Nuestra lucha contra el imperialismo yanqui” es a muerte.
La gesta iniciada por el Che y un puñado de valientes hizo posible la creación del instrumento revolucionario que permitirá, al fin, la toma del poder para el pueblo a través de la lucha armada, única vía posible para la Revolución Socialista. Ese instrumento es el Ejército de Liberación Nacional.
Es indudable que la Revolución Socialista exige la expulsión del imperialismo yanqui sin contrapartidas ni claudicaciones, por el camino honroso de la guerra revolucionaria y liberadora.
El carácter de nuestra lucha es esencialmente antiimperialista. Al imperialismo se lo vence no con la “guerra” de comunicados o declaraciones, no con la “concientización proselitista” a que nos tienen acostumbrados los partidos tradicionales de diestra y siniestra, no con el maniobrerismo de izquierdistas independientes cuya capacidad, por grande que fuese, jamás podrá compararse ni con la más ridicula caricatura del poder y capacidad de maniobra del imperialismo. Estos métodos se vienen ensayando durante décadas con resultados ya conocidos.
Al imperialismo hay que vencerlo en un enfrentamiento abierto que inicie una guerra incontenible. Sólo entonces los comunicados, la concientización, la maniobra, tendrán el aval de los hechos y no de las palabras. Sólo entonces las derrotas se trocarán en victorias y los errores en aciertos. Es el camino que nos enseña el glorioso pueblo vietnamita.
El armamentismo y militarismo como sistemas imperialistas llegan ya a su climax y constituyen el sostén más poderoso del capital financiero. El imperialismo ya no se defiende con su ideología, esa batalla la tiene perdida hace mucho tiempo, defiende sus intereses a sangre y fuego y ese es el lenguaje con el que hay que hablarle, esa es la batalla que debemos librar. La ideología del proletariado hace mucho que se ha impuesto, pero el proletariado sigue oprimido. Entendamos de una vez: el imperialismo yanqui es y será cruel e implacable en función de sus prerrogativas, mantenidas por las armas que posee.
Estamos conscientes de su poderío militar, que no podemos menospreciar: de las dificultades ton que nos encontramos al enfrentar ese poderío; aunque sabemos también que ese poderío se exagera con la intención de amedrentar al pueblo; y sabemos que con todo y pese a todo, podremos enfrentar y derrotar ese poderío, porque es el lado más vulnerable, el “talón de Aquiles” del imperialismo, como se está demostrando en Vietnam. Y eso lo saben ellos, los imperialistas. Por eso se ensañarán contra nosotros.
Aquí en Bolivia tienen intereses económico-políticos que defender. Enumeramos sólo las principales empresas imperialistas que operan en nuestro país, sin tomar en cuenta las mixtas o “sociedades anónimas” con capitales norteamericanos: International Mining Processing Co., Phillip Brothers (subsidiaria de la U. S. Steel), South American Placers, Bolivian Tin Corporation, Fabulosa Mines, Grace, Cerro Grande (Chase Manhattan Bank), Cobona, William Brothers Sudamericana Ltda., Coper, Oil Industry Supply and Services Co., Bolivian Power, Oriental Eximport Ltda., Telcom Incorporated, Dubber Reserve, International Standard Electric of New York Ltda. (ITT), All American Cables, Cable West Coast, American Destillers, Bolivian American Tabacco Co. (subsidiaria de Phillips Morris Inc.), Urdini Motors, Exprinter, Jones Ass. Bank of America, First National City Bank, etc. etc., y el control superestatal de USAID y BID.
Damos esta lista parcial no con la intención de empezar un trabajo económico de investigación que corresponde a especialistas o a algunos periodistas que pueden ya cambiar sus “guiones sensacionales” de escándalos oficialistas por la información veraz sobre la penetración yanqui en lo económico, político, cultural, etc. (que el pueblo no siempre capta con facilidad y si capta es sólo después de amargas y costosas experiencias).
La minería, el transporte, las comunicaciones, el petróleo y el gas (aun actualmente, después de la nacionalización de Gulf), la explotación del caucho, fabricación de licores y tabacos, importación de maquinarias, operaciones bancarias, etc., son los dientes que el “tiburón” usa para devorar sin obstáculos a la Patria.
