El sábado 14 de marzo, tropas de la gendarmería ocuparon por la fuerza la villa de alojamiento de los trabajadores de El Chotón, apresaron a los principales dirigentes de la huelga y se dio por terminado el conflicto gremial en las obras de la represa a la que el gobierno llama “la obra del siglo”. Muchas personas se preguntan las razones de esta derrota de una huelga que parecía mantenerse firme en el ánimo de los trabajadores implicados y que era una continuación indudable de la huelga triunfante de fines de diciembre en el mismo lugar, con los mismos dirigentes y por parecidos motivos: la lucha de los obreros de la obra por imponerse a la conducción nacional del gremio, aliada al gobierno y a la patronal, para hacer respetar el mandato de los delegados gremiales elegidos por voluntad de la mayoría de los trabajadores. .
En la causa de la derrota deben diferenciarse tres razones:
1) Las que se derivan de la política general del gobierno y del imperialismo en el terreno gremial.
2) Las que pertenecen al ámbito de la conducción de la huelga.
3) Las vinculadas a los métodos de lucha empleados durante el movimiento de fuerza.
Naturalmente, las que necesitan menos explicaciones son las primeras razones. De acuerdo a los mejores indicios, la acción que provocó la huelga (el desconocimiento de los delegados por la conducción nacional del gremio) fue un acto conciente. de provocación de la burocracia porteña, a pedido del gobierno.
Los servicios de inteligencia del Ejército y de la Presidencia de la Nación tenían la convicción de que entre el personal de El Chocón se habían filtrado células comunistas, “castristas” y prochinas que pensaban sabotear los trabajos de la represa. Esta convicción fue apuntalada por la decisión de lucha mostrada durante la huelga triunfante de diciembre. Se resolvió, entonces, llevar adelante un plan para descabezar el sólido frente gremial que se desarrollaba en El Chocón y para eso se contó con la complicidad de la dirección nacional del gremio de la construcción y de su secretario general, Rogelio Coria.
Una vez tomada esta decisión es obvio que todo el peso del estado y de sus organismos represivos estaban al servicio de la idea provocadora; pero esto no define el conflicto pues desde hace varios años se mantiene esta situación y así se aprecia que cualquier conflicto gremial iniciado contra una patronal cualquiera se convierte al poco tiempo en un conflicto con el gobierno y las fuerzas de la represión. La época del “estado neutral”, aún en apariencia, entre obreros y patrones, ha desaparecido aunque muchos dirigentes obreros todavía no tengan noticias de ello.
De tal modo, es natural y lógico que el estado, la prensa del régimen y las fuerzas unidas de la patronal y de la burocracia gremial de Buenos Aires coordinaran sus esfuerzos contra los obreros rebeldes. Esto es importante, pero no es lo que decide al derrota aunque vale la pena señalarlo pues es el marco habitual para cualquier conflicto gremial en esta época.
En cambio, el punto dos, es decir el análisis de la conducción de la huelga aporta mejores indicios para comprender la derrota. La huelga fue conducida en los principios generales que orientan la acción política del Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical (MUCS), organismo sindical del Partido Comunista, al que pertenecen los principales dirigentes de El Chocón. Sin embargo, es necesario admitir que los conductores de la huelga tuvieron mejores posiciones que las que suele tomar el MUCS para su accionar gremial; este mismo hecho, la independencia relativa de los delegados obreros, de las propuestas clásicas del MUCS ya había sido evidente en la huelga triunfante de diciembre.
La huelga, que comenzó con la misma fuerza y decisión combativa que la de diciembre, se desvió de camino al promediar la primer semana y fue tomando cada vez. más el carácter de un conflicto entre un amplio frente de personas con buena voluntad y una minoría de locos irrazonables que se negaban a dar toda solución a un grupo de legítimos reclamos; el conflicto perdió así la claridad que siempre tuvo como: “conflicto de clases” y la conducción del mismo fue pasando lentamente a manos de dirigentes no-obreros, aunque alguno estuviera bien intencionado —como el Obispo de Neuquén—, el gobernador de la provincia o la dirección de la CGT de Neuquén.
