El periódico PANFLETO, que circula en Brasil, “editado en un punto cualquiera del país”, de acuerdo a su propia puntualización, edita un extenso y medular estudio sobre el Nacionalismo Revolucionario, que apunta hacia un camino brasileño para la revolución.
PANFLETO fue, siempre, el portavoz de los más amplios sectores de las fuerzas populares del vecino país. En él trabajaron o colaboraron personalidades tales como Leonel Brizóla, Max Da Costa Santos, Neiva Moreira, Paulo Shiling, Francisco Juliao, Almino Alfonso, Pereira Nunes, Padre Francisco Laje, Maia Neto y otros políticos e intelectuales progresistas.
De ahí, la importancia del documento que “Cristianismo y Revolución” hoy transcribe, y la oportunidad de su amplia divulgación y conocimiento en toda América Latina que acompaña, con neutral interés y ansiedad, el desenvolvimiento de la lucha del pueblo brasileño contra la dominación oligárquico – imperialista de la dictadura militar.
La colonización del Brasil, su formación económica y su evolución política, constituyen un proceso cuya principal característica fue, y continúa siendo, la consideración de los intereses extranjeros. Sí, el cuidado de los intereses extranjeros predominantes en las diferentes épocas y el de sus aliados y asociados internos —una pequeña minoría de privilegiados—, y no la satisfacción de las necesidades del pueblo. La colonización y explotación económica, basada en el latifundio monocultor, esclavista y exportador, fueron orientadas en ese sentido. La superestructura política declaradamente colonial hasta 1822, luego monárquica y republicana después de 1889, modelada por el proceso económico, siempre dio cobertura y garantías a la explotación y los privilegios de las minorías dominantes.
El brutal proceso de explotación no transcurrió pacíficamente. Desde el principio se registraron luchas en defensa del trabajo de los habitantes de la tierra y de las riquezas naturales de la misma. Los indios, al rebelarse contra la esclavitud que los colonizadores intentaban imponerles, fueron prácticamente diezmados por la brutalidad de los conquistadores. Eliminada la posibilidad de contar con el brazo indígena como fuente de mano de obra permanente y eficaz, recurrieron los portugueses a la esclavitud negra. Los reyes de Portugal, actuando como proveedores exclusivos de esclavos, fueron los personajes centrales de una de las mayores tragedias de la Humanidad.
Los historiadores calculan en cerca de doscientos millones los africanos inmolados a la civilización del Nuevo Mundo. En Brasil, los esclavos lucharon desesperadamente por la libertad durante tres siglos. “La República Negra” de Palmares es H símbolo de esa resistencia heroica. Allí a lo largo de casi un siglo se desbarataron las decenas de expediciones organizadas por los dueños de esclavos y las autoridades coloniales. El heroísmo de los negros, su inquebrantable determinación de lucha, su capacidad de sacrificio y la táctica de lucha empleada —las guerrillas— constituyen fuentes inagotables de inspiración y enseñanza.

  • FALSA INDEPENDENCIA
  • A pesar de que la nacionalidad embrionaria no tenía aún una conciencia clara de la situación, el sentimiento nativista hizo explosión desde el principio bajo la forma de múltiples y variadas manifestaciones de rebeldía. Así, la lucha contra los holandeses, en las primeras décadas del siglo XVII. La Corona de Portugal, bajo total control económico-financiero de Holanda, no pudo impedir la ocupación de la/ parte más rica de su colonia. Fueron los guerrilleros pernambucanos/quienes, luego de larga lucha, vencieron a las fuerzas de la nación más poderosa de la época expulsándolas. Así, la revuelta de Beckmann, en Maranhao, en 1G85, contra los privilegios de la Compañía del Gran Para. Lo mismo, la lucha de los “bandeirantes” contra los “emboadas”, la guerra de los Mascates en Pernambuco, la revuelta de Felipe dos Santos, en 1720, la “Inconfidencia Minera”, en el mismo año de la Revolución Francesa, que culminó con el sacrificio de Tiradentes, la revuelta de los “Al-faiates” en 1798, en Bahía, y, finalmente, la gran revuelta nacionalista de la época colonial, en Pernambuco. A pesar de que todas fueron ahogadas- en cangre, con excesos de brutalidad incalificables por los portugueses, estos movimientos fueron forjando una conciencia nacional, que conduciría inevitablemente a la independencia.
