Transcurre la Jornada Nacional de Homenaje a Camilo Corres en La Habana, un día 15 de febrero de 1971.
Es en un centro estudiantil metodista. Hay promotores del encuentro, la mayoría de ellos pastores, gente seria y responsable, no parecería ser más que una de las tantas reuniones de estudio que realizan los cristianos para poner de acuerdo su fe con la historia, con resultados no siempre concretos. Sin embargo hay más. En el ambiente se toca, hay grupos de muchachos que comunican su entusiasmo. No son los más numerosos, pero sí los más convincentes: en ellos se juega al mismo tiempo el futuro de la revolución y su fe.
En contraste generacional se nota la cabellera blanca de Isabel Restrepo que se dirigió especialmente a ellos con estas palabras: «Para mí, todos ustedes son Camilos, los veo como alumnos de él. Los quiero como a hijos». Sergio Arce, Rector del Seminario protestante de Matanzas es el que pronuncia las palabras de apertura: «… hemos invitado a un grupo de cristianos de reconocida posición revolucionaria. . «… Además, amigos míos, una de las cosas que más le duele a cuanto revolucionario cristiano de otras tierras pasa por la nuestra, es la de ver cómo la mayoría de los cristianos se mantienen al margen y aún en contra de la revolución. Esto, tienen contra nosotros los Camilos de hoy, inmersos en la lucha revolucionaria latinoamericana…» Por la mañana se reúnen las comisiones de estudio teniendo como base el material previamente enviado: «Hacia una Teología de la Liberación» para arribar a conclusiones dentro de estas tres áreas del pensamiento y acción:
1) Hombre nuevo y trabajo.
2) La Iglesia y el Ministerio Cristiano y el Ministerio Total de la Iglesia.
3) Pueblo y Economía.
Asisten católicos, presbiterianos, metodistas, episcopales, bautistas y de otras denominaciones cristianas. Muchos de ellos son del interior, especialmente de las provincias de Oriente. La Habana, Matanzas.
Preside el acto final una gran foto de Camilo bajo las banderas de Cuba y Colombia. En letras grandes se lee «La revolución es un imperativo cristiano».
Dos obispos chilenos, Carlos González de Talca y Fernando Aristía, auxiliar de Santiago, no pueden asistir por encontrarse en una gira por el interior de la provincia de Camagüe}, visitando la Columna Juvenil de Trabajo Agropecuario (cerca de 20.000 jóvenes aportando mano de obra a las larcas agrícolas).
Los seminaristas católicos del Seminario de San Carlos de La Habana, envían un telegrama de adhesión desde Meros, donde se encuentran en la tarea de la zafra.
No solamente ellos mandan sus saludos; en los distintos centros de trabajo agrícola se dedica la labor de la jornada a conmemorar la figura de Camilo. Se leen trozos de sus escritos. Recientemente se han editado en Cuba sus obras completas. Las palabras de clausura pronunciadas por una joven militante plantean a los cristianos cubanos su necesidad de definición en la construcción del socialismo pionero latinoamericano. Damos el documento completo, al que se llegó como resultado de esta reunión ecuménica, poco frecuente en Cuba.
Nosotros, los cubanos cristianos, que hemos, laborado en esta Jornada Nacional: «Homenaje a Camilo Torres 1971», bajo el título, «Hacia una Teología de la Liberación», decidimos no separarnos en el dia de hoy, sin antes ofrecer un testimonio claro de los sentimientos e ideas que en común nos animan en la lucha en la cual como cristianos y cubanos estamos inmersos dentro de la problemática actual de la Patria y del mundo convulso de hoy.
Nosotros nos hemos reunido entendiendo que las demandas del Evangelio no están hechas en términos abstractos y misticos sino en términos muy concretos c históricos; que el hombre cristiano es un hombre de su época, de su tiempo Nosotros queremos seguir al Cristo Encarnado, Crucificado y Resucitado de los Evangelios, por los caminos polvorientos y peligrosos de la historia contemporánea; senderos donde yace «tirado» tanto hombre mal herido y moribundo, víctima lo mismo de la rapacidad de los «ladrones» de turno, come de la indiferencia e inhumanidad de los «sacerdotes» y «levitas» que «pasan de largo» predicando un humanismo místico y abstracto.
Nosotros, pues, reunidos por la urgencia del mismo amor a Dios y al prójimo que inspiró la vida heroica y motivó la acción guerrillera de Camilo Torres Restrepo.

DECLARAMOS, JUNTO CON EL, QUE: «LA REVOLUCIÓN ES UN IMPERATIVO CRISTIANO».
