• Testimonio de un comandante del ELN de Colombia
  • Hace un año, el 15 de febrero de 1966, en una región montañosa del Departamento de Santander. Colombia, un destacamento del Ejército de Liberación Nacional (ELN) atacó una patrulla del ejército represivo. Se ocuparon armas y equipos militares, pero desgraciadamente, cayó atravesado por una bala en pleno combate, el comandante guerrillero del ELN, Camilo Torres Restrepo. “Camilo murió como un héroe, consciente de que los jefes deben dar el ejemplo. Nunca aceptó sacarle el cuerpo al peligro; conocía los riesgos de la guerra y los aceptó, convencido de que su eventual muerte sería una chispa, quizás la decisiva, del incendio que el pueblo colombiano comenzó a desatar con odio y decisión contra las fuerzas gubernamentales que sostienen un sistema de injusticia e ignominia”. (“Camilo ha muerto”. Mensaje del Estado Mayor del ELN, firmado por Fabio Vázquez Castaño y Víctor Medina Morón en febrero de 1966). Hoy nuestros combatientes guerrilleros se visten de luto y tristeza, para reafirmar, una vez más, su fidelidad a los ideales que guiaron al sacerdote guerrillero y por los que no vaciló un solo instante en dar su juventud, su vida entera. Hoy nuestras tropas guerrilleras, allá en un rincón de la tupida selva colombiana, le dicen al Comandante Camilo que seguirán firmes y hasta la victoria con la consigna de: “Por la toma del poder para la clase popular, hasta la muerte”. Nuestro Camilo hoy más que nunca vive y está con nosotros; se ha quedado para siempre en nuestras files y seguirá al frente de los que con las armas en las manos han decidido combatir hasta morir, para conseguir una patria digna.
    Y Camilo es Comandante del Ejército de Liberación Nacional, porque fue un verdadero jefe político y militar. Algunos creen que Camilo fue sólo un gran místico que en un momento de inspiración se fue a las montañas. Pero éste, a su profundo concepto de la dignidad, unió una concepción científica de la revolución, de la guerra.
    En Camilo hay que ver no solamente al sacerdote, sino al sociólogo y —por encima de todo— al patriota colombiano que empuña las armas para liberar la nación. Ver sólo una faceta del héroe, es estar viendo una parte, que está sólidamente unida al todo. Lo que él llamaba “amor al prójimo” es lo que lo lleva a convencerse de la inevitabilidad de la revolución. “La revolución puede ser pacífica si las minorías no liaren resistencia violenta. La revolución es por lo tanto, la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de la población. Por eso la revolución no solamente es permitida, sino obligación para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos”. (Mensaje a los cristianos. Agosto de 1965). Este “amor al prójimo” de Camilo, no es la “caridad” de una beata ni el “humanismo” de un encumbrado teórico, sino un alto y real concepto de la dignidad, que —creemos— debe tener todo revolucionario.
    A más de sacerdote, Camilo era sociólogo y a través de esta disciplina pudo contemplar y palpar la dura realidad colombiana. A” fuerza de contacto, de vinculación con su pueblo y de estudio, llega a la conclusión de que la revolución total de carácter socialista, es el único medio para solucionar los problemas que se afrontan. El proceso de clarificación y convencimiento fue lento y no llegó de súbito. En mayo de 1965 aparece su plataforma de lucha como base para unión de partidos y gentes, que estuviesen de acuerdo con ésta; Explica por qué se debe cambiar la estructura actual y cuáles son los objetivos de ese cambio:
    1.— Actualmente las decisiones necesarias para que la política colombiana se oriente en beneficio de las mayorías y no de las minorías, tienen que venir de los que detentan el poder.
    2.— Los que poseen actualmente el poder real constituyen una minoría de carácter económico, que produce las decisiones fundamentales de la política nacional.
    3.— Esta minoría nunca producirá decisiones que afecten sus propios intereses.
    4.— Las decisiones requeridas para su desarrollo socio-económico del país en función de las mayorías y por la vía de la independencia nacional, afectan necesariamente los intereses de la minoría económica.