    Ante ese hecho inevitable, los intereses antinacionales y antipopulares, los sectores más reaccionarios y alienados de la oligarquía local, como harían después en otras oportunidades, se pusieron de acuerdo con el extranjero y traicionaron los ideales de libertad del pueblo. La independencia soñada por los revolucionarios de la época —republicana, radical, libertaria y popular— no llegó a concretarse. De la conjunción de intereses de la oligarquía latifundista y esclavista, de la Casa de Braganza, del imperialismo inglés y del absolutismo de la Santa Alianza, surgió una independencia deformada y mutilada, una falsa seudo independencia.
    Al asumir la condición de país formalmente independiente, el Brasil presentaba las características de una nación inconclusa. La masa trabajadora del campo y las ciudades, que constituía la mayor parte de la población, continuaba esclava, excluida del proceso político. Excluidos también estaban los hombres libres que no eran propietarios. Solamente los amos de los esclavos y los miembros de la burguesía mercantil y usuaria, extranjeros en su mayor parte, gozaban de derechos políticos. Exteriormente, el dominio inglés pasó a ser ostensivo. Cesó la mediación de Portugal en la explotación, que ya hacía mucho beneficio casi exclusivamente al capital financiero británico. La soberanía de la nueva nación, sometida a toda clase de condicionantes, no pasaba de un mito. El Brasil, como dijo Normano: “Fue durante largo tiempo un miembro no oficial del imperio económico de Gran Bretaña.”

  • PATRIA Y PUEBLO
  • Contra esa independencia inconclusa, independencia que nació traicionada, sometida a un régimen dinástico opresor y antinacional, el pueblo continuaba rebelándose. En 1924, con la conducción de Frei Caneca, los pernambucanos de la Confederación del Ecuador proclamaban: “Sólo hay un partido que es el de la libertad civil y la felicidad del pueblo, fuera de esto, todo debe ser rechazado-a hierro y fuego…” Con igual carácter libertario, republicano y nacionalista, se registraron las revueltas de los “Cabanos” (1832-35), la “Balaiada” (1838-45), en Maranhao, la “Sabinada” en Bahia (1837-38). La República de Piral ¡ni consiguió mantenerse por diez años en Río Grande del sur. La Revolución de la Playa, en Pernambuco, en 1848, ya lanzaba proclamas con acentuado colorido social: “Viva la
    República. Abajo el trono extranjero que nos envilece… la Patria, solamente miramos por la Patria; el pueblo( solamente el pueblo nos conmueve con su miseria; la felicidad de ambos es nuestra única ambición…”
    Paralelamente, se registraron decenas de revueltas de esclavos minando los cimientos del imperio esclavos minando los cimientos del imperio esclavista. La falta de unidad entre los movimientos republicanos y los levantamientos negros contribuyó decisivamente al fracaso de los mismos. Los revolucionarios republicanos, a pesar de incluir en sus programas la liberación de los esclavos, no fueron capaces, a causa de sus limitaciones de clase, de ganarse el apoyo de los esclavos, la gran clase revolucionaria de la época. Decenas de millares de patriotas —republicanos y negros fugados— fueron muertos en la lucha, fusilados, ahorcados, descuartizados, por las fuerzas de represión, por el ejército de los Braganza, formado fundamentalmente por mercenarios reclutados entre la escoria de los ejércitos de Europa.
