El siguiente análisis crítico y valorativo de la encíclica papal “Desarrollo de los pueblos” pertenece al presbítero Arnaldo Spadaccino y fue incluido como prólogo a la edición de “Las encíclicas para un nuevo tiempo” de la Editorial Diálogo de Montevideo de julio del corriente año; en dicha obra se publican conjuntamente el ya mencionado documento papal y su antecesor la Mater et Magistra.

  • TEORÍA Y PRAXIS
  • Sermones, con sermones no hacemos nada. Me decía un amigo. Indudablemente la visión de lo que es un sermón ha de ser distinta en mí que los hago siempre y en mi amigo que no los escucha nunca.
    Una Encíclica es un documento doctrinario. Toda doctrina es un conjunto armónico de principios que pueden ser base de varias teorías concretas.
    La Iglesia presenta una doctrina del hombre.
    El hombre es la obra cumbre de la creación. Todo hombre, cada uno de los hombres. El hombre es imagen de Dios. Hecho para conocer y amar, como Dios conoce y ama. Dueño por la libertad de su destino. Y dueño de las cosas que transforma por su trabajo al servicio de los hombres. Hecho a imagen de la comunidad divina, para vivir en comunidad, se realiza por el matrimonio y la familia, la comunidad de trabajo, la nación, la comunidad humana mundial. Juez en si mismo por su conciencia moral, pero distorsionado y alienado por sus cavilaciones entre el altruismo y el egoísmo, el amor y el odio, es decir, dividido por el pecado Salvado. Potenciado para el bien, para el amor, para el altruismo, para la comunión consigo mismo, para la comunión con todo, para el recto dominio de las cosas del mundo. Potenciado por Jesucristo de una vez para siempre, pero la salvación ha de continuar realizándose, encarnándose a través de toda la vida. Esto es una doctrina, la realización diaria de esto es una praxis variada en sus posibilidades.
    -La Iglesia presenta una doctrina de los bienes de la tierra. Todo lo que la tierra es y contiene, todo es para el hombre, todos los hombres. Los bienes materiales, culturales, espirituales, son comunes a todos los hombres. Deben ayudar a que los hombres se realicen. En profundo diálogo con la materia, en el trabajo, el hombre se realiza, se desarrolla personalmente, establece un puente vital con todos los hombres, asciende es más hombre. Esta profunda relación con las cosas,
    esa necesidad del todo para realizarse es la base del derecho de propiedad, necesario a todos los hombres. Propiedad para todos, al servicio de todos, no para el egoísmo, el odio, la explotación, la división. Si en el cumpleaños de la vida, todos tendemos a arrebatar la mayor parte de la torta, no hay posibilidad de fiesta. El uso y el dominio de las cosas será siempre fuente de tensión para el hombre. Esto es una doctrina. La lucha diaria para que los bienes de la tierra sean efectivamente de todos los hombres, para que todos sean libres y no esclavos de sus bienes, será el compromiso práctico de todos los que profesan esta doctrina.
    —La Iglesia presenta una doctrina del desarrollo.
    Un pleno desarrollo del hombre en todos los aspectos de la vida y a través de toda la riqueza de la tierra. Con una presencia activa en los ambientes en que actúa, siendo verdaderamente responsable del bien común en todos los niveles.
    Una doctrina a base de principios, de ella podrán deducirse una o muchas teorías con sus exigencias prácticas para llevarlas a cabo. La enseñanza de la Iglesia no da las concreciones. A lo más señala pistas por donde se ha de alcanzar una vida según la doctrina. Es el hombre libre, el hombre cristiano con todos los hombres quien debe idearlas y realizarlas. El magisterio de la Iglesia aporta su visión, ofrece su visión, no va a desencadenar ninguna revolución, si no hay nadie que se ponga a la obra en esa línea.
    Pero si la mitad de los hombres, cristianos o no, poderosos o no, realizasen un mundo según esos principios se desencadenaría la más grande de las revoluciones.

  • VALOR DE UNA ENCÍCLICA
  • Una encíclica es en la Iglesia Católica un documento doctrinario para todos los católicos. Contiene la enseñanza oficial de la Iglesia sobre un determinado punto y en un determinado momento histórico. Pero la opinión total de la Iglesia no a estar contenida en un documento oficial. La Iglesia es un organismo vivo en el que innumerables pensadores continúan buceando las fuentes para dar respuesta a los renovados problemas del hombre y en la que, más numerosos todavía, los hombres de acción comprometen su vida en este mundo y exigen a los teóricos luz para el camino que de hecho van abriendo. Los que sostienen doctrinas más atrasadas respecto del documento podrán y deberán avanzar el nivel de la encíclica y los que sostienen doctrinas más avanzadas podrán seguirla sosteniendo, a menos que hayan sido explícitamente rechazadas. En todo caso, siempre dará puntos de partida sobre los que se deberá seguir investigando. Es una puesta al día de la opinión de la Iglesia. Es una nivelación con un “hasta aquí está claro”. Tiene un lenguaje especial. Cada punto tiene una evolución y una historia. Hay que estar acostumbrado a leer encíclicas y conocer la doctrina anterior, para comprender los matices con los que se expresa y sobre todo para apreciar la evolución y maduración doctrinaria y las posibilidades y pistas de avance.
    Toda doctrina de la Iglesia se dirige al hombre “convertido” que ha aceptado el Mensaje de Salvación y que vive su fe, es decir, una confiada entrega al Dios- que Salva y que se juega venciendo sus egoísmos para realizar en el mundo la Salvación que Dios da.
    La Iglesia cree en el hombre, sabe que Dios ha querido su superación. Tiene confianza en el hombre, en todos los hombres. Somos nosotros los que decimos que algunos no tienen remedio. A veces nos inclinamos a pensar que no puede vencerse el egoísmo. Pero por ese camino vamos a regímenes policíacos y hacia un gran campo de concentración. Si no es posible una educación, una conversión del hombre al servicio de todos, no tendría sentido esa inmensa marcha del cosmos. Y lo que es peor, sería inútil toda tarea de construir un mundo mejor para todos. Todos los que vivimos comprometidos con nuestra vida al servicio de una causa que creemos justa esperamos que los hombres, en definitiva, por un medio u otro, la asuman libremente como propia. La Iglesia sabe y la historia lo demuestra que muchos hombres no superan el primitivismo de su yo y la Iglesia está arrepentida de cuantas veces quiso obligar físicamente a los hombres a que vivieran de determinada manera. Por eso cabe de hablar de obligación moral y de educación de la libertad del hombre. Por ello la encíclica se dirige a todos los hombres, esperando que los más sean capaces de aceptar y de vivir tales enseñanzas para que en todos los niveles haya otra mística del desarrollo, del hombre y de los bienes.