Pero esto no es todo. Bolivia, por su posición geográfica, su situación económica y contexto político, donde se conjugan todos los factores que hacen de la miseria, del hambre y la explotación una crisis insoluble y mayor a la de otros países latinoamericanos, es pues, el “eslabón” más débil del imperialismo en esta parte del hemisferio. Por eso Bolivia será el escenario de una lucha encarnizada contra el imperialismo yanqui, pero también será el Ayacucho de la definitiva Independencia latinoamericana ¡nuestro deber es estar en capacidad combativa y nada más justo y racional que el camino que hemos elegido! ¡Es hora de cobrarnos la deuda que el imperio del dólar tiene con nosotros, y a quien le debemos nuestros estómagos vacíos, nuestra encorvada espalda, nuestra ignorancia y miseria! ¡Opongamos la fuerza de las armas a los nuevos conquistadores!

  • II
  • Esta guerra contra el imperialismo yanqui es una guerra contra un sistema y por lo mismo involucra a los agentes internos, a las instituciones que están al servicio y forman parte del sistema imperialista.
    Los “restauradores” no se han extinguido, al contrario, cobran fuerza y control. La ultrarreacción se organiza con insolencia ante la mirada tranquila del llamado “nacionalismo revolucionario”. Son primos hermanos, aunque unos sean más hermanos que primos. La diferencia está en la forma, en el cómo servir mejor a los intereses imperialistas y a qué monopolios específicamente. El desplazamiento de castas en las alturas, lo único que pudo provocar fue el “sorojchi” de unos
    cuantos, pero nunca una revolución. Cuando más, la renovación de un sector de la burguesía que cambió la frágil mamadera de vidrio por una más moderna de plástico, pero no por eso irrompible.
    El golpe militar de Ovando no es pues un cambio estructural, menos aun una revolución nacionalista, si entendemos correctamente lo que es nacionalismo. El golpe militar de Ovando introduce ligeros cambios en el andamiaje político. Resucita partidos políticos, dando vigencia a viejos y corrompidos dirigentes para así contar con una “oposición” inofensiva y domesticada. Creó y financia una incipiente corriente nueva olera de “apoyo crítico”, que es más apoyo que crítica, compuesta por oportunistas de todos los sectores (movimientistas, prinistas, pekineses, moscovitas, e incluso algunos desertores del ELN) que tratan de refugiar su cobardía en esa actitud servil. Y esto no nos extraña, pues lo hicieron otros gobiernos y en circunstancias menos favorables para ellos. Aquellos que ayer se golpeaban el pecho por lo que fueron incapaces de hacer, hoy dan su apoyo a quienes ostentan sus manos manchadas con la sangre del CHE, de INTI, de DARÍO, de los mineros de la noche de San Juan, a quienes protegen y dan cargos diplomáticos a los esbirros y torturadores. El golpe militar del 26 de septiembre logró, en un primer momento, neutralizar o desorientar a algunos sectores. Sobre todo después de la nacionalización de la Gulf, una medida significativa en lo económico, que sirvió de aval para otras medidas intrascendentes de supraestructura. Pero estas medidas no se enmarcan en un proceso revolucionario ni mucho menos. Estos cambios y aparentes concesiones del imperialismo norteamericano obedecen a una política hábil de contrainsurgencia, que es el verdadero fondo del “nuevo carácter nacionalista de las FF.AA.”.
    Reconocer un viraje de las FF.AA. hacia la izquierda es aceptar a la vez que el imperialismo se ha humanizado y se ha despojado de su carácter espoliador. Es muy elocuente el paralelismo en las declaraciones públicas de los más altos representantes de las FF.AA. y Mr. Siracusa. Los primeros dicen más o menos: “…Hemos nacionalizado la Gulf por mandato de las FF.AA., somos revolucionarios”. Mr. Siracusa declara: “…Reconocemos el derecho de los países a nacionalizar cualquier empresa norteamericana, siempre que se pague una justa indemnización”.
    Es decir, el “nacionalismo revolucionario” está permitido por el Pentágono, y es lógico que el instrumento elegido para tal política sean los ejércitos títeres, en un período en que el civilismo se ha desgastado y debilitado. El ejército, con todo su desprestigio y antipopularidad, es la única institución cohesionada política y disciplinariamente con el poder, tanto para jugar un papel reaccionario sin esfuerzos, como para ponerse la careta revolucionaria de acuerdo a sus necesidades internas y circunstancias externas. Así, no será raro que del próximo golpe de estado surja un gobierno militar “más revolucionario” que el actual que llame a elecciones o tome medidas también de carácter populista.
