“Es posible que algún día llenemos a la luna”, escribió en 1884 un famoso periodista sureño, “sin untes haber logrado la igualdad social”. Ya él Pentágono llegó a la luna, una nave alunizó y fotografió las dos caras de la luna, pero el negro sigue discriminado, humillado y ofendido, sin derecho a participar plenamente, como cualquier hijo de vecino rubio, en el gran sueño norteamericano blanco una sociedad racista
Y el negro lleva más de tres siglos en Estados Unidos. Llegó (1019) casi al mismo tiempo qué los colonizadores blancos al continente y vio cómo creció y se desarrolló y extendió el país hasta convertirse en un imperio económico que los mantenía sin sus derechos mínimos por el simple color de su piel. La sociedad norteamericana es esencialmente racista. El negro vio llegar oleadas y oleadas de inmigrantes muertos de hambre: alemanes, irlandeses, italianos y judíos que rápidamente se integraron a la sociedad de clases ingresando en todos los aspectos y profesiones del país mientras ellos, fundadores del país con su trabajo, trabajo esclavo primero y luego casi esclavo, permanecían en la periferia de la sociedad.
No es un accidente, os el resultado de una sociedad no sólo clasista sino profundamente racista. Estados Unidos se fundó en nombro de la libertad, del individualismo más feroz; los europeos —blancos— llegaron a las costas del vasto país con sus sueños en la cabeza; el africano —negro— llegó como esclavo, humillado, deshumanizado: fue un hombre colonizado. El negro no se íntegra porque en realidad es algo más que una minoría dentro del país, es una nación, una nación subdesarrollada dentro mismo de la metrópoli. Estados Unidos, heredera del imperialismo colonial de las potencias europeas, está contra los pueblos fuera del mundo occidental, fuera de la raza blanca.
Desde la llegada del pueblo africano a Estados Unidos comparto con América latina un destino semejante. Es esclavo como el indio de Nuestra América; fue violentado, arrancado de su propia organización social. La cultura tanto del indio americano, que permaneció en su geografía, como del negro africano, que fue arrancado de su contorno, fue destruida por el conquistador, por el colonizador. Ahí naco la semejanza entre el negro norteamericano y el latinoamericano esclavizado por la España feudal. El indio es el negro, el campesino criollo, el mestizo; está en una situación sicológica y económica semejante, si no peor, al negro norteamericano de las plantaciones de algodón en el Sur o en los ghettos del Norte.
La esclavitud creó un abismo entre los colonizadores blancos de Estados Unidos y el negro. La misma distancia que iba surgiendo por razones económicas y de organización náutica entre Angloamérica e Iberoamérica. El negro no tenía un lugar dentro de la sociedad norteamericana por ser negro. Era un extranjero dentro del país y como extranjero indeseable lo trataron hasta hombres como el presidente Lincoln, que ha pagado a la historia como el libertador del negro. Pero Lincoln era un cara pálida, un hijo de los intereses económicos del Norte (que consideraban más útil al negro como mano de obra industrial que como esclavo agrícola). Hubiera preferido, sin embargo, que los negros salieran del país, fueran expulsados del Paraíso, enviados a la parte morena del continente.

  • El racista Lincoln
  • En medio del fragor de la Guerra Civil, el propio Lincoln pidió al congreso norteamericano que aprobara fondos para desarraigar de nuevo a los negros que ya se sentían norteamericanos y trasladarlos a Centroamérica, a vivir allí con los otros morenos, indios, mestizos atrasados del continente. Estos negros son parte de Nuestra América humillada y sufrida. También el presidente Grant tuvo la misma ocurrencia: anexar la isla de Santo Domingo y meter allí a todos los negros. El gobierno norteamericano si logró crear una república artificial en África, Liberia, donde se estableció finalmente un grupo de antiguos esclavos sureños.
