• La intervención imperialista
  • Afirmar y comprender esta hora cero de la revolución en la Argentina, no significa negar ni despreciar toda la historia de la lucha del movimiento popular, especialmente de las masas peronistas violentamente perseguidas y castigadas por el delito de ser la mayoría, sino señalar la inexistencia de la vanguardia revolucionaria y la falta absoluta de vigencia de los esquemas dogmáticos de la izquierda que evidentemente nunca entendieron nuestra realidad y siempre llegaron tarde a la hora de las acciones revolucionarias.
    Hagamos entonces un esfuerzo de sinceridad, de realismo, de autenticidad, de verdad y declaremos la hora cero de la Revolución para empezar a producir esos nuevos hechos revolucionarios que serán la respuesta al desafío de la reacción y la esperanza de una vanguardia revolucionaria capaz de conducir un proceso a la victoria.
    Además del desafío nacional, el imperialismo yanki viene ajustando la máquina de dominación y penetración en América Latina y afirma descaradamente la voluntad de intervención directa en cualquiera de nuestros pueblos, cada vez que se vea amenazada la explotación colonial, neocolonial o en cualquiera de las formas que adopta para mantener el sometimiento continental.
    ¡MIL DOLARES POR MUERTO, CUATRO VECES POR MINUTO!
    Este es el precio del imperialismo en nuestra América. Este precio de sangre debe ser sostenido por Estados Unidos para poder invertir tres millones de dólares por hora en la permanente masacre de Vietnam.
    Porque en Vietnam, si todavía no van los soldados de América, es porque se derrama en dólares la sangre de los miles de muertos que se cobra el imperialismo en nuestras tierras.
    Frente a este desafío continental al que se han rendido sumisamente todos los gobiernos militares como el nuestro, designados por el pentágono, o todas las democracias reformistas, como la de Frei, permitidas por el Departamento de Estado, y expresado repugnantemente por la OEA, se ha levantado la voz y la acción de los revolucionarios de América Latina a través de la OLAS, señalando claramente la necesidad de oponer a la violencia reaccionaria la violencia revolucionaria y de responder solidaria y continentalmente a una lucha que no se da pueblo por pueblo, sino contra todos los pueblos.
    En la OLAS estuvo presente, junto a los mártires de la revolución latinoamericana, el nombre y el ejemplo de Camilo Torres. Fue esta una presencia nueva, de nuevo estilo, de nuevo sacrificio que señaló la presencia de todos los cristianos que en nuestro continente viven la tremenda opción de su fidelidad a la causa de la Revolución o la complicidad con los explotadores y verdugos de millones de hermanos nuestros.
    La fuerza de Camilo Torres, que hoy conmueve las conciencias de tantos hombres de América, radica en haber señalado que la revolución es un deber para los que vemos en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos”. Este deber fue llevado por Camilo con la mayor generosidad en el cumplimiento de todas sus etapas y en la entrega de su propia vida.
    Por eso, después de Camilo Torres, los cristianos de América sentimos la exigencia de nuestra definición revolucionaria; la exigencia de dar respuesta inmediata y total al desafío que viven nuestros pueblos y la exigencia del cumplimiento de nuestro deber como cristianos.
    Porque el deber de todo cristiano es ser revolucionario. Y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución.

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