Primero: Porque Dios en Cristo coloca ante nosotros como demanda ineludible, sin oportunidad alguna de subterfugios escapistas, la necesidad de una solidaridad militante con la: víctimas de toda estructura socio-económica injusta y un:, participación activa ni cualquier intento de liberación y humanización del hombre actual. La opción revolucionaria se nos aparece como ineludible desde todo pimío de vista, incluyendo al del Evangelio.
Es, por lo tanto, en la Palabra de Dios, en el Evangelio de Cristo, donde- encontramos la razón suficiente para nuestro encuentro con la Sociedad Revolucionaria que nos espera, no para discutir bizantinamente sobre cuestiones abstractas sino para trabajar creativamente sobre los problemas concretos de la construcción de una sociedad más justa, más humana. Nos sentimos solidarios con todos los cristianos que luchan sirviendo al hombre en medio de situaciones revolucionarias en cualquier etapa de la lucha. Asi nos solidarizamos tanto con el cristiano cubano, que sirve en las fábricas y los campos de nuestra Patria con sus aperos de labranza y sus útiles de trabajo, en las escuelas con sus libros, aportando de acuerdo a sus capacidades todo lo que esté a su alcance, cumpliendo con su deber de manera sencilla y de forma natural, como con el cristiano vietnamita que lucha con las armas guerrilleras en la trinchera de su lucha liberadora, con los redactores de «Cristianismo y Revolución» por su labor en el desarrollo de una nueva conciencia cristiana, con el chileno de «Iglesia Joven», el argentino de «Sacerdotes del Tercer Mundo», con el uruguayo del «MEC», con el brasileño de
«Iglesia y Sociedad», con el boliviano de la «Brigada Camilo rorrea del FLN», con el colombiano del «Grupo Golconda», con el norteamericano de las luchas contra la discriminación racial, la guerra de. Vietnam y el bloqueo cubano. Creemos que el Cristianismo de Cristo es revolucionario, y que la conmoción revolucionaria que transforma al mundo de hoy es producto de la semilla de transformaciones radicales que sembró el Nazareno crucificado hace 20 siglos.
Segundo: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque ya es hora —más que sonada de que los creyentes en Jesucristo, inspirándose en las verdades de nuestra fe. (pie si es legitima serán siempre verdades pata vivirlas y no sólo para confesarlas, definamos nuestra posición ante el fenómeno político-económico-social de la Revolución Cubana, y declaremos, públicamente, consecuentes con el espíritu altamente revolucionario del Evangelio de Cristo, que nos identificamos con nuestra Revolución Socialista por razón ele nuestra fe en un Jesucristo Encarnado. Crucificado y Resucitado y que tomemos una actitud renovadora, profundamente radical en nuestras comunidades tanto religiosas como civiles, viviendo ese radicalismo en la lucha contra toda solución «de medias tintas» y posiciones «de cerca», contra toda falsa «paz» de la que hablan siempre los falsos profetas. Asi, en lo internacional denunciamos la política desarrollista tendiente a confundir con falsos cantos de sirena a las masas desposeídas mediante una interesada utilización de ciertos documentos como las Resoluciones del Concilio Vaticano II, la Encíclica «Populorum Progiessio». las Declaraciones del CELAM. las del Obispo Helder Cámara, los Documentos de la Reunión de Iglesia y Sociedad en Ginebra, etc… dando así una idea falsa de justicia social mediante la ilusión de una posible conciliación entre los sistemas o países, clases o grupos que de por sí son antagónicos e irreconciliables, y cuyo antagonismo o irreconciliabilidad han determinado precisamente el carácter rebelde y revolucionario de un presente hora de la humanidad, cosa que nadie que sea honrado sería capaz de negar.
En lo nacional, denunciamos que como Iglesia apoyamos, consciente o inconscientemente en 1 pasado, de hecho y de palabra, a las estructuras explotadoras de la Colonia Española y de la neo-colonia yanqui, y que al llegar la Revolución Socialista fue utilizada como trinchera contrarrevolucionaria siendo hoy usada todavía como refugio, por marginados y contra-revolucionarios.
Tercero: «La Revolución es un imperativo cristiano» porque se impone una identificación total del cristiano con la Revolución, no sólo por razones políticas sino por razones evangélicas, por lo que ésta conlleva de justicia social, de concreción del amor a Dios en el prójimo, de buenas nuevas a los oprimidos, a los pobres, a los discriminados. Esta identificación se nos impone también por razones teológicas. por la forma en que responde la Revolución en el nivel secular a la problemática divino-humano que ha venido planteándole al hombre el Evangelio por 2.000 años, y finalmente, también por razones históricas, por lo que de secuencia en el devenir cultural del hombre europeo cristiano tiene la solución revolucionaria al problema del inundo actual.