    Aunque el gobierno imperial consiguiera dominar esos movimientos populares, el régimen esclavista se debilitaba continuamente, acercándose rápidamente a su fin. La esclavitud, a causa del creciente espíritu de rebelión de los negros, estimulado por la lucha abolicionista y republicana, volvióse peligrosa. Además, debido a la violencia y continuo alza en el precio de los esclavos, que se produjo luego de la prohibición del tráfico, se convirtió en anti económica. Por lo tanto, estaba condenada. El imperio, su superestructura política, también.

  • REPÚBLICA Y COLONIA
  • Ante la inevitable caída del régimen de trabajo esclavo, la oligarquía cedió. Sin embargo, mantuvo la posesión ilimitada de la tierra. El monopolio de la tierra le aseguró la continuidad de sus privilegios económicos y de su dominio político. Los esclavos, transformados en medianeros, en asalariados rurales, sujetos a innumerables formas de vinculaciones semi feudales, verdaderos siervos de la gleba, continuaron siendo explotados con la misma intensidad y permanecieron tan miserables como antes.
    La República, finalmente proclamada en 1889, también nació a medias, deformada, mutilada, mezquinada. No tuvo nada de la grandeza de las Repúblicas Americanas y Francesa. Los intereses del capital financiero internacional fueron mantenidos intactos. Los privilegios de las clases dominantes también. La naciente burguesía industrial, revelando el carácter progresista que entonces la animaba, en un informe dirigido al Ministro de Hacienda, Ruy Barbosa, el 20-10-1890, denunciaba que nada había cambiado con el régimen republicano y que Brasil continuaba sometido al sistema colonial:
    “Aunque republicano, el Brasil continúa bajo el régimen colonial, como un pueblo simplemente agrícola y productor de materias primas para Europa, que se las devuelve manufacturadas con enormes ganancias, que le provee de todos los productos, todas las cosas indispensables a la vida y bienestar de acuerdo al sistema comercial del que somos víctimas, al igual que los pueblos de Asia y África.”
    Otro Ministro de Hacienda de la época (1892-93) Serzedelo Correa, revelaba una óptica impresionantemente clara sobre el proceso de expoliación. Comprendía perfectamente que la independencia política “satisface apenas el amor propio nacional, sin darnos el bienestar nacional… Nadie se engañe; ninguna compañía extranjera nos trae capital ni aumenta en nada el trabajo o la riqueza brasileña… al contrario, son bombas de succión de toda economía nacional donde existan, para transferirla al exterior…”
    Así, lenta y gradualmente, los sectores más esclarecidos del pueblo y las capas más progresistas de las clases dominantes fueron tomando conciencia de la explotación a la que Brasil estaba sometido. La parálisis de la República fue quebrada por movimientos insurreccionales. En 1896-97 los campesinos bahianos se levantaran en armas en un movimiento que, a pesar de lo primario de sus manifestaciones, presentaba una ardiente protesta contra la terrible explotación a la que está sometido el campesinado brasileño. Cuatro expediciones del ejército regular fueron necesarias para aplastar a los guerrilleros de Canudos. Otra voz se hizo sentir la brutal represión de la oligarquía. Los sobrevinientes fueron todos ahorcados y Canudos arrasada rancho por rancho, por las fuerzas del orden. En 1912-15, el fenómeno se repitió en el sur del país. La “Campaña del Contestado” reveló, una vez más, la capacidad de lucha del campesino brasileño y la ferocidad de la reacción de la oligarquía cuando siente amenazados sus privilegios. Los movimientos de 1922 y 1924-26, dirigidos por militares liberales y progresistas revelaron la inquietud e insatisfacción de amplias capas de la población. La vieja República, representativa de los sectores más reaccionarios de la oligarquía —los latifundistas y la burguesía mercantil y explotadora— peligraba.