  • MOMENTO HISTÓRICO DE LA IGLESIA
  • La Iglesia cree que la marcha del mundo con todos sus vaivenes es un ascender constante hacia Dios. Todos los hombres con todo nuestro bagaje, con el mundo material del que formamos parte y al que imprimimos nuestro sello, estamos llamados a una íntima comunión con Dios. Ya desde el “aquí y ahora” e incluyendo el “para siempre”. Por eso la Iglesia, profundizando en su co-vocación con todos los nombres quiere dejar de sentirse separada, en ghetto para poner su visión de las cosas al servicio de todos los hombres, poniendo su verdad como una verdad más en el concierto humano.
    Esto es una nueva actitud de la Iglesia en un mundo pluralista, parte de su renovación histórica. Por eso ha declarado que hay que interpretar “los signos de los tiempos”, es decir los mojones de la ruta. Cada cristiano ha de ser un profeta; ve e interpreta la realidad y con su vida la anuncia a sus hermanos. Captar un signo, un momento histórico dado, una realidad es penetrar todo su dinamismo, todas sus extensiones. Descubrir su ambivalencia, sus aspectos positivos y negativos. Pero exige también de parte del que lo capta, ponerse a si mismo en existencia, en actitud de servicio, jugarse. La Iglesia en el mundo, copartícipe del destino de todos los hombres, quiere interpretar esta marcha y ponerse dinámicamente al servicio de ella. La Iglesia quiere entender más que nunca que está compuesta por todos. Es el Pueblo de Dios. Estamos demasiado acostumbrados a considerar Iglesia solamente una teología del laicado, los miembros del pueblo de Dios responsables por propia vocación de la marcha del mundo desde adentro. Todos los católicos por lo tanto han de sentirse realizando el Reino de Dios, al tomar su sitio en la construcción del mundo. Por eso toda la Iglesia especialmente por el compromiso en lo temporal, por el valor del mundo llamado a la comunión con Dios, quiere ser más sensible a la angustia de todos, a los problemas de cada uno, hombres y pueblos La Iglesia nunca se sintió en el Olimpo, pero nunca como ahora quiere sentirse en el mundo, por eso si las expresiones de su docencia pudieron parecemos alejadas de la realidad en otro tiempo, por su lenguaje o sus principios abstractos, hoy quiere ser más concreta, más sencilla en sus expresiones, presentando más claramente lo que entiende sernos más necesario a todos y lo que los tiempos actuales piden a cada uno.
    La Iglesia, una vez más, se enfrenta al fenómeno de la explotación de los hombres y de los pueblos. La riqueza del mundo ha sido pasto de la codicia demasiado tiempo. Las oposiciones se han ido haciendo cada vez más violentas. La Iglesia es menos una teología para los hombres que una antropología según Dios. Para que haya una salida de paz en necesario corregir nuestra visión, por eso la Iglesia nos ofrece su concepción del hombre y de la familia humana, de la explotación y del colonialismo, del sentido de los bienes y de la propiedad, que sirvan para el desarrollo concreto del hombre, en todas las dimensiones del hombre.

  • LA IGLESIA Y EL MARXISMO
  • Al aportar su visión del hombre y de la humanidad la Iglesia de hace con una doctrina propia, con una tradición detrás, con terminología y principios obtenidos de su propio historia, de su propia verdad. Sin embargo creo que en ningún otro documento hasta ahora podían señalarse profundas analogías con la doctrina marxista. La Iglesia ha dejado de tener miedo. Se han realizado ya muchos trabajos para señalar los puntos de convergencia del mundo y el hombre.
    Sin indicar paternidades o prioridades históricas en las formulaciones, y sin miedo a los suspicaces, anotamos algunos puntos de esta covisión.
    En ambas doctrinas, hay un profundo mesianismo. Cualquiera podría reprocharles un exceso de confianza en el hombre y en su educación para poder realizar una comunidad universal. Las denuncias formuladas sobre las injusticias actuales en una forma más dura de lo que hasta ahora se había hecho. Frases que en otro contexto puede ser llamadas marxistas. Una doctrina de la evolución y de la marcha histórica con una mayor posesión del mundo y de sus riquezas para una mayor paz y desarrollo pleno del hombre. El endurecimiento del corazón producido por la riqueza y la ambición fruto de una visión totalmente privada de las posibilidades del hombre y del aprovechamiento de los bienes; y la necesidad de una fraternidad universal para la marcha común. Un reflexión más serena sobro las posibilidades de una revolución mundial. La denuncia del neo-colonialismo económico. La exaltación del trabajo y los efectos de alfabetización y cultura, aprovechada por todos los imperialismos para mantener sus posibilidades de explotación y sometimiento.

    Tags: