Los intereses enfrentados en torno al problema de las carnes pueden producir variaciones de importancia en el panorama político y económico del país en los próximos meses, por lo que resulta sumamente importante la ubicación correcta de los factores en juego. Por ese motivo C. y R. recomienda la atenta lectura y estudio del presente documento, cuya redacción se encaró para explicar en forma sencilla la trama de intereses que disputan los beneficios de este sector vital de la economía argentina.

P.: Le reitero. ¿Qué tiene que ver en esta cuestión DELTEC? R.: Escuche. DELTEC Internacional se formó el 12 de marzo de 1969, mediante la fusión de los activos de DELTEC Panamericana S.A., Nassau Bahamas e International Packers Limited. Desarrolla sus actividades en América Latina, Europa, Australia y Estados Unidos. En nuestro país posee Swift, Armour, Provita, Tierras del Pilagá y el Ingenio La Esperanza. En el exterior posee a I.P.L. Canadá, también opera en Nueva Zelandia, Australia, Londres, Bélgica y Brasil. Todo este emporio está fusionado en DELTEC Internacional. En Australia, por ejemplo, International Packers Limited paga al productor 42 centavos de dólar y aquí Swift dice que pierde plata porque paga 21 centavos de dólar el kilo vivo. ¿Qué le parece?
(Tomás J. de Anchorena, reportaje en El Economista del 24 de abril de 1970.)

Desde 1967 en que comienza el plan estabilizador de Adalbert Krieger Vasena los precios que recibían los ganaderos por sus ventas en Liniers —principal mercado del país— se mantenían prácticamente inalterados.
El precio promedio de los novillos varió de 67 pesos a 69 pesos por kilo vivo entre 1967 y 1969. La tecnocracia gubernamental vivió tres años de satisfacciones, centrando sus triunfos en la reducción del índico del costo de vida en la Capital Federal, donde el precio de la carne juega un papel preponderante.
Súbitamente, entre diciembre de 1969 y marzo de este año, los precios de Liniers comienzan a subir y con ellos los de los mercados de ganado de todo el país. El precio de los novillos asciende de 71 pesos a 82 pesos, lo que representa un aumento del 15%. Pero debe tenerse en cuenta que estos son precios promedios; en algunas ruedas se llega a pagar precios de más de 90 pesos el kilo vivo. El índice del costo de vida sube más de un 4% en el primer trimestre del año. La alarma cunde, los tecnócratas se agitan. Cuando las cosas comienzan a andar mal las armonías aparentes se quiebran y los intereses contrapuestos surgen a la luz. Y la verdad es que en esta ocasión quedaron bien iluminados. Es difícil resignarse a perder una ilusión que ha durado tres años. El Ministerio de Economía, a través del Secretario de industria y Comercio Interior Raúl Peycere. convence al Presidente de la República que los aumentos de la carne ponen en peligro dos objetivos fundamentales de la política económica: la estabilidad por un lado, y las exportaciones por otro, ya que los frigoríficos no podrán exportar pagando esos precios por su materia prima. Se dictamina que la causa de los aumentos reside en una leve disminución de la oferta de ganado en Liniers, que se contrapone a un aumento de la demanda para el consumo interno, estimulado por los aumentos del 7% en los salarios a partir de marzo. La consecuencia lógica de esta interpretación es proponer medidas para reducir el consumo interno. El país conoce el latiguillo suficientemente desde los tiempos de Alsogaray.
La solución reside en la veda del consumo de carnet en los restaurantes los días jueves y viernes. De esta forma se estima que la demanda de ganado en Liniers se reducirá en alrededor de 8.000 cabezas semanales, lo que permitirá adecuarla a la oferta y volver a precios debajo de los 80 pesos el kilo vivo. Por otro lado se amenaza a los ganaderos con importar ganado de los países limítrofes si intentan mantener los precios altos restringiendo a su vez los despachos de hacienda a Liniers. Simultáneamente comienzan las acusaciones. El Economic Survey, vocero más lúcido del capital monopolista extranjero, acusa a la Corporación Argentina de Productores de Carne, ente mixto nacional formado con aportes de los ganaderos y propietario de varios frigoríficos, de estimular el alza de los precios ofreciendo precios superiores a los del día anterior en cada rueda del mercado. La CAP contraataca a través de un ex-funcionario y acusa a los frigoríficos extranjeros por estar comprando ganado directamente en las estancias a más de 90 pesos el kilo vivo, mientras argumentan que con los nuevos precios de Liniers no pueden exportar porque sus costos superan los precios que reciben en el mercado’ internacional. Mientras tanto la lucha interna de la Secretaría de Agricultura contra el Ministerio de
Economía y la Secretaría de Industria y Comercio se hace pública con toda virulencia.