    A tal fin el militarismo necesita fabricarse una cobertura en el pueblo y nada mejor que presentarse como el “campeón de la revolución”. Algunos civiles y partidos políticos facilitan esta tarea del ejército cuando se prestan al juego o compiten en la carrera “revolucionaria” como aceptando la posibilidad de un cambio real a través de las FF.AA., posibilidad que no existe, y que es sólo una concesión oportunista por parte de quienes la aceptan.
    Es cierto que en el ejército boliviano, y en todos los ejércitos títeres, existen contradicciones, pero estas son superables. Es cierto que se encuentran casos excepcionales de oficiales revolucionarios, o por lo menos progresistas, que incluso se incorporan y hasta dirigen el proceso de liberación, pero esto
    no es lo frecuente. Es cierto que en el ejército se aglutinan grupos más o menos adversos, en torno a caudillos, pero en definitiva prima, por sobre todo, el espíritu de cuerpo militar, el espíritu de casta. Han sido numerosas las demostraciones en este sentido y con seguridad que en el futuro se repetirán.
    Ovando ha denunciado, reiteradamente, el golpe de Estado reaccionario sin atreverse a descubrir su origen ante el pueblo. Es probable que después del golpe tan anunciado Lechín Suárez retorne al país y Ovando vaya a ocupar un cargo diplomático en Inglaterra, Alemania o cualquier otro país. Pero de lo que hay que estar seguros es de que el general no ocupará ningún puesto en “Siberia”, “Pekín” o en la Plaza San Pedro. Estos lugares están reservados para los revolucionarios.

  • III
  • El pueblo sí sabe que el próximo gobierno militar es de corte fascista y tomará el poder independientemente de nuestro alzamiento. Nosotros no esperaremos este cuartelazo para volver a las montañas, porque esperarlo es dar tiempo al enemigo a que nos golpee. La iniciativa ahora es nuestra, de los revolucionarios.
    El ejército es el sostén armado del sistema que mantiene el poder real en razón de las armas que posee. Ese poder no es total si no se complementa con el poder económico, por lo menos parcialmente. Actualmente es palpable la hegemonía militar en las grandes decisiones económicas. Los organismos estatales claves de la economía nacional están controlados por los coroneles y generales.
    El ejército, o más correctamente, la alta oficialidad, se ha capitalizado, se ha convertido en una casta empresarial, adinerada y mediatizada por el capital yanqui, en el mejor caldo de cultivo para el “desarrollismo económico” que no es más que otra faceta del neocolonialismo. Ese neocolonialismo es una disfrazada agresión económico-política del imperialismo yanqui con el más apatrida de los sectores de la burguesía. Allí donde tal sector es débil se lo incuba, donde no existe, se lo forma. En Bolivia eso es lo que hizo el imperialismo, formó y financió la burguesía parásita y burócrata que vive de sus migajas y es el mejor instrumento del neocolonialismo.
    Las inversiones norteamericanas en la “minería mediana” se escudan en exasesores, exabogados y exempleados (actualmente “nacionalistas revolucionarios”) de la exgran minería. Muchos militares, otrora desplazados, entran en esta combinación.
    Esa “minería mediana” con capitales fundamentalmente yanquis, actualmente está casi en el mismo nivel de poder del que fuera tristemente célebre “superestado minero”. Un sector de la burguesía parásita depende directamente de la actual “minería mediana”. El resto es parte de ella.
    En el campo esta burguesía parásita y burocrática ha penetrado a fuerza de bayonetas para sostener a caciques desclasados, tan déspotas como los antiguos patrones, que nada tienen que ver con las verdaderas aspiraciones de los campesinos momentáneamente mediatizados por la ignorancia y el analfabetismo. Es otra forma más de la violencia institucionalizada que hay que combatir con la guerra de guerrillas.
    El desarrollismo no es más que el desarrollo al estilo yanqui, mejor dicho es el “desarrollo” asesorado por los yanquis a semejanza y capricho propios.
    En Bolivia existen unos cuantos capitalistas nacionales débiles y solitarios que no conforman una clase, ni mucho menos, y que en última instancia siempre estarán a expensas de la burguesía parásita y burocrática en pos de legalizar una concesión o decreto que los favorezca. Eso es lo que algunos “teóricos” llaman burguesía nacional, insinuando cierto carácter nacionalista de ese sector en el que el imperialismo encontraría oposición.
