Nosotros, estudiantes cubanos, empeñados en el movimiento de ofensiva revolucionaria en este año del guerrillero heroico, cien años después de iniciada nuestra primera gran guerra de liberación, quince años después del ataque al Cuartel Moneada, nueve años después del triunfo de la rebelión popular: hacemos pública nuestra decisión de participar de modo cada vez más activo y analítico en el proceso de profundi-zación ideológica que vive nuestra Revolución.
Este análisis que abarca nuestras responsabilidades ante el estudio, el trabajo, la preparación militar, el desarrollo de la cultura y el deporte, y la solidaridad revolucionaria internacional; que desarrolla nuestro papel en la construcción de una sociedad realmente nueva, ha sido discutido plantel por plantel, desde un rincón a otro de nuestra patria, y todo el estudiantado cubano —secundario, preuniversitario, tecnológico, futuros maestros y universitarios— fijó su posición en el sentido que este documento recoge y desarrolla. Es la posición de los herederos de héroes y mártires que durante más de cien años han luchado por hacer la Revolución posible: Céspedes, Agramonte, Marti, Maceo, Gómez, Mella, Villena, Guiteras, Abel, Frank, José Antonio, Fructuoso, Pepito Tey, Camilo y Che, son parte de esa historia.
Es la Revolución la mayor escuela, y a través de cien años de lucha por alcanzar el derecho a comenzarla, fue forjando nuestro pueblo los valores que tenemos que hacer nuestros para que el futuro que construímos sea digno del pasado que lo hizo posible.
«Este tipo de lucha, dijo Che, nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más arto de la especio humana; pero también nos permite graduarnos de hombres». Días después, herido en combate, inutilizada su arma, fue asesinado en una escinda rural del pueblo de Las Higueras. Insepulto todavía su cadáver, batiéndose todavía sus compañeros contra el enemigo, consternados y doloridos todavía todos los revolucionarios del mundo; los mismos miserables que al traicionarlo propiciaron su muerte, incapaces siquiera del silencio culpable, graznando siempre: no, definitivamente no era posible. José Marti, que conoció de sobra a estos especímenes, los lapidó también para la historia: «Loa que no tienen fe en su tierra, son hombres de siete meses».
Pero la del avestruz no es ciertamente política de sabios, y lo historia se da sus mañas para probarlo: el triunfo de nuestra Revolución socialista así lo comprueba. En la lucha de nuestro país por su liberación total, la Revolución aparece como la consecuencia —la herencia- de Yara y la Sierra; de «Nuestra América» y «La historia me absolverá»; de la invasión de Gómez y Maceo y la invasión de Camilo y Che; pero
también la herencia de La Fernandina y el Moneada, de Dos Rios y El Morrillo, del asesinato de Mella y del combate de Alegría de Tío.

  • LA VICTORIA, A PESAR DE LOS FRACASOS, CONTRA LOS FRACASOS
  • Esta primera Revolución socialista de América es el resultado de las victorias, de los fracasos, y de las victorias después de los fracasos, a pesar de los fracasos, contra los fracasos. Es el puente entre la tradición revolucionaria de este país y de este continente y el marxismo, la ciencia de las revoluciones sociales contemporáneas. Es la prueba definitiva y aplastante de que contra todo dogma, todo manual, todo catecismo y toda cobardía, la razón estaba de parte de aquellos que como Bolívar y Marti, Fidel y Che, dijeron siempre: Sí, os posible.
    Contra ellos hubo siempre una «teoría». Los reformistas reclaman para si una suerte de propiedad sobre la teoría revolucionaria, considerándola celestial mente inherente a un titulo o un carnet. Esta protensión, en términos contemporáneos, se refiere al marxismo. Pero en realidad, este ha estado detenido, catequizado, «subdesarrollado» en la misma medida en que lo ha estado la acción revolucionaria, y ha sido precisamente en función de la Revolución que la teoría ha vuelto a cobrar vida.

  • SER MARXISTA ES PENSAR LA REVOLUCIÓN QUE SE HACE Y HACER LA REVOLUCIÓN QUE SE PIENSA
  • Marxismo son las contribuciones que a la teoría del Partido y la vanguardia, de la construcción socialista y de la guerra revolucionaria ha hecho la Revolución Cubana; marxismo os la Segunda Declaración de La Habana, verdadero análisis de un proceso inevitable: la Revolución Latinoamericana. Ser marxista es hacer la Revolución: pensar la Revolución que so hace y hacer la Revolución que so piensa. Lo otro, la jerarquización de los miedos, es hija de esa traición racionalizada contra la que se alzó Marti en nuestra América, no es más que la institucionalizarción de la mentira.

