• “Tiempo Social” con “Estado de Sitio”
  • No hay un solo argentino que se haya podido engañar con el llamado “cambio” de gabinete y con los anuncios del increíble “tiempo social”.
    Solamente los funcionarios de este gobierno, que está quedando sistemáticamente fuera del tiempo y del espacio, pueden haber tenido alguna ilusión de esto que llaman “la segunda etapa” de la revolución.
    A los pocos días de que el ministro Imaz estrenara (por cuarto o quinta vez.) el “tiempo social”, se precipitó el estado de violencia popular que se venía viviendo en todo el país y cuya explosión más imponente se dio en Córdoba.
    Do esta manera el “tiempo social”, versión Imaz, se vino a transformar en los hechos en la implantación del estado de sitio que fue, junto con la visita de Rockefeller y la infaltable misa en la Catedral el 28 de junio, uno de los actos que el gobierno tenía preparado para celebrar pacífica y popularmente el ter cero de los diez años que Onganía nos tiene prometidos.
    El asesinato de militantes revolucionarios en las calles de Buenos Aires, la represión masiva a la lista de “los 400” detenidos que va había circulado como versión y como denuncia, y toda la aparatosidad represiva puesta en marcha con el estado de sitio configuran evidentemente una nueva etapa del gobierno: la etapa de la dictadura, deserrada que se va transformando en lo que Pablo VI describe en la Encíclica Populorum Progressio como “tena tiranía evidente y prolongada.”
    Parecería que la intención del gobierno es confundir a la opinión nacional. Para ello elige a ministros del Interior cuya genialidad tratan de superar unos a otros. El genial Imaz en el término de pocos días se presenta a la televisión para anunciar el “tiempo social” y “el estado de sitio”. Además, se hace echar del velatorio
    de un dirigente gremial al que le hicieron poner la corbata para saludar a Onganía en los primeros días del golpe. Hay que tener una rara habilidad para rodearse de ministros tan alejados de la realidad nacional.
    Si el gobierno necesitaba todas estas marchas y contramarchas para mostrar su verdadero rostro de dictadura y para terminar echándole la culpa a Mao, a Fidel, a Marx y a Lenin es porque no tiene capacidad ni siquiera para asumir su propia limitación y reconocerse como lo que es: el brazo armado de la oligarquía y del imperialismo norteamericano que deberá enfrentarse, como ya lo está haciendo, con todo un pueblo dispuesto a luchar por la libertad, por el poder, por la dignidad.
    El gobierno no solamente es responsable del clima de violencia en que se vive sino que además es. quien está agravando ese clima, desafiando la ira de los pobres y provocando la paciencia del pueblo.
    Si el gobierno cree que llenando las cárceles de militantes gremiales y políticos va a asegurar el tiempo social es porque los asesores del Pentágono y de la CÍA le están enseñando los métodos victoriosos con que aseguran la “democracia” en Cuba y la “paz” en Vietnam. O es por que Rockefeller además de venderles productos para reabastecer sus desvastados “Minimax”, les ha vendido también algunos buzones y les ha asegurado el respaldo de los yanquis la dictadura.
    Lo cierto es que los trece “Minimax” de Rockefeller le han hecho perder el rumbo al gobierno más que los muertos de Tucumán, de Corrientes, de Rosario, de Córdoba y de Rueños Aires.
    En estos días, a la larga serie de torturas, secuestros, asesinatos, que ya son patrimonio de este régimen, se suma la vida de la pequeña Elba Susana Guerrero, de 4 años.
    No le tenemos miedo al gobierno ni a su estado de sitio, ni a la pena de muerte ejecutada en las calles. No reclamamos para los compañeros, prisioneros de guerra del régimen, más que un trato digno sin salvajismos, sin torturas, sin cobardes venganzas.
    No jugamos ni con el fuego, ni con la violencia, ni con la sangre de nuestros hermanos. Pero los cuatro años de esa pequeña niña tucumana, hija del pueblo sufrido y hambreado de Tucumán, carne y sangre de obreros condenados a la desocupación y a la miseria, hermana de los miles de niños que asesina el régimen por la desnutrición, por las enfermedades, por la desnudez, por el abandono…
    Pero esta pequeña y tierna víctima de las balas nos está gritando desde el fondo de nuestra conciencia cristiana la exigencia del amor que no puede seguir permitiendo que se asesine a los inocentes mientras los hijos de la oligarquía, los hijos de las Fuerzas Armadas, los hijos del imperialismo del dinero siguen viviendo en el crimen cotidiano de los privilegios de clase, de los privilegios del poder y de los privilegios del odio.
    En esta emergencia, este gobierno de los privilegios, de la violencia reaccionaria, del odio al pueblo, ha convocado a los cristianos a cerrar filas junto al estado de sitio. ¿Qué significado tiene que el ministro Imaz se refiera únicamente a la Iglesia y la convoque como aliada de las medidas de represión? ¿Por qué no se refirió a los oligarcas ganaderos, a los especuladores económicos, a los industriales, a las Fuerzas Armadas y a todos los sectores típicos y tradicionales de la reacción que son la única base de sustentación que le queda? ¿De qué peligros “extremistas” quiere advertir a los cristianos este ministro que hasta se mete en disquisiciones teológicas y conciliares?
    No hace falta denunciar una maniobra tan bureta pero sí conviene señalar los aspectos de este interés desusado en contar a la Iglesia, a los cristianos, en la santa alianza reaccionaria y en la permanente complicidad con los sistemas explotadores y con las dictaduras militares.
    En Juan XXIII, en el Concilio Vaticano, en la Populorum Progressio, en Medellín, en el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo y en los documentos de los “Sacerdotes para el Tercer Mundo”, que publicamos en esta edición, encontrará el ministro Imaz la respuesta a su convocatoria.
    Hay una Nueva Iglesia que el ministro Imaz no conoce y a la que no se puede convocar por la televisión como aliada del estado de sitio, como cómplice de las torturas, de los asesinatos, de la explotación y de la miseria de nuestros hermanos.
    De esa Iglesia, verdadera Iglesia del Pueblo, verdadera marcha del Pueblo de Dios hacia la liberación, son signo y testimonio estas palabras Las estructuras del orden nuevo al que muchos hombres aspiran ha de configurar una sociedad socialista”. “Una sociedad en que la explotación del hombre por el hombre constituya uno de los delitos graves. Una sociedad cuyas estructuras hagan imposible esa explotación.”
    Nosotros lucharnos por una sociedad socialista. Como cristianos y como revolucionarios. Luchamos por una sociedad en la que nunca más Sé asesine al pueblo ni a los militantes revolucionarios del pueblo. Por una sociedad donde todos los pequeños como Elba Guerrero no tengan que morirse que morirse de frío, ni de hambre, ni por enfermedades, ni por balas asesinas cargadas de odio.
    Juan García Elorrio

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