—Conoció usted a Camilo Torres?
—Si usted me permite, le diré que no entiendo por conocer a una persona el hecho de verla una vez, cruzar un saludo, conversar con ella esporádicamente sin mantener luego conexiones más inmediatas. Para mí, conocer a una persona significa algo más hondo: no sólo la posibilidad de distinguirla físicamente entre muchos, sino, y de manera especial, la permanencia de nexos, compartir ideas, dialogar, saber de su pensamiento sobre los diversos sucesos, cómo los juzga, cómo los interpreta, cómo reacciona, encuadrándolo todo dentro de este marco referencial: captación, interpretación, emoción, reacción, acción. Trabajé con Camilo durante varios años, fui su compañero, su amigo. Aclarado esto, puedo decir que conocí a Camilo.

—¿Era Camilo realmente un revolucionario?
—Si se entiende por revolución un cambio de estructuras, fruto de una ideología, deliberadamente producida, previamente planificado, rápido, radical e integral, no puede negarse que Camilo fue un revolucionario.
Pero quiero aclarar que Camilo no fue un revolucionario improvisado, un emocional activo. Tenía nitidez en el propósito. Sabía qué quería.

— ¿De dónde extrajo Camilo su convicción revolucionaria? _
—Del pueblo, de la realidad, de la circunstancia histórica, del hombre considerado como mayoría, colocado en situaciones infrahumanas. También de una realidad nacional supeditada a intereses foráneos, a colonialismos explotadores, usufructuarios de nuestras inmensas riquezas.
Camilo quería esto: una revolución del pueblo, encaminada a tomar el poder para el pueblo.

—¿Todos los sectores alzadas en armas piensan así?
—Creo que si no todos piensan así, allá tienen que llegar algún día. De acuerdo con el pensamiento de Camilo, los combatientes no pueden restringirse a defender un territorio, «su» territorio, para vivir allí, para permanecer allí. Una lucha tal, no tendría razón histórica de ser. Según Camilo, la razón esencial de la lucha guerrillera tiene que ser ésta; la toma del poder para el pueblo.
Eso es pasar de la lucha por la permanencia topológica a la lucha auténticamente revolucionaria.

—Esto presupone una unión de fuerzas. ¿Está unida la izquierda colombiana?
—No. Todos los partidos políticos colombianos atraviesan por una crisis. Están viviendo un período de escisión. La izquierda no ha escapado a este fenómeno. Se mueve dentro del «grupismo», opera con sicología de grupo, con criterio de grupo y adopta actitudes de grupo. Esto, naturalmente, engendra egoísmos, recelo y posiciones maníqueas. Camilo decía que esa situación de la izquierda retardaba la revolución, servía a las oligarquías dominantes y traicionaba los intereses del pueblo.
En la izquierda colombiana se necesita realizar una depuración, una superación. La superación de su egoísmo y del espíritu grupista. Es la conclusión a que llega quien observa los fenómenos sociales.

—¿Como cree usted que se lograría esta meta?
—En consonancia con el pensamiento de Camilo, la superación se obrará a base de acciones revolucionarias. Es decir, pasando del verbalismo revolucionario a los hechos. Camilo se distinguió precisamente por eso: presentó hechos.
¿Al hablar sobre Camilo puede darnos alguna impresión suya?

—Para dialogar sobro Camilo se nos exige una medida nueva.
Su gesto es demasiado apremiante, casi hostil. Su mensaje es tremendamente agresivo e inaudito.
Camilo es nada, para quien no lo viva. Aún más: puede convertirse en un monstruo si no se le mira desde el interior.
Después de mirarlo, nos impide retomar satisfechos a nuestro mundo. Produce ecos, resonancias, odio, desprecio, devoción, amor. Quizás… remordimiento.
Es que Camilo no nos envía mensajeros. Nos grita las cosas cara a cara.

—¿Qué significado tiene Camilo dentro del proceso revolucionario?
—Este: no puede interpretársele como un accidental y momentáneo episodio de la vida colombiana ni de la lucha revolucionaria indoamericana.
Camilo tiene dimensión y trascendencia históricas. Las generaciones que luchan por la libertad y la democracia auténticas, darán significado exacto a su sacrificio. Yo estoy seguro de que Camilo se adentra cada día más en la conciencia de las gentes que se empeñan en ser libres. ¿Me permite decir algo que es más que una simple frase? Camilo Torres ilumina los caminos de América.

—En general ¿qué opina sobre América?
—Que es un continente en conmoción. Que existe un clima de revolución. Hay un pueblo en marcha hacia la justicia, contra la tiranía, contra los imperialismos. Es un mundo que pide una respuesta. Su marcha es incontenible e irreversible. Sobre esto, no nos equivoquemos.