  • LIBERACIÓN NACIONAL PARA UNA SOCIEDAD DISTINTA
  • En nuestro país la lucha por la liberación nacional y social que dura más de cien años, ha estado vinculada desde su inicio a la idea de una sociedad distinta. De ahi su íntima relación con la lucha por una sociedad distinta. De ahi su íntima relación con la lucha por una educación nueva, baso de una cultura nueva y nuestra. De ahí también su poderosa expresión en el plano del pensamiento. Félix Várela fue el primer precursor de nuestra Revolución educacional. Su oposición a la escolástica en la enseñanza lo llevó a entender, como llevaría años después a otros patriotas, que ésta tenía como condición una lucha previa contra la escolástica política.
    Várela, sacerdote, emprendió esta lucha con un tesón y una voluntad que asombran, y al fundir su palabra a su acción sentó un precedente para los intelectuales revolucionarios cubanos: ser un intelectual revolucionarlo es en primer lugar, ser un revolucionario a secas, y con ello, poner todas las posibilidades de pensamiento en función de esta mota.
    Fue José Martí quien al decir «y me hice maestro, que era hacerme creador», quien al decir «las Revoluciones no son útiles si no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en los campos»; quien al expresar por primera vez de un modo coherente y orgánico el carácter continental —profundamente intemacionalista y antimperialista— que necesariamente debería tener nuestra guerra de liberación, propuso tarcas que conservaron su vigencia hasta el grado que Fidel pudo decir para vergüenza de sus captores, que había sido Martí el autor intelectual del ataque al Cuartel Moneada.
    Mucho antes otro maestro, Enrique José Varona, que ya en 1902 había pronunciado en la Universidad de La Habana una conferencia sobre «el imperialismo a la luz de la sociología», se opuso desde las posiciones del positivismo, a la escolástica que imperaba aún en nuestras universidades, «saber dudar, dijo, nada más contrario al ejercicio normal de nuestras actividades mentales; gustamos de lo categórico y nada nos enamora como un dogma»; y a casa de Varona iban los estudiantes cuando salían de la Universidad en guerra contra la tiranía de Machado.
    Julio Antonio Mella estaba entre esos estudiantes. El encarna en su vínculo personal con Varona, la unión de nuestros primeros marxistas revolucionarios con la mejor tradición del país. Mella es el propulsor en Cuba del movimiento continental de reforma universitaria que tuvo su inicio en Córdoba, Argentina, para extender h- después y conmover toda Latinoamérica, en el primer cuarto de siglo. Llegará a entender —como Va-rola— que no es posible una transformación educacional sin una transformación política.
    Pero Mella es un hombre del siglo XX y esta comprensión estará iluminada por dos elementos: el marxismo revolucionario y la lectura cuidadosa de Martí. De líder estudiantil pasará a líder nacional, de fundador de la FEU a fundador del Partido Comunista y de la Liga Antimperialista en Cuba y en América Latina.

  • TRANSFORMACIÓN RADICAL Y REVOLUCIÓN SOCIAL
  • Es Fidel quien logra, después de años de estancamiento del movimiento revolucionario, entroncar de
    modo orgánico y creador, con las tareas propuestas por Marti, y con ello con la espina dorsal de nuestra historia revolucionaria. Fidel conocía muy bien la imposibilidad absoluta de plantearse una transformación radical de la educación sin realizar previamente una Revolución social.
    En 1959, con el triunfo de la rebelión popular, parecían resueltos todos los problemas. Sin embargo, todavía en 1960, Che tenía que negarse a recibir el título de Doctor Honoris Causa en una de nuestras Universidades, y advertía que ésta «tenía que abrir sus puertas al pueblo, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas y el pueblo la romperá, y pintará una Universidad con los colores que le parezca». En cien años de lucha habíamos ganado simplemente el derecho a empezar. Teníamos que aprender a construir, como habíamos aprendido a destruir previamente. Teníamos que ir precisando cada vez más, que el camino que sirvió para hacer la guerra y tomar el poder rompiendo dogmas y esquemas establecidos era también el camino para construir una sociedad socialista en medio de la guerra que el imperialismo nos obliga a seguir haciendo.
    No podíamos traicionar nuestra historia, sólo tendríamos derecho a llamarnos herederos de esa traición de lucha si éramos capaces de construir una sociedad nueva. Era necesario hacerlo a partir de las ruinas que nos dejaron siglos de explotación y de miseria; a partir del millón de analfabetos y los setecientos mil desempleados que conformaban, en Cuba, parte de esa siniestra realidad que técnicamente se denomina sub-desarrollo.

