• Documento presentado al Plenario Nacional de Córdoba
  • El levantamiento del paro de 36 horas que debía realizarse en el orden nacional los días 19 y 2 de octubre hace que la mayoría de los trabajadores argentinos sean nuevamente defraudados. Para contestar este fraude es que estamos aquí convocados. A los hombres de la C.G.T. DE LOS ARGENTINOS no nos llama la atención este hecho porque hace años que venimos denunciando y señalando al equipo de traidores que, desde 1956 están atados al carro del régimen oligárquico, y que son siempre oficialistas de los gobiernos de turno. Hoy se llaman “LOS 20”, ayer Azopardo y Nueva Corriente, pero con distintos nombres son los colaboracionistas y participacionistas de siempre, que estuvieron desde el primer momento con el señor Onganía y a quien algunos públicamente le llaman “el Jefe de la Revolución (“Clarín” 11-2-69).
    Hoy están tratando de conformar una central obrera oficialista, domesticada y dócil a los designios del régimen y en esa pendiente seguirán traicionando hasta el fin, porque esa es la única forma en que pueden seguir usufructuando los millones. Por eso ofrecen a la dictadura la rendición incondicional del Movimiento Obrero. Este es el papel que representan los traidores en posiciones surgidas de acuerdos entre sindicalistas oligarquizados y militares gastronómicos, que intentan poner la lápida a este proceso de lucha por la liberación nacional.
    Lo que está en crisis entonces no es la conducción del Movimiento Obrero Nacional, sino esa forma pactista de conducir a los trabajadores. La auténtica y legítima representación de los trabajadores está en quienes son leales a las bases, leales al destino de la Patria; no está ni ha estado nunca en quienes han hecho de la conciliación con los enemigos históricos de la Nación su modo de operar y encaramarse circunstancialmente al frente de organizaciones sindicales.
    Por eso es que los representantes de los trabajadores que aquí nos reunimos, tenemos que eliminar para siempre de nuestras filas a todos los que permanentemente han pactado con el régimen despreciando la voluntad soberana de los trabajadores. La traición consumada justifica nuestra dureza; los compañeros que han dado su vida o su libertad obligan a nuestra decisión.
    Todos los que luchamos por la reconquista del gobierno para el pueblo a fin de realizar una transformación total de las estructuras que posibiliten un cercano porvenir donde vuelva a imperar la justicia social, donde se recupere la independencia económica, liberando a nuestra patria del imperialismo opresor, y donde se haga nuevamente realidad la soberanía política, que son los objetivos enunciados en el Programa del 1º de Mayo, de la C.G.T. de los Argentinos, debemos ser concientes de que sólo podremos obtener estos objetivos luchando contra la dictadura antinacional que subyuga a nuestra
    patria y que esa lucha debemos seguirla librando unidos en las bases, unidos en la acción y unidos sin los traidores.
    Las causas que originaron las mayores movilizaciones populares de los últimos diez años no han desaparecido; muy por el contrario, se han acrecentado y se acrecientan día a día como lo viven dramáticamente en sus condiciones de trabajo y subsistencia todos los asalariados del país. Este gobierno ni ninguno surgido de su entraña oligárquica tiene ya las soluciones a los graves males que soportamos. Ahí está sino para confirmarlo la torpe maniobra consumada con los aumentos salariales y la convocatoria a las paritarias títeres, por citar sólo el problema salarial. Es que ese problema como tantos otros no depende de las necesidades políticas del equipo gobernante sino de la voluntad de los organismos financieros internacionales a los que está atado el país por la sumisión de las clases gobernantes que asaltaron el poder en beneficio de los monopolios internacionales.
    La resistencia popular a toda la política de hambre y entrega ha sido promovida de todas formas por la C.G.T. de los Argentinos desde su nacimiento. Ello nos ha valido la intervención de los gremios Gráficos. Farmacia, Navales. Impositiva, SOYEMEP, y otros; la cárcel a más de 600 compañeros, la constitución de los Consejos de Guerra, la brutal represión desatada contra los trabajadores y estudiantes, ensañada especialmente con los compañeros de Rosario y Córdoba.