Tomás Joaquín de Anchorena Pacheco (productor lechero, ex militar, descendiente del principal jefe militar de Rosas) va más allá de lo que hubiera deseado su superior inmediato Lorenzo Raggio (clase media, 1.000 hectáreas, socio simultáneo de la S. R. A., la F.A.A. y los grupos CREA), y destapa definitivamente la olla acusando a Deltec Internacional de un vasto operativo antinacional, tendiente a restar ingresos a los productores nacionales y a aumentar su participación en la exportación de carnes, en detrimiento de la Corporación Argentina de Productores de Carne y los frigoríficos medianos y pequeños de capital nacional.
Las organizaciones rurales, desde la Sociedad Rural Argentina a la Federación Agraria Argentina, con una unanimidad aparentemente insólita que deja atrás el Grito de Alcorta. se pliegan detrás del Subsecretario de Agricultura y Ganadería solidarizándose incondicionalmente con las denuncias. Un 3ño después que la Confederación General Económica y los industriales nacionales medianos y pequeños iniciaran su campaña contra la desnacionalización de fábricas y bancos, el sector rural agita el mismo peligro para su sector, señalando que la política seguida desde 1967 tiene por objeto obligar a los productores argentinos a vender sus campos para facilitar la compra por parte de los capitales extranjeros.
Pareciera que la lúcida política de Adalbert Krieger Vasena, tendiente a lograr definitivamente la concentración monopolista ya sea liquidando directamente por la quiebra a los productores nacionales u obligándoles a vender a los monopolios extranjeros, está rindiendo sus frutos.
Pero no todas son rosas. La clase media empresaria surgida bajo el gobierno peronista defiende su supervivencia.

  • La punta del ovillo
  • El pueblo argentino no entiende muy bien de qué se trata. Los intereses ocultos detrás de cada medida aparentemente técnica tomada por el Gobierno, como la veda o el fondo compensador de precios propuesto por los frigoríficos extranjeros, no son visibles a simple vista. El abstruso lenguaje tecnocrático utilizado por los funcionarios y recogido por los diarios y revistas tampoco ayuda.
    “La coyuntura internacional abre excepcionales perspectivas de colocación a la carne, al mismo tiempo que el crecimiento natural de la población incrementa el consumo interno”, expresa una declaración de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) publicada en los diarios el 25 de abril. Esta afirmación ofrece la punta del hilo para desenredar la madeja. En efecto, las perspectivas del mercado internacional de las carnes son brillantes para la Argentina. Durante la última década la demanda de carnes por parte de Europa y Estados Unidos, estuvo contenida por medidas restrictivas que han debido ser dejadas de lado.
    En este aspecto hay que tener claridad sobre un hecho fundamental. La carne vacuna es el alimento preferido en todo el mundo por su contenido de proteínas y por razones de gusto. La marcada preferencia por el bife o la carne al horno no es privativo de los argentinos. Si otros pueblos comen más carne de cerdo, de ave o de pescado no es porque no prefieran la carne de vaca sino porque no la tienen, o porque cuesta demasiado cara.
    Pero más aún. La carne de vacuno cuesta en Europa y en Estados Unidos tres a cuatro veces !o que cuesta en la Argentina. Aparentemente esto debería ser suficiente para que los europeos y yanquis se resignaran a una dieta reducida de carne de vaca y por ende a importar cantidades reducidas. Sin embargo no es así. Los gobiernos respectivos han tenido que tomar medidas especiales para limitar y fijar volúmenes máximos de importación de carnes de la Argentina. Ello quiere decir claramente que los habitantes de esos países estaban dispuestos a pagar precios aún superiores a tres o cuatro veces el argentino y que por lo tanto para limitar la importación no bastaba con recargos altos sino que se hacía necesaria la prohibición explícita o medidas equivalentes. Estados Unidos aplicó generalmente la prohibición lisa y llana de las importaciones de carne argentina con el pretexto de que estaban contaminadas de aftosa. Europa, tanto Inglaterra como el Mercado Común Europeo, limitó generalmente los volúmenes de importación de carne argentina a través de medidas aduaneras.
