La moral revolucionaria de los compañeros que pueblan las cárceles de la dictadura, está más alta que nunca. Ellos saben que su prisión es transitoria ya que el pueblo se ha puesto en marcha para liberarlos y reincorporarlos para siempre al Ejército popular del que son los primeros soldados Sin embargo, las rejas no son un obstáculo para los auténticos; combatientes, que rinden un emocionado homenaje a Bruno Cambareri, militante muerto en la acción de rescate de las detenidas de la Cárcel del Buen Pastor, en el día aniversario de la muerte de Evita, cuyo ejemplo guía la conducta de los auténticos peronistas.
En esta entrega, mostramos la otra cara de la prisión. La cara trágica y siniestra que proviene de la mentalidad asesina de los torturadores. Son los testimonios de los compañeros Alvaro Centurión y Natalio David Melul detenidos en Mendoza y Ensenada, respectivamente, y que fueron objeto de la descarga sádica de la picana policial. Estos valientes testimonios nos fueron suministrados por compañeros del Movimiento Nacional contra la Represión y la Tortura, organización que está trabajando incansablemente por llevar solidaridad a todos los detenidos políticos, haciendo efectivas en este terreno las palabras de Fannon cuando afirma: «ante la injusticia, todo espectador se convierte en un cobarde».

  • Denuncias de torturas
  • El martes 13/10/70 me detienen y me llevan al Dto. de Policía de la Provincia de Mendoza. Por un momento sólo fueron veladas amenazas, después me introducen en una oficina que es la de Seguridad Personal. Allí me hicieron desvestir y comenzaron a golpearme en todo el cuerpo, cuando me caía a causa de los golpes, me levantaban de los pelos o me arrastraban de ellos hasta que me sangraba el cuero cabelludo. Me amenazaban con vejarme, asegurándome que eso era algo común y que no sería el primero ni el último. Constantemente disfrutaban de sus bestiales ocurrencias. Me quemaron los dedos con un cigarrillo y me amenazaban de muerte diciéndome que me tirarían de un carro y se encargarían de que estuviera irreconocible. Me obligaban a hacer flexiones y seguían golpeándome, cuando me caía me levantaban de la pelvis. Esto fue desde las 12 hasta las 17 hs. Después me envolvieron la cabeza con una toalla y me llevaron a otra habitación donde me aplicaron la picana eléctrica. De allí me llevaron a otra habitación probablemente frente a los baños, me volvieron a golpear y las amenazas de vejación así como las burlas, continuaron… Me colocaron una bolsa en la cabeza que tenía basura, me ataron de pies y manos y me aplicaron la picana por todo el cuerpo especialmente en los genitales, en las axilas y los tobillos
    Luego me llevaron a los baños golpeándome contra objetos y paredes, pues estaba vendado, me hicieron duchar y me hicieron secar al aire. Me llevaron a otra habitación que creo es la de Investigaciones, que presumo tiene un mostrador y es bastante grande, tiene una entrada por la derecha y puerta que comunica a otras habitaciones. Allí prepararon una mesa donde comían. En esa habitación y dado mi estado (había vomitado varias veces y sentía fiebre), me revisan y auscultan el corazón. Desde este momento los golpes fueron menos, no así las amenazas y las burlas. Me ataron a un banco, mientras comían, y de tanto en tanto se levantaba uno y me golpeaba. Perdí la noción de la hora por el cambio de temperatura y la cantidad de sesiones, supongo que ya era la madrugada cuando me hicieron vestir y me sacaron al patio cargándome en un patrullero y me llevaron a la Delegación de la Policía Federal. Allí me vendaron y maniataron y me subieron por una escalera de hierro hasta una habitación donde me ataron a una cama. Al día siguiente me bajaron y me dieron una sesión de picana de 30 minutos. Durante 4 días no me dieron comida ni agua. Al cuarto día me hicieron bañar y afeitarme y al día siguiente me trasladaron a Buenos Aires con los demás compañeros. Al llegar a Coordinación Federal soy amenazado de muerte y a mi familia se hacen extensivas las amenazas, sobre todo si llego a decir algo de las torturas.
    Alvaro Centurión