    Pero nada de ello ha logrado quebramos. Y nos enorgullece que los compañeros que, aunque estén soportando la prisión, están espiritualmente junto a nosotros, mantengan intacta su fe en el pueblo. Porque ellos y nosotros sabemos que entre Onganía y la Clase Trabajadora, no habrá pacto, no habrá acuerdo, no habrá reconocimiento. Semejante pacto sólo podría celebrarse traicionando el sentimiento unánime de las masas, en olvido de nuestros muertos y de los compañeros que aún padecen el exilio, la cárcel o la persecución.
    La C.G.T. de los Argentinos es fundamentalmente un hecho histórico irreversible porque irreversibles son sus banderas y su conducta sin dobleces ni agachadas. No nació ni existe por la voluntad de un grupo de dirigentes sino por la necesidad y la vocación de pelea de las bases. Dijimos que preferíamos “Honra sin Sindicato” a sindicato sin honra, y lo demostramos en los hechos rotundos, sin maniobreos ni tacticajes peleando de frente y en las calles, antes que escondiéndonos en los Sindicatos acorazados en que algunos tránsfugas ocultan su miedo y su orfandad.
    Esta C.G.T. es la fiel representación de la línea combativa del Movimiento, que viene librando un combate ininterrumpido desde hace 14 años y que adquiere su forma actual el 26 de marzo de 1968, porque ya no era posible permitir la coexistencia pacífica entre las
    clases oprimidas y las clases opresoras, y porque asumimos organizativamente la conciencia de nuestra responsabilidad histórica de que la reconquista del poder no se lograría a través de la sustitución de un militar por otro, sino a través de la sustitución de todo un sistema fundado sobre la injusticia, por otro sistema que signifique el triunfo de la clase trabajadora.
    Esta es la conducta que traemos ante nuestros hermanos del interior, en momentos en que ha hecho crisis la forma pactista y conciliadora de conducir al movimiento obrero. Y a partir de esa conducta decimos que no podemos concebir una unidad sin objetivos y sin un programa. Entendemos que ese programa existe y es el que se ha dado la clase trabajadora en el Congreso Normalizador del 28 de marzo. Es un programa que señala un pensamiento y un accionar del pueblo; del pueblo trabajador, del hombre militante con sentido revolucionario que ha roto los lazos con quienes pretenden servirse de él para bastardos fines, con quienes han hecho del movimiento un negocio sin temblarles el pulso ni ante el asesinato ni ante la delación, ni ante la persecución de compañeros leales, de delegados de fábricas, que no tienen nada que ver ya con quienes entregan convenios, negocian bancos, ni con los financistas y mercaderes que so capa de dirigentes gremiales, permanentemente negocian a espaldas del pueblo.
    No es tampoco posible unidad sin las bases, ya que la unidad no puede ser sólo un acuerdo de dirigentes sin la participación de la clase trabajadora y sin tener en cuenta su voluntad soberana. Esto sería simplemente un contubernio más, que puede servir para cualquier cosa, pero no para defender los intereses de los trabajadores, del pueblo y de la Patria.
    El pueblo combatiendo en las calles nos reitera que nuevamente ha llegado la hora de los pueblos en nuestra Patria y que el dilema que se dilucida es de colonialismo o liberación. La lucha y los ideales que defendieron Felipe Valiese, Santiago Pampillón, Hilda Guerrero, Juan José Cabral, Adolfo Bello, Máximo Mena, Emilio Jáuregui —para nombrar sólo a los más recientes mártires populares— y cuantos como ellos fueron asesinados por el régimen, no será interrumpida. La sangre derramada no será negociada, como no podrán ser negociados nuestros compañeros Raimundo Ongaro, Jorge Di Pascuale, Agustín Tosco, Hugo Maldonado, José Gutiérrez, Elpidio Torres, Jorge Canelles y todos los presos sociales que padecen la cárcel y la persecución y todos los compatriotas que afrontan el exilio por no ser cómplices, por no entregarse, por seguir siendo leales a su pueblo y seguir conduciéndolo a la victoria.
    A todos ellos sólo los podemos liberar y sólo los podremos recuperar para su Patria combatiendo de frente y en las calles y no con acuerdos y pactos con la dictadura.
    Por ello es que tendremos que repetir con mayor amplitud las movilizaciones recientes y recordar las grandes jornadas de Mayo en Córdoba, continuadas luego en la huelga del 1° de julio, cumplida en todo el país en total acuerdo entre la C.G.T. de los Argentinos y las Regionales del interior.