    5.— Estas circunstancias hacen indispensable un cambio de la estructura del poder político para que las mayorías produzcan las decisiones.
    Los objetivos de la lucha debían ser: Reforma Agraria, donde la tierra sea para quien la trabaje; Reforma Urbana, donde el habitante de cada casa sea su propietario; Reforma de Empresa, donde “será abolido el sistema de libre empresa por el de sistema cooperativo y empresa comunitaria” y donde “toda inversión pública o privada debe someterse a un plan nacional de inversiones”; Política Nacional, nacionalizaciones de servicios públicos y educación, Política Familiar, Seguridad Social, Relaciones internacionales. Estos objetivos, como lo explica, se conseguirán única y exclusivamente, cambiando totalmente la estructura económica y política del sistema. Por esto su lucha empieza con la consigna de: “Por la toma del poder, hasta la muerte”. Camilo no se contenta con alcanzar una que otra reforma; su actitud no es reformista, sino revolucionaria. “Estoy dispuesto a luchar… contra las oligarquías y el dominio de los Estados Unidos, para la toma del poder por parte de la clase popular”. Sentadas estas bases, emprende el sacerdote-guerrillero una gran campaña de politización, de educación revolucionaria y unidad popular. Durante varios meses, habla en plazas y calles bajo el Estado de Sitio. Desde su periódico envía mensajes a todos los sectores de la población, para aclararles la situación e invitarlos a la lucha.
    A los campesinos, que forman parte de la vanguardia de la lucha en Colombia, les dice que deben prepararse, para emprender la lucha final. “Deben organizarse y unificarse para recibirnos (a los revolucionarios de la ciudad) con el fin de emprender la larga lucha final”. Esa preparación a la que refiere, no es otra que la de prepararse para una lucha guerrillera:
    “Organizando comandos del Frente Unido con grupos de 5 a 10. Purificando las zonas de traidores a la causa del pueblo. Haciendo depósitos de comida y ropas. Preparándose para esa lucha prolongada. No dejándose provocar cuando las condiciones sean desfavorables para el pueblo” (Mensaje a los campesinos. Octubre 7 de 1965). Los campesinos son revolucionarios y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución, Y la revolución se hace preparando, en ese entonces, la lucha guerrillera y más tarde poniéndose en pie de guerra. Este era el mensaje de Camilo a los campesinos.
    A los obreros los llama a cerrar filas en torno a la revolución. Ataca una casta de diligentes obreros vendidos a la oligarquía y previene también a los obreros de caer en el economismo, en el estancamiento de las luchas obreras. “Que cada lucha parcial por ventajas inmediatas no pierda de vista el hecho de que la reivindicación total y definitiva obrera, no podrá venir sino como consecuencia de la toma del poder por parte de las mayorías, por parte de la clase popular colombiana”. (Mensaje a los sindicalistas. Setiembre de 1965).
    A los estudiantes los llama a tomar posiciones más avanzadas, ya que la lucha así lo exige. “Es necesario que la convicción del estudiante lo lleve a un compromiso real, hasta las últimas consecuencias. La pobreza y la persecución no se deben buscar. Pero en el actual sistema, son consecuencias lógicas de una lucha sin cuartel, contra las clases dirigentes. En el actual sistema, son los signos que autentifican una vida revolucionaria” y agrega: “el compromiso con la revolución si es total e irreversible; el profesional no podrá volverse atrás sin una flagrante traición a su conciencia, a su pueblo y a su vocación histórica”. (Mensaje a los estudiantes. Octubre de 1965).
    Pero al plantear Camilo la lucha frontal contra las oligarquías, la guerra a muerte contra los opresores, los campos en él sector de izquierda se delimitaron, se separaron. Quienes pensaban seguir haciendo la cómoda “oposición”, el cómodo juego a la oligarquía, esos partidos o grupos que piensan seguir tranquilamente haciendo la revolución desde el Parlamento, “minando el sistema por dentro” y el campo de los que no participan en ese sucio juego, esos que se agrupan bajo la consigna de ¡por la toma del poder hasta la muerte! Unos son los reformistas, otros los revolucionarios.