    A pesar de la abolición general de la esclavitud en 1863 — más por razones económicas y políticas que por sentimientos humanitarios— el negro siguió siendo un extranjero, una sombra oscura dentro del país. Sólo durante un breve periodo después de la guerra civil el negro logró una participación mínima dentro de la vida política del país. Durante el periodo de la reconstrucción se repartieron algunas tierras y un negro inclusive llegó al congreso y otros participaron en los gobiernos estatales, pero aquello tuvo una duración muy breve. A la larga todos, Norte y Sur, estaban de acuerdo en la discriminación —la diferencia era sólo un problema de matices y procedimientos. Surgió entonces con furia el Ku Klux Klan, que ejerció la violencia irracional contra el negro, impuso la ley del linchamiento con el respaldo tácito del poder blanco.
    La expansión imperialista de Estados Unidos coincide con la legalizaron de la discriminación dentro del país.

  • “permiso para el odio”
  • El blanco norteamericano obtuvo blanco norteamericano obtuvo “permiso para el odio”, como señala Van Woodward, cuando el sistema se lanzó a “las aventuras y agresiones imperialistas contra los pueblos de color de tierras distantes”. Las leyes Jim Crow (segregación en la vivienda, el transporte, la educación y el trabajo) se producen entre 1890 y 1903, fechas que en Nuestra América coinciden con presiones diplomáticas, bombardeos de la escuadra norteamericana, desembarcos de marines e intervenciones en Chile, Haití, Nicaragua, Santo Domingo, Costa Rica, Cuba, Venezuela, Panamá y Guatemala.
    Así la situación del negro norteamericano se va pareciendo más y más a la de las sociedades coloniales de América latina, Asia y África. Si las guerras de independencia latinoamericanas crearon a principios del siglo diecinueve una nueva esperanza, en la práctica siguieron sometidas al régimen feudal y poco a poco fueron cayendo bajo el control económico de
    Inglaterra o Estados Unidos. Las esperanzas de soberanía e independencia se quedaron en eso, en esperanzas. Es cierto, desde luego, que nuestra población negra, dentro de América latina, sufría la doble alienación de ser esclavos dentro de una colonia.
    Pero esta diferencia se borra cuando se hace más evidente el enfrentamiento básico entre el imperialismo y los países subdesarrollados. Poco importa dentro de esa lucha la discriminación Interna en los países latinoamericanos contra el indio, el negro y el mestizo. Las burguesías nacionales en las colonias, como vio Fanón, son una mentira. No son más que agentes, simios, falsas burguesías que carecen del espíritu rio empresa y de la inteligencia de las burguesías en los países industrializados. Son burguesías que se emparentan directamente con la burguesía negra en Estados Unidos, burguesía parasitaria que vive un poco de la pobreza de sus compatriotas y de la benevolencia de los amos blancos. El indio, el negro y el mestizo en Nuestra América son una mayoría del continente, no una minoria como el negro en Estados Unidos.

  • Los negros y el tercer mundo
  • El negro norteamericano no es una minoría; todo lo contrario: forma parte inseparable de la mayoría del mundo moderno, una mayoría que incluyo tanto a los africanos como a los asiáticos y a los latinoamericanos. Cada día es más evidente la trabazón entre el futuro del negro norteamericano y el destino del tercer mundo. El negro norteamericano estalla, protesta, se rebela hoy con mayor violencia porque cada día es mayor la violencia del tercer mundo.
    No os un fenómeno aislado: es un fenómeno mundial.
    La chispa que incendiará la pradera del tercer mundo surgió de la explosión de la segunda guerra mundial.
    El negro norteamericano se incorporó masivamente tanto al trabajo en las industrias de guerra como en los campos de batalla. Vio que otra vida era posible, que la pobreza no era inevitable; pensó que si podía dar la vida por Estados Unidos, muy bien podía también vivir luego allí sin renunciar a uno solo de sus derechos.