    Cabe recordar aquí que el mandato de lucha que las regionales del interior trajeron en aquella oportunidad —y al que la C.G.T. de los Argentinos adhirió totalmente con su accionar— no tuvo eco de parte de los dirigentes de Azopardo y de los colaboracionistas, los que con maniobras dilatorias y argumentaciones inconsistentes frustraron la posibilidad de continuar la unidad en la acción que había comenzado el 30 de mayo. Y era lógico que así ocurriese porque aquellos dirigentes que pretenden seguir a contramano de la historia, necesitaron treinta días para evaluar el resultado del paro
    del 30 de mayo, y necesitarían varios meses, millones de pesos y centenares de muertos para sentirse obligados a continuar la lucha, mientras los trabajadores y el pueblo no piden ni dan tregua.
    El trasfondo de aquella maniobra dilatoria del núcleo entreguista era la media palabra dicha en negociaciones de trastienda, por la cual, en complicidad con la dictadura, estaban preparando el fracaso de las movilizaciones y de la lucha que los trabajadores de Córdoba, Rosario y Tucumán estaban llevando a cabo, a pesar de los Consejos de Guerra y de los asesinatos cometidos, porque estaban luchando bajo una sola bandera: la bandera de todos los argentinos para enfrentar el poder de los usurpadores con el Poder del Pueblo, la opresión con la protesta, la entrega con el irresistible anhelo de liberación del pueblo.
    Y fue justamente a raíz de ese 1 de julio que fuimos reprimidos, intervenidos y detenidos, y que se intensificó la persecución de los activistas gremiales, estudiantiles y populares, a la vez que la dictadura acrecentó la tarea de reunir a los seudo dirigentes negociadores, fueran colaboracionistas o de los 20 para conformar un movimiento obrero al servicio del régimen.
    Pero el nuestro es un sindicalismo comprometido con la liberación de la patria y de su pueblo y no necesita de edificios ni de sellos ni de sillones para librar sus batallas. Comprendemos que nos quieran inventar todos los rótulos —subversivos, extremistas—, pero ello sólo puede servirle al régimen policíaco militar para hacer diferencias entre los dirigentes, o para hacer campañas psicológicas en contra nuestra, pero no han de servirle para engañar al pueblo.
    Por eso tenemos la obligación de manifestar sin querer recordar anteriores claudicaciones, que estamos dispuestos a realizar un nuevo esfuerzo con la única y exclusiva responsabilidad de alcanzar un mejor resultado en las acciones que deben programarse de inmediato.
    Asimismo es necesario reiterar que las acciones que realizaremos en el futuro no pueden de ninguna manera hacerse propiciando el reemplazo de un gobierno de minorías por otro gobierno de minorías, ni el cambio de un militar por otro, o un conjunto de promesas incumplidas por otro conjunto de engaños a corto plazo. De aquí tenemos que salir con el compromiso sagrado de estructurar la batalla definitiva por la liberación de la Patria y de los trabajadores. Por eso es necesario que saquemos experiencia de lo ocurrido y nos prevengamos contra el posible “espíritu revolucionario” de la burguesía, que nos ofrezcan cambios a costa de una nueva subordinación del movimiento obrero a su conducción política, como han intentado otras veces en el pasado reciente. Para dichos sectores, su predominio en el aparato del Estado significa el fin de sus impulsos “revolucionarios” o “nacionales”. Para la clase trabajadora, la toma del poder es el principio de la revolución total que anhelamos con el cambio absoluto de las viejas estructuras demoliberales.
    La C.G.T. de los Argentinos seguirá siendo la mayor organización de masas enfrentada a la dictadura, la valla que se oponga al colaboracionismo y al participacionismo en los gremios, el obstáculo que siga dificultando la tentativa de crear una Central Obrera Oficialista, y que siga siendo la reunión de los dirigentes fieles a su pueblo. Como dirigentes debemos asumir aquí el compromiso de no estar dispuestos a participar ni como ejecutores ni como víctimas. Nuestro rechazo es en suma el rechazo al sistema y a su conjunto y a todas las alternativas que se nos proponen. Sólo tal conducta estará justificada hoy y siempre ante las masas populares, depositarías del futuro de la patria liberada.
