El siguiente manifiesto ha sido redactado y firmado por un núcleo de políticos bolivianos. Encabezados por el combativo RENE ZAVALETA MERCADO, analizan las causas de los males que afligen a Bolivia y proponen un camino de lucha para expulsar a los intereses que laceran a su patria.

Ha llegado la hora de convocar a los pueblos en defensa de la patria boliviana.
El país está, en efecto, más ocupado que nunca en el pasado y este hecho sólo es ignorado por los que se niegan a ver las cosas tal como son o por los interesados en encubrirlas. Jamás la suerte de los bolivianos, los negocios superiores de la nación como nación y hasta los menores detalles operativos de la administración han estado tan directamente en manos de extranjeros. Hoy puede decirse que ya nada sino la miseria, la persecución y la muerte pertenece a los bolivianos en Bolivia.
Esta realidad, trágica y destructiva por sí misma, aparece empero revestida por un espeso fardo de confusiones, de ambivalencias e indefiniciones, en un grado tal que la inconciencia colectiva con relación al desastre es quizás peor todavía que el desastre mismo.

  • La antipatria sólo ha de mantenerse si el país renuncia para siempre a ser dueño de sí mismo
  • En estas condiciones, cuando los voceros naturales del país se reúnen en un pacto de complicidad para facilitar los trabajos del intervencionismo imperialista y recibir su paga en cupos de poder, parece absurdo lanzarse a una denuncia de esta naturaleza. Lo hacemos sin embargo, nosotros, hombres salidos de la carne de esta tierra, provenientes de sectores varios de opinión, de agrupaciones políticas diferentes, considerando que nos vemos ahora sin dudas en el caso de llamar dramáticamente a nuestro pueblo, enjuiciando en exclusivo nombre de nuestras personas y como responsables absolutos, pero ante la nación entera, esta confabulación del imperialismo y la anti-patria que, aunque discurre y reina triunfante en la Bolivia de hoy, sólo ha de mantenerse si el país renuncia para siempre a ser dueño de sí mismo.

  • Son derrocadas solamente aquellas revoluciones que se han hecho a sí mismas derrocables
  • Es dable preguntarse cómo ha podido el país llegar a este inaudito extremo, apenas algo después de una década desde que nuestro pueblo hizo el mayor esfuerzo de su historia para ser efectivamente una nación. En sus grandes trazos, la contrarrevolución se hace orgánica y específica a partir del 4 de noviembre de 1964. Las culpabilidades de este suceso histórico sin duda alcanzan a sus participantes mismos, tanto como a quienes lo hicieron posible y es evidente que no es la menor entre ellas el haber permitido la dispersión de las masas movilizadas que vencieron en abril de 1962, ingresando a tiros en su propio país. Son derrocadas solamente aquellas Revoluciones que se han hecho a sí mismas derrocables, pero el golpe del 4 de noviembre de 1964 está lejos de ser solamente un acontecimiento boliviano.
    Es la hora en que el imperialismo negociador y sistemático de Kennedy es reemplazado por un imperialismo militante y militarizado, que se cumple bajo el nombre del Presidente Lyndon Johnson. Aquí se advierte con transparencia hasta qué punto la suerte de Bolivia, bajo su presente coyuntura política, no se resuelve en Bolivia. Con Johnson, el Departamento de Estado se militariza y el Pentágono, comando militar de ese país, se hace el centro del pensamiento político de los Estados Unidos. Se preparaba la ofensiva militar en el Vietnam y los norteamericanos necesitaban prever cualquier emergencia de ampliación de un conflicto en el sudeste asiático, área geográfica de influencia china.
    Caen como consecuencia de la conspiración imperialista, Bosch en la República Dominicana, Arosemena en el Ecuador, Gouiart en el Brasil y Paz Estenssoro en Bolivia
    Ahora bien, a partir de la Revolución Cubana, una discusión natural se había instalado en la América Latina, en torno a la defensa o el arrasamiento de los principios de autodeterminación y no intervención. Estados Unidos, para lanzarse a una ofensiva de resonancia mundial en el sudeste asiático, en las puertas mismas de China, necesitaba crear por cualesquier medios la unanimidad pronorteamericana en su background político, que es la América Latina.
    Así se realiza durante el año 1964 la ola de golpes militares norteamericanos en este continente, ola que, cumplida con éxito, se repetirá casi con los mismos ingredientes, en el África, donde regímenes recién aparecidos tentaban su independencia, Así caen, como consecuencia de conspiraciones tan francas como jamás en el pasado, Juan Bosch en la República Dominicana, Carlos Arosemena en el Ecuador, Joao Gouiart en el Brasil y Víctor Faz Estenssoro en Bolivia.
    Los que creen que el 4 de noviembre fue un golpe solamente local, ignoran los hechos porque han decidido ignorarlos.
    No se trataba de regímenes comunistas o procomunistas y ni siquiera de gobiernos intransigentemente nacionalistas. Eran, por el contrario regímenes que habían colaborado resueltamente con Kennedy. Sellaron su suerte, empero, sólo porque resistieron, con una consecuencia por lo demás relativa, al designio imperialista de someterlos a los intereses nacionales de Estados Unidos con relación a Cuba, designio que traía como consecuencia la militarización del panamericanismo.
    La propaganda, el dinero y la mano misma de los Estados Unidos, derriban en 1964 precisamente a los regímenes que rompían la unanimidad pronorteamericana en la Organización de Estados Americanos y por eso decimos que esos golpes militares respondieron a la necesidad norteamericana de tener un continente unánime a sus espaldas, para afrontar las contingencias de una guerra mayor en el sudeste asiático. El continente, en efecto, se uniforma en un 90 por ciento de los casos, bajo el control de ejércitos norteamericanizados.
    Los que creen que el 4 de noviembre obedeció a motivaciones y actuó con medios solamente bolivianos ignoran estos hechos. Pero sólo porque han decidido ignorarlos.