    Dejemos las clasificaciones librescas a “varias burguesías” (que no se adaptan a nuestro medio). Abandonemos el empeño de encontrar en la burguesía un aliado para el pueblo, aunque sólo fuera circunstancial. Dejemos de tocar las puertas de esa “burguesía nacional” que no existe más que en la mente de los pedantes y exquisitos ideólogos de la izquierda tradicional.
    En el proceso de la guerra prolongada, cuando la revolución sea una fuerza realmente poderosa, la burguesía nacional (si para entonces existe) vendrá a tocar nuestras puertas y tal vez sí será un aliado circunstancial para conveniencia del pueblo. Ahora, en este momento, ella, la burguesía, por su poder y medios se serviría de nosotros. Halagarla o tratar de catequizarla es un juego absurdo y demagógico, que ha costado muchas derrotas al pueblo.
    La política de “frentes”, o el coqueteo con sectores de la burguesía grande o pequeña, o con burócratas sindicales corrompidos, que son la expresión de la ideología burguesa dentro del proletariado, es una política de conciliación, y a estas alturas del movimiento revolucionario en Bolivia es simplemente una traición al pueblo.
    Lo que hoy corresponde es unir a la vanguardia, a los que quieren ya empuñar las armas por el socialismo. Lo que hoy corresponde es el Frente en las montañas en la guerra antimperialista y no los “frentes únicos” del economismo estrecho y desviacionista.

  • IV
  • Algunos temen esta guerra frontal contra el imperialismo y sus agentes nativos y buscan argumentos para sus posiciones. Unos porque las justificaciones ocultan su cobardía y abyección. Otros porque sencillamente no las comprenden. Y no faltan quienes, comprendiendo la necesidad de un cambio someten los problemas de la revolución a la concepción pacifista, como si tal concepción fuera un fin. El pacifismo no es un objeto como tampoco lo es la violencia. Pero cuando la violencia cotidiana se la ejerce en todos los niveles para abrir paso a la penetración y dominación imperialistas, el pacifismo deja de ser un método para convertirse en un obstáculo y sólo queda el camino de la violencia revolucionaria. La violencia imperialista es la muerte de miles de niños y adultos víctimas del hambre y la miseria, es el analfabetismo, son las masacres de mineros y fabriles, es la represión contrarrevolucionaria, es la muerte del Che, de Inti, de Maya, de Darío, de Ivar Tejada Peredo, de los compaqueños Ricardo y Victoria.
    La violencia revolucionaria es el derecho del pueblo de empuñar las armas contra la causa de todos estos males: el imperialismo yanqui.
    La violencia revolucionaria es ahorrar vidas y sacrificios al pueblo.
    El pacifismo rechaza toda violencia sin diferenciar el carácter de clase que en un caso u otro tiene la violencia. La violencia es usada por el imperialismo, y contra él debemos usarla los revolucionarios, pero una violencia y otra son diferentes.
    Veamos algunos argumentos en contra de nuestra lucha: la guerra de guerrillas ha perdido su vigencia porque ha tenido muchos fracasos en Latinoamérica y en Bolivia su máximo exponente fracasó (entendiendo por fracaso la muerte física del Che). La guerra de guerrillas es una lucha de élite y por lo tanto está desligada de las masas. La guerra de guerrillas desencadena la represión del movimiento obrero y perjudica el trabajo legal de los partidos de izquierda y al mismo tiempo favorece a la derecha en sus intentos golpistas. Y otro argumento: la revolución no se exporta (insinuando con esta afirmación que la guerra de guerrillas es un producto de la exportación cubana).
    Nosotros respondemos: la lucha armada, y fundamentalmente la guerra de guerrillas, se ha impuesto como el método más efectivo en Latinoamérica y en el mundo para ir derrotando al imperialismo por partes. Es una guerra de desgaste para el enemigo y de fortalecimiento para el campo revolucionario. Es cierto que se han registrado muchas derrotas para la guerra de guerrillas, particularmente en Latinoamérica, y que la única victoria de significación es la gloriosa Isla de la Libertad. Pero es más cierto que la lucha recién empieza y que no todos los comienzos son exitosos. Si hasta hace 15 años atrás los partidos comunistas apenas eran una preocupación para el imperialismo yanqui, hoy no lo deja dormir la pesadilla guerrillera. Se siente inseguro en todas partes y trata de contrarrestar la acción revolucionaria de los pueblos. Ahí están sus escuelas antisubversivas en Panamá, sus manuales antiguerrilleros, sus asesores militares, sus donaciones de armas e implementos bélicos, sus agencias de la CIA. Ahí está su ministerio de colonias, la OEA, vomitando resoluciones condenatorias al terrorismo y la guerrilla.