Denunciamos así toda acción contrarevolucionaria como antievangélica e identificamos como del «hombre viejo», necesitado de arrepentimiento y conversión, lo que pueda haber —y si que aún lo hay— de contra-revolucionario en nosotros como Iglesia, grupos o individuos.
Creemos que la identificación del cristiano cubano con la Revolución debe ser tan real y verdadera que si algo tiene que distinguir al revolucionario cristiano tendrá que ser tan solo un mayor sentido de responsabilidad, una más profunda conciencia del significado trascendente de la Revolución y una mayor dedicación sacrificial al bien común en aras de la construccion de la nueva sociedad y de un nuevo hombre cubano.
Cuarto: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque la crítica necesaria para ser leal a nuestra misión profética tiene que estar precedida de una solidaridad militante. Condenamos por cínica c injusta toda crítica (pie no surja del compromiso cristiano leal y real con la Revolución. Creemos que a todo revolucionario, cristiano o no, se le exige ser crítico de la Revolución como tal ¡cuánto más como cristiano!
Pero la crítica de parte de los cristianos a la Revolución, de los cristianos no comprometidos, es el producto más acabado del orgullo farisaico del cinismo publicano. Solo la crítica que sea auto-crítica, crítica de cristianos (pie sean también la Revolucion, nos salvará de tal orgullo y cinismo que son los dos pecados que han hundido a la Iglesia en su crisis actual.
Quinto: «La Revolucion es un imperativo cristiano», porque hay un peligro real en la tozudez del espíritu de «hombre viejo» y los que entienden, como deben hacerlo los cristianos, que su vocación humana es el amor y el servicio al hombre, forma evangélica de amar y servir a Dios, no podemos dejar de cooperar activa y efectivamente en el propósito de crear una nueva sociedad sobre la base de una nueva moral en donde prime el amor a la justicia, el cultivo del decoro humano. la realización efectiva del sentido comunitario del hombre, la trascendencia espiritual del trabajo creador, la formación de un hombre hermano del otro hombre y la superación material y cultural de todos.
Condenamos todo aquello que en la nueva sociedad pueda entenderse como la persistente permanencia del «hombre viejo». Esta condenación no la queremos hacer desde fuera, sino desde dentro de nosotros mismos.
Creemos que los cristianos debemos estar alertas para vencer en nosotros mismos primera y primariamente todo lo que pueda estar contra la moral del hombre nuevo, luchando contra todas nuestras indignidades, indecorosidades, discriminaciones, ignorancias, supersticiones, fetichismos y privilegios a que damos lugar y hasta fomentamos, a pesar de nuestro proclamado cristianismo, en nuestras relaciones eclesiásticas y ciudadanas. Rechazamos toda imagen del «pastor de almas» profesionalizado, gozando de un privilegio inmerecido en medio de una sociedad que a pleno sacrificio está echando las bases técnicas para salir del subdesarrollo.
Cacemos que nuestro ejemplo podrá ser de mucha mayor efectividad para superar debilidades y vencer fallos que cualquier palabra pública dicha, por muy mesurada y justa que ésta sea, ya que nuestra palabra no está realmente respaldada por nuestras vidas y actitudes que dejan mucho (pie desear en términos generales, y que a la vez darían un arma a los enemigos imperialistas de la Revolución en contra de ella. Creemos que el cristiano ha de ser el más sacrificado, el más abnegado, el más digno, el más presto a la acción heroica diaria, el cubano que viva con mayor efectividad la verdad cristiana y revolucionaria de (pie «todos somos miembros los unos de los otros».
Sexto: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque a través de nuestra identificación con la Revolución cumplíremos el deber de ser solidarios con todos los pobres, vilipendiados, ultrajados y oprimidos del mundo, siendo así solidarios con todos los procesos revolucionarios similares al nuestro, que tengan sus mismos ideales humanizadores y sus mismas motivaciones humanas.
Condenamos a todos aquellos que en nombre de la fe cristiana apoyan las estructuras político-socio-economicas injustas que mantienen a las grandes masas olvidadas del mundo en la mayor de las explotaciones y rechazan los movimientos liberadores excusándose tras su violencia necesaria, impuesta por los explotadores y sus aliados que quieren a toda costa mantener el «status quo».