    En ambos casos este tipo de medidas han debido ser dejadas de lado recientemente. El Mercado Común Europeo ha abandonado su política de autosuficiencia en la producción de carne por razones que sería largo detallar aquí, y el mercado norteamericano se ha abierto para volúmenes crecientes de carnes cocidas, con lo que se ha eliminado el pretexto de la aftosa.
    Por otro lado, hay que recordar que estos países constituyen el mundo privilegiado del desarrollo y que sus poblaciones recogen también los resultados de la explotación del Tercer Mundo a través del mejoramiento de las condiciones materiales de vida, que siempre va acompañado de un mayor consumo de carne vacuna que tiende a desplazar otros alimentos menos ricos en proteínas y menos gustosos. Estas circunstancias, unidas a la apertura de nuevos mercados, como España, determinan que las perspectivas de las exportaciones argentinas de carne sean realmente excepcionales para los próximos 5 a 10 años, como afirma CARBAP.
    Es sabido también que el aumento de la demanda internacional se dará no sólo en cuanto a volúmenes, sino que al mismo tiempo se pagarán precios superiores. Esto es así porque sólo contados países en el mundo están en condiciones de incrementar su ganadería, y porque es el país que produce a más bajo costo.
    De este modo la exportación de carne argentina, que siempre fue un buen negocio, se convertirá en una fuente de ganancias extraordinarias en los próximos años. Algunas estimaciones determinan que el aumento conjunto del volumen y del valor de las exportaciones dará lugar a un ingreso extra de alrededor de 500 millones de dólares en el curso del próximo quinquenio. No es de extrañar que semejante suma haya despertado fuertes apetencias —ya que de alimentos estamos hablando— y que la voracidad del monopolio frigorífico haya hecho perder los estribos hasta a la Sociedad Rural Argentina.

  • Estado y monopolios
  • “Se podría abundar largamente en la demostración que lleva a la conclusión de que no todos los funcionarios están exentos de «simpatías» por empresas internacionales que, después de dejar la función pública, se traducen en vinculación abierta con las mismas”. Federación Agraria Argentina, en La Prensa del 25 de abril de 1970.
    Porque evidentemente lo que está en juego es quién se queda con esos ingresos extraordinarios. Si el incremento de los precios internacionales de la carne que el año pasado aumentaron un 20% en promedio y que siguen subiendo, va acompañado de un aumento de los precios del ganado en la Argentina, los frigoríficos de Deltec, al tener que pagar más por su materia prima no podrán aumentar su tasa de ganancia. Por el contrario entonces, serán los ganaderos los que se beneficien con los aumentos del precio internacional al cobrar más por su materia prima.
    Pero además del problema de quien se beneficia con el aumento de los precios está el de quién aprovecha el aumento en el volumen de las exportaciones. Los frigoríficos extranjeros controlan actualmente alrededor del 50% de las exportaciones de carne, mientras que el otro 50% se exporta a través de la CAP y los frigoríficos medianos y pequeños de capital nacional. Evidentemente un buen ejecutivo de un monopolio internacional no puede conformarse con mantener su participación en el mercado, tiene que incrementarla para hacer méritos y ser promovido. Todavía se le puede perdonar que conserve su porcentaje de participación cuando el mercado está más o menos estable, pero cuando el mercado está en expansión ello es inadmisible: las instrucciones no pueden ser otras que absorber todos los incrementos netos de la demanda.
    Cuando los medios que tiene a su alcance un monopolio no son suficientes es evidentemente el Estado el que tiene que intervenir. Estas son las reglas del juego en los países civilizados, occidentales y cristianos.
    Otra regla de oro es que todo ejecutivo debe ser lo suficientemente flexible y maleable como para tener su pase listo de la función privada a la pública y viceversa. Esta última regla es complementaria de la anterior.
    Adalbert Krieger Vasena ingresó al directorio de DELTEC In ternacional en 1969. luego de dejar el Ministerio de Economía y hacer un viaje de descanso por Europa.