    Aun con derrotas y falta de cohesión los movimientos de liberación acrecientan su influencia y, particularmente en Bolivia, con sólo su anuncio produce sus efectos polarizantes.
    Sin embargo no todas son derrotas: Guatemala lucha victoriosamente por su liberación en una guerra popular que los imperialistas yanquis han sentido ya en carne propia.
    En Brasil la guerra de guerrillas contó y cuenta con la aprobación del pueblo que día a día se incorpora a la guerra revolucionaria. Esta guerra se desarrolla ya impetuosa en las montañas.
    El ejemplo glorioso de los Tupamaros en Uruguay ha calado profundamente no sólo en el pueblo uruguayo, sino en el de toda Latinoamérica.
    Y es en Bolivia donde el Che con su “muerte” dejó selladas definitivamente la efectividad de un método: La guerra de guerrillas, y la vigencia de una teoría: El foco guerrillero. Parece ironía, pero aquí estamos nosotros para demostrarlo.
    Estos son ejemplos de la efectividad de la guerra de guerrillas que marca una nueva etapa de la lucha revolucionaria.
    La guerra de guerrillas es una lucha de vanguardia, no de élite, y su ligazón con el pueblo está en ligazón directa con los intereses que defiende y la ideología que sustenta consecuentemente con sus actos.
    ¿Cuánto han hecho los partidos en su “lucha política” por el pueblo en décadas de gobierno o de oposición pero siempre en “ligazón” con las masas? Los resultados son elocuentes y no necesitamos forzar demostraciones.
    El ELN en toda la etapa de su reorganización desde el asesinato del Che ha hecho la mejor labor política que jamás ninguna organización ha podido hacer en décadas de proselitismo y, “concientización”. Lo mejor y lo más honesto de la juventud encuentra en el ELN el eficaz instrumento de liberación. La prueba está en que los firmantes de este documento han militado en diferentes tiendas políticas: la Democracia Cristiana, el PC “moscovita” y “pekinés”, católicos independientes, etc., que han experimentado la inercia de esas formas partidistas inadecuadas para las necesidades de la Revolución. Este trabajo político es el mejor “tapaboca” para quienes nos acusan de anteponer la cuestión militar a la política.
    No se trata de rechazar al partido como forma organizativa del proletariado. En una etapa posterior aspiramos a la forma organizativa del proletariado. En una etapa posterior aspiramos a la formación de un Partido que será el conductor de la Revolución Socialista. Pero las actuales necesidades prescinden de los métodos y formas de los partidos tradicionales y exigen la de una organización política con estructura fundamentalmente militar. El ELN cumple esa función transitoria
    e irá adoptando nuevas formas organizativas de acuerdo a los niveles y etapas de la guerra de liberación.
    El descabezamiento y la represión del movimiento obrero son métodos usuales que viene utilizando el ejército desde hace mucho tiempo atrás. Sólo la imbecilidad o la inmoralidad de miserables politiqueros es el punto de partida para culpar a las guerrillas de la actitud de la reacción. Y es que la izquierda mediatizada actúa siempre en función de la reacción y no del pueblo. Mira lo que pueda gustar o disgustar a la derecha, para poder actuar más o menos”legalmente”, en la institucionalidad hegemonizada por la reacción.
    El enemigo jamás necesitará del pretexto guerrillero para masacrar al pueblo. En todo caso la guerrilla es el efecto (respuesta) y no la causa de las masacres masivas que practica el ejército con su habitual prepotencia.