  • WALL STREET VS. CITY
  • También en ese período se operó una gradual transformación en el plano internacional. El fortalecimiento, principalmente después de la Gran Guerra, del imperialismo yanqui, provocó una recomposición en el condominio que las grandes potencias ejercen sobre el mundo. El capital financiero inglés comenzó a ceder terreno a su nuevo rival. En el caso brasileño, el hecho de ser Estados Unidos el gran consumidor de café, nuestra gran fuente de divisas, aceleró el cambio del centro de control y dominación. Poco a poco, los destinos de nuestra patria pasaron a ser decididos más en Wall Street que en la City.
    Del proceso de concientización de mayores sectores de la población, de la insatisfacción de los sectores más progresistas de la oligarquía, de la incapacidad del gobierno en resolver los más elementales problemas y atender las más primarias y urgentes aspiraciones del pueblo y de los reflejos internos de la gran crisis que inquietaba al mundo capitalista, nació el movimiento revolucionario de 1930. Una vez más quedó demostrada la incapacidad de la burguesía para hacer su revolución.
    Fueron otros sectores de las clases dominantes, aliados a amplias capas de las clases media y popular, quienes dirigieron el movimiento. El sector más progresista de los que conduc6an el movimiento estaba constituido por elementos surgidos del latifundio pastoril de Río Grande del Sur, que habían forjado su NACIONALISMO en la tradición de las luchas fronterizas del pasado y en la lucha contra los frigoríficos extranjeros. Otra característica fundamental de los ganadores de la frontera era el PATERNALISMO. Llevando al plano político nacional su experiencia sociológica que reposaba sobre esas dos características —PATERNALISMO Y NACIONALISMO — Getulio Vargas y sus compañeros tentaron un desarrollo nacional independiente y armónico, sin mayores choques entre las diversas clases sociales. Como en todas las sociedades atrasadas en proceso de transformación, las clases sociales brasileñas no se presentaban perfectamente definidas, ni sus intereses eran violentamente antagónicos. Como el proceso de desarrollo beneficiaba a todas las capas de la población, el ESTADO PATERNALISTA establecido por los hombres de 1930 funcionó en cierta medida satisfactoriamente.
    La burguesía industrial fue la gran beneficiaría de la aplicación de la política paternalista y nacionalista del gobierno. Toda una serie de medidas, desde la protección de tarifas, el monopolio cambiado, el control estatal de las operaciones de comercio exterior, el abundante fínanciamiento por parte del banco oficial, hasta el establecimiento, por el poder público, de industrias de base (supliendo la incapacidad de la burguesía y permitiendo el control nacional sobre sectores fundamentales de la economía) aseguraron un rápido desarrollo industrial. Paralelamente, el gobierno atendió las reivindicaciones de la clase obrera, estableciendo una serie de derechos, consustanciados en más de 160 decretos laborales. En 1943, en el momento de su consolidación, la legislación social brasileña aparecía como una de las más avanzadas del mundo capitalista. Sin embargo, dentro de la técnica paternalista de atenuar la lucha de clases, el derecho de huelga y la independencia sindical no fueron reconocidos. Coherente, aún, con los intereses de clase de sus integrantes, el Gobierno no hizo nada contra el latifundio, dejándolo intocable. Como todo gobierno surgido de un acuerdo, el régimen instaurado en 1930 estuvo plagado de vacilaciones, avances y retrocesos, que reflejaron su formación heterogénea y el equilibrio de las fuerzas componentes del Poder. El balance del mismo registra un saldo enorme, principalmente en lo que se refiere a la incorporación al proceso político de grandes capas de población, y a la línea nacionalista mantenida, a pesar de los eventuales retrocesos, a lo largo de todo el período.