—Se sabe que en Colombia existe lucha guerrillera. ¿Qué nos dice usted?
—Como usted debe saberlo, en Colombia se ha vivido durante muchos años el fenómeno de la violencia. Los políticos lanzaron al pueblo a la hecatombe. Se puso en práctica el sistema de guerrillas. El campesino adquirió una gran experiencia en esta forma de lucha. Hoy existen dos grupos nítidamente definidos: el bloque sur y el bloque norte. El primero se denomina FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas). El segundo forma el ELN (Ejército de Liberación Nacional).
Germán Guzman

—¿Cómo se originaron estos bloques de combatientes?
—La violencia hizo que en determinadas regiones se refugiaran núcleos humanos, los cuales se dieron una organización propia, un tanto desvinculada de la administración gubernamental, sin que hubieran llegado a un desconocimiento o rechazo formal de la autoridad oficial. Se estaba dentro de un proceso, sometido necesariamente a circunstancias y contingencias muy específicas. Ciertamente era una situación difícil de manejar.
Surgió como tema del día, agitado por la gran prensa, el de las llamadas «repúblicas independientes». Se aseguraba que allí se refugiaban algunos criminales después de cometer fechorías. Cobró vigencia la tesis de que el gobierno debía ejercer su acción en aquéllas zonas y se crearon las tensiones que anteceden al conflicto. Las gentes se pusieron en actitud defensiva. Advino la acción militar y se trabó la lucha.
Como repúblicas independientes en actividad guerrillera figuran Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero.
En el fondo, el gran pretexto que se adujo fue que se habían formado grupos comunistas a los que era necesario destruir. Es innegable que allí hay un pueblo que ha recibido el impacto de la represión y padece las consecuencias.
El bloque norte ocupa una vasta zona montañosa del departamento de Santander, ubicada en el municipio de San Vicente de Chucuri. Aquí también se lucha.

—¿Se trata de una cuestión simplemente insurreccional?
—Yo opino que en el fondo de este problema se deben indagar las causas, los motivos, las razones que determinan una actitud. Juzgo que cada día cobra mayor vigencia la tesis de que esas gentes luchan por una revolución contra el sistema; es decir, por la toma del poder, para verificar un cambio de estructuras. Es posible que vivamos una etapa que será superada, porque es innegable que estamos dentro de un proceso que debe tener necesariamente una culminación. ¿En cuánto tiempo? Eso sí es muy difícil predecirlo.

—En su concepto ¿se multiplicarán los frentes guerrilleros?
—Es posible y previsible que surjan otros focos. La violencia trae violencia. La acción de fuerza engendra la reacción. No puede negarse que al gobierno de mi país se le plantea un problema muy serio.

—¿Qué razones aducen las dos partes enfrentadas?
—El gobierno alega que lucha contra «la subversión» y «el bandolerismo», sin que falten aclaraciones de que hay «infiltraciones foráneas» tendientes a «subvertir el orden público». Los rebeldes afirman que luchan para defenderse de una agresión injusta y «para salvaguardar los intereses y los derechos del pueblo frente al imperialismo y a las oligarquías».

—¿Cuál es la situación del campesinado colombiano?
—Es obvio que en un país subdesarrollado existen vastas zonas donde el campesino vive en condiciones infrahumanas. Los esfuerzos que se hacen resultan inferiores a la magnitud del problema. Si el campesinado llegara a convencerse de que el sistema en uso no soluciona su problemática, es previsible que se produzca una transformación impulsada desde la base.

— ¿Cuál eran las tesis de Camilo?
—En líneas muy generales se pueden enunciar asi: el país está dominado por una oligarquía lacaya del imperialismo, que tiene en sus manos todos los medios de poder, los cuales utiliza contra los intereses de las mayorías. El asunto se plantea en términos de explotadoras y explotados. Es necesario operar un cambio. Este cambio no puede realizarse si no es por medio de una revolución.

—¿Revolución violenta?
—No necesariamente violenta. Será o no sangrienta de acuerdo con la correlación entre la previsión y deseo de cambio de la clase dirigente y la presión que ejerza la base de la pirámide social.

—¿La Iglesia, con tanta influencia en su país, ¿qué papel juega?
—Ciertamente no existe en Colombia un organismo que haya estado tan cerca del pueblo como la Iglesia. De ahi su responsabilidad dentro de nuestro proceso de cambio. Han surgido dos tendencias en el clero: una, progresista; otra, retardataria. Cada día se siente más la urgencia de que la Iglesia adopte una actitud más definida. En el momento actual no resulta ni demasiado simplista ni demasiado radical este enunciado: con el pueblo o contra el pueblo.

—¿Cuáles son las perspectivas de la lucha en Colombia?
—A medida que el pueblo pase de la motivación «politiquera», partidista, a la motivación social, exigirá más, con mayor justicia, con más clara visión, con más firmeza. Si no hay respuesta rápida y adecuada, se impondrán los hechos.
La perspectiva es esta: el pueblo va tomando conciencia en forma creciente, con base en aspiraciones sociales que no se pueden desconocer. Estoy seguro de que llegará un momento en que los factores que mantienen desunido al pueblo y que retardan su marcha, serán superados.

—¿Por qué medios?
—No olvide esto: el pueblo siempre ha sabido encontrar su camino.

—¿Cree usted posible que las guerrillas sean liquidadas por el ejército?
—Actualmente el ejército colombiano está reputado como el más capacitado de Latinoamérica en lucha antiguerrillera. En él hay elementos que lucharon durante toda la violencia. Ha organizado operaciones en gran escala contra las zonas rebeldes. Sin embargo… las guerrillas subsisten. Estas también han ganado en cohesión y fuerza… y no serán liquidadas por el ejército. Pase lo que pase, caen colombianos de ambas partes. El hecho es que en las montañas de Colombia se habla de nuevo el lenguaje de los fusiles.

Monseñor Germán Guzman

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