    Por último no faltan los agentes solapados del imperialismo, que “reconociendo” y maniobrando con lo que ellos entienden por internacionalismo proletario, hablan de las especifidades sociopolítícas en que el foco guerrillero de Cuba resultó victorioso. Esta es la tesis del “excepcionalismo” que pretende reducir la teoría del foco a situaciones muy especiales. Falsifican una teoría, un pensamiento, para hacerlo trizas cómodamente. Lo falsifican porque es un pensamiento que emplaza a la acción y estos deformadores ven amenazado su status. Es el papel de los eunucos izquierdistas, de los que temen un rompimiento total con el sistema porque han vivido de él toda la vida. De los que ven en la guerra de guerrillas un método suicida porque tiemblan ante los tanques y aviones del enemigo, y porque se sienten vencidos antes de empezar la lucha. Les es menos riesgoso seguir manipulando las esperanzas del pueblo.
    Nosotros sabemos que no se repetirán las mismas condiciones o situaciones que permitieron, en parte, el triunfo de la Revolución Cubana, que el imperialismo está sobre aviso y no se dejará sorprender y se apresta para impedir el mínimo asomo de revolución socialista. Por eso la lucha será más dura y cruel. Pelearemos con un enemigo que sabe qué es lo que combate y lo combatirá con furia. Hemos elegido el camino que nos enseña el Che porque es la única posibilidad del triunfo. Los “excepcionalistas”, “exitistas” y otras especies seudorrevolucionarias pueden seguir indefinidamente “creando condiciones”, “madurando” sus organizaciones hasta que se pudran, y hablando de la revolución en abstracto. Son teorizantes que desconocen una de las más evidentes verdades del marxismo leninismo: “La práctica es la más rica forma del conocimiento y de la cual se derivan todas las demás”.
    Los votos y comunicados de partidos políticos en apoyo de las guerrillas comandadas por nuestro Comandante Che, hoy deben convertirse en actitudes militantes. No basta compartir las consignas. Hay que tomar partido en la lucha armada, que es lo que ahora define a un revolucionario. No necesitamos que nos aplaudan, esto no es una competencia, sino una guerra. Tampoco necesitamos consejeros, sino compañeros que luchen a nuestro lado y compartan riesgos y victorias.

  • V
  • Preparar las condiciones-técnicas militares mínimas para el inicio de una guerra no es tarea fácil, más aún cuando se trabaja en terreno de un enemigo que sabe de tales aprestos.
    Creemos un deber transmitir algunas de nuestras experiencias que pueden ser de utilidad para organizaciones que estén decididas a emprender la guerra liberadora como la única posibilidad de victoria para el pueblo.
    Son pocas las organizaciones que en tan escaso tiempo hayan sufrido los más duros reveses. Después de la muerte del Che, Inti se dedicó a la reorganización del ELN para volver a las montañas.
    Cuando nos encontrábamos en vísperas del ingreso al monte, los sucesos de Cochabamba que precedieron a los de La Paz, dieron por resultado el desmantelamiento de los aparatos urbanos con la muerte de Maya y la captura de Víctor, ambos compañeros de gran responsabilidad por su capacidad de trabajo. A esto se sumó el agravante de las delaciones del traidor Silvetti y otras delaciones que están en proceso de investigación, que permitieron la caída de armas y equipos en manos de los aparatos represivos. Luego la caída de nuestro Jefe en una “acción” combinada del ejército de la DIC y de la policía, nos privó de una dirección capaz y experimentada.
    La ausencia de un líder visible y reconocido por el pueblo pesaba y preocupaba inmensamente al grupo de revolucionarios que, no obstante los golpes, decidió continuar la lucha pese a todas las dificultades orgánicas y políticas, internas y externas. Se imponía la presencia de un líder, pues una organización político militar como la nuestra, requiere de un mando único con funciones político-militares para garantizar la ejecutividad y agilidad en el pensamiento y la acción revolucionarios. Así, atravesamos una nueva experiencia cuyos resultados no podíamos prever. Pero esta experiencia para ser tal debía corroborarse por las acciones. Y entramos en el terreno de las acciones en un momento en que la “apertura democrática” se inició y dio fin con su punto culminante, nacionalizando la Gulf, hecho éste que nos aislaba políticamente de los sectores que creyeron en el carácter revolucionario de tales medidas.