  • GETULIO
  • En ese sentido, Getulio Vargas anuló las concesiones petrolíferas otorgadas anteriormente a la Standard Oil para explotar el petróleo del Amazonas. Dejó sin efecto las concesiones de yacimientos de hierro otorgadas a la Itabira Iron. Decretó el monopolio cambiario y el control de todas las operaciones de comercio exterior. Abolió el patrón oro. Incorporó, por el Código de Aguas y Minas, los yacimientos de minerales y las fuentes de energía eléctrica al patrimonio nacional. Estableciendo la nacionalización del transporte y de la refinación del petróleo impidió la construcción de una refinería de la Standard Oil, ya empezada. Con el decreto 7.666, una ley antitrust, puso freno a la voracidad de los monopolios extranjeros que tendían las garras sobre la economía nacional. Estableció la obligatoriedad del pago de los fletes de importación en moneda nacional. Instituyó el monopolio estatal de la importancia del caucho. Denunció, como ningún otro gobierno latinoamericano lo había hecho antes, los fabulosos fraudes practicados por los grupos extranjeros en el registro de capitales y empréstitos, tanto como la sub o super facturación de las exportaciones e importaciones. Intentó controlar los abusos de los monopolios extranjeros y también de la burguesía nacional por medio de una ley sobre ganancias extraordinarias que el Congreso no aprobó. Para impedir que sectores fundamentales de la economía cayeran bajo el control del capital extranjero, organizó la Cía. Siderúrgica Nacional, la Cía. Vale de Rio Doce, la Cía. Nacional de Álcalis, la Fábrica Nacional de Motores. Tratando de corregir la desigualdad del desarrollo regional, lanzó la Cía. Hidroeléctrica de San Francisco, que surtiendo energía eléctrica abundante y barata al Nordeste del país, posibilitaría la industrialización de aquella región marginada. Con la aprobación del Congreso de la ley 2004, vio coronado por el éxito su campaña en defensa del petróleo. La Petrobrás, el monopolio estatal del petróleo, cerró definitivamente las puertas a la penetración de los trust petrolíferos. Intentó el mismo fin en otro sector fundamental —la energía eléctrica— con el proyecto de la Electrobras. Todo dentro de la línea nacional que se había trazado: “TENGO EL DEBER DE EVITAR LA DESNACIONALIZACIÓN DEL BRASIL.”
    En dos oportunidades el imperialismo yanqui se movilizó a fondo contra Getulio Vargas. La primera fue en 1945. Actuando por intermedio del embajador Adolf Berle, consiguió el apoyo de las clases dominantes y de las fuerzas armadas. Vargas cayó. Once días después de su caída, el gobierno provisorio que lo | sustituyó revocó el decreto de ley anti-trust, poniendo en evidencia las verdaderas causas del golpe. Devuelto al gobierno por el voto popular, Getulio Vargas se encontró ante una situación muy difícil. El imperialismo yanqui estaba entonces en auge, prácticamente solo en la arena mundial. La política de “buena voluntad” de Roosevelt había sido sustituida por la estrategia del imperio global. Truman lo confesó descaradamente:
    “Todo el mundo debe adoptar el sistema norteamericano pues ese solamente podrá sobrevivir en América convirtiéndose en sistema global”. Internamente, la situación también había cambiado mucho… Las contradicciones entre las diversas clases sociales, agudizadas por la revolución industrial y por la segunda guerra mundial, impedían la continuidad del Estado Paternalista.
    Además, el nacionalismo amalgamado, el nacionalismo de todas las capas sociales, soñando por Vargas, se mostró utópico a causa de la creciente alienación de algunos sectores de la sociedad brasileña. A las clases tradicionalmente vinculadas al capital extranjero —el latifundio exportador y la burguesía exportadora e importadora— se sumaban crecientes sectores de la burguesía industrial.

  • LOS MONOPOLIOS
  • La burguesía industrial, la gran beneficiaría de la política iniciada en 1930 pasé a unirse, en forma creciente, al capital financiero internacional. Dejaba de ser nacionalista. Entregaba el control de sus empresas a monopolios internacionales y exportaba, con toda desenvoltura, sus ganancias a los bancos de Estados Unidos y Suiza.