  • Es el plan norteamericano y no Lamentos ni Ovando quien gobierna en este país
  • Se instala así en Bolivia un régimen que, por debajo de la imagen farsesca de sus protagonistas aparentes, es congruente como contrarrevolución tanto como fue incongruente en cuanto revolución misma, la Revolución Nacional iniciada por el pueblo de Bolivia en abril de 1952. Es el plan norteamericano y no Barrientos ni Ovando quien gobierna en este país. Es un plan que se dirige a la ocupación directa de los sectores estratégicos de nuestra economía, a la destrucción o inmovilización de los sectores estratégicos de la composición social del país y, en suma, a la desnacionalización posterior, paulatina y sistemática de Bolivia entera. Así, es ilustrativa la contradicción entre la política económica del régimen restaurador y la de los gobiernos creados por el alzamiento popular del 9 de abril de 1952. Mientras éstos se pierden en balbuceos económicos de tipo agrarista, en grandes y lentos esfuerzos dirigidos a la periferia territorial, que resultan a veces positivos pero que son siempre escasamente decisivos en su valor estratégico, en lugar de intensificar los aspectos más dinámicos de la economía nacional, como correspondía a un país de capitalización nula y de escaso ahorro interno, la restauración sabe desde el principio a qué atenerse.

  • La restauración sabe donde apunta, con relación a la minería, pero no para defenderla sino para entregarla
  • Los americanos inducen a Barrientos a hacer con decisión, negativamente, lo que debió hacer la revolución, positivamente. El régimen de Barrientos, incoherente en cualquiera de los demás órdenes de su existencia, es en cambio coherente con relación a estos objetivos. Sabe donde apunta, con relación a la minería, pero no para defenderla sino para entregarla.
    El entreguismo opera en este orden a dos manos. Por un lado, facilitando institucional y financieramente el arrasamiento de la minería privada nacional —que es quizá el único sector verdaderamente nacional entre los capitales bolivianos— por la inversión extranjera. No otro sentido tiene la ruptura del monopolio del Banco Minero, mediante un simple Decreto Supremo, y la aprobación de un nuevo Código de Minerías, corregido a su sabor por los propios norteamericanos, con otro decreto.

  • El objetivo de este gobierno es la desnacionalización o norteamericanización de la minería boliviana en su conjunto
  • La segunda fase, se refiere a la desintegración de la minería nacionalizada, entregando a los inversionistas todo lo que en ella pueda constituir un buen negocio. Ambos aspectos están comprendidos en el llamado Plan Arce, redactado por el último de los gerentes del super-estado minero y en él, como en cuantos documentos se han utilizado después, en la entrega de las colas y los desmontes a norteamericanos socios de Patino, de la Mina Matilde, a otros inversionistas norteamericanos, en todos los negocios, contratos y arreglos que se han hecho en este campo vital para el país, está a la vista que el objetivo de este gobierno es la DESNACIONALIZACIÓN O NORTEAMERICANIZACION DE LA MINERÍA BOLIVIANA EN SU CONJUNTO.
    A su modo, es una política por demás lógica, desde el punto de vista de las necesidades de los imperialistas. A los americanos no les interesa ocupar sectores que, como la agricultura, siguen dirigidos esencialmente a un mercado interior limitado y empobrecido. Aun en este campo, sin embargo, crean un régimen crediticio y de fomento que no puede sino desembocar en la aparición de un capitalismo rural, que despojará otra vez de sus tierras a los desventurados campesinos de Bolivia.

  • La ayuda norteamericana ha resultado ser la más voraz forma del imperialismo en nuestros días
  • Pero lo que les apetecía esencialmente era controlar o poseer, en el sentido más directo del término, la minería, básica en cuanto a su importancia y conexión con la división del trabajo internacional del capitalismo, decisiva específicamente en relación con los intereses militares americanos. Es, a la vez, el campo en el que el país tiene una experiencia más larga y concreta; aquél en el que con inversiones más o menos limitadas se puede lograr una capitalización mayor, el campo exclusivo en el que podemos crecer sin andar a tientas. Se entrega precisamente el sector más apto para generar ahorro interno, el único en torno al cual puede el país hablar de una industrialización coherente y, por último, el único que puede permitirnos financiar por nosotros mismos el desarrollo económico, prescindiendo de la ayuda norteamericana, que ha resultado ser la más voraz de las formas del imperialismo de nuestros días.
    Esta despiadada entrega se hace, curiosamente, en nombre del desarrollismo, que es el nombre con el cual se castra el ejercicio viril de la independencia por parte de la nación. El desarrollo económico mismo debe interesar sólo en la medida en que libera al país: debe ser un medio del país para ser, en lugar de que el desarrollismo sea un pretexto para que el país deje de ser.

  • Los mineros se constituyeron en una suerte de supervisores naturales de la soberanía económica nacional
  • El obstáculo principal para la realización de este esquema económico imperialista y para la misma ocupación global del país era el sindicalismo minero, sin duda, la más elevada forma de organización popular con que había logrado contar Bolivia. En una nación en la que los demás sectores económicos y las demás clases sociales no conseguían todavía ingresar en formas propiamente capitalistas, el proletariado minero es ya una clase que pertenece al moderno capitalismo industrial. Es una clase que, por decirlo así, vive en una era adelantada en mucho con relación al resto del país.
    El estar organizado y politizado, presente a veces en el propio aparato estatal, le permitía suplir en algo la ausencia de un capitalismo nacional viviente, con intereses nacionales in-canjeables, y así los mineros se constituyeron en una suerte de supervisores naturales de la soberanía económica.

  • La matanza en masa de mineros es obra concreta de la presión de la embajada norteamericana, porque para la contrarrevolución era imprescindible destruir a esta clase peligrosa
  • Para la contrarrevolución, era necesario destruir a esta clase esencialmente peligrosa y, para hacerlo, se mostraron dispuestos a los extremos más terribles, sin ejemplo en la historia harto terrible de nuestra patria.
    La historia se remonta al régimen anterior. A lo largo de más de un año y medio, la embajada norteamericana, por medio del señor Hender-son, presionó sobre el gobierno de Paz Estenssoro, con puntualidad casi semanal, exigiendo el ingreso del ejército en los distritos mineros y amenazando con que, en caso contrario, se suspendería la tercera etapa del Plan Triangular. Se sabía que el ingreso militar a las minas no sería posible sin derrame de sangre, pero se alegaba que no se podía revisar en el sitio los resultados de las fases anteriores, puesto que sus funcionarios eran tomados como rehenes por los mineros, tal como ocurriera en alguna ocasión. Acaso pagando el precio del poder que había recibido, Barrientos acabó por ceder a esta exigencia, poco menos que entusiasmado con las acciones, según reveló la prensa de aquellos días aciagos; y así se produjeron las crueles matanzas de mayo en
    Milluni, Kami, Atoche, Telamayu, Villa Victoria, Munaypata, El Tejar, el resto de La Paz, que se repetirían después, con ensañamiento todavía mayor, en Catavi en el mes de setiembre de 1965, matanzas que incluyeron el uso de la artillería y la aviación contra poblaciones abiertas. Pero esto no bastaba: el 24 de junio de 1967 las minas son nuevamente escenario de otro genocidio, bautizado por el pueblo como la Matanza de San Juan, Esta vez, porque la incongruencia y descomposición del régimen se ven sacudidas por un elemento perturbador, que le obliga a buscar la unidad basada en el compromiso de un crimen.