    Si es el Estado el que debe tomar las medidas que necesita el monopolio frigorífico, veamos cuales son. En primer lugar hacía falta una medida para regular hacia la baja el precio del ganado en Liniers, o sea el precio de la materia prima para los frigoríficos. El primer antecedente es la veda, cuya justificación ya hemos visto. Pero en realidad hay aquí un tiro por elevación, ya que la experiencia de vedas anteriores demuestra que no constituye una medida efectiva para bajar los precios y en efecto eso es lo que ha sucedido. Fracasada esta medida se habrá logrado el doble propósito de sentar un antecedente y lograr apoyo para adoptar una medida más fuerte como la creación de un fondo compensador del precio de la carne. Este fondo, propuesto por los frigoríficos extranjeros, consistirá en definitiva en fijar al productor ganadero un precio máximo por el kilo vivo. De este modo el precio interno de la materia prima de los frigoríficos quedaría regulado mientras que los precios internacionales que éstos reciben subirían libremente.
    Una tercer medida, destinada a aumentar el 50% de las exportaciones que controlan los frigoríficos del monopolio es la reducción del aporte de los ganaderos a la Junta Nacional de Carnes. El 60% de los fondos que se recaudan por este medio son destinados a la CAP para financiar sus compras de ganado. Reducido el aporte, la CAP vería limitadas sus posibilidades futuras de incrementar sus compras de ganado para exportar por falta de medios financieros. De este modo se lograría el segundo objetivo, o sea congelar la participación de la CAP. que exporta aproximadamente el 30% del total y los aumentos de la demanda serían monopolizados por los frigoríficos extranjeros.
    De lo expuesto se deduce que los directamente perjudicados con la maniobra son los ganaderos y la Corporación Argentina de Productores de Carne. dominada por el sector cooperativo agrario. Existe un tercer sector constituido por los frigoríficos medianos y pequeños nucleados en la Cámara de Industrias Frigoríficas: la regulación del precio los favorece por un lado, pero por otro se ven amenazados por la ofensiva de los frigoríficos grandes extranjeros para copar el mercado.
    Este último peligro los ha llevado a apoyar a la CAP, aunque sin estridencias.
    Un dato adicional en cuanto a este grupo de frigoríficos es que. contrariando las tendencias aparentes de la concentración monopolista, sus costos son menores que los de los gigantes extranjeros, que amparados por su situación monopolista llegaron a un grado extremo de ineficiencia y obsolescencia de sus instalaciones. Ello les permite a su vez mantener altos beneficios absorbiendo el aumento de la materia prima.
    Falta identificar a los cuatro beneficiarios del operativo. Ellos están nucleados en el Instituto Argentino de la Industria Exportadora de Carnes: Swift y Armour. de DELTEC, Frigoríficos Argentinos S.A. (FASA) ex-Wilson, y Ánglo.
    FASA figura como empresa de capital nacional. Lo cierto es que tiene un aporte extranjero de tres millones y medio de dólares, de los que dos están constituidos por un crédito de bancos europeos y un millón y medio por un aporte de capital de una poderosa financiera internacional, ADELA, que fue gestionado con intervención de Deltec. Por otra parte es harto conocida la vinculación de sus titulares, los señores Taboada y Juncosa Seré, con Adalbert Krieger Vasena. Finalmente, si es cierto que “por los frutos los conoceréis”, su actuación junto con los frigoríficos extranjeros no deja lugar a dudas.

  • Prohibidas las comparaciones
  • Sin embargo falta explicar aún algunos eslabones del problema.
    La explosión actual del tema de las carnes rememora forzosamente los escándalos de la década del 30. Nuevamente se cruzan violentas denuncias: en algún caso los protagonistas son los mismos, como CARBAP: en otro el protagonista parece haber cambiado solo de nombre, Anchorena por de la Torre. Sin embargo también han aparecido nuevos protagonistas que complican la aparente similitud del panorama: la CAP y los frigoríficos nacionales medianos y pequeños. Otros parecen haberse transfigurado incomprensiblemente: la Sociedad Rural Argentina apoya denuncias contra el capital extranjero: el sector rural se une en todas sus expresiones clamando contra la desnacionalización del campo, confundidos invernadores con criadores, estancieros con chacareros.
    Es que desde los episodios de los años 30 han transcurrido más de tres décadas, pasando por el gobierno del General Perón. Es mucho tiempo para la Argentina. Para el mundo también. En ese lapso se vino abajo un imperio y surgió otro. Muchas otras cosas cambiaron también.