    Tanto en Estados Unidos como en China, India, Indochina, Argelia, Colombia y Cuba el hombre colonizado comenzó a sentir que la historia también le pertenecía. Y en gran medida las concesiones de Estados Unidos a los habitantes negros del país estaban condicionadas por el papel que pretendía y pretende jugar dentro del mundo moderno. Una nación con tan violenta discriminación contra los negros, contra los pobres, jamás podrá ponerse como ejemplo para la mayoría oprimida de la humanidad. El sistema de vida norteamericano es racista, está cerrado para las grandes mayorías del tercer mundo.
    Vivimos en situaciones económicas y sociales encontradas; nuestros resortes, por lo tanto, tienen inevitablemente que surgir de condiciones propias. El movimiento negro norteamericano —aquí coincide también con los motores políticos en el subdesarrollo— tiene una raíz emocional, religiosa. El catalizador es la humillación; “la vergüenza”, como dijo Marx, “es también un sentimiento revolucionario”. El negro norteamericano no tiene la formación ni las condiciones para la reacción razonada, intelectual; protesta y lucha con una carga de opresión y una falta de identidad que se han venido acumulando durante siglos. La vida individual de cada negro norteamericano es una suma de privaciones cotidianas: desde el derecho a estudiar y trabajar hasta el de sentarse en un autobús o al mostrador de una cafetería. No puedo ni siquiera caminar por la callo junto al blanco en muchas ciudades del Sur, tiene que bajarse de la acera; no puede mirar a una mujer blanca ni siquiera en el cartel que anuncia una película o algún espectáculo (pueden acusarlo de molestar y desear a la provocativa mujer de papel que grita su sensualidad desde el anuncio). Y el blanco lo lleva casi en base de su sangre. Lo incorpora como un profundo trauma social, económico y hasta sexual desde que abre los ojos al mundo. En el relato de James Baldwin, Vamos al encuentro del hombre, uno siente dolorosamente cómo el odio y el terror racial se va indeleblemente amasando en el alma de un niño blanco cuando sus padres tarados lo llevan a una extraña feria: el linchamiento de un negro. Se trasmite de padres a hijos no sólo en la estructura social sino en lo más secreto y profundo de la psiquis norteamericana.

  • Luther King y Malcolm X
  • Dos de los principales líderes del movimiento negro actual —y no es mera casualidad— son originalmente líderes religiosos: Martin Luther King, y Malcolm X. Es el punto de partida para catalizar y movilizar a los veintidós millones de negros norteamericanos. La nueva rebeldia negra surgió en 1955 con la protesta de Montgomery, Alabama, contra la discriminación racial en una linea de autobuses. El boicot se organizó y dirigió desde la iglesia bautista y del boicot surgió ya como figura nacional Martin Luther King, Jr. La Iglesia negra en el Sur os una de las organizaciones más fuertes y extendidas de la comunidad. El fervor religioso, la tierra prometida, el humanismo cristiano, hasta los cantos espirituales fueron el vehículo de la protesta. Durante esta primera etapa de la lucha dominó el espíritu de resistencia pasiva, de rebeldía sin violencia física que movilizó a la mayoría de la población negra contra la discriminación.
    Los resultados fueron ruidosos pero escasos, mucha bulla pero pocas nueces. Una “respetable” y pacífica minoría de negros ingresó en las escuelas y universidades blancas; algunos establecimientos y empresas eliminaron la discriminación por presiones económicas más que por la decisión del Tribunal Supremo. El derecho a sentarse a tomar una taza de café junto a los blancos en una cafetería, a no ser discriminado en un hotel, a estudiar en escuelas y universidades predominantemente blancas beneficia esencialmente a la burguesía negra, a la clase media negra que desea “integrarse” a la sociedad blanca (siempre como lacayos). No a la mayoría pobre y discriminada. Los movimientos revolucionarios, sin embargo, rompen con todos los moldes, se desbordan y muchas voces se radicalizan más que sus propios líderes originales. El líder mas radical del nuevo movimiento es Malcomí X, ladrón y chulo y mariguanero que descubre y supera su condición abyecta apoyándose en el mensaje de los llamados Black Muslims: “el hombro blanco es el diablo”. Su autobiografía es un doloroso infierno, cada página es descender un nuevo circulo de humillación; no conozco una descripción más alucinante de colonización espiritual que la detallada pormenorización que hace Malcom X de la primera vez que se desriza su tupida cabellera para parecerse al blanco.