  • EL EJEMPLO DE LA REVOLUCIÓN
  • Hoy podemos decir que lo estamos haciendo y por ello y para ello repetimos con Raúl: «Nos negamos a erigirle un altar al dios dinero y postrarle a sus pies la conciencia de los hombres». Nadie, en nuestro país, podrá ya repetir la sátira del poeta español: «31adre, yo al oro me humillo»; Don dinero no es ningún caballero poderoso, cada vez más resulta un simple medio de distribución. Nuestra Revolución ha sido tan audaz, tan antiesquemática en el rechazo total de las estructuras y modos de pensar capitalistas y mercantiles durante el proceso de construcción, como audaz fue nuestro ejército guerrillero en la lucha por la toma del poder. Este hecho, y su profundo sentido del internacionalismo revolucionario explican el interés, la admiración y el respeto que despiertan los revolucionarios del mundo. Todo enemigo sincero de la internacional imperialista tiene un estímulo en nosotros, desde los militantes negros norteamericanos que se han planteado el rechazo a la escala de valores pretendidamente universal impuesta por el imperialismo, a los jóvenes que desarrollan cada vez más su rechazo a los esquemas y modos de vivir y pensar de la sociedad de consumo en los países del neocapitalísmo; desde el revolucionario latinoamericano, al africano y al asiático, cuyo objetivo es salir del subdesarrollo a través de la única vía posible: la Revolución social; todos siguen con pasión, con entusiasmo, y con esperanza nuestra lucha. Porque Cuba prefigura su futuro. Nuestra Revolución demostró que era posible aún para un pequeño país a noventa millas de Estados Unidos, derrotar al imperialismo. Ahora está decidida, plenamente empeñada en demostrar que un mundo distinto es también posible, que una sociedad donde el lucro no sea una regla, la mentira norma, el dinero rey y el hombre siervo, es posible. Esa es nuestra responsabilidad y nuestro orgullo.

  • TENEMOS UN ENEMIGO EN NOSOTROS MISMOS
  • Demasiado bien sabemos las enormes dificultades del empeño; pero los estudiantes cubanos, como parte del pueblo, pertenecemos al género de hombres que gritan: sí, es posible. Hemos tenido que aprender en el camino a sembrar y a matar, a administrar y a dirigir, a aprender y a enseñar; pero sobre todo hemos aprendido que además de la situación internacional, las agresiones, el bloqueo, la guerra que nos hace el imperialismo, tenemos también un enemigo en nosotros mismos. En la medida en que sepamos derrotar nuestra ignorancia, nuestros rezagos, nuestros vicios; en la medida en «pie seamos capaces de Ser buenos trabajadores y buenos soldados; pero en la medida también en que sepamos entender que el estudio es un problema ideológico y seamos soldados de ese combate por la nueva sociedad en el plano de las ideas, desde sus expresiones más generales hasta los pequeños, y diarios elementos morales de la vida cotidiana; en esa misma medida podremos consideramos revolucionarios.

  • HOMBRE NUEVO Y NUEVA SOCIEDAD
  • No es en absoluto posible hablar del hombre nuevo sin hablar de la nueva sociedad, El hombre del siglo XXI que desde hoy estamos formando, será necesariamente un resultado colectivo, no en el sentido de que carezca de una individualidad que debe ser muy rica y por ello exenta de individualismos, sino en el sentido ancho y generoso que entiende que los educadores necesitan ser educados y que el hombre lleva siempre el sello de su tiempo. Es por ello que consideramos la idea de la construcción paralela del socialismo y el comunismo como un verdadero aporte de nuestra Revolución al marxismo. Es por ello que nos negamos a aceptar la Idea de un período de creación de la base técnico-material en el que la formación ideológica no se entienda como un elemento básico, y la sociedad como un conjunto orgánico. Es por ello que nos negamos a aceptar ese marxismo paralizante que deviene una teoría de la justificación.
    El socialismo y el comunismo son empresas que atañen al todo social, o no son.