    En la década del 30 se exportaba alrededor del 40% de la producción de carne y el 60% restante se consumía internamente. Actualmente se consume internamente más del 75% de la producción y se exporta entre un 20 y un 25%.
    Más allá de los números importa tener en cuenta que las relaciones entre uno y otro mercado, interno y externo, han cambiado, y que mientras en la década del 30 la colocación de los saldos exportables era vital para el ganadero, actualmente existe un mercado interno vigoroso que asegura la venta de la producción frente a cualquier reducción de la demanda externa. En la década del 30 el problema se planteaba en términos de lucha entre sectores ganaderos para obtener para sí los cupos del mercado inglés.
    En la década del 60 hemos asistido en cambio a una puja permanente de la exportación y el consumo interno por la producción disponible, con tendencia a sacrificar siempre a este último. En otras palabras, mientras entonces el problema se planteaba en términos de sobreproducción relativa, en la última década se ha planteado siempre en términos de escasez.
    Este cambio en la situación ha determinado una revalorización de los dos términos del mercado, donde es ahora la oferta la que puede imponer sus condiciones, gracias a la existencia de un mercado interno que incluso podría permitirle prescindir de la exportación.
    Simultáneamente con este vuelco al mercado interno, los treinta años transcurridos han significado un cambio fundamental en lo que a la demanda externa se refiere. En la década del 30 nuestro mercado principal y casi único era el británico. En 1968. en cambio, sólo el 22% del valor de nuestras exportaciones de carne vacuna tuvieron por destino Inglaterra: el 25% se colocó en los países del Mercado Común Europeo, el 23% en Estados Unidos, y el 30% restante en España. Grecia. Israel. Suiza. Chile. Perú y otros países. Entonces nuestra dependencia del mercado inglés era total: actualmente podríamos prescindir de él, nos sobran mercados en el mundo. Esta diversificación de los mercados externos ha sido acompañada por una diversificación en el tipo de carne exportada. El mercado inglés ha consumido tradicionalmente la carne enfriada o “chilled”, que se obtiene a partir del novillo Shorthorn. Hereford o Angus y se exportaba fundamentalmente en cuartos, o sea casi sin elaboración.
    Pero el mercado continental europeo importa fundamentalmente carne congelada y carne para manufactura. El mercado norteamericano importa carne cocida y carne enlatada. Los demás países también tienen un consumo diversificado. En 1969 sólo el 23% de nuestras exportaciones de carne vacuna correspondieron a cuartos enfriados y congelados y el 18% a carne para manufactura y menudencias. El 59% correspondió a carne en cortes, carnes cocidas, conservas y extractos, que requieren mayor grado de elaboración y de mano de obra. Pero además hay que tener en cuenta que esta diversificación en el tipo de carne ha contribuido a valorizar la ganadería criolla y cuarterona de las provincias no pampeanas, que es apta para elaboración, y a romper el monopolio de las razas inglesas antes mencionadas.
    Pero la apertura de nuevos mercados y la diversificación y mayor elaboración de las exportaciones de carnes no podía convenirle al “pool” frigorífico tradicional ya que tendía a romper su situación monopólica. Y efectivamente no fueron ellos los que posibilitaron estos cambios. Fue entre otras cosas el afianzamiento y la expansión del mercado interno, el fomento del movimiento cooperativo agrario y de la CAP, la política de diversificación del comercio exterior, todos ellos objetivos de la política económica del gobierno del General Perón, lo que creó las posibilidades, junto con los cambios mundiales, para que resurgiera y se expandiera un sector frigorífico nacional que rompió el monopolio absoluto del grupo extranjero. En la década del 30 este último grupo tenía el monopolio del 90% de las exportaciones de carne argentina. Actualmente controla el 50%, FASA incluida, mientras que la CAP exporta alrededor del 30% del total y los frigoríficos medianos y pequeños nacionales aproximadamente el 20%. Son estos últimos sobre todo los que han hecho el esfuerzo mayor en la apertura de nuevos mercados en el mundo, obligados a explorar los resquicios que dejaba el monopolio extranjero. Pero pudieron hacerlo también gracias a que surgieron, se afianzaron y se capitalizaron en un mercado interno vigoroso.