    La cabeza le arde de la lejía, es como si le estuvieran arrancando la vida: su vida de negro. Malcolm X recupera su dignidad a través del mahometanismo verdaderamente suí generis de Elijah Muhammad. No es un líder respetable, de la clase media, respaldado por los blancos; Malcolm X es un auténtico y revolucionario líder nacionalista. El hombre que plantea la violencia negra contra la violencia blanca, la rebeldía total frente a la humillación y la opresión de una sociedad racista, la imperiosa necesidad del negro de controlar su economía y su organización política. Su radicalizaron (contra las clases dirigentes blancas que desean una evolución gradual y siempre insuficiente) lo obligo a romper con los Black Muslims. El mundo cerrado de Elijah Muhammad, aislado del resto de la lucha política y social del negro norteamericano, quedó atrás cuando Malcolm X descubrió la importancia de la acción revolucionaria dentro de la sociedad. Rompió con los Muslíms, recorrió África poco antes de morir asesinado y volvió convencido de que el destino del negro norteamericano estaba unido al de sus hermanos de África, Asia, y América latina.

  • Una revolución negra
  • Sus discursos, especialmente los que iba entregando a su pueblo a medida que la muerte lo sitiaba, tienen la lucidez política de un hombre capaz de llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias: una revolución negra en el mismo corazón de Estados Unidos, ligada estrechamente al destino del tercer mundo. La muerte de Malcolm X, quizás asesinado por sus propios hermanos inconscientemente convertidos en agentes del imperialismo, es el golpe más trágico que ha recibido el movimiento negro en Estados Unidos. No conozco otro líder con su poder carismático y su violencia revolucionaria. En muchos sentidos era un hombre de muy escasa preparación cultural, pero sabía muy bien una sola cosa y eso bastaba: sólo una revolución social y sicológica podía transformar la suerte del negro en el infierno de Estados Unidos. Hoy siguen sus pasos jóvenes radicales como Stokely Curmichael y Rap Brown.

  • Discriminación racial y lucha de clases
  • Despertó al negro norteamericano con su justa emoción desencadenada, con su intensidad revolucionaría. Esta fuerza emocional y religiosa es la que hace posible la movilización de la población negra que poco a poco, a través de la acción, va radicalizándose y reconociendo la verdadera naturaleza de su posición de “colonizados” dentro de la sociedad norteamericana. Este factor, sin embargo, es desconocido en gran medida por el Partido Comunista. El enfoque del PC en Estados Unidos, ha hecho énfasis siempre en la lucha de clases y en la unidad del proletariado, incluyendo a los negros, en la lucha contra la explotación capitalista. El trabajador blanco, sin embargo, ha perpetuado la discriminación racial, ha excluido a los negros de sus organizaciones sindicales, ha vivido temiendo la competencia de la fuerza de trabajo del afroamericano. El proletariado blanco lejos de impedir ha favorecido en muchos casos la discriminación racial dentro del movimiento obrero. “La alianza entre el movimiento de los negros y el movimiento obrero ha sido la base sobre la cual ha descansado durante largo tiempo la orientación progresista de la vida norteamericana…” escribió Gus Hall confundiendo la realidad social norteamericana con esquemas y fórmulas dogmáticas. “Uno de los rasgos distintivos de la estructuración histórica de la clase obrera norteamericana ha sido la formación de una clase integrada por obreros negros y blancos, una clase multinacional.” Cualquiera que conozca la vida norteamericana sabe, el negro en carne propia, que ni siquiera en el terreno laboral existe la integración. Si el poderoso movimiento obrero norteamericano hubiera querido cambiar la situación abyecta del negro, hoy el propio gobierno norteamericano no tendría en las manos la papa caliente de un país colonial dentro de sus propias fronteras. El esquematismo marxista llega a su expresión más delirante en declaraciones como ésta: “El proceso de formación de una clase obrera unida, integrada por trabajadores negros y blancos, como base de una comunidad negro obrera, va allanando el
    camino a la formación de un pueblo unido, cuyos miembros vivan todos en condiciones de igualdad… Una clase integrada de obreros blancos y negros, cada vez mas consiente de su naturaleza de clase y del papel que le está asignado en la historia presento y futura.” Palabras bonitas pero totalmente desvinculadas de la realidad revolucionaria del negro en Estados Unidos.
