PATRICIO HURTADO es un hombre joven, católico, padre de diez hijos y que fue expulsado, hace ya varios meses de la Democracia Cristiana chilena por discrepar con la política del presidente Freí. Desde muy joven militó en las filas de la Democracia Cristiana. Los planteos revolucionarios de Eduardo Frei, que hacía política desde el llano contra los gobiernos más o menos reaccionarios que se fueron sucediendo, coincidían con la voluntad de cambio de una parte importante de la juventud chilena. Hoy, convencido del fracaso de la experiencia democristiana en Chile, Hurtado es secretario general de un grupo independiente: MO.RE.NA. (Movimiento de Rebeldía Nacional) que surgió «de la rebeldía de las bases, que quieren revolución de verdad». La experiencia de Hurtado es interesante. Y su opinión sobre el papel que desempeña en la democracia cristiana en América Latina, tiene el aval de su larga militancia en un partido político que preconiza la «revolución en libertad», precisamente el primero que toma el poder en América Latina.
«Desde hace tiempo —dice Hurtado— es notoria la búsqueda de un camino que permitía la incorporación de los cristianos a la revolución socialista que está viviendo el mundo. Es ya una verdad generalmente admitida que los cristianos no deben permanecer ajenos a este fenómenos sino que, por el contrario deben contribuir con las demás fuerzas que buscan el cambio para crear una nueva sociedad, necesariamente más justa, más humana y más auténticamente democrática que la sociedad actual. En el plano personal, la búsqueda de esta definición socialista y cristiana nos llevó a encontrarnos en el camino con la revolución latinoamericana que ha tenido su expresión histórica, objetiva, en el proceso cubano».
Hurtado ingresó al parlamento chileno por la provincia de Maure. Defendió, aunque con muchas reservas, la política democristiana durante la campaña electoral para renovar el Congreso en 19G5. Ya en esa época su insistencia para que el término «revolución en libertad» no perdiera contenido, dio lugar a serias fricciones con los defensores de la política oficialista. Pero dejemos que él nos cuente cómo fueron evolucionando las cosas.
«La Democracia Cristiana chilena desde sus orígenes —dice Hurtado— formuló planteamientos claramente revolucionarios. Se inspiró en los pensamientos más progresistas y avanzados de nuestro tiempo: Fanón, Maritain, Carbonel, etc. Tomó las banderas de la reivindicación social, participó activamente en las luchas de la juventud universitaria —y logró un triunfo absoluto en los comicios gremiales en todas las universidades del país— se incorporó a la lucha de los campesinos por la reforma agraria y la conquista de la tierra, se acercó al movimiento sindical apoyando las movilizaciones gremiales de los trabajadores. Es decir la DC chilena surgió como una fuerza que interpretaba la voluntad de cambio del pueblo y se proyectó en el ámbito latinoamericano como una alternativa revolucionaria democrática.
Y en el pleno de las definiciones comprometedoras, desde 1959 la DC miró con simpatía el proceso de la revolución cubana, numerosos, dirigentes, parlamentarios, sindicalistas democristianos visitaron Cuba y apoyaron públicamente las medidas de carácter económico y social adoptados por el gobierno cubano para destruir el régimen capitalista en la isla, para enfrentar y derrotar al imperialismo y para incorporar a las grandes masas el pleno goce de la cultura, del poder y de la riqueza. En consecuencia, se suscribió todo lo positivo de la Revolución Cubana pero en lo que refiere a Chile, se ofrecía una revolución con todas las ventajas y ninguno de los inconvenientes de otras revoluciones. Esto es el planteo hasta 1964, cuando la DC llega al gobierno. Después la historia es muy otra.»

_¿Cuáles eran, a su juicio, las medidas impostergables que debía haber adoptado el gobierno para cumplir su programa de revolución en libertad?
Hurtado contesta sin dudar: «Enfrentar desde el comienzo y con decisión a las dos fuerzas de presión que en Chile, al igual que en el resto de América Latina, resisten el cambio: el imperialismo norteamericano y los once clanes financieros chilenos, que han concentrado en sus manos el poder económico del país.
Y en lo que refiere a medidas concretas: la primera, nacionalizar el cobre chileno, es decir recuperar el control de las riquezas básicas del país de acuerdo al principio programático de la DC: «El que controla las riquezas básicas de un país, controla su soberanía». Tal la primera medida que debió tomar un gobierno revolucionario de verdad ya que el 50% de nuestra economía gira alrededor del cobre.
Debió también, y con carácter urgente, impulsar una reforma bancada (nacionalizar la banca privada) y poner en marcha la ley de reforma agraria tantas veces prometida. Todas medidas de carácter impostergable».
Ud. nos dice, diputado, lo que debió hacerse. Ahora le pregunto, ¿que es lo que efectivamente se hizo?