  • Barrientos había dicho: Reprimiremos con la violencia más brutal
  • Los obreros -lo sabe todo el mundo en Bolivia— fueron después, luego de la matanza misma, despedidos en masa, reducidos a la mitad los salarios de los que quedaron, sometidas sus organizaciones a reglamentaciones sólo comparables con las existentes en la España de Franco y el Portugal de Oliveira Salazar. Curioso tratamiento desarrollista para hombres que no tienen un término medio de vida mayor a los treinta años. Barrientos había dicho: “Reprimiremos con la violencia más brutal”.

  • El ejército es hoy un ejército ocupado, como Bolivia es una nación invadida
  • ¿Cómo explicar esta agresividad vesánica hacia una clase entera que es, además, la más trágica en un país trágico de hecho? Porque los mineros y los militares son los grupos sociales decisivos dentro de la estrategia política del país. Los primeros, porque controlan los centros neurálgicos de la economía, sin los cuales el funcionamiento mismo de la nación sería impensable. Los segundos, porque disponen de la fuerza de las armas en nombre del país. En ambos casos, aunque numéricamente minoritarios, se trata de grupos estratégicamente superiores a todos los demás. Por eso el plan de ocupación de los norteamericanos, se continúa dentro del propio ejército, que es hoy también un ejército ocupado como Bolivia es una nación invadida.

  • Los entregadores que cambian a su patria por automóviles Mercedes Benz
  • En nombre del ejército, entre sobornos, francachelas y nepotismos de despreciable estirpe, se ha conspirado contra la esencia misma del ejército, que no es otra que la defensa de la soberanía territorial y económica de la nación, el resguardo de su doble frontera exterior e interior.
    Hoy, en nombre del ejército, que al fin y al cabo no es sino la guerrilla de nuestros padres hecha institución, no hablan sino los entregadores del ejército, que cambian a su patria por automóviles Mercedes Benz. Bastaría con decir que desde hace muchos años, el último curso entero del Colegio Militar es instruido en los institutos norteamericanos de Panamá.

  • Desnacionaliza el ejército que deja de defender a Bolivia, como Bolivia, para defender los intereses zonales del imperialismo norteamericano
  • Tal es la ocupación, que el de hoy es un ejército que, en cuanto a equipo y hasta en lo que se refiere a su propia doctrina militar, no está orientado en defensa de Bolivia como Bolivia, que es un territorio y un campo humano determinados, sino para el resguardo de esta parte del continente como sección del imperio norteamericano.
    Todavía cuelga Villarroel en su martirio horroroso y ni aún acaba de sonar el balazo desconocido que mata a Busch, cuando se ejecuta este complot para barrer con la tradición nacionalista del ejército boliviano, acabando con la personalidad popular, que lo distinguió de los uniformados cipayos del continente.
    Se lo incorpora a un mecanismo extranjero, a una doctrina extranjera, bajo el mando concreto de oficiales extranjeros, de tal suerte que, en el mejor de los casos, se convertirá en un aparato apto para defender una vaga alianza continental, en la que Bolivia ha perdido siempre y ganado jamás, y no para defender los intereses de Bolivia como país concreto.