    (Las fuerzas populares, una vez desencadenadas, presionan a los líderes políticos: o se radicalizan o sucumben. Tanto el Partido Comunista norteamericano como el pacifista Martin Luther King, Jr., han comprendido la necesidad de radicalizarse después de la explosión de los ghettos negros en las grandes ciudades norteñas. El partido de los trabajadores dando un respaldo ambiguo a las fuerzas jóvenes del poder negro; el ministro protestante condenando tardíamente la guerra de Viet Nam.)

  • El camino de liberación
  • Hoy el destino del negro norteamericano corre paralelo al movimiento de liberación del tercer mundo, es más un colonizado que parte integral del proletariado norteamericano. El un discriminado dentro del movimiento obrero, una constante amenaza a las ventajas puramente sindicales del trabajador blanco. Es a partir de la segunda guerra mundial que los pueblos colonizados comienzan su larga lucha por la independencia, la soberanía y el desarrollo económico. Hay un camino de liberación mundial que comienza con la resistencia pasiva de Gandhi en India y la Revolución china, pasando luego por Diem Bien Phu, la Revolución cubana y la liberación de Argelia hasta culminar en los estallidos tricontinentales de Viet Nam, Venezuela, Colombia, Guatemala, Bolivia, el Congo y Guinea Portuguesa. También hay un camino den. tro del propio territorio norteamericano: el camino del colonizado negro tratando de integrarse, de evolucionar gradualmente, luego se rebela mediante la resistencia pasiva, y finalmente asume con plena conciencia su realidad de colonizado, lista última etapa se hace conciencia y acción en Black Power, el poder negro. No es absurdo cierto paralelo Gandhi. Martin Luther King, Jr. y Fidel Castro, Malcolm X.

  • Fidel y Che
  • No hay accidente ni casualidad en los incidentes y anécdotas del viaje de Fidel Castro a Nueva York: Habla en las Naciones Unidas pero se instala en el hotel Thercsa, de Harlem. No podía ser de otra manera. Fidel plantea el caso de la revolución necesaria en una nación pequeña, subdesarrollada, colonizada por el imperio económico norteamericano. Era el caso de Cuba pero bien podría ser el caso de los veintidós millones de negros norteamericanos. Y así lo entendieron oscuramente, emocionalmente, los negros norteamericanos. Es uno de los grandes momentos en la historia de nuestros pueblos. Fidel, desde Harlem, se dirige al mando. Cuatro años más tarde Ernesto Che Guevara vuelve a identificar el movimiento negro con la liberación de los pueblos de África y América latina en un mensaje a Malcom X enviado, durante su intervención en la ONU en 1964, a través de Abdul Rahaman Muhammad Babu, ministro de Comercio de Tanzania: “Queridos hermanos y hermanas, mucho me hubiera gustado haber estado con ustedes y el hermano Babu, pero las condiciones actuales no son buenas para este encuentro. Reciban los calurosos saludos del pueblo cubano y especialmente los de Fidel, que recuerda con entusiasmo su visita a Harlem hace algunos años. Unidos venceremos.”