Bueno. Luego de dos años y ninguna de las medidas a que hice referencia más arriba, se han tomado. Frei no solo no nacionalizó el cobre ni lo chilenizó —como había promedio— sino que celebró con compañías norteamericanas conveníos de asociación mixta entre el estado y las empresas imperialistas. Estos convenios significan, en los hechos, afianzar el poder imperial en Chile por 20 años más, con el compromiso y la garantía del estado chileno en su calidad de socio minoritario. Es la práctica portorriqueña del estado libre asociado a la economía norteamericana.
La ley de reforma agraria hasta ahora no ha sido promulgada] En Chile el 70 % de la tierra pertenece al 1 % de la población; pero el gobierno, y esto yo lo conozco bien, ha buscado todo tipo de subterfugios para impedir que la ley da .reforma agraria entre en vigencia.
En cuanto a la reforma bancaria, ni siquiera se ha planteado. Es más: los bancos nacionales están pasando a manos de la banca extranjera. El Bank of America, por ejemplo, adquirió hace poco tiempo un importante banco nacional chileno. Este es el balance que, con dolor debemos consignar después de dos años y medio de gobierno de Frei.
Hurtado viajó a Cuba a mediados de 1966. Cuenta que, luego de con versar largo rato con Fidel, el primer ministro cubano se acarició la barba y le dijo: «Patricio, quiero que te lleves un recuerdo de Cuba. Qué te puedo dar, déjame ver». Fi del reflexionó unos instantes y luego, con gesto decidido, desenfundó de su sobria canana negra la pistola de reglamento que llevan los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y agregó: «Llévate esto, es un recuerdo personal.»
Fue durante su estada en Cuba que se cruzaron los ataques entre Eduardo Frei y Fidel Castro. Frei ordenó entonces, a la delegación parlamentaria chilena que se encontraba en Cuba, que regresara sin pérdida de tiempo. Hurtado desobedeció la orden y a consecuencia de esta rebeldía fue expulsado del partido. «Fui purgando —nos explica—. El partido expulsó de sus filas a más de 500 militantes que no se resignaban al fracaso y la frustración que significó el apartamiento del gobierno de los principios revolucionarios que lo habían inspirado. Se ha producido un divorcio entre el pueblo y la dirección de la DC. El 80 % de los chilenos (un millón y medio de votos la DC, casi un millón el FRAP) votó en 1964, cuando las elecciones presidenciales, por la revolución y ahora exige que esa revolución se lleve a cabo. Ese divorcio UC-pueblo se manifestó claramente en las recientes elecciones municipales donde, no obstante haber empleado todos los recursos, la DC perdió casi 200 mil votos y ha empezado a caer por una pendiente que no volverá a subir.
¿Qué significado tiene, a su juicio, este fracaso demócratacristiano en Chile?
La DC aparecía como un ejemplo para el desarrollo de América Latina. Era además, la primera experiencia en el continente después de las realizadas en Europa. El fracaso de la democristiana en Chile significa, naturalmente la pérdida de toda esperanza de desarrollo de los grupos demócrata cristianos en otros países de América Latina. El fracaso de Frei, además, está vinculado al fracaso de la DC europea.
Yo participé en un seminario en París donde se analizó la experiencia de la DC alemana, la DC italiana y la DC francesa. Y descubrimos algunas cosas sobre las cuales no nos habíamos detenido a pensar. Los partidos democristianos, ante de la guerra, fueron partidos de derecha más o menos progresistas; pero después de la guerra y ya derrotado el fascismo y el nazismo, la DC surge como la alternativa anticomunista en Europa, con todas las derivaciones que este aspecto negativo tiene. Fueron las democracias cristianas europeas las elegidas por EE.UU. para administrar el Plan Marshall y el éxito económico logrado en los primeros años por Adenauer, De Gasperi y Schumann en Alemania, Italia y Francia, se debió al esfuerzo norteamericano para frenar al comunismo en el muro de Berlín. Pero lo que debe resaltarse es que las democracias cristianas europeas sellaron un compromiso con los EE.UU. y en ese momento hipotecaron su destino. La declinación del prestigio de EE.UU. en Europa ha traído consigo la caída del MRP en Francia, la declinación de la DC italiana y la última derrota de la DC alemana. En este último caso con un agravante: además de mostrarse cada vez más como una fuerza reaccionaria, la DC alemana no ha vacilado en incorporar a destacadas personalidades del Tercer Reich a los ejecutivos del gobierno. Naturalmente que esta evolución de la DC europea tiene que gravitar sobre los partidos democristianos de América Latina.
El presidente Frei, apenas asumió el mando, viajó por Europa buscando una apertura que rompiera la dependencia absoluta con EE. UU. Aparentemente los objetivos de ese viaje no se lograron. ¿Cree Ud. que ese fracaso se debió a que, a la vez las democracias cristianas europeas están atadas a EE.UU.?
Sin duda. ¡Los europeos veían con horror la posibilidad de que el antimperialismo muchas veces expresado por los dirigentes de la democracia cristiana chilena, se volviera realidad una vez en el gobierno!