    El imperialismo, por una parte, no podía tolerar los crecientes ataques y denuncias que le hacía Vargas y que eran inéditas de parte de un gobernante de país subdesarrollado y explotado. Además, su ejemplo podía proliferar, convirtiendo a América Latina en zona peligrosa para las incursiones piratas de los capitales norteamericanos. ¿No había ya surgido Perón en las orillas del Río de la Plata?
    Por otra parte, a los ojos de la burguesía, la política popular de Getulio Vargas estaba progresando mucho. Ciertos pronunciamientos de Vargas revelaban un contenido revolucionario considerado peligroso pollos detentadores de tantos privilegios institucionalizados: “LOS PRIVILEGIOS DE CASTA, LOS PREJUICIOS RACIALES, LAS DESIGUALDADES DE FORTUNA, LAS OPRESIONES DE CLASE. LOS ODIOS MEZQUINOS, TODOS LOS VALORES APARENTEMENE IRRECONCILIABLES DE LA CIVILIZACIÓN CONTEMPORÁNEA DEBEN FUNDIRSE EN ESE INCENDIO DE VASTAS PROPORCIONES EN HOLOCAUSTO AL NACIMIENTO DE UNA NUEVA ERA.”
    Acusado por el imperialismo, traicionado por las clases dominantes, hostigado por sectores de izquierda, envuelto en una situación incontrolable, ante el golpe militar inminente, Getulio Vargas decidió sacrificarse. Murió como un revolucionario. Dejó al pueblo brasileño una enorme y auténtica (ya escrita con sangre) bandera de lucha: la CARTA TESTAMENTO. El pueblo, aún sin dirección salió a las calles e impidió que se concretara la dictadura militar que estaba programada. En consecuencia, debemos agradecer a Getulio Vargas y a aquel pueblo por esos diez años de libertad que gozó el Brasil desde el 24 de agosto al 10 de abril.
    En la Carta Testamento, Vargas denunció la agresión imperialista y la traición de la oligarquía. Demostró que son dos las explotaciones a que el pueblo se halla sometido: “LUCHE CONTRA LA EXPOLIACIÓN DEL BRASIL. LUCHE CONTRA LA EXPOLIACIÓN DEL PUEBLO.” Demostró que son dos los enemigos del pueblo: el imperialismo y las clases dominantes. Al denunciar la complicidad de la oligarquía en el proceso de expoliación, Vargas lanzó las bases del nuevo nacionalismo: el NACIONALISMO REVOLUCIONARIO.
    A partir de la Carta Testamento, el nacionalismo sufrió una transformación cualitativa. Dejó de ser el nacionalismo amalgamado para transformarse en el nacionalismo de los trabajadores, del sub-proletariado, de los campesinos sin tierra, de los peones rurales, de los medianeros, de los pequeños propietarios, de la pequeña y media burguesía en lucha por la supervivencia ante la agresión del capital monopolista; de los intelectuales no comprometidos, de los estudiantes, de los sargentos y personal subalterno de las fuerzas armadas y la parte de oficiales nacionalistas de las mismas, en fin, el nacionalismo de las clases y categorías sociales explotadas que no traicionaron a la causa nacional. Sometido al proceso dialéctico, el nacionalismo brasileño adquirió dimensiones revolucionarias.

  • BRIZÓLA
  • Brizóla se convirtió en el portavoz más autorizado de ese nuevo nacionalismo. Estando en el gobierno de Río Grande del Sur, nacionalizó las subsidiarias de Bond & Share y de la ITT (International Telephone and Telegraph) provocando enorme y ruidosa reacción en el campo imperialista. Rechazó la ayuda de la Alianza para el Progreso. Denunció la posición intervencionista del embajador de Estados Unidos, transformado, por omisión o complicidad del gobierno federal, en verdadero Virrey. Rechazó y denunció el control del Punto IV sobre las policías estaduales. Expulsó a los “Voluntarios de la Paz” del territorio gaucho. En conferencias realizadas por todo el país, en millones de folletos, en las charlas semanales por la cadena de emisoras dirigidas por Radio Mairink Veiga, escuchadas por millones de personas de todo el país, en las páginas de PANFLETO, denunció constantemente la creciente dominación extranjera, la línea equívoca del gobierno de Joao Goulart y la complicidad de las clases dominantes en el proceso de expoliación. En este particular, fue especialmente vital la contribución de Brizóla y sus compañeros de lucha al proceso de esclarecimiento del pueblo brasileño y en la evolución del nacionalismo. Era necesario destruir muchos mitos y desenmascarar a sectores supuestamente progresistas.
