1 — No somos los protagonistas de los hechos los encargados de escribir su historia, y menos cuando esa historia es el presente que vivimos. Serán otros los que digan si la C.G.T. de los Argentinos fue un paso adelante en la lucha del movimiento obrero en nuestro país, si ese paso era difícil o sencillo, si sus consecuencias se midieron en meses o años.
Las causas que haré un año provocaron aquel acto de rebeldía no han desaparecido: se han agravado. Nuevos atropellos se Mimaron a los viejos. Otros sindicatos fueron intervenidos, otras fábricas cerradas, otras leyes destruidas. La desocupación aumentó, las protestas fueron acalladas a palos, la miseria llegó a los últimos rincones.
Hace mucho tiempo que los trabajadores dejamos de considerar transitorios un conjunto de males que obedecen a los fines permanentes de las clases explotadoras. Frente a ellas, hemos alzado nuestros propios fines permanentes:
La clase trabajadora tiene como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista de producción y distribución de bienes.
2 — El gobierno del general Onganía es la expresión acabada de eso sistema explotador. Dictatorial en su forma, gorila en su tradición, entreguista en su contenido, está más allá de las posibilidades de redención que algunos soñaron. Los trabajadores no olvidaremos ni perdonaremos el silencio a que ha querido reducirnos, la humillación de nuestras cosas más queridas, el odio que nos profesó.
La facilidad con que algunos hombres cambian de posición, los juramentos traicionados, el tacticaje funesto en que se diluyen indefinidamente las esperanzas del pueblo, obligan a repetir lo que ya debería ser conocido por todos:
Entre el general Onganía y la clase trabajadora, no habrá Pacto, no habrá acuerdo, no habrá reconocimiento, porque semejante pacto sólo podría celebrarse traicionando el sentimiento unánime de las masas, en olvido de nuestros ideales, de nuestros muertos y de los que aún padecen la cárcel y el exilio injusto.
3 — Si no puede haber pactos con el general Onganía, tampoco los habrá con los traficantes de acuerdos de triste memoria, responsables directos de la corrupción que se ha infiltrado en todos los sectores de la vida nacional, con los que borraron en los hechos la palabra empeñada en los discursos y los libros, los grandes negociantes de la frustración argentina, los que entregaron el petróleo y abrieron las puertas del país a los monopolios internacionales. Por lo tanto:
Entre los señores Frondizi y Frigerio, y la clase trabajadora argentina, no puede haber acuerdo de ninguna especie, y los que tales arreglos conciertan cargarán con la sombría responsabilidad de los traidores.
4 — Si estas salidas falsas están cerradas a los trabajadores, no por ello se abre la opción de bu minorías golpistas, cómplices y precursoras hasta ayer de las calamidades que padecemos hoy. Enrolados para siempre en el bando de los explotadores, no se borran de la memoria las horas amargas que depararon al pueblo argentino: ni la sangre de junio de 1956, ni los inviernos del aprobio, coasienten a los que tienen dignidad el trato con ellos. En lo que de nosotros dependa pues.
No habrá pactos con los señores Aramburu y Alsogaray, no habrá trabajadores a espaldas de ningún cuartelazo de los que engañaron con bonos el hambre del pueblo y pusieron contra el paredón la dignidad nocional.
6 — Tampoco pasa el camino de la liberación por el espejismo de unas elecciones que si fueran consentidas llevarían el signo infame de la Proscripción; y si fueran arrancadas, serían poca cosa arrancar. Las convocatorias con que hoy se pretende distraer al pueblo de sus verdaderas luchas desembocan en los pactos que repudiamos, las soluciones mágicas para atrapar incautos, las antiguallas reservadas a los museos. Nuestra Constitución, ¿no es la que nos llenó de desigualdades?, nuestras leyes, ¿no serán las que hicieron los explotadores? Nuestras esperanzas no transitan por el camino de las urnas, que muchas veces albergaron la traición, y demasiado pocas la voluntad del pueblo: La C.G.T. de los Argentinos no propicia pues una salida electoral, no respalda ninguna candidatura civil ni militar, y no cree que ose sea el camino honesto para resolver los angustiosos problemas del país.
5 — Nuestro rechazo en suma es un rechazo al Sistema en su conjunto, y a todas las alternativas que el Sistema propone. Se dirá que somos pocos para una negativa tan altanera, que no tenemos fuerzas para sostenerla. Aunque así fuera, no estaríamos dispuestos a negociar nuestra verdad, nuestro derecho, nuestra dignidad. Pero estamos convencidos, además, de que el proceso conduce inevitablemente al triunfo del pueblo y por lo tanto, hoy como hace un año:
Convocamos a la unión de los oprimidos para luchar contra la oligarquía, contra el imperialismo, por la liberación nacional
7 — Conductora natural de ese proceso, la clase trabajadora no podría llevarlo a cabo sí antes no eliminara de sus filas a los que han pactado con el Sistema. Las condiciones que la C.G.T. de los Argentinos ha fijado para la unidad de la organización sindical son irreversibles, a saber: UNIDAD EN LA LUCHA, UNIDAD SIN TRAIDORES, UNIDAD CON LAS BASES Y EL PROGRAMA.
