El tiempo político cambió ciertamente en la Argentina; el país triste, con exclusivas preocupaciones casi metafísicas, esperanzas golpistas, rumores electorales o cretinadas de los dirigentes sindicales, de repente un acto de violencia revolucionaria —uno en réplica de los numerosos -que diariamente comete el sistema contra el pueblo— vino a indicar que en “este país” también las cosas han cambiado.
Porque la realización del operativo de secuestro al cónsul paraguayo Waldemar Sánchez por parte del Frente Argentino de Liberación (FAL) señaló a fuego la realidad política nacional. Durante 85 horas más de 30 mil hombres del aparato represivo del régimen buscaron por cielo y tierra rastros del funcionario y de sus captores. Todo fue en vano y ese solo hecho, por encima de las consideraciones de todo tipo que se puedan hacer sobre la operación significa un hecho político de notable magnitud para el país.
Por cierto el FAL probó dos hechos y los dio a traslucir al grueso del pueblo sistemáticamente estafado por los medios de información del régimen: que Carlos Della Nave, une de los dos pedidos por el FAL había sido violentamente torturado y que Alejandro Baldú, el “prófugo de la justicia” como se atrevió a calificarlo el régimen, fue asesinado por alguno de los mecanismos represivos del sistema.
Estado realizan operaciones de represión directa. Y esta vez no hubo necesidad de denuncia: prácticamente hubo una autoproclamación.
Horas antes, Onganía y sus amigos intentaron “no ceder al chantaje de los secuestradores”. Como quiera que por diversos motivos las FAL decidieron no concretar su amenaza contra Sánchez, Onganía y su estólido canciller Martín pretendieron, sobre esta apreciación, edificar una doctrina: duró ocho días. Las FAR guatemaltecas al cumplir su amenaza de ejecutar al embajador alemán, señalan que en determinadas instancias del proceso la aplicación de la violencia revolucionaria no depende de los deseos de una dictadura infatuada. El secuestro del cónsul paraguayo no ha servido para descubrir a quienes torturan y asesinan en este país, pues es cosa sabida. Pero, el episodio del diplomático soviético señala que las acciones directas de los grupos fascistas ya no son, como antes, iniciativa de fuerzas minoritarias de la clase media, unidas frente a cualquier cambio en el temor y el resentimiento, operando independientemente. Lo nuevo de la situación señala que estas fuerzas, plenamente identificadas, por su naturaleza, con un régimen represivo, se han constituido en fuerzas paramilitares y parapoliciales de la dictadura de Onganía.
Con este respaldo, Onganía se propone durar. Así lo manifestó ante ese ridículo conjunto de funcionarios que reunidos durante cinco días en el Teatro San Martín de Buenos Aires, protagonizaron la V Reunión de gobernadores. En el más insulso de los estilos que habitualmente utiliza, el presidente dijo que construiría un sistema a media auna entre el capitalismo y el marxismo. Seguramente piensan lo mismo las empresas yankis que han comprado dos grandes empresas de la industria lechera, hasta el momento uno de los bastiones de la oligarquía. Aunque Onganía anunció que se volverá al régimen de los partidos políticos, en realidad no ha ejecutado ningún paso concreto en esc sentido. Y es muy difícil que lo dé. Porque cuando el régimen piensa en partidos y elecciones, busca estructurar dos o tres fuerzas desde arriba para que el país tenga que optar necesariamente entre lindezas como Aramburu por un lado y Frondizi por el otro, o figuras similares. Y en un país corno el nuestro, donde el voto está ejercitado por alfabetos y alfabetos políticos, montar farsas no es fácil. Por consiguiente, el régimen trata de durar. En ese juego cuenta con la complicidad activa y gustosa de las falanges de los burócratas gremiales como Coria, Taccone, Negrete, Lorenzo Miguel, Izzetta, Rachini y toda el conjunto de personajes que se escudan detrás de los rótulos de los No-alineados, Nueva Corriente de Opinión y expulsados de las 62 Organizaciones. Por supuesto, también gran parte de los
También la justicia del régimen quedó pagando en el suceso, porque uno de sus jueces demostró en un diálogo con los periodistas del diario “La Razón”, que no sabía que hacía la policía con su detenido Della Nave. Al mismo tiempo, los habitantes de Buenos Aires, pudieron contemplar atónitos como por primera vez en 50 años, carteles con la foto de buscados por la Policía Federal eran desparramados por todo Buenos Aires. Lástima que en otras oportunidades como por ejemplo, los tratantes de blancas, los traficantes de narcóticos y otros lindezas que son relativamente bien conocidas por sus apreciables beneficios al bienestar de la población, ti gobierno no tome las mismas prevenciones.
Y así ha sido desnudado este régimen “occidental y cristiano” que no trepida en utilizar todos los recursos posibles, desde la tortura física hasta la intimidación ideológica y la presión sobre los medios informativos. El régimen continuó con su escalada de violencia cuando para responder al secuestro de este personaje de tercera categoría que es el cónsul Sánchez, montó un burdo operativo contra un miembro de la embajada soviética. En una operación de inspiración macartista típica de 20 años atrás, el ataque —burdamente preparado contra el vice-cónsul soviético— dejó al descubierto que los miembros de los cuerpos de seguridad del dirigentes que se refugian en las 62 organizaciones esperan su oportunidad para cambiar de tienda y pasar de la tímida actitud opositora que ahora ensayan, a la pasiva expectativa pro-oficialista. El juego oficialista es en este sentido el más atrevido intentado desde la Revolución Libertadora por uno de los gobiernos del sistema: aislar del peronismo y su jefe a todo el aparato gremial y llevar hasta las últimas consecuencias el adosamiento al aparato estatal de las estructuras gremiales. Cuando el farsesco Congreso de la CGT de Azopardo termine de armar un sindicalismo al servicio del capitalismo monopolista del régimen de Onganía, habrá llegado la hora de construir seriamente las agrupaciones de base que el momento político reclama.
Frente al sindicalismo tramposo, al golpismo mentiroso, a las elecciones fraudulentas, la perspectiva sigue siendo ahora más que nunca: lucha frontal contra la oligarquía y el imperialismo.