• Octubre
  • Este 17 de octubre, fecha peronista, fiesta popular, una de las claves del calendario político nacional, se constituye este año en un 17 combativo, que adquiere especial significación al conmemorarse en este mes el primer aniversario de la muerte del Che y por la presencia de militantes peronistas revolucionarios que en Tucumán se disponían a levantarse en armas.
    Estos trece años del peronismo en lucha han resultado lo bastante cargados de experiencias, de fracasos y derrotas, de heroísmo y ejemplos revolucionarios, como para obligar a un serio replanteo de los métodos de lucha, de las exigencias organizativas y del ejercicio de una política con vocación y estrategia de poder.
    Todos los caminos recorridos por el peronismo vienen a terminar en la afirmación de una sola salida: la revolución popular; de una sola vía: la lucha armada; de una sola respuesta: la violencia revolucionaria.
    Las experiencias y frustraciones organizativas del peronismo nos plantean también una necesidad fundamental: organización revolucionaria; una exigencia apremiante: el rechazo de los mezquinos intereses de facción que vienen impidiendo la coordinación nacional en los distintos niveles y la unidad en la acción de todos los militantes revolucionarios.
    La impotencia que ha caracterizado estos últimos años nos enfrenta también a esta realidad impostergable: romper, mediante la lucha, mediante la acción, mediante los hechos revolucionarios, el esquema del régimen que nos ubica entre los sectores «comprensivos» del sistema o entre los grupos «irresponsables» del aventurerismo.
    Tenemos desde 1945, y especialmente desde 1955, toda una tradición de lucha peronista que va marcando las etapas de la resistencia popular hasta nuestros días. Tenemos toda esa conciencia de lucha peronista que va exigiendo a nuestra militancia el compromiso cotidiano y permanente con el pueblo.
    Por todo esto, la afirmación de la tendencia del peronismo revolucionario, del peronismo en lucha, del peronismo en guerra, en definitiva, de todos los peronistas y de todo el peronismo, es la tarea fundamental de esta hora para integrar la vanguardia.
    Si alguna responsabilidad acepta esta generación del peronismo que vivió la rabia de la caída; si alguna responsabilidad tienen los que en 1955 fueron, sin saberlo o sin quererlo, aliados de los fusiladores, es la de consolidar la tendencia del peronismo revolucionario. La vanguardia que sea expresión real de las necesidades y aspiraciones del pueblo, la punta de lanza que encabece las luchas de liberación nacional. En esta tarea de ir formando la vanguardia revolucionaria se integra el significado más alto y trascendente que el Che tiene para todos los militantes: su ejemplo, la consecuencia con sus ideas, su coraje, la grandeza de su lucha, su entrega, la presencia constante de su vida, su muerte.
    Tenemos que incorporar y asumir totalmente lo que el Che significa para un pueblo que durante muchos años lo sintió lejano y hasta extraño, pero que fue viviendo, día a día. su presencia en Bolivia y fue haciéndolo suyo, cercano, hasta llegar a vivirlo en su muerte.
    Este es el Che que entonó el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Por eso el pueblo se reconoció en su grito de guerra, en la valentía de su gesto, en su renunciamiento al poder y a la gloria para retomar las armas y la lucha.
    Este no es el Che de las sectas ni de las banderías, ni de las izquierdas cipayas. No es el Che mistificado, canonizado, comercializado. No es el Che cuyo nombre se levanta como mito de aventurero romántico o como excusa de homenajes con los cuales se pretende reemplazar la exigencia de su mensaje.
    No hay dos o tres Che, inventados por los best-sellers de la burguesía. Hay uno solo. El que nuestro pueblo resucita en cada lucha, en cada rebeldía. El que nuestro pueblo recrea cada vez que siente, en su carne y en su sangre, las injusticias, las prepotencias, las explotaciones. Ese Che se identifica en el pueblo con la lucha del peronismo revolucionario y es una sola bandera y un solo grito.
    Ni el terrorismo ideológico, ni la confusión organizada desde los servicios represivos, ni la burda acusación de los burócratas y traidores del movimiento nacional, pueden ya negar, desdibujar o ensuciar al Che que el pueblo reconoce como un compañero, como a uno que se jugó la vida por los pobres y que señaló con su muerte el camino de la victoria.
    El Che significa para el pueblo, unido al recuerdo de Eva Perón, el símbolo de una lucha de liberación que cada día se está librando contra los enemigos de adentro y de afuera.
    En las vísperas del aniversario del Che, un grupo de compañeros peronistas fue sorprendido mientras se preparaba para iniciar acciones de enfrentamiento armado. En Tucumán. en la misma provincia que el gobierno desarrolló su plan de miseria y que recientemente había elegido para «estrenar» su pacífico tiempo social, los compañeros detenidos intentaron cumplir con su deber de peronistas, de revolucionarios.
    El hecho de la detención y el hecho de que las armas empuñadas por los compañeros no hayan sido disparadas contra los enemigos del pueblo, significa una derrota que no invalida ni la actitud decidida de los compañeros ni el camino elegido para librar esta batalla.
    A pesar de estas dificultades, a pesar de todos los errores y limitaciones, la intención revolucionaria demostrada por los compañeros en este episodio comprometen decididamente nuestra solidaridad y nos ratifican en la decisión de continuar la lucha, con la clara conciencia de que «EN UNA REVOLUCIÓN SE TRIUNFA O SE MUERE SI ES VERDADERA» (Che)

    Juan García Elorrio

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