  • NOS MUEVE EL AMOR
  • Entre nosotros, estudiantes y futuros técnicos, el problema de los estímulos materiales está ya fuera de debate. La motivación esencial de nuestro trabajo es cada vez más la conciencia de cumplir con el deber, reconózcansenos o no.?n el sentido de responsabilidad social, es el amor al pueblo y la Revolución, es el odio total al pasado y al enemigo que lo representa, lo que nos mueve a cumplir nuestras tareas. Es precisamente por amor al futuro, que recordamos constante, diaria, eternamente, aquellos que han caldo, que caen, que vienen cayendo desde un siglo, sin preguntar nunca, como necia Marti, «de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber».
    Ese tipo de hombre es, cada vez más, nuestro pueblo; existen ya por miles y cientos de miles, son los que han sustituido los horarios habituales por el horario de conciencia; los guardafronteras dispuestos siempre a liquidar al agresor; los compañeros de la Seguridad del Estado, peleando, anónimamente, peleando en las entrañas del enemigo; los miembros de nuestras Fuerzas Armadas, preparándole, trabajando, y preparándose siempre para defender con sus armas y con sus vidas, con la guerra revolucionaria, el camino necesario para construir. En ellos tenemos los estudiantes nuestro ejemplo, en ellos germina, de modo cada vez más visible, esa posibilidad mejor de vida que acostumbramos a llamar futuro.

  • REBELDES E INCONFORMES CONTRA TODA MEDIOCRIDAD
  • La construcción del hombre nuevo no puede ser, por tanto, reducida a una consigna. Che la concebía como el resultado de una formación integral, multífacética en perpetua relación critica con la sociedad que este hombre forjara y que coincidiera en forjarlo. Estos hombres serán tan múltiples y variados en su personalidad individual como múltiple y compleja será la sociedad del futuro, pero absolutamente iguales en sus deberes y prerrogativas como seres humanos y sociales. La construcción de esa sociedad, de las condiciones que generen esos hombres, es nuestra tarea histórica, nuestro Moneada y nuestro Granma; nuestra Sierra Maestra y nuestra Bolivia. En esa lucha, los estudiantes revolucionarios tenemos la obligación de ser perennes inconformes, perennes rebeldes contra todo mediocridad, todo vicio, todo lastre del pasado.

  • PROFUNDA REVOLUCIÓN IDEOLOGICA
  • La sociedad nueva es imposible sin una profunda e ininterrumpida Revolución ideológica. Esta Revolución se halla en marcha y la ofensiva revolucionaria es su punto más alto. Debemos empeñarnos en un combate constante y consciente contra el pasado, sin caer por ello en una concepción chata o improvisada de lo que debe ser el futuro. Este deberá ser siempre más bello, más universal, siempre más alto y más humano.

  • CUBA ES UNA ENORME ESCUELA
  • Nunca, como hoy fue nuestro país una enorme escuela; una población escolar de 1.391.000 estudiantes de
    primaria; 143 mil estudiantes de nivel medio; .15.000 estudiantes universitarios; 29.000 estudiantes para maestros y profesores; 410 mil cursando educación obrera y campesina, y muchos miles más en escuelas militares, en escuelas de superación, y en escuelas de arte y deportivas, con un total de 250 mil becarios, y más de 150.000 seminternos contra una población total de 8 millones de habitantes, arroja uno de los promedios más altos del mundo: 1 millón de analfabetos antes de la Revolución, ésa es la diferencia.