El Obispo Nevares, con coraje y dignidad se jugó al lado ele les nimios El suyo es quizá el más alto grado de solidaridad que por parte de un miembro del Episcopado argentino se haya registrado con una lucha popular. Ciertamente la acción de Nevares comenzó como una mediación equidistante entre los {actores en conflicto, como muchas veces han protagonizado ciertos obispos en el país. Pero las formas de esa mediación se manifestaron diferentes por el contacto directo permanente de Nevares con los obreros. Más adelante, la mediación fue superada por un decidido alineamiento junto a los trabajadores, enfrentando a la coalición nefasta del gobierno nacional, las empresas intervinientes en las obras v la banda de hampones comandada por Rogelio Coria desde Buenos Aires. Además cabe apuntar como notable el enfrentamiento del pastor con el gobierno nacional, manifestado a través de su carta emitida a la finalización del conflicto y su telegrama a Onganía por la prisión del sacerdote obrero Pascual Rodríguez. La reflexión que seguramente realizará sobre estos hechos el Obispo probablemente le indique la necesidad de ubicarse desde el vamos junto al pueblo en los momentos del combate.
Parecido proceso se vivió en relación con las gestiones del gobernador Sapag, nombrado para esc cargo en medio del conflicto y con fama de “neoperonista” amigo de los sindicatos. Varias veces, los dirigentes de la huelga entrevistaron al gobernador; en su casa, a las cuatro de la mañana y en secreto; en la casa de gobierno, otra vez en su domicilio e inclusive hubo una entrevista en la zona de la huelga. Estas entrevistas avivaron una expectativa de “rápida solución por vía de las mediaciones” que al disolverse creaban legítima decepción entre los huelguistas, máxime que nunca estuvieron claras las razones de porque Sapag iba a arreglar el problema o porque no pudo hacerlo.
Finalmente, el tercer orden de análisis implica el de los métodos que se usaron para llevar adelante el movimiento de fuerza.
El primer problema es el de la declaración de la huelga “por tiempo indeterminado”, rutinaria táctica del movimiento obrero argentino cobró auge durante el peronismo. Las razones, entonces, tenían una raíz política: los sindicatos declaraban la huelga, sin desórdenes ni acciones de violencia y dejaban el campo libre para que el gobierno peronista y la cámara patronal discutieran el porcentaje de aumento que recibirían los huelguistas. Al mismo tiempo, la huelga general por tiempo indeterminado aseguraba la ausencia masiva de los trabajadores
que podía peligrar en una huelga organizada por periodos, debido a la relativamente baja conciencia de clase de ese momento.
Pero en el caso concreto de El Chocón se agregan nuevas razones para desconfiar de la huelga general: en primer término, los obreros le abandonan el campo de batalla (el escenario donde se trabaja) al enemigo (la patronal, la policía); en este caso, ese “campo de batalla” ocupa cientos de kilómetros cuadrados y los ihstrumentos de producción son armas formidables en manos de los trabajadores (camiones pesados, buldozers, tractores, dinamita, perforadoras, material para construcción, etc.) que son sustraídos, por la huelga general sin límites del aparato de negociación y disuasión de los huelguistas. ¿Qué hubiera ocurrido si después de un paro de 24 horas los obreros vuelven al trabajo, lo detienen en mitad de la jornada y concentran todo el material rodante en un solo punto de la vasta zona de las obras y no vuelven a entregarlo, bajo amenaza de hacer volar todo con dinamita? La negociación subsiguiente está en el interés de la empresa y su desarrollo dará origen a nuevos reclamos de los obreros y a nuevos paros por el objetivo primero que es asegurar el respeto por los delegados. Es cierto, como se dice en ambientes sindicales, que si una huelga se cumple en fragmentos, muchos trabajadores quiebran su voluntad de seguir en la pelea y vuelven al trabajo con diversos pretextos tales como “me equivoqué de día”, “no entendí las instrucciones”, etc., pero este peligro es mucho menor en el caso de El Chocón donde todos los trabajadores viven organizadamente juntos y pueden controlarse fácilmente unos a otros. Además, esa desconfianza en la “conciencia individual”, del huelguista cuando está frente al patrón que lo presiona para que no cumpla el paro del dia siguiente parece sor inapropiada para esta época de grandes luchas obreras en contra de direcciones gremiales traidoras.
Por otra parte, se ha visto que la “conciencia de asamblea”, mantenida durante el paro general sin límites tampoco es una solución; los obreros de El Chocón rechazaron una propuesta de “sacrificio” de los delegados que se ofrecían a renunciar a sus cargos durante una vibrante asamblea. Al día siguiente, sin embargo, comenzaron a volver al trabajo. La vacilación de los dirigentes empujó a los huelguistas a considerar, que como todo parecía indicar, la huelga estaba perdida. Aparte de que parece absurdo que los dirigentes ofrecieron simplemente “renunciar” en vez de proponer la vuelta al trabajo todos juntos, el caso repite lo ocurrido con otras dos huelgas heroicas: la de los petroleros de Ensenada y la de los gráficos de Fabril Editores; en ambas, vibrantes asambleas rechazaron fórmulas desfavorables, pero organizadas por los sindicatos, para terminar las huelgas y luego volvieron al trabajo aquellos a quien la patronal quiso aceptar. La táctica de decretar huelgas por tiempo indeterminado parece justificarse en casos muy precisos: o bien .cuando la paralización de tareas produce un gran desorden en el terreno de la huelga y en otros órdenes de la vida nacional (ferrocarriles y otros transportes, comunicaciones) debido a que los huelguistas no pueden ser reemplazados por razones técnicas.
El otro caso es el de aquellos sectores de la producción donde las patronales necesitan producir para cumplir compromisos que les dejarán grandes ganancias. Es el caso actual de los frigoríficos o de ciertas ramas de la siderurgia. Pero en la Argentina no parece haber evidencia de que los dirigentes gremiales se dediquen a hacer ningún tipo de análisis económico; es más frecuente, en cambio, que organicen huelgas de favor cuando la patronal tiene acumulación de stock, como las que organizaba Augusto Vandor, en acuerdo con las Cámaras de Industriales Metalúrgicos.
Ninguno de estos casos se verifica en El Chocón, donde la huelga por tiempo indeterminado perjudicó seriamente a los obreros, una vez que el gobierno se convenció de que no habría violencia mientras el Obispo y la dirección del movimiento no fueran desbordados, circunstancia que estuvo a punto de ocurrir varias veces.
El paro sin límites, por ejemplo, redujo a los obreros a la inmovilidad frente al cerco policial que fue ganando, metro a metro, el control del pueblo, y de los lugares vitales. La policía también controlaba el ingreso de los víveres, la entrada y salida de personas, etc. Esto dificultaba aún las mínimas tareas de solidaridad, al extremo de que los actos de apoyo a los huelguistas se realizaban en Neuquén, a ochenta kilómetros de El Chocón y sin la presencia de ningún trabajador o de una mínima delegación. Otra hubiera sido la situación si el paro se hubiera cumplido en etapas, con actos a la salida de las tareas, movilidad de los huelguistas mientras cumplían funciones, etc.
Finalmente, en algunos círculos gremiales se expresa con amargura que “no hubo solidaridad en otros puntos del país”; esto es cierto y no debe sorprender, en vista de la corrupta situación del sindicalismo burocrático en el país, pero el problema es otro.
Las acciones de solidaridad (paros, actos, colectas) no ayudan a ganar los conflictos; simplemente, amplían las perspectivas políticas de las luchas obreras al unificarlas frente al enemigo común que no siempre aparece en evidencia: ese enemigo común es la fuerza coaligada de la patronal y el gobierno. Pero cada conflicto en concreto debe ser ganado en el terreno específico en que fue planteado, es decir el de la reivindicación gremial: cuando se gana una huelga, la patronal no se compromete a reconocer que el gobierno es un instrumento del imperialismo sino a otorgar aumentos de sueldo o a reincorporar despedidos. En este sentido, la única vía de escape a la indispensable “solución gremial” es la escalada que comienza en una huelga y termina planteando la lucha por el poder, circunstancia que no fue vislumbrada siquiera en El Chocón.
En este mismo sentido, es obvio que la huelga se derrumbó porque los obreros perdieron toda esperanza de ganarla, empezando por la propia dirección del movimiento que a partir de la segunda semana fue aflojando paulatinamente el carácter específicamente obrero de la resistencia hasta convertirlo en una mala alianza con otros grupos de clase que tomaron la hegemonía del movimiento reivindicativo. Sin embargo, la huelga deja muchas y muy positivas enseñanzas, desde la clara decisión de lucha de los trabajadores contra la burocracia gremial, la patronal y el gobierno, pese a su escasa formación sindical, hasta la elogiable actitud de la Federación Universitaria Argentina que envió a su presidente hasta el baluarte de los huelguistas con un mensaje de solidaridad.
En el medio se anotan las conductas “internacionalistas” de los contingentes de obreros bolivianos y chilenos que participaron de la huelga con la misma decisión con que ocupan su lugar en los puestos de trabajo y la valiente campaña de los curas de la zona que respaldaron a los obreros en todo momento y que como última actitud solidaria se niegan a dar misa en la capilla levantada por la empresa en las obras y resolvieron hacer de la próxima semana santa una semana de lucha y solidaridad con los despedidos.
Una pregunta subsiste sin respuesta hasta el momento: ¿Qué entienden la izquierda revolucionaria y el peronismo revolucionario (que tenían militantes y células en las obras) por “lucha armada” cuando deben expresarse en un conflicto gremial y tienen dinamita a su disposición?

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