Queremos subir los montes de Nuestra América a la manera genuinamente cristiana de Camilo y jamás unirnos a los que bendijeron a sus asesinos. Creemos que debemos proclamar nuestra admiración por aquellos que «poniendo su vida por sus hermanos dan prueba de que no hay nadie que tenga mayor amor que éste». Camilo Torres y Ernesto Che Guevara son en nuestra opinión los ejemplos máximos hoy en América Latina de una actitud legítimamente cristiana y una realización verdadera del nuevo hombre en Nuestra América. Queremos recordar también a todos los cristianos que han seguido el camino de estos dos gigantes latinoamericanos y cayeron en el empeño; particularmente a Juan García Elorrio, expresar nuestras simpatías por aquellos que sufren persecución y cárceles «por causa de la justicia», y nuestra solidaridad por aquellos (pie están incorporados heroicamente a la lucha guerrillera.
Séptimo: «La Revolución es un imperativo cristiano», porqué sabemos que no podemos «presentar nuestras ofrendas ante el altar» mientras que nuestros hermanos latinoamericanos, tengan «en contra de nosotros» dudas y recelos bien fundados ante nuestra tibia y vacilante actitud frente a un cambio social tan radical como la Revolución Cubana, que ha derrumbado instituciones y estructuras francamente anti-cristianas depresión y de explotación que mantuvieron durante siglos al cubano promedio en la pobreza, no sólo material que seria lo de menos sino hubiese sido tan deprimente, sino porque se hizo acompañar de una miseria moral, cultural y espiritual que la hizo doblemente deshumanizante e injusta. Rehusamos mantenernos indiferentes, y mucho menos contrariados, ante los cambios sociales que están haciendo de la Patria, un inmenso hogar, una gran escuela, un constante taller de trabajo, un vigilante cuartel. Creemos que es deber de todo cristiano vivir consecuentemente su fe en medio de una sociedad que ha iniciado el camino de la liberación latinoamericana de todas las estructuras de poder al servicio de la explotación imperialista.
Octavo: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque como parte de nuestra vocación de servicio al prójimo, el cristiano tiene que cumplir con el deber de incorporarse limpia y sin segundas intenciones a toda renovación humana: renovación que está implícita en la tarea de la Revolución. Rechazamos todo tipo de autocracia jerárquica eclesiocéntríca, todo vestigio de aspiración al poder político de parte de la Iglesia, todo intento de incorporación a la Revolución para controlarla, para servirse de ella para hacer trabajo de mero proselitismo.
Noveno: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque la imagen de una Iglesia Señora y Dueña, aliada a las oligarquías, al poderoso, a los fuertes y a las riquezas, es a todas luces, anti-evangélica.
Abogamos por una renovación en la Iglesia que la convierta en la Comunidad Sierva y Sirviente, aliada a los débiles, a los explotados, a los pobres, a las masas de desposeídos. Una Iglesia así será más una Comunidad de espíritus transformados por el Evangelio, que una Institución burocratizada, sacralizada y dogmatizada.
Décimo: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque la moral del cristiano genuino no es un dogma caído del cíelo, ni una legislación, sino que es una obediencia que está determinada por la conciencia del creyente imbuido délas verdades bíblicas y evangélicas formado dentro de la experiencia más noble de la Comunidad cristiana, respondiendo consecuentemente a las demandas que el momento histórico imponga sobre su vocación como hombre. Condenamos todo intento de contraponer drástica y dogmáticamente lo revolucionario y lo cristiano, el Marxismo y el Evangelio, el Comunismo y la Iglesia. Creemos que en el mundo revolucionario de hoy. todo lo que para el verdadero revolucionario es contra-revolucionario es anti-evangélico para el verdadero cristiano.
Undécimo: «La Revolución es un imperativo cristiano», porque sólo por la Ley de la Encarnación en la problemática de su mundo y en la entrega común para hacer del mundo un lugar rada día más justo y humano, se puede realizar la tarea ecuménica eme legitimiza a la Iglesia como Cuerpo cuya Cabeza es Cristo.
Condenamos todo diálogo «a altos niveles» que no arranque de una experiencia en común dentro de la sociedad donde vivimos, que lleva implícito el sello de un privilegio y de una unidad que no es la que se fundamenta en la misión cierta de la Iglesia, la de servir sacrificialmente a la sociedad donde está enclavada a la manera de Su Señor que vino «para servir y dar su vida por la liberación del pueblo».
Creemos que todo movimiento ecuménico ni las sociedades revolucionarias que no tome en consideración el carácter integrador del quehacer revolucionario en sí, de la propia sociedad revolucionaria, a pesar de la buena intención de más de uno de sus dirigentes, se puede convertir en una actividad francamente reaccionaria. Sólo los incautos o los francamente interesados en tales actividades servirían a ello. Y para terminar, queremos expresar lo que constituye la razón para que todo cristiano cubano sea revolucionario en esta hora de la Patria, que para expresarlo en palabras de Camilo sería:
«Solo mediante la Revolución puede realizarse el amor al projimo…».
La Habana, Cuba. 15 de febrero de 1971.

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