  • La verdad de la “telaraña argentina”
  • “Lo que buscábamos eran soluciones integrales. La Argentina, desde principios de siglo, vivió de su pampa húmeda y se olvidó del resto. En nuestra función consideramos que el desarrollo regional sólo iba a lograrse con una agricultura próspera. Detrás de ella se nuclearia la industria de transformación y ésta daría pie a una industria básica”. Tomás J. de Anchorena, reportaje en El Economista del 24 de abril de 1970.
    Sería erróneo pensar que el descontento unánime del sector rural tiene como único motivo el problema de las carnes.
    A medida que avanzó el plan estabilizador de Adalbert Krieger Vasena. los representantes rurales fueron los más reacios en brindar su apoyo, más allá de diversas manifestaciones de compromiso. Y esta reticencia tuvo motivos muy concretos. Los tres sectores principales de la oligarquía dominante, el financiero, el industrial y el agropecuario, son los dos primeros los que se han beneficiado con la política de gobierno, primordiamente el financiero.
    En una síntesis muy escueta —ya que es imposible extenderse sobre el tema en este artículo— cabe recordar que la disminución del ritmo inflacionario hizo aumentar las tasas, reales de interés del dinero y con ello prácticamente se triplicaron las utilidades de bancos y financieras. El mismo fenómeno permitió que aumentaran las tasas reales de ganancia de la gran industria, que simultáneamente se benefició con la expansión coyuntural de sus ventas. Mientras tanto, como hemos visto al principio de este artículo, los precios del ganado se mantuvieron prácticamente inalterados entre 1967 y 1969, y si se computa la inflación descendieron en términos reales.
    Esto determinó una transferencia de ingresos de toda la economía nacional —incluido el agro, aunque particularmente los trabajadores por supuesto— hacia aquellos dos sectores de la clase dominante.
    Simultáneamente, durante el Ministerio Krieger se instrumentó el impuesto a la tierra, donde los sectores agrarios han visto con razón una medida “eficientista” que encubre el intento de forzar la venta de tierras, lo que sería aprovechado por el capital extranjero y el capital monopolista nacional financiero e industrial.
    La consecuente reacción nacionalista no debe sorprender, ni tampoco debe llevar a conclusiones demasiado entusiastas, ya que su carácter sectorial es evidente. El sector agrario no reaccionó hasta que vio amenazado su patrimonio directo, desentendiéndose del proceso de desnacionalización en otros sectores medios de la industria y la banca. Decimos que no debe sorprender ya que la defensa sectorizada del patrimonio de la tierra frente al capital extranjero ha sido una constante política argentina desde el federalismo porteño del siglo pasado, hasta la década del 30. cuando los reclamos del sector rural también se desentendieron de la industria no frigorífica y nunca adquirieron el carácter de un proyecto global de desarrollo agro-industrial independiente.
    La cita que encabeza este apartado —independientemente del dudoso orden de prelaciones que establece— pareciera señalar el intento de un dirigente agrario pampeano de trascender esta reacción sectorizada en búsqueda de una alianza con las provincias colonizadas del interior argentino, también víctimas dilectas de la política de Onganía, y con los industriales nacionales jaqueados por las corporaciones extranjeras.
    Queda por ver si semejante prédica podrá tener eco o si su protagonista quedará progresivamente aislado y olvidado luego de una efímera celebridad. La contraofensiva de los frigoríficos extranjeros será lenta, pero implacable.
    Lo cierto es que, sea como sea, el episodio de las carnes sirve una vez más para poner en evidencia la privilegiada potencialidad económica argentina en todos los órdenes.
    Sistemáticamente los monopolios extranjeros y los economistas colonizados de todo pelaje nos han inculcado que los productos del agro argentino no tienen mercado en el exterior con el objeto de que malvendamos nuestra producción, mientras que lo cierto es que la producción de carne y cereales de la Argentina constituye una reserva inapreciable para el imperialismo por sus excepcionales condiciones de costo y calidad.
    Nuestro país goza prácticamente de un monopolio natural para la producción de. carne, cereales y forraje por razones de suelo y clima templado, que solo comparten en el mundo entero Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia. Una vez más queda claro que el aprovechamiento de este patrimonio nacional privilegiado, así como también en la industria y la minería, está trabado por la dependencia de los gobiernos cipayos del imperio de turno, y por el drenaje sistemático de los recursos nacionales hacia la civilización de los monopolios, de la guerra y del dinero.

    Gerardo Duejo

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