    Todos somos concientes que la continuidad de esta lucha por la liberación debe planificarse y ejecutarse a nivel nacional. Ante la situación actual para responder al clamor de las bases de todo el país, para seguir cumpliendo nuestra palabra empeñada, nosotros ratificamos la estructura de la C.G.T. de los Argentinos, apoyamos decididamente a las regionales del Interior para que encuentren su mejor forma de coordinación en el más alto grado de lucha y reiteramos nuestra absoluta disposición para coordinar con ellas a través de nuestra Comisión de Enlace, como lo hemos hecho hasta hoy y como lo seguiremos haciendo cada vez que se quieran librar batallas contra el enemigo antinacional.
    Resumiendo entonces nuestra posición:
    1) El Consejo Directivo de la C.G.T. de los Argentinos ratifica el programa del 1 de Mayo de 1968 como bandera de lucha de los trabajadores argentinos y ratifica los 10 puntos del Mensaje del compañero Raimundo Ongaro del 27 de agosto de 1969.
    2) El Consejo Directivo de la C.G.T de los Argentinos y las organizaciones que la componen ratifican la declaración del paro de 36 horas con movilizaciones en fecha a coordinar con las Regionales del Interior.
    3) Para garantizar por su parte, el cumplimiento de este compromiso, el Consejo Directivo de la C.G.T. de los Argentinos ratifica la existencia de sus estructuras donde Jas hubiera bajo su nombre, y al mismo tiempo apoya decididamente las formas de coordinación para la lucha que establezcan los compañeros de las regionales combativas del interior, con los que coordinaremos a través de nuestra Comisión de Enlace.
    4) La unidad debe ser en la lucha, desde las bases y sin traidores.
    5) La lucha no termina con el paro de 36 horas, a partir de este plenario debe convenirse un Plan de Acción, de movilización contra la dictadura militar y hasta alcanzar la liberación nacional.
    6) Movilización y lucha contra la violencia del régimen.
    —Por el levantamiento del estado de sitio. —Por la libertad de todos los presos sociales. —Contra la racionalización y la entrega. —Contra las paritarias fraudulentas. —Por el 40 % de aumento.
    —Contra la dictadura militar, por la liberación nacional.
    Los elefantes blancos estarán sumamente ocupados en múltiples reuniones donde tratarán de explicar su absurda teoría de que dentro del gobierno hay dos sectores: uno bueno y otro malo y que el bueno es aliado potencial de los trabajadores y que continuar la lucha significa favorecer al malo en contra del bueno. Esto no es novedad para ninguno de nosotros, pues desde hace 14 años escuchamos idénticos argumentos para excusar la propia inercia. También antes atacar a Aramburu. a Frondizi o a Illia significaba alentar el golpe de los gorilas de Rojas, de Toranzo Montero o de Lanusse. Ahora atacar al gobierno para ellos es alentar el golpe de los liberales. Que se arreglen entre ellos, entre los liberales o los falsos nacionalistas, pues ambos son las caras de un mismo régimen oligárquico, corrompido y entreguista.
    A los compañeros de Córdoba, Rosario, Santa Fe, Tucumán, Salta, nombres que son ya historia de gloriosas batallas; a nuestros hermanos del interior; a los trabajadores de Buenos Aires; a los compañeros estudiantes que junto a nosotros han sellado una alianza combativa; a los sacerdotes de la iglesia de los Pobres; a los hombres y mujeres que se han lanzado a las calles en todas las ciudades del país; a los que están soportando la cárcel y la persecución; a los que soportan el destierro; a los que luchan contra el hambre y la explotación impuestas por los monopolios internacionales; a todos los que luchan contra la podredumbre de un régimen no tenemos nada que explicarles, dado que son ellos los conductores y los ejecutores naturales de este proceso.
    El camino está trazado. El objetivo merece cualquier sacrificio. Sepamos sin vacilaciones cumplir con nuestro deber y mientras exista un solo argentino sometido deberemos seguir luchando con todas nuestras fuerzas para el logro definitivo de la Justicia Social que ya no puede retardarse por más tiempo. De todas maneras, las mayorías nacionales seguirán avanzando hacia la victoria.
    La Patria espera de todos nosotros una conducta revolucionaria firme y sin claudicaciones, porque —debemos recordarlo siempre— SOLO EL PUEBLO SALVARA AL PUEBLO.
    C.G.T. DE LOS ARGENTINOS

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