    Soy detenido en Ensenada por policías de la localidad el día 2 de noviembre de 1970 junto con la señora Papioll, esto ocurre aproximadamente a las 12 hs. Ya en la comisaría me entero que hay dos personas más detenidas, cuyos nombres son Roberto Lhen y Durante. A eso de las 17 hs. nos trasladan a la seccional 1º de La Plata, estamos allí hasta las 5 de la mañana del día 3, hora en que nos llevan a la Capital a Coordinación Federal. Siendo las 8 hs. llegamos a esta dependencia, inmediatamente nos dieron entrada y nos enviaron a calabozos incomunicados.
    Siendo aproximadamente las 22,30 hs. de ese día, siento que se aproxima gente y se llevan ala chica, a la hora y media la traen de vuelta y la siento quejarse y solloza, de esta forma entro en conocimiento de que ha sido torturada, el mismo procedimiento realizan luego con Durante. Al otro día y más o menos a la misma hora, estando semidormido, siento que se abre la puerta de mi celda y el guardia de turno me hace salir, la sala de detenidos estaba oscura, excepto en el escritorio del agente, en la antesala diviso algunas personas sin alcanzar a distinguir sus rostros, me llevaron hacia donde se encontraba esta gente y allí me hicieron colocar en forma que no los ubicara, me pusieron algodón en los ojos y una venda que me rodeaba toda la cabeza, mientras hacían bromas sobre mi situación.
    Luego penetramos en el ascensor que subió y bajó en forma tal de desorientarme, salimos del ascensor y me hicieron caminar, dar vueltas sobre mí mismo, retroceder, etc., con el mismo fin. De esta forma me hicieron penetrar en una habitación en la que se notaba una ligera corriente de aire y donde se apreciaba la presencia de varias personas más a juzgar por los movimientos y voces. Me hacen desnudar y me extienden sobre una mesa cubierta con una frazada, esta mesa tiene una ligera inclinación, los brazos y piernas extendidos y firmemente amarrados pero envueltos en tela para evitar marcas. Desde este momento en adelante comienza la tortura física y sicológica en forma simultánea. Amenazas de muerte para mí y mis familiares, que no me hiciera maltratar inútilmente pues los otros habían dicho todo, dejarme estéril, la promesa de quebrarme, pues el poder judicial nada podía hacer y contaban con el tiempo que querían para cumplir sus amenazas. Todo esto acompañado con descargas eléctricas en los testículos y ano, a veces con una toalla húmeda y la mayoría de las veces en seco. El objetivo perseguido era que suministrara nombres, direcciones y reconociera hechos. Este tratamiento duró aproximadamente dos horas y se repitió varias veces; al cuarto día, comenzaron a recuperarme para que en el momento de ser llevado ante el juez no se apreciaran huellas de la tortura.
    Durante el período de castigo me fue negada agua, comida y aseo.
    Natalio David Melul

  • Dieron su vida por el pueblo: Eva Perón – Bruno Cambaren
  • Evita es el ejemplo que la nueva generación peronista sigue y practica para sentirse digno de la histórica responsabilidad de liberar la Patria. Su palabra, su doctrina, su trabajo, su sacrificio, es el ejemplo que nos impulsa y guía para llevar adelante la guerra del Pueblo. Evita nos legó un mandato irrenunciable para aniquilar la reacción gorila y sus filtraciones dentro del Movimiento, cuando el 17 de octubre de 1951. en su última aparición en público, señaló: «Es necesario mantener, como dijo el General, bien alerta la guardia de todos los puestos de nuestra lucha. No ha pasado el peligro. Es necesario que cada uno de los trabajadores argentinos vigile y que no duerma, porque los enemigos trabajan en la sombra de la traición y a veces se esconden detrás de una sonrisa o de una mano tendida» «Yo no quise ni quiero nada para mí Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi Pueblo, y aunque deje en el camino girones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.» Cumpliendo ese mandato, luchando contra el injusto sistema que posibilita la explotación del hombre por el hombre, hace un mes cayó en combate nuestro Compañero Bruno Cambaren.
    El, como Felipe Valiese, Gerardo Ferrari, Emilia Maza, Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina, Raquel Liliana Gelín, Manuel Belloni, Diego Frondizi y tantos otros compañeros caídos en estos 16 años de lucha supieron hacer realidad el mandato de Evita.
    Los que hablan de «acuerdos’ y negocian con sus sagrados restos, los que buscan salvar a la burguesía y al sistema que Evita sentenciara a muerte cuando afirmó que «con sangre o sin sangre, la raza de los oligarcas explotadores del hombre desaparecerá de la faz de la tierra en este siglo». Mientras nuestro Compañero Bruno sellaba con sangre su fidelidad a la Causa de los descamisados, mientras compañeros como el matrimonio Verd y Maestre son secuestrados y en algunos casos asesinados, los burócratas, los reformistas que sobreviven en nuestro Movimiento se lanzan a estructurar un «acuerdo» que pretende hermanar a los explotadores con los explotados, a los beneficiarios del sistema con sus víctimas, a los perseguidores con los perseguidos, a los que quieren mantener la dominación con los que luchan por la Liberación. En este nuevo aniversario de la muerte de nuestra querida Compañera Evita, el mejor homenaje que podemos rendirle a su memoria es seguir el camino que siguió Bruno, llegando hasta la entrega de la vida por la Causa del Pueblo, repudiando el camino de los politiqueros que unen sus destinos al que el Pueblo reserva para sus traidores y del brazo de los explotadores entonan loas a Lanusse. Manrique. López Aufranc y todos los que ayer fueron responsables de la desaparición del cuerpo de la Abanderada de los Humildes y que por eso mismo no tendrán jamás olvido ni perdón.
    ¡Perón o muerte! ¡Viva la Patria! ¡Libres o muertos, jamás esclavos! ¡Caiga quien caiga y cueste lo que cueste! ¡Venceremos!
    Carlos Caride, Néstor Veróinelli. Carlos Maguió. Davió Ramos, Hugo Petenatti. Orlanóo Tomas. Eógaróo Olivera, Roberto Barua. Alberto Monaco, Norberto Franco. Mario Duaihy. Horacio Rossi. Carlos Ar belos. Envar El Kadre, Edgardo Litfchitz. Rubén Martínez. Orestes Pasguale. Renato Mateazzi.
    Cárcel de Villa Devoto, 26 de julio de 1971

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