  • Organizaciones y luchas
  • A medida que las luchan de liberación van pasando de la inconciencia oscura a la conciencia lúcida también el movimiento negro norteamericano va organizándose y aclarando sus ideas, sus métodos y fines. La primera organización negra norteamericana que surge con fuera en esto siglo —después del derrumbe de todas las ilusiones de igualdad despertadas por la guerra civil y el periodo de la reconstrucción con el recrudecimiento del Ku Klux Klan, las leyes Jim Crow y la indiferencia de las masas blancas- es la NAACP (National Assotiation for the Advancement of Colored People, Asociación nacional para el progreso de la gente de color). Creada en 1909 por el líder marxista Dr. W. E. B. Dubois, fue una organización que denunció a toda la nación la atroz injusticia y los crímenes más descomunales y siniestros contra la población negra. Fue una lucha esencialmente legal, llevada en muchos casos a través de los tribunales, lucha que incluía desde la defensa de los negros engañados e injustamente encarcelados hasta una campana para garantizar su derecho al voto. Cumplió su función y actualmente, aunque ha degenerado en una organización conservadora, sigue prestando ayuda legal y económica en los casos de abusos contra los humillados de siempre.
    Ahora: el gran movimiento negro de hoy arranca en 1955 en Montgomery, Alabama, cuando una humilde costurera se niega a levantarse para darlo su asiento a un “caballero” blanco en el autobús. Este gesto de Rosa Parks es el catalizador inicial de la rebeldía nacional del negro norteamericano. Los negros se unieron, cosa que dudaban los blancos, los negros resistieron, cosa que desconcertó a los blancos; y los negros triunfaron: obligaron a la compañía de autobuses, después de un boicot prolongado (un año anduvieron a pie) a eliminar totalmente la discriminación en el transporte urbano. Surge así la esperanza de cambiar el inframundo negro. La esperanza prende en la juventud. De este incidente aislado surge la figura hoy internacional de Martin Luther King, Jr., uno de los organizares del boicot de Montgomery.
    Este pastor bautista creo más tarde (1937) su propia organización, la SCLC (Southern Christían Leaders-hip Conference, Conferencia orientadora del cristianismo sureño) para luchar contra la discriminación recurriendo a la resistencia pasiva y al humanismo cristiano.
    Luego del boicot resurgió en el movimiento de los sit-in, grupos de estudiantes negros que llegaban a las cafeterías y establecimientos “sólo para blancos” y sencillamente se sentaban allí hasta que les servían o los sacaban a la fuerza. Más tarde la práctica se generalizó entro la población sureña. La organización que inició en los años cuarenta los sit-in fue CORE (Congress of Racial Equality, Congreso por la igualdad racial). La lucha contra la discriminación en cafeterías y otros establecimientos, así como el empadrona, miento para las elecciones, sólo era el punto de partida de la campaña de la CORE para que el negro adquiriera la igualdad, una ciudadanía de primera clase en lugar de su situación colonizada y discriminada. CORE organizó en 1961 el Freedom Ride, el recorrido de la libertad desde Washington a Nueva Orleans para integrar todas las estaciones de ómnibus a lo largo del trayecto. Fue una marcha pacífica que provocó la violencia del blanco sureño.

  • La juventud del SNCC
  • La organización más dinámica surgida de las aspiraciones frustradas de la juventud negra es la SNCC (Student Nonviolent Coordinating Comitte, Comité coordinador estudiantil para la no violencia). Fue primero (1960) una organización que luchó con la resistencia pasiva, pero a medida que pasó el tiempo se hizo más radical y combativa. La Juventud del SNCC rechazó toda la retórica del movimiento negro, todos los métodos convencionales y se dedicó con energía a transformar las condiciones del negro tanto en el Sur como en los ghettos del Norte. Se organizaron grupos de estudiantes que penetraron en el Sur profundo y allí convivieron con los discriminados, enseñándoles a leer y escribir, dándoles a conocer todos sus derechos constitucionales, ayudándolos a empadronarse para las elecciones.

