– Sin embargo, hay algunas cosas, particularmente una cosa, que a nosotros nos impresionó mucho, a decir verdad, porque evidencia la amplitud que cobra el movimiento revolucionario en el mundo, y que fue la ponencia de un grupo de sacerdotes católicos que participaron en el Congreso. No voy a decir sus nombres porque no he consultado con ellos, pero sí voy a leer la ponencia para nuestro pueblo, suponiendo que ustedes conocen esta ponencia, y que dice así:
(Fidel Castro lee integramente la ponencia de los Sacerdotes Católicos delegados al Congreso Cultural.)
Esta ponencia evidencia cómo las ideas revolucionarias, de una forma o de otra, se extienden, se expanden, y cómo incluso en sectores religiosos penetran estas ideas y cómo surgen dentro de esos sectores un número cada vez mayor de combatientes revolucionarios.
En días recientes leíamos uno de los tantos cables que aquí llegan, de una de las tantas agencias yanquis, y hablaban de este movimiento, preocupados por el movimiento que se desarrolla dentro del clero católico en América Latina. Y ciertamente decían que ése era un movimiento ligado con Cuba ligado con la Revolución Cubana, ligado con Castro, etc., acusaban incluso al Nuncio Apostólico. Acusaban al Nuncio Apostólico de Cuba, y acusaban a un Nuncio Apostólico canadiense, que había venido a darle las insignias de obispo al Nuncio Apostólico de Cuba. Hubo una recepción, y nosotros asistimos a esa recepción. Y desde luego, para los imperialistas, para la gusanera y para los reaccionarios, tal vez para la CIA, aquello había sido un conciliábulo conspirativo. Es indiscutible que los reaccionarios están cada vez más asustados, viven con miedo, ven conspiraciones por todas partes, ven fantasmas por todas partes, ven subversiones por todas partes.
Es verdad, es verdad! Los fantasmas que ellos han creado, las rebeldías que ellos han desatado y la conspiración universal de los hombres dignos de la humanidad que han concitado.
Es incuestionable que estamos ante hechos nuevos, ante fenómenos nuevos; es incuestionable que los revolucionarios, los eme nos consideramos revolucionarios, y dentro de los que nos consideramos revolucionarios los que nos consideramos marxistas-leninistas, estamos en la obligación de analizar estos fenómenos nuevos. Porque no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas- que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles.
Tuvo el marxismo geniales pensadores: Carlos Marx, Federico Engels, Lenin, para hablar de sus principales fundadores. Pero necesita el marxismo desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria.
Estas son las paradojas de la historia. ¿Cómo, cuando vemos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas? Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos
aplique el procedimiento de la «excomunión», y, desde luego, tampoco el de la «santa inquisición»; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario.
Es necesario que los fenómenos contemporáneos los analicemos,
los estudiemos profundamente. Naturalmente que el análisis, las concepciones, cada vez tendrán que ser la obra de equipos de hombres más que de hombres individuales, de la misma manera que en la ciencia el investigador aislado ya prácticamente no existe ni puede existir, en la política, en la economía, en la sociología, los investigadores aislados, el surgimiento de hombres geniales en las condiciones modernas se hace cada vez más imposible.

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