    Para muchos, actuar en esas condiciones, era simplemente un suicidio político. No faltaron los que insinuaron nuestra disolución. Para los que decidimos actuar significaba el inicio de otra etapa, dentro y fuera de la organización. En ¡o político emplazamos, con acciones, al gobierno en una definición (la respuesta no se hizo esperar mucho). En lo interno reforzábamos los cuadros político-militares. El tiempo se ha encargado de darnos la razón; el ELN se ha fortalecido política, orgánica c ideológicamente, ha crecido y desarrollado en todos los niveles, se ha saneado de la infiltración y traición con medidas radicales que limitan en el futuro tales posibilidades. La inmoralidad, corrupción, que éste y los anteriores regímenes han institucionalizado a través de la extorsión y aprovechándose del hambre y la miseria del pueblo, en nuestra organización encontraron su definitiva sepultura. Este repunte del ELN costó, sin embargo, muchos esfuerzos y, lo que es más, costó la sangre de valiosos compañeros que lo dieron todo por la causa del pueblo. El total desprendimiento de estos compañeros es la más viva muestra de lo que empezaba a ser ya el Hombre del Siglo XXI, el Hombre Nuevo que el Che estaba formando con su ejemplo cotidiano, el hombre que se forma en el espíritu “eleno”, en el Ejército del Che, del Hombre que no sólo fue un precursor sino que sigue siendo un forjador. Inti, Darío, Maya, Ivar Tejada Peredo, y los compañeros Ricardo y Victoria escribieron las más gloriosas páginas en esta etapa del ELN, hicieron posible la reorganización y estructuración de nuestro Ejército. En fin, el esfuerzo y energía que ellos volcaron en esto tiene el infinito y bello valor de lo que significa volver a las montañas.
    Ahora podemos sacar conclusiones de las experiencias anteriores. Y la primera es una reiteración de lo que hace más de medio siglo, en situaciones diferentes en el espacio y el tiempo, escribía Lenin: “…Qué milagros puede hacer en el trabajo revolucionario no sólo la energía de un círculo, sino incluso la energía de un solo individuo…” y nosotros añadimos: el proceso revolucionario jamás se detendrá mientras quede un solo individuo que se plantee la revolución en forma intransigente y aún obsesiva.
    La segunda conclusión de nuestra experiencia se resume así: la labor revolucionaria de una organización para ser exitosa, no siempre necesita de un líder reconocido. Cuando ese líder no existe, la decisión de lucha y agresividad política son mínimos suficientes para iniciar o continuar un proceso revolucionario. Los jefes surgen en los combates con el reconocimiento popular, y no en elecciones congresales.
    Cuando existe un pueblo dispuesto a combatir, todo es posible, incluso milagros.

  • VI
  • Mientras toda la izquierda perfumada se hallaba en el “apoyo crítico” se nos acusó de ser poco políticos por no tener una posición similar. Para nosotros ser políticos no es entrar en el juego de la politiquería criolla, sino apartarnos conscientemente de ella con el fin de realizar la tarea fundamental que como revolucionarios nos compete: lograr una progresiva concientización de las masas mediante el ejemplo y las demostraciones concretas. Sólo así se las puede formar políticamente y transformarlas en únicas protagonistas de la revolución.
    El ELN se ha ido forjando en el fragor de los combates en las montañas y las ciudades, y en ese proceso ha ganado la confianza y la simpatía del pueblo. Sabemos que esto no es suficiente. Pasará algún tiempo y tendremos muchos combates más, hasta que esa simpatía y confianza se transformen en actitud militante.
    Nuestro Ejército está presto a librar estos combates en la seguridad de triunfar finalmente, porque esta es la guerra justa de un pueblo contra la guerra injusta del imperialismo yanqui, la guerra que se inició hace más de un siglo y medio, la guerra que inició el gran americano Simón Bolívar, la guerra de Sucre, San Martin, Manuel Rodríguez, Martí, Sandino, Murillo, los Padilla, del Che y de todos los patriotas que no se detuvieron ante las artificiales fronteras que nos impusieron los poderosos y que nosotros sabremos romper sin reticencias chauvinistas. Porque para nosotros, como lo fue para Bolívar y el Che, La Patria es América, la Patria no sólo es donde se nace, sino donde se está dispuesto a morir o vencer en la lucha contra el enemigo de los pueblos.
    El concepto de extranjería es un producto de la colonización y sólo puede cuajar en el espíritu colonizado de los patrioteros, mas nunca en el de los verdaderos patriotas. Solo los alienados y seudorrevolucionarios cuestionan la nacionalidad del Che, porque no fueron ni serán capaces ya no de imitarlo (sería mucho pedirles), sino de llegar al planteamiento serio de la Liberación Nacional. Por eso seguirán con sus argumentos peces sobre la participación de revolucionarios latinoamericanos en nuestro movimiento. Estos argumentos pueriles nunca encontrarán eco en el pueblo. Extranjero es el explotador, el opresor de la Patria, el masacrador, el esbirro y el soplón, los enemigos del pueblo.