  • Black Power y Black Panther
  • El movimiento negro, sin embargo, sólo obtenía victorias aparentes y parciales. La integración no se ha producido y la igualdad mucho menos. El blanco, desde el poder, sólo hace concesiones minúsculas mientras continúa negándole al negro norteamericano tanto sus derechos sociales como su dignidad humana. No se produce la integración. La experiencia y el pensamiento de Malcolm X determinaron en gran medida la lucha por el poder económico y político a partir de 1965. No es posible la integración, el negro debe luchar con el control económico y político para lograr la igualdad. Black Power es la lucha por dejar de ser colonia y lograr igualdad y soberanía.
    Así surgió, con la ayuda del SNCC, la Labrados County Kreedoni Organization (Organización por la libertad del condado de Lawndes), conocida por un nombre más imaginativo y eficaz: Black Panther, la pantera negra que amenaza la hegemonía de la discriminación blanca. Es un partido regional de trabajadores. El negro, conciente de lo poco que ha obtenido con la resistencia pasiva, de todas las promesas frustradas y los líderes mediatizados, ha decidido organizarse políticamente para defender sus intereses.
    Ya el negro norteamericano va viendo con más claridad cada dia que la igualdad no consiste en integrarse al capitalismo norteamericano, sino en lucha, como colonizados, contra la explotación que asumo la forma del racismo dentro del sistema. No es una evolución sino una revolución lo que devolverá al negro su dignidad perdida.
    El Pentágono, desde luego, si está tratando de integrar (comprometer) al negro norteamericano a las fuerzas contrarrevolucionarias que pretenden sofocar los movimientos de liberación. El veinte por ciento de los veinte mil soldados norteamericanos que intervinieron en Santo Domingo era negro y en Viet Nam algunos calculan que llega hasta el cuarenta por ciento en el frente de combate. Pero muchos colonizados se están negando a luchar en Viet Nam: “De
    igual manera que los negros están luchando por su libertad absoluta y el derecho a lo autodeterminación en Estados Unidos —declaró en junio de 1966 el soldado negro James Johnson al negarse a participar en la guerra de Viet Nam, asimismo los vietnamitas están luchando contra los norteamericanos.”

  • Casius Clay
  • Y Casius Clay, campeón mundial de boxeo y negro norteamericano, declaró: “Yo no viajaré dieciséis mil kilómetros desde aquí para ayudar a asesinar y quemar a gente pobre, simplemente para ayudar a que continúo la dominación de los amos blancos sobre gente oscura en el mundo entero.” Los magnates del boxeo yanqui le quitaron el título de campeón y está también amenazado con cinco años de presidio.
    La situación del negro en Estados Unidos, como declaró Malcom X poco antes de morir asesinado, “es todo parte del vicioso sistema racista que las potencias occidentales han empleado para continuar degradando y explotando y oprimiendo a los pueblos de Africa, Asia y América latina”. “Ex un grave error clasificar la revolución del negro como si se tratara de un simple conflicto racial de negros contra blancos, o de un problema exclusivamente norteamericano. Cada día vemos con más claridad que se trata de una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores.”
    Estas declaraciones de Malcolm X todavía orientan y mueven a una minoría de negros norteamericanos, pero es la vanguardia de un movimiento de liberación nacional. El negro está pasando de la conciencia de raza a la conciencia de colonizado: está contra la discriminación, el sub-desarrollo -no contra el blanco.