  • NUESTRA RESPONSABILIDAD
  • Es imprescindible precisar nuestro lugar en esa batalla total de nuestro pueblo, somos nosotros quienes detones estar a la vanguardia en esas tareas. Es por ello que debemos apoyar de manera intransigente las medidas del Gobierno Revolucionario en el sentido de lograr ampliar la enseñanza hasta los trece grados Con enseñanza militar, para que nadie en nuestro país deje de ver por lo menos, un técnico medio; en el sentido de eliminar de los libros de texto los enfoques no revolucionarios, y en el de lograr una condición cada vez más militante en nuestro profesorado; y es por ello, sobre todo, que debemos exigir una condición cada vez más militante en nosotros mismos.
    Las líneas fundamentales de la sociedad nueva interpretan perfectamente nuestros más altos jiléales. Los alumnos-profesores, los alumnos-ayudantes e instructores, los alumnos de práctica docente, los monitores, hacemos pública nuestra disposición de trabajar por cumplir nuestro deber con la misma sencillez y el mismo sentido lie responsabilidad con que estamos dispuestos a dar la vida por la Revolución, a defender nuestro país frente al imperialismo yanqui y a combatir contra ese imperialismo en cualquier lugar del mundo. La batalla, repetimos, es total, y la renuncia a la retribución material es también un acto de defensa de la sociedad nueva.
    El esfuerzo por eliminar el subdesarrollo nos obliga a planes ambiciosos, a esfuerzos tensos y continuados. No se trata en nuestro caso de un despegue presidido por una relación mercantil. Esos mecanismos tradicionales deben ser sustituidos por la conciencia del deber.
    En ese despegue la Revolución necesita de técnicos y profesionales cada vez más capaces, nosotros somos esos futuros técnicos. Desde este punto de vista debemos entender el problema de la actitud ante el estudio como un problema ideológico de primer orden; cualquier debilidad en este sentido constituye propiamente una debilidad política. El cumplimiento de ese deber ha de caracterizarse por el estudio individual, diario, intenso y organizado por un esfuerzo personal riguroso, que ayude a suplir, en parte, las deficiencias profesorales que se ponen de manifiesto en esta etapa de enorme crecimiento de las tarcas educativas. Resulta imprescindible tarea de estudiantes y maestros, insistir en la utilización de los medios auxiliares de la educación, luchar porque desaparezca el vicio de estudiar utilizando solamente las notas de clase, propiciar la consulta de uno o varios textos, y la asistencia a bibliotecas.
    El entusiasmo por la experimentación se despierta a través de los circulos de interés científico-técnicos y en los centros de investigación. Estos posibilitan el
    desarrollo de aptitudes e intereses en favor de la orientación vocacional en las ramas de la ciencia, la técnica y el arto contribuyendo a la politecnización de la enseñanza al contacto con el mundo del trabajo, a la relación con las realidades nacionales. Hay que comprender el estudio como una actividad compleja, honrosa, más que necesaria, imprescindible.

  • LOS QUE SABEN MAS DEBEN ENSEÑAR A LOS QUE SABEN MENOS
  • El subdesarrollo en tanto que carencia de todo saber, es también carencia de maestros; la Revolución, en tanto que audacia y decisión de todo un pueblo, es también solución de esto problema. Ante la difícil situación, heredada, nuestra línea ha sido y es una: los que saben más, deben enseñar a los que saben menos, esta cadena, verdadero modelo de solución revolucionaria, comenzó con los maestros voluntarios, alcanzó proporciones históricas en la inolvidable campaña de alfabetización y se extendió después por todos los niveles del país en la superación permanente de las masas. Es responsabilidad nuestra mantener y desarrollar este movimiento, para que nuestro país continúe siendo hoy una escuela, mañana riña universidad.
    Las escuelas y universidades también han hecho suya la lucha contra el subdesarrollo, han roto la limitación física de las aulas, y se han integrado al esfuerzo de construcción del país, lo que les asegura, por otra parte, una formación más científica directamente vinculada a la solución de los problemas que el desarrollo plantea. Esta necesidad se encuentra en relación directa con las prácticas profesionales que nos permiten desarrollar núcleos docentes con los de trabajadores, a fin de intercambiar experiencias, y los trabajos de postgraduados, los estudiantes estaremos presentes donde sea necesario.
    La investigación debe ocupar, desde el inicio, un lugar fundamental en nuestra formación científica. La lucha contra la rutina, contra el dogma, contra el esquema, debe sor también aquí consustancial a nuestra personalidad de estudiantes revolucionarios. Estas tareas nos vincularán vivamente a nuestro país, a sus grandes y complejos problemas, a su enorme y sostenido esfuerzo. A través de ellos contribuiremos a nuestra educación por el trabajo, nos familiarizamos con los problemas reales de la producción, comenzaremos a elaborar los métodos científicos que nos permitan, una vez graduados, contribuir con éxito a su solución.