    Comprendiendo que en Brasil la revolución solamente sería posible con la participación de los trabajadores rurales, estando en el gobierno de Rio Grande del Sur, Brizóla dio amplio y total apoyo a la lucha de los campesinos sin tierra. Aplicando la experiencia de esos dos grandes líderes que son JULIAO y el Padre LAGE (Ligas Campesinas y sindicatos rurales y de los que viven en las favelas) dio protección gubernamental a los campamentos que los agricultores sin tierra hacían al margen de los grandes latifundios, expropiándolos.
    La clara comprensión de la dirección nacionalista y de las masas más politizadas, de que no es posible combatir al imperialismo sin atacar a sus mandatarios internos —la gran burguesía alienada y el latifundio— consolidó el movimiento nacionalista a la vanguardia del proceso político brasileño, superando a la izquierda tradicional que continuó soñando con la revolución burguesa ya imposible en aquel estadio del proceso histórico.
    La toma de conciencia de que el camino pacífico de la liberación nacional y social está vedado al pueblo brasileño (como está implícito en la Carta Testamento) se consolidó entre los dirigentes y la masa nacionalista. Ya a principios de 19G3, en la histórica conferencia del CACO (Centro Académico “Cándido de Olivera” de la Facultad de Derecho de la Universidad del Brasil) Brizóla decía: “En la historia de la humanidad no hay ejemplos de que la generosidad de los fuertes sea un factor de liberación para las grandes masas oprimidas. Los oprimidos ganan su libertad solamente mediante una lucha en que no eligen entre la vida y la libertad.” El nacionalismo dejaba de ser reformista; se convertía en revolucionario. Aceptaba el desafío del enemigo y la alternativa de la lucha revolucionaria como camino para la liberación. En esta forma consolidaba su posición de vanguardia.

  • GOULART
  • Por no contar con una teoría revolucionaria clara y definida, los nacionalistas cometieron toda una serie de errores de la mayor gravedad. Confiaron por demasiado tiempo en que el presidente Goulart cumpliría los compromisos asumidos ante el pueblo en agosto de 1961. Subestimaron, en una posición oportunista, la fuerza del esquema nacionalista dentro de las fuerzas armadas. Subestimaron la fuerza del enemigo interno —el latifundio, la alta burguesía y los militares reaccionarios— y no creyeron que el Pentógono y la CÍA estuvieron dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, terminando con lo que quedaba de autodeterminación al pueblo brasileño.
    Frente al desmoronamiento de los esquemas de seguridad del Gobierno Joao Goulart y su decisión de entregar el poder sin lucha, en una especie de renuncia táctica, las vanguardias nacionalistas y las masas populares no pudieron resistir por hallarse precariamente organizadas.
    A pesar de una serie de progresos iniciales —el FRENTE PARLAMENTARIO NACIONALISTA, que congregaba más de cien diputados y tenía a su favor un gran saldo de luchas, el Movimiento de los Sargentos, la Asociación de Marineros y Marinos, las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles, el Frente de Movilización Popular, que agrupaba a todas las fuerzas progresistas y nacionalistas— faltaba lo fundamental: un Partido Revolucionario. Cuando, finalmente, poco3 meses antes del golpe, fue lanzada la palabra de orden de estructurar las organizaciones de masas del futuro Partido, ya era demasiado tarde: el golpe de los militares y la CÍA ya estaba en la etapa de deflagración.