8 — Constituida por la mayoría de los oprimidos, pero no por todos los oprimidos, la clase trabajadora no puedo aislarse de otros sectores que se oponen al Sistema en su totalidad o en aspectos parciales. La prédica de los movimientos populares por las libertades civiles, es nuestra prédica; los objetivos de las organizaciones revolucionarias, son nuestros objetivos; el enfrentamiento de los estudiantes con los interventores y la policía, es nuestro enfrentamiento; el rechazo de los pequeños comerciantes e industriales a los monopolios extranjeros, es nuestro rechazo; la sublevación de la Iglesia de los Pobres contra el hambre, os nuestra sublevación.
El llamamiento del Primero de Mayo sigue en pie. La sola condición que la C.G.T. pone para que esos sectores participen en la elaboración de su estrategia y de sus tácticas, es que acepten su programa y estén presenten en las acciones que libra el pueblo.
9 — Aún así, la lucha contra el imperialismo no puedo desarrollarse hoy en un ámbito exclusivamente nacional. Países devastados, gobiernos corrompidos, pueblos enfermos y hambrientos, son la huella que deja este azote del siglo. Debemos nuestra solidaridad activa a los que se rebelan contra él en el tercer mundo, y especialmente en América Latina, a las grandes figuras y los héroes anónimos que han caído bajo las balas de loo «boinas verdes» y sus aprendices, a todos los que sufren, y resisten y esperan: Los trabajadores argentinos estamos ligados a la lucha antimperialista en todo el mundo, y debemos reforzar nuestros lazos con los pueblos que pelean por su liberación.
10 — Los que aún en las circunstancias más adversas han permanecido junto a la C.G.T. que los trabajadores se dieron el 28 de Marzo, saben lo duras que han sido para nosotros las cosas. Sin medios, con escasa organización, clausurados los canales de acceso al pueblo, con nuestros sindicatos más poderosos intervenidos, hemos cargado durante un año el mayor peso del enfrentamiento con la dictadura, afrontando las más ásperas represiones, conducido las huelgas más largas de la última década. A los que en esa campaña cayeron presos, fueron torturados, perdieron sus empleos, llegue nuestro mensaje fraternal de aliento.
Para los que cayeron sin combatir, los que olvidaron sus grandes palabras y optaron por la buena letra, sólo puede haber aquí un silencio piadoso. Acostumbrados a figurar en las Vidrieras de las declaraciones, retrocedieron ante la prueba de los hechos. Nos duele la pérdida de esos compañeros, pero más nos duele el abandono que hicieron de tareas indispensables, la desorganización que crearon en nuestras filas, el desaliento que contribuyeron a sembrar.
De nuestra acción atestiguaron los hechos más que las palabras. La huelga petrolera, la agitación en Tucumán, la resistencia de Fabril las movilizaciones del 1º de Mayo y el 28 de Junio; el apoyo preciado a cada conflicto obrero, al movimiento estudiantil, a toda la resistencia popular, son la prueba de nuestras intenciones. Hemos cometido errores: el camino estaba sembrado de ellos. Hemos sufrido derrotas: aún quedan muchas derrotas por delante. Se han señalado nuestras limitaciones: el proceso está abierto para los hombres menos limitados que puedan sucedemos. Mientras los trabajadores nos mantengan en los puestos en que nos eligieron no cederemos ni siquiera a las amarguras momentáneas, a los recelos inevitables, a las frustraciones de una lucha que pronosticamos dura, y es dura.
Es preciso sin embargo que aprendamos a partir de los revesos, que reparemos el deterioro producido por el enemigo, que suplantemos los dirigentes y los cuadros que desfallecieron, que revisemos y ampliemos los métodos de lucha:
Solamente la organización desde las bases puede dar eficacia a la tarca que nos hemos propuesto. La C.G.T. surgida el 28 de Marzo de 1968 del Congreso Normalizador signe siendo la mayor organización de masas enfrentada a la dictadura; la única valla opuesta al colaboracionismo en los gremios’; el obstáculo que paralizó hasta hoy la tentativa de crear una central obrera oficialista; la gran espina clavada en el corazón del Pacto.
Tengan fe los compañeros; ni hemos arriado nuestras banderas, ni la guerra larga está perdida.

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