Mis queridos compañeros:
He recibido vuestra carta del año pasado que recién me llega por mano del compañero don Pablo Vicente y deseo agradecerles el recuerdo, como el saludo, que retribuyo con mi mayor afecto. Por las nobles palabras que allí leo me he podido dar cuenta que se trata de valerosos compañeros, que vienen jugando la vida por los ideales que desde hace un cuarto de siglo, sostenemos los peronistas. Por ello, como jefe del Movimiento me siento en el deber de hacerles llegar, junto con mi encomio, el agradecimiento de todo el peronismo. Como ustedes muy bien saben, el momento es para la lucha, no para la dialéctica política, porque la dictadura que azota a la Patria no ha de ceder en su violencia sino ante otra violencia mayor. El Pueblo está en su derecho de luchar por su destino, hoy comprometido por la irresponsabilidad de estos traidores entregados al imperialismo yanqui. Los pueblos que no son capaces o no quieren luchar por su liberación merecen la esclavitud. Pero mientras haya hombres que, como ustedes, están resueltos a esa lucha, la Nación no tiene nada que temer y el Pueblo puede enorgullecerse de contarlos en sus filas. He recibido toda la información sobre las acciones que han realizado y no puedo menos que lamentar las consecuencias que los ha llevado a ustedes a prisión pero es preciso comprender que ninguna empresa está librada de errores y de sus consecuencias. Cuanto les ha pasado a ustedes servirá de experiencia para que no les pueda pasar a los compañeros que tomando vuestras banderas han de llevarlas al triunfo. La lucha tiene esas características: los vencedores a menudo se sustentan sobre la sangre generosa de los que cayeron o de las penurias que pasaron sus precursores. Vivimos momentos difíciles para el destino de la Patria y es de buenos hijos de ella hacer lo posible para asegurar un futuro mejor. En este quehacer no puede haber esfuerzo despreciable y todo cuanto han realizado forma parte del cuadro de honor del verdadero Peronista que, por su naturaleza, no puede ser clamatorio sino objetivo y combativo en alto grado. Yo los felicito a todos ustedes y deseo que junto con mi saludo más afectuoso y mi admiración más sincera, les llegue mis mejores deseos y votos por un futuro venturoso.
“Ustedes son las guerrillas que vienen a combatir a los que nos quieren vender la muerte climatizada con el rótulo de porvenir”, decía un famoso letrero en el barrio Latino de París en mayo de 1968. Yo puedo decirles a ustedes lo mismo, con la exhortación más firme para que sigan adelante persuadidos de que cuanto hagan por la Patria ahora, le será agradecido por los argentinos del mañana. Un gran abrazo
12/2/70 Juan Domingo Perón

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