    El sacrificio de millares de compañeros, víctimas de la brutalidad de la dictadura, más la experiencia acumulada en la derrota, al archivamiento definitivo de cualquier ilusión reformista, el estudio en profundidad de la realidad brasileña en el ansia de encontrar el verdadero camino, la exacta comprensión del sentido de total entrega y traición de la dictadura, todo dio mayor objetividad, mayor claridad y mayor determinación revolucionaria al movimiento nacionalista.

  • LA LUCHA
  • En la lucha y solamente en la lucha y el sufrimiento se forjan los movimientos revolucionarios auténticos. El movimiento nacionalista está cumpliendo su prueba de fuego.
    La posición revolucionaria que fueron asumiendo los dirigentes y las masas nacionalistas brasileñas no constituye un hecho aislado. Lo mismo ocurre en otros países atrasados, en casi todos los que luchan por su libertad. La gran contienda de nuestros días tiene lugar entre el nacionalismo revolucionario y el imperialismo. Entre las ansias de libertad de los pueblos sojuzgados y los intereses del capital monopolista internacional.
    Para los países bajo el control imperialista, PAZ significa mantenimiento del status quo. Y mantenimiento de la situación actual significa la continuación y el agravamiento (el proceso es muy dinámico y los apetitos del capital monopolista insaciables) de la expoliación externa, de los privilegios de las minorías dominantes y de la miseria de pueblo.
    El nacionalismo, como toma de conciencia, como movimiento de opinión y finalmente como fuerza revolucionarias, tiene sus orígenes en la historia de cada pueblo. En su lucha contra la expoliación colonial e imperialista y mediante el perfeccionamiento de las estructuras sociales, el nacionalismo toma posiciones propias, crea sus formas de lucha, establece su camino de liberación. Auténtico, el nacionalismo no depende de modelos importados, de estrategias ni de tácticas de lucha prefabricadas. El nacionalismo busca inspiración y enseñanza en las luchas del pasado y ejemplo en la actuación de los héroes populares de su país. Es nacional también en la forma de pensar y formular. Va elaborando gradualmente, en el propio proceso de la lucha, su ideología. También sin nacionales los métodos de lucha que adopta. En base a las experiencias de las luchas populares del pasado, elabora la estrategia y establece la táctica de la Revolución nacional. Las acciones revolucionarias de otros pueblos son también fuentes de inspiración para los movimientos nacionalistas. Aunque de carácter subsidiario, sujetas a la adaptación y aclimatación a la realidad, de cada país.
    Como el enemigo que los movimientos nacionales de liberación tienen que afrontar, el gran enemigo de todos los pueblos explotados, de los pueblos latinoamericanos en especial, es el mismo —el imperialismo yanqui— el concepto nacionalista trasciende las fronteras. De la suma del nacionalismo argentino, del nacionalismo mejicano, del nacionalismo chileno, del dominicano, del boliviano, del venezolano, del brasileño de la suma de los movimientos nacionalistas de América Pobre, surgirá el nacionalismo latinoamericano. Las lecciones de Mariano Moreno, de Tiradentes, de Bolívar, de Artigas, de Martí y los demás forjadores de nuestras nacionalidades serán decisivas en la lucha contra los modernos dominadores de nuestro continente, La segunda Guerra de Independencia de los pueblos americanos ya ha comenzado. La predicción del gran nacionalista brasileño Lima Barreto, hecha en 1920, está lista para cumplirse: “NO DOY 50 AÑOS PARA QUE TODOS LOS PUEBLOS DE AMERICA DEL SUR, CENTRAL Y MÉJICO SE UNAN CON EL PROPOSITO DE TERMINAR CON LA OPRESIÓN DE LOS YANQUIS SOBRE NOSOTROS, QUE SE VUELVE CADA VEZ MAS INTOLERABLE.”

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