Los mandatarios europeos insistieron particularmente sobre un punto: Ustedes deben desarrollarse, nos dijeron, pero no en oposición a los EE.UU. sino con la colaboración del hermano del norte. Es decir pusieron el acento sobre una colaboración en la cual ya nadie cree en América Latina.
Para EE.UU. una DC comprometida en América Latina es una buena receta para sacar las castañas con la mano del gato. Frei es una vitrina del imperialismo. En la reciente conferencia «blindada» de Punta del Este, quedó bien de manifiesto lo que Frei significa. En las declaraciones de Onganía y Costa e Silva que se publicaron en la prensa, estos dos gorilas sumisos al imperialismo expresaron sus coincidencias con la política de la DC chilena, ¿qué significa esta coincidencia? Pues una alineación de todos los «gobernantes» que de una u otro manera sirven en América Latina los mismos intereses del imperio que son, claro está, contrarios a los intereses de nuestros pueblos».
Preguntamos a Hurtado cómo concilia su posición de católico práctico con su declarada adhesión a la revolución latinoamericana.
Nos contesta sin demora: «Estimo que el cristianismo es una formulación revolucionaria que tiene plena vigencia en el momento actual. Desde el testimonio de los primeros cristianos hasta la última encíclica Populorum Progressio que, no obstante estar limitada por el lenguaje cuidadoso de la iglesia plantea claramente el rechazo del régimen capitalista y de la explotación imperialista y acepta incluso, en algunos casos, como respuesta de los desposeídos la utilización de la violencia para terminar con una explotación inhumana. El Papa Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris, admite la socialización de los medios de producción, lo que a nuestro juicio significa una clara tendencia a reconocer el fenómeno histórico que nos ha tocado vivir: el del socialismo. La Iglesia comprende que los cristianos no deben permanecer ajenos a este fenómeno sino que por el contrario deben participar en él, contribuir a su construcción y desarrollo con todas las demás fuerzas que desde distintos puntos de partida están trabajando en el mundo para cambiar las estructuras sociales y económicas, para crear una nueva sociedad que necesariamente tendrá que ser más justa, más humana y más democrática que la sociedad actual.
Ud. tiene en preparación un libro sobre la vida y el pensamiento de Camilo Torres. ¿Qué significado le atribuye a éste?
Camilo es un cristiano combatiente que trajo un mensaje válido para la nueva generación cristiana de América Latina. Ese mensaje se encuentra resumido en el documento en que Camilo plantea la necesidad de un frente unido, integrado por todas las fuerzas revolucionarias. Al incorporarse a la guerrilla colombiana, Camilo arriesgó su posición dentro de la Iglesia, su posición como sociólogo, como profesor universitario. Su muerte, producida en las circunstancias más extrañas nos muestra hasta donde fue claro, sincero y valiente en su posición. Es un hombre que muere por todos nosotros y su ejemplo y su coraje pueden más que cien conferencias y veinte tratados sobre la revolución latinoamericana. Cristo murió por nosotros y este solo pensamiento nos estremece. Hoy es la hora en América Latina en que cientos y miles de hombres se lanzan a la lucha dispuesto a morir por nosotros. Y entonces la fortaleza moral de la América revolucionaria será mayor y mayor. Nuestro movimiento en Chile, que surge de la rebeldía de las bases de la Democracia Cristiana se nutre en el pensamiento y la acción del primer cristiano que cayó combatiendo por la revolución latinoamericana.
Ud. ha dicho que la revolución latinoamericana será socialista. ¿Cree Ud. además que América Latina seguirá aferrada a los principios de la democracia representativa?
Yo pienso que el socialismo en cada lugar de la tierra donde se comienza a aplicar, toma las características de la evolución histórica y la formación humana de los respectivos pueblos.
Concretamente, creo que triunfante la revolución latinoamericana, derrotado el imperialismo y las oligarquías, las fuerzas de vanguardia que hayan participado en la lucha revolucionaria, una vez lograda la unidad política del continente, crearán una nueva dimensión del socialismo. Esto es lo que yo denomino socialismo latinoamericano, aplicable a una macropotencia económica que surgirá de la integración, en todos los órdenes, de las hasta ahora divididas repúblicas de nuestro continente. Esta macropotencia tendrá que tener un tipo de organización política que se adapte a esta realidad.
Creo que de esta auténtica revolución latinoamericana surgirá una sociedad humanista. Pienso que el socialismo humanista es necesariamente un socialismo cristiano. Y de la misma manera como la Iglesia se ha adaptado a todos los regímenes de convivencia humana a través de la historia, se integrará también a esta nueva realidad que surgirá de una lucha en la que cristianos y marxistas estaremos juntos. La sabiduría eterna de la Iglesia ha consistido siempre en descubrir los centros de poder. Hoy día el centro de poder radica plenamente en el pueblo. Son los pueblos los que están construyendo la historia. Naturalmente la Iglesia no estará ausente.

Tags: , ,