    Se empieza a clarificar la situación cuando Camilo explica de modo muy diáfono, por qué no va a las elecciones y plantea que el objetivo inmediato de todos los que se dicen revolucionarios debe ser la toma del poder. Así como la oligarquía comprende y se prepara, también a muchos “opositores” no les gusta la tesis abstencionista de Camilo. El primer punto de Camilo para no ir a las elecciones es:
    En el sistema actual para votar la clase popular tiene que dividirse en liberal y conservadora; todo lo que divide al pueblo, está contra sus intereses. (Por qué no voy a las elecciones. Agosto de 1965).
    Explica también cómo es imposible ganarle a la oligarquía por medio electoral y si se llega aganar, —”en caso de que sucediera el milagro de que la oligarquía se equivocara contando los votos y la oposición pusiera la mayoría” — ésta tiene su aparato armado, con el cual defenderá su posición. Y también explica cómo votar en las elecciones que se aproximaban “facilita que la oligarquía diga que en Colombia hay democracia porque hay oposición”. (Por qué no voy a las elecciones. Agosto de 1965).
    Con esto Camilo define una situación: cree que ese “medio legal” es dañino para la revolución, explica por qué y plantea el punto capital de la estrategia revolucionaria en Colombia: arrancar el poder a las oligarquías, no con un progresivo debilitamiento de las instituciones burguesas, sino con la beligerancia, con la fuerza popular. “El pueblo ya no cree en las elecciones, el pueblo sabe que las vías legales están agotadas”, diría más Larde para completar esta posición ante la utilización de la vía electoral. En la ciudad, Camilo trata de organizar un Frente Unido que agrupe al pueblo sin militancia política y a partidos políticos. Muchos grupos y partidos concurren a la llamada pero no se pueden unir. Era necesario que la lucha avanzara, que se produjeran hechos para que la unión empiece a tomar forma. La lucha purifica y aclara. Este Frente Unidos juega un papel principal y vital: la politización, agitación y clarificación política. Miles de colombianos oyeron a Camilo; de mucho sirve esto.
    Sin embargo, como él lo dijera, “estamos acercándonos al punto cero de la revolución colombiana”, decidió marcharse a las montañas para integrarse al Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN). Concluyó que era más importante empezar a luchar con las armas en ¡a mano, empezar a golpear al régimen que quedarse en la ciudad organizando a los grandes sectores populares. La consolidación de un frente se obtendría más adelante, con la fuerza armada del fortalecimiento guerrillero y con otros métodos de organización.
    Vio que su presencia en las montañas era vital para la revolución. “Durante muchos años los pobres de nuestra patria han esperado la voz de combate para lanzarse a la lucha final contra la oligarquía” y añade: “…sin embargo, el pueblo espera que los jefes con su ejemplo y presencia den la voz de combate”. (Proclama a los colombianos, enero 7 de 1966).
    El 7 de enero de 1966, primer aniversario de la ocupación de Simacota, Camilo aparece en la montaña. Explica al pueblo que “todo revolucionario sincero tiene que reconocer la vía armada como la única que queda”.
    Desde allí señala el camino a seguir. Por la vía de la insurrección armada, mediante la lucha guerrillera, la creación y fortalecimiento de destacamentos del pueblo armado, se tomaría el poder. Esboza la manera de combatir y de afrontar la lucha prolongada. “La lucha del pueblo se debe volver una lucha nacional. Ya hemos comenzado porque la jornada es larga. Colombianos: no dejemos de responder a llamado del pueblo y de la revolución”, así finalizaba Camilo el texto de su proclama.