    El blanco, sin embargo, se siento amenazado en Estados Unidos. No por blanco, niño por privilegiado, por benefician) de los valores de una sociedad racista. El movimiento por el poder negro no rechaza la participación del blanco, pero considera esencial la unidad y la autodeterminación del pueblo negro. Primero debe sentir que es dueño de su propio destino, que no le debe la libertad a nadie.

  • Predicar la no violencia a los blancos
  • Y sí el blanco quiero ayudar, como señala Stokely Carmichael, que se ayude primero a sí mismo: “Uno de los problemas más inquietantes entre los elementos blancos que apoyan nuestro movimiento es que realmente les tienen miedo a sus propias comunidades —allí es donde existe el racismo —, miedo a luchar allí mismo por erradicar la discriminación… Recomiendan a los negros la no violencia —que vayan a predicar la no violencia dentro de la propia comunidad blanca.”
    Si es triste reconocer esos períodos de desaliento que como bolsones permanecen estáticos en el tiempo —es sorprendente descubrir cómo un movimiento revolucionario va creciendo y radicalizándose. Cómo Stokely Carmichael continúa y desarrolló el pensamiento y la acción de Malcolm X.
    Cómo la población de los ghettos cada verano se rebela con mayor violencia y reclama la justicia ahora, ahora mismo.
    Grandes sectores de la población negra —especialmente la juventud— han dejado de creer en los medios pacíficos, en la integración gradual. A partir de 1965 —año de la muerte de Malcolm X y del levantamiento de Watts, Los Angeles— el movimiento negro es más extenso, violento y radical. Ya no es el ghetto de alguna gran ciudad norteamericana lo que cada verano estalla, hoy asumo la rebeldía un carácter nacional. A la menor provocación, basta la chispa de un arresto injusto, para incendiar a toda la población negra de cualquier ciudad norteamericana. Y lanzar a la calle al pueblo que no vacila en dar candela a las ratoneras donde vive y tomar de los comercios los objetos que le pertenecen: ropa, bebida, televisores… Toman con sus propias manos lo que la opresión económica los impide adquirir. Es, en parte, una revolución de consumidores hambrientos, La radicalizaron del movimiento es el próximo paso: convertir una revolución de consumidores en una profunda revolución social. El negro no sólo debo reclamar su derecho a consumir lo que produce un país que ha levantado con su trabajo, también debe luchar por transformar la sociedad.
    La organización política fiel negro puede muy bien romper el monopolio politice de republicanos y demócratas en Estados Unidos. Son veintidós millones de hombres; en muchas comunidades sureñas son mayoría, en las ciudades crece cada día más el ghetto negro. Y hoy ya cuentan con la colaboración de otros grupos colonizados del país: los puertorriqueños y los mexicanoamerícanos; más adelante se ganarían los estratos más pobres de la población blanca. Es una fuerza catalizadora, revolucionaria. Pero es una fuerza constantemente traicionada y amenazada. Traicionada por los líderes de la clase media que se pasan al poder blanco; amenazada por la mayoría blanca, el white backlash, que une al miedo económico el miedo social y hasta sexual al afroamericano.
    Lo lucha, como señaló el Che Guevara, será sumamente difícil: “Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie, vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.”
    “Estados Unidos no puede destruirnos como destruye a otros pueblos —declaró Carmichael—, porque no puede dejar caer una bomba atómica en medio de sus propias ciudades. Tendrá que luchar cuerpo a cuerpo con nosotros; tendrá que hacerle frente a una guerra de guerrillas. Puede utilizar sus gases en el ghetto, pero si inicia una guerra química en Harlem, lucharemos en Watts, lucharemos en Chicago, lucharemos en Cleveland, Incendiaremos todo el país y nos sentaremos como Nerón a ver cómo arde. Y si al final, para detener a Estados Unidos, tenemos que luchar hasta el último hombre, entonces nuestras vidas no serán un precio demasiado alto para la humanidad que haremos posible en el mundo, una vez destruida la naturaleza imperialista de Estados Unidos.”

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