  • EL IMPERATIVO DEL TRABAJO PRODUCTIVO
  • Nosotros, estudiantes, reclamamos el honor de continuar cada vez más participando hombro con hombro junto a nuestro pueblo en las actividades productivas. Nuestro pueblo ha decidido producir el despegue en las difíciles condiciones que nos imponen el bloqueo imperialista y la compleja situación internacional. Su meta, nuestra meta, es desarrollar la agricultura, es producir diez millones de toneladas de azúcar para 1970, sin abandonar el desarrollo de otros renglones, y sin detener el crecimiento general de la economía. Estaremos allí, como parte de nuestro pueblo, como trabajadores y como técnicos, en el corte de caña o en la escuela al campo, creando con nuestro saber y con nuestras manos. El trabajo intelectual no puede, en la sociedad del futuro, existir separado y opuesto al trabajo físico; y mientras esto sea así por un imperativo de la realidad, no debe, por lo menos, existir como una categoría privilegiada.

  • CULTURA Y DEPORTE
  • La participación en actividades deportivas y culturales no puede ser reducida a una consigna. Habíamos dicho que la sociedad comunista era una empresa total, o no era. Ese concepto de totalidad social, supone la lucha por la totalidad y la plenitud, en todos y cada uno de nosotros. El deporte en su múltiplo carácter de recreación, formación moral y física, desarrollo de las aptitudes para el trabajo y la defensa y desarrollo de las posibilidades de una vida rica, es una necesidad y un derecho en nuestra formación. La cultura, entidad en su sentido amplio, debe ser el pan y la sal de la sociedad nueva.
    Es inadmisible que un estudiante revolucionario no tenga entre sus preocupaciones vitales el conocer y profundizar en todo lo que el hombre ha venido logrando desde siglos y el informarse constantemente sobre lo que se crea hoy en todo el mundo, no solo por lo que pueda aportar este conocimiento a su desarrollo, sino por lo que tiene la cultura de vital en el plano de la ideología.
    No solo el trabajo consciente y abnegado forma al hombre, el hombre será más libre y más pleno en la medida que sea más culto. No hay igualdad posible, dijo Martí, sin igualdad de cultura. Por ello concebimos la cultura militante, comprometida, vinculada al pueblo y en función de él, sí, olvidar que ella está posibilitada por «los miles de actos de creación que todos los días protagonizan hombres humildes, con sus camisas sudadas, y sus espaldas al sol», como afirmara el compañero Osvaldo Dorticós.
    El desarrollo de la conciencia crítica generalizada, la no aceptación de las formas mercantilizadas de la creación artística; la lucha contra la deformación del gusto, que es característica de la etapa de dominación imperialista, exigen esfuerzos tenaces de cada uno de nosotros, a fin de impulsar al máximo la formación estética, une nos sitúa en el punto justo de la apreciación real y no prejuiciada de la obra artística; que nos hace consumidores y creadores auténticos en el campo de la cultura. Es imprescindible desarrollar también aquí un nuevo punto de vista, con el mismo espíritu inquieto, nuevo, audaz que desarrollamos en otras esferas de la vida. Es necesaria una infatigable tarea de extensión cultural. El pueblo tiene derecho a la cultura, y los estudiantes revolucionarios tenemos el deber de liquidar el disfrute de la creación y de los valores estéticos como un privilegio de minorías.
    El conjunto de este proceso de participación, profundización y lucha ideológica, es eminentemente político. Los estudiantes tenemos el deber de politizarnos y poli-tizar nuestras actividades en el sentido mejor y más alto de esta expresión; su sentido revolucionario. La politización total del proceso asegurará que se desarrolle en todo momento, con objetivos perfectamente definidos y con una participación consciente de cada uno de nosotros. En el plano de la participación es necesaria una tarca profunda y sostenida alrededor de los métodos de trabajo, tenemos el deber de incorporar a todos los estudiantes al proceso, sobre la base siempre de una participación voluntaria, consciente, crítica, políticamente alerta.
    Es necesario combinar en la práctica esta exigencia de principio con el desarrollo de un movimiento que refuerce la organización, la disciplina y el cumplimiento de los reglamentos establecidos por la Revolución.

  • DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN
  • Esta posibilidad será más real en la medida en que seamos capaces de desarrollar un estilo de trabajo antiburocratico, dinámico y profundo, intransigente en los principios; porque nada puede sustituir la discusión, ni análisis y la comprensión ideológica de los problemas. Este movimiento avanzará inspirado por eso otro aporte de nuestra Revolución que se define como pensar con cabeza propia. Esta es una actitud que implica riesgos; estamos dispuestos a correrlos. Estos riesgos nos obligan a mantener una actitud de perenne disposición a defender la Revolución. En nuestro caso las actividades militares constituyen, además de un elemento forjador del carácter, una cuestión de honor plena de sentido social y humano. Es por ello que nos comprometemos a desarrollar la preparación combativa en los centros preuniversitarios, tecnológicos y universitarios, y a cumplir cada día con ella. En este 26 de julio, «Día de la rebeldía nacional», postulamos nuestra disposición a convertir nuestros planteles en unidades militares, hemos borrado de nuestro vocabulario la palabra rendición, reconciliación y derrota, jamás aceptaremos el «alto al fuego» en el combate contra los agresores.

  • SOLIDARIDAD COMBATIVA
  • Nuestra posición de solidaridad internacional tiene su baso en las palabras del Che, «formaremos hombres que desarrollen un verdadero internacionalismo proletario, donde la bandera bajo la que se lucho sea la causa sagrada de la rendición de la humanidad, de modo que morir bajo las enseñas de Viet Nam, Venezuela, Guatemala, La Guinea, Colombia, Bolivia, Brasil, para citar sólo escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente glorioso y apetecible para un americano, un asiático, un africano y aún un europeo».
    Demasiado bien sabemos que el proceso revolucionario mundial es uno, el destino de los pueblos uno, y uno el enemigo: el sistema imperialista mundial, encabezado y dirigido por el imperialismo yanqui. Y Viet Nam ha estado batiendo a ese enemigo y pagando con sangre su decisión, y cada vietnamita muerto y cada combatiente, es un soldado de la causa del mundo. Hoy, cuando en los países más desarrollados de Europa, como en los más atrasados de América, los estudiantes se enfrentan a los golpes y a los tiros, rechazando las dos caras de la moneda imperialista: la «cara sucia» del subdesarrollo, y la fachada engañosa del neocapitalismo, nosotros, estudiantes cubanos que tenemos el privilegio y la honra de coincidir en la construcción de una sociedad nueva, les expresamos nuestra solidaridad militante.
    Declaramos nuestro reconocimiento a los movimientos de liberación nacional, vanguardias indiscutibles en las luchas por la independencia y soberanía, a los hermanos de América Latina que integran los movimientos guerrilleros, les ratificamos nuestra solidaridad combativa, nuestro firme y decidido apoyo a ese método de lucha. A ese rechazo total a todo tipo de claudicación electoral o no. Ellos constituyen las avanzadas de los pueblos que librarán la batalla definitiva y total contra el imperialismo. A la violencia reaccionaria hay que responder con la violencia revolucionaria, a los ejércitos reaccionarios hay que responder con los movimientos guerrillero.

  • DAR NUESTRO SUDOR HOY Y NUESTRA SANGRE MAÑANA
  • Nosotros, estudiantes cubanos, ante este 26 de Julio y desde esta ciudad de Santa Clara, escenario de la batalla dirigida victoriosamente por el Che, les decimos a nuestro pueblo, y a los pueblos del mundo: nos esforzaremos para dar todas nuestras energías en las responsabilidades que la Revolución reclama de nosotros, consideramos un deber dar «nuestro sudor hoy y estar dispuestos a dar la sangre mañana».
    Nos educaremos en esta escuela, que es la Revolución. Seremos constructores de la pedagogía revolucionaria. Nos educaremos en las ideas de nuestros dirigentes, en sus ejemplos del Moneada y el Granma, la Sierra y el llano. Playa Girón y el Flora; en su disposición y dignidad en la Crisis de Octubre, en su ejemplo en el trabajo, el estudio diario y la investigación.
    Nos educaremos en el ejemplo del Viet Nam heroico. El estudiantado cubano no fallará, será fiel a la histórica tradición de nuestros cien años de lucha.
    Hemos escuchado el llamado del guerrillero heroico y nuestros oídos son receptivos y nuestras mentes siempre prestas ni estudio, nuestras manos al trabajo creador que construirá el futuro justo de la humanidad y cuantas veces el enemigo imperialista nos lo imponga empuñar las armas para defender nuestra causa, que es la de los pobres, y los explotados y los oprimidos de América y del mundo.
    HASTA LA VICTORIA SIEMPRE. PATRIA O MUERTE ¡VENCEREMOS!

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