus fiestas después de la zafra, en julio, con los diez millones; para esa fecha guardará el tradicional lechón, los turrones, los frijoles, los vinos y todo lo demás. Entonces sí tendrá fiestas el pueblo de Cuba, el 26 de julio, con carnavales en todos los pueblos y fiestas en todos las centrales y granjas, y cuando llegue ese momento serán las fiestas más felices que haya tenido nunca el país.
No tenemos la menor duda de que mucha gente estará pendiente de Cuba en el mundo entero, señaló Fidel. Estarán atentos a este compromiso, a este reto histórico. No tenemos dudas de que estarán atentos para saber cual es la capacidad de nuestro pueblo.
Estarán muy pendientes también los imperialistas, a los que Cuba ha infligido muchas derrotas: la consolidación de la revolución, la resistencia a sus agresiones y bloqueos, Girón y otros muchos episodios. Pero sin duda alguna ninguno de esos éxitos y victorias les dolerá tanto y les preocupará tanto como esta victoria, porque se lo apostaron todo al fracaso de nuestro pueblo, a que habiéndose ausentado los latifundistas y los “genios” de la economía, nunca seríamos capaces de hacerlo, y creían en la superioridad de su sistema egoísta y explotador.
Los reaccionarios han apostado mucho para desacreditar a la revolución, para desprestigiar la revolución, se lo apostaron todo a que los trabajadores humildes, los campesinos, los jóvenes de este país no podrían llevar adelante la economía, la revolución.
No creemos dijo Fidel— que lo único meritorio y difícil que haya hecho la revolución sean los diez millones. Esta es una batalla ideológica.
Se refirió a que resistir a los bloqueos y acosamientos del imperialismo ha sido en mérito de no poca consideración, pero que al pueblo le faltaba esta otra prueba decisiva y estamos seguros que los diez millones tendrán más resonancia en el mundo, con relación a la revolución cubana, que la resonancia que pueda haber tenido cualquier otro hecho.
Dijo Fidel que libraremos esta batalla final con la seguridad y la confianza de ver a un pueblo en la actitud en que está hoy el pueblo cubano, ver el estado de ánimo de las masas, su disposición de lucha y de trabajo, con la inmensa satisfacción de que esta batalla será un triunfo de la ideología, de la conciencia, de las ideas más revolucionarias de nuestro pueblo.
Luego Fidel señaló que al analizar la actitud del pueblo, no podía menos que dedicar un segundo de su pensamiento a quienes lucharon y se sacrificaron para que tengamos el privilegio de llegar a esta zafra, a esta batalla.
Y es justo, añadió, que recordemos a los que hicieron posible que lleguemos a este combate, a los que dieron su vida a lo largo de la lucha, a los combatientes de la clandestinidad y las montañas, a los que han muerto en el frente del trabajo, construyendo una central, una carretera y, muy especialmente, a alguien que sin duda en un instante como el de hoy y en un momento como éste sería el más feliz de todos los revolucionarios, porque fue el que más predicó o insistió, el pionero, el abanderado de este tipo de trabajo, de esta lucha por ganar la conciencia, que recordamos en la noche de hoy con el más profundo cariño al Che, pionero del trabajo voluntario.
(La totalidad de los asistentes al acto ovacionaron de pie durante varios minutos al heroico Comandante Ernesto Che Guevara).
Agregó Fidel que el Che, que inició esa actitud del trabajo voluntario, yendo a los cañaverales manejando una combinada, trabajando en los muelles con una carretilla o en una mina, lleno de fé y confianza en la conciencia del hombre, hubiera disfrutado hoy al ver al pueblo de Cuba, con este estado de ánimo, con esta actitud de ir masivamente a librar su batalla decisiva en la economía y en el trabajo.
Señaló que esta zafra la harán los voluntarios, porque la categoría de cortador profesional ha ido desapareciendo y puede decirse que la inmensa mayoría de esta zafra de los diez millones la harán los voluntarios, lo que no habría sido posible sin esta actitud de participación del pueblo con sentido del deber y conciencia revolucionaria.
Esta batalla, añadió no se habría podido ganar, no se habría podido llevar a nadie sin este desarrollo de la conciencia y de la perspectiva, de solidaridad humana, ese sentimiento generoso de trabajar hoy y mañana por una causa, por una ideología, por una patria. Y en esto estamos ganando algo que vale más que los diez millones, y es el salto de calidad en la conciencia.
Se refirió al trabajo del Partido Comunista de Cuba que se metió de lleno en la estructura, en la médula del problema, a organizar y dirigir la producción, y ahora podemos lanzarnos hacia el futuro con un pueblo más preparado, más consciente, y si la revolución pudo salir victoriosa en los diez años pasados, con razón podemos decir que en los próximos diez años nada ni nadie podrá detenerla.
La Habana, 27 de octubre de 1969 (Tomado de “Prensa Latina”, Montevideo).

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