    Camilo ve la necesidad de la formación de líderes, de conductores revolucionarios. Por eso se marcha a las montañas, porque sabe que sólo allí se podrá forjar el jefe revolucionario. Según él: “El pueblo necesita un equipo de líderes cuya problemática sea esencialmente realista y adaptada a las circunstancias concretas colombianas. Líderes que sean capaces de abandonar todo elemento sentimental y tradicional que no esté justificado por la técnica. Líderes que sean capaces de abandonar todo personalismo para la consecución de un ideal científico. Líderes que sean capaces de prescindir de los elementos filosóficos y normativos, no en su vida personal ni en sus objetivos últimos, pero sí en cuanto representan elementos disociadores entre todos aquellos que buscan una acción concreta y científicamente justificada en favor de las mayorías y en favor del país. Líderes que sean capaces de prescindir de los esquemas teóricos importados y utilicen sus capacidades en buscar los caminos colombianos para obtener una transformación definitiva y sólida de nuestras instituciones. (Posibilidades de la izquierda). Estas cualidades debían tener quienes condujeran al pueblo al poder. Pero faltaba un aspecto —entre estas cualidades— muy importante: la cualidad militar que se le exige al conductor de la nueva etapa colombiana. Por esto Camilo, que aspiraba a ser líder revolucionario completo, se marchó a la montaña y se integró al Ejército de Liberación Nacional, organización político-militar.
    La situación colombiana ha anulado al viejo conductor político, dirigente desde oficinas y balcones, dirigentes por control remoto y exige la formación de jefes, “que con su ejemplo y su presencia den la voz de combate”. Camilo decía a sus compañeros guerrilleros que no quería ser un símbolo sino un verdadero jefe, porque comprendió que el dirigente que no partícipe en la dirección político-militar de la guerra, , de la lucha, es ya una momia, un mero ídolo sin vida. En Colombia ahora el “camarada Maúser” es quien tiene la palabra. Y con la fuerza, con la violencia popular, es que se acabará con el sistema explotador.
    Por esto Camilo marcha al combate, a la lucha, hombro a hombro con el campesino, con el obrero y el estudiante que forman el destacamento guerrillero. Veía la necesidad de forjarse como conductor en el combate, en la emboscada, en el repliegue, en la marcha, en la dirección político y militar de la guerrilla.
    Al participar en una guerra se debía tener en cuenta los riesgos que se corren. En la guerra se muere fácil, muy fácil; quien decide utilizar esta vía dolorosa está consciente que puede perecer, pero también sabía Camilo que si caía sería reemplazado porque se había ya desatado un proceso que no puede ser reversible. La caída en combate del Comandante Camilo Torres es una dura prueba para el ELN y para el pueblo.
    Sin embargo, la realidad confirma que se ha sabido responder ante un golpe tan duro. La pérdida de Camilo se remedia con la formación de nuevos destacamentos guerrilleros; el ELN, en julio de 1966, abre un nuevo frente guerrillero, el frente “Camilo Torres Restrepo”. Son campesinos, obreros y estudiantes —pueblo— los que combaten y colaboran en este frente. Estos han comprendido que el vacío físico que dejó Camilo en las filas guerrilleras se llena de combatientes nuevos que, lo mismo que su jefe caído, están dispuestos a ofrendar su vida en aras de la obtención de una patria libre, “resueltos a jugarse la vida para que la próxima generación de colombianos no sea de esclavos”.
    En general, la respuesta del pueblo colombiano fue como debía ser: seguir adelante, por la vía de la insurrección armada. De muchos hechos se puede deducir esta afirmación.
    Lógicamente no falta quien eche atrás ante un revés y quien se aproveche —porque ya está hace tiempo atrás— de éste para justificar su retroceso, su posición rezagada. Ya veremos a dónde van a parar estas gentes.
    Y hoy más que nunca la sangre joven y revolucionaria del querido e inolvidable Camilo, es combustible del motor de la historia, es aliento para los revolucionarios, que, continuaremos nuestra lucha hasta obtener y sentar las bases de una patria mejor, llevando siempre como guía y maestro al sacerdote-guerrillero, fortaleciendo nuestra fe en nuestro pueblo y la victoria con nuestro lema irrenunciable:
    ¡NI UN PASO ATRÁS… LIBERACIÓN O MUERTE!

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