    Extranjeros son los agentes de la CIA y sus colaboradores en nuestro .país. Un revolucionario no es extranjero en ninguna parte y es un patriota en todas partes. Esta lucha que iniciamos en Bolivia es la lucha de todos los pueblos americanos y en ella están combatiendo revolucionarios de todo el Continente.
    Una victoria nuestra es una victoria de todos los oprimidos por el imperialismo. Una derrota nuestra es un revés para todos los revolucionarios del continente.

  • VII
  • Esta guerra es parte de la contienda entre dos sistemas: el socialismo y el capitalismo. Es una lucha por destruir un sistema opresor, explotador y colonizante. Y esta lucha debe ser obra del Hombre Nuevo, decidido a la violencia, porque la sustitución del capitalismo por el socialismo es un fenómeno violento, prolongado y desgarrador. Debemos destruir no sólo un sistema
    político-económico, sino la mentalidad inhibida y sumisa, de respeto al orden establecido por los explotadores, con lo que nos ha dopado el imperialismo para facilitar su dominación.
    Esta lucha es obra de hombres nuevos que estén dispuestos a rechazar toda la institucionalidad corrupta, a no ser partícipes y por lo tanto cómplices del orden establecido por nuestros opresores.
    Por eso esta lucha no es sólo una rebelión contra los gobernantes. Es además la formación paulatina del Hombre Nuevo que empezó a forjar el Che en la gran escuela del combate. Y por eso esta lucha, por lo que ella entraña, tendrá nuevas características.
    La Primera Guerra de Independencia, no obstante los esfuerzos e intenciones de los libertadores, sólo traspasó el poder español al de los terratenientes criollos. Nos dejó sin embargo una invalorable enseñanza: La lucha es armada y continental. Esta nueva guerra deberá transitar por la misma estrategia, pero planteada en la nueva realidad latinoamericana.
    Debemos dar batalla en condiciones que nos favorezcan. Esto presume la concentración de fuerzas revolucionarias donde el enemigo es más vulnerable: aquí en Bolivia. Simultáneamente esa concentración será el factor más importante de la irradiación de la guerra continental, que, sabemos, no se producirá en todas partes ni al mismo tiempo, pero cada vez irá tomando más volumen. Y así como es factor de irradiación revolucionaria, es también factor de concentración contrarrevolucionaria. Es decir, los ejércitos títeres vecinos acudirán a este encuentro en Bolivia al sentir temblar el suelo que pisan por la acción irradiante del FOCO GUERRILLERO. Vendrán, como lo hicieron en 1967, a combatirnos físicamente, y cuando esto no sea suficiente, intervendrá en nuestra Patria el imperialismo yanqui con su ejército, como hoy lo hace en Vietnam, Laos, Camboya, como lo hizo en Santo Domingo. Entonces Bolivia y parte de Sudamérica se convertirá en otro Vietnam, es decir, en otra derrota del imperialismo, en otra victoria revolucionaria.
    Entonces la línea divisoria entre el campo revolucionario y contrarrevolucionario será más definida, y todos tendrán que tomar partido en la guerra.
    Entonces el Foco guerrillero ya no será un foco, sino un amplio y vasto campo de acción donde el frente de batalla estará en todas partes y en ninguna, y el enemigo sentirá insegura su retaguardia.
    Es la etapa decisiva de la Liberación Nacional.
    El pueblo armado sabe que sólo así aplastará al ejército títere. Los gorilas y el imperialismo ahora sabrán que este pueblo no sabe de rendirse, que este pueblo cantará con “Tableteo de ametralladoras” los vibrantes versos de Morir antes que esclavos vivir.
    Venceremos, porque la causa del pueblo siempre vence.
    Venceremos, porque estamos con el curso de la historia.
    Venceremos, aunque muchos queden en el camino, aunque muchos no lleguemos al triunfo. ,
    La victoria será nuestra, de los que supervivan la guerra, y de los mártires, de todos.
    Esta guerra no es un sacrificio para los revolucionarios, sino una satisfacción y un privilegio que nos ha deparado la Historia.
    ¡VICTORIA 0 MUERTE EN LAS MONTAÑAS!

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