  • Barrientes pone a Bolivia bajo la supervigilancia de Brasil y Argentina y hace de nosotros un país interdicto
  • Las cosas llegan a un extremo insoportable cuando los ejércitos gorilas de Argentina y Brasil, que funcionan como “satélites privilegiados” dentro de la alianza reaccionaria, toman a su cargo la supervisión de los asuntos nacionales bolivianos. Parecería que de estas implicaciones increíbles de la política del régimen presente no toman nota los que deben tomarla, solamente atentos a lo que dicen sus plumarios deformes y sus bufones a estipendio.
    Se quiere pues liquidar el contenido nacionalista y antimperialista del ejército, bajo el cual murieron Busch, Villarroel y los colgados del 46, por las mismas razones por las que se destruye a balazos al sindicalismo defensor de la soberanía económica, por las mismas razones por las que se va reemplazando a la única forma específicamente nacional del capitalismo, que es el capitalismo nacional minero, con las grandes inversiones extranjeras. Es el país entero el que resulta ocupado y ahora no se hace sino completar este status invasor en sus formas complementarias: bajo el complot de la propaganda y la complicidad de un aparato político logrero, absorto en su propio camanduleo, ya no parece alarmar a nadie que se desarrollen en el país planes al por mayor de espionaje sociológico, que se reclute a bolivianos para luchar como soldados norteamericanos en el Vietnam, que sean norteamericanos los que realicen las operaciones policiales más rutinarias, los que controlen el correo, la cosecha de arroz y los teléfonos, los que sepan, en fin, qué pasa aquí donde ningún boliviano parece saber lo que pasa. En el propósito de alienar del todo la conciencia nacionalista del país, el aparato oficial presenta estos hechos como si fueran la expresión de una normalidad total y, si no hacemos nada, educados en esa escuela, los bolivianos de mañana, no mucho después de hoy, considerarán normal y hasta desearán para Bolivia el ser un nuevo Puerto Rico.

  • El juego político encobardecido y encubridor de los partidos actuales
  • La ocupación ha creado una astucia en el juego político encobardecido de los partidos actuales: consiste en expresar una parte de los hechos para esconder el corazón mismo de los hechos. Aquí todos están cuidando el porvenir político de sus grupos y de sus personas y nadie el de la patria. Por eso decimos que hasta las denuncias exaltadas sobre los contratos entreguistas, como los que dieron a los extranjeros la Mina Matilde y los desmontes, o sobre aspectos de esta política o sobre incidentes localistas, nada significan si no se dice que son apenas parte del plan norteamericano de ocupación de Bolivia.

  • La máxima realidad de nuestros días en Bolivia es la ocupación del país por el imperialismo norteamericano y no por otro alguno
  • Decimos que la propia mención de un antimperialismo en general y de un izquierdismo en abstracto, no son sino evasiones si no se dice que la máxima realidad de estos días en Bolivia es la ocupación del país por el imperialismo norteamericano y no por otro alguno. Las propias, recurrencias de izquierdismo o populismo son hoy prescindibles si se considera que la embajada norteamericana tiene sus propios marxistas y sus propios izquierdistas y que aquí se ha entregado la Revolución hablando en nombre de la Revolución y al ejército hablando en nombre del ejército. No una de ellas sino todas las clases que tienen contenido nacional, que no están conectadas al interés del invasor, y todas las corrientes políticas que aspiren a tener algún contenido histórico en el futuro deben de estar hoy interesadas en la expulsión del enemigo poderoso e insidioso, que utiliza todos los recursos a la mano para la ejecución de sus designios antibolivianos.

  • Ante la nueva realidad, el propio programa de 1952 se ha hecho inofensivo y el resultado es el vacío político
  • Así como por debajo de una algarabía pseudonacionalista y pseudo-revolucionaria, que usaba una jerga recomendada por agencias de relaciones públicas norteamericanas, se ha entregado al país, así también el propio programa popular del año 1952 es hoy utilizado por estos políticos que no hacen otra cosa que formar fila ante la embajada norteamericana, en una grita incesante, porque ante la nueva realidad ese mismo programa se ha hecho inofensivo, puesto que ha quedado atrás. No tiene gracia ser partidario de la expulsión de los españoles ahora .que los españoles están en efecto expulsados. El resultado es un vacío político general, en el que las- facciones se postulan, pactan, se retiran, se denuncian y, por fin, confunden y se confunden.

  • Organicémonos para reducir a un invasor que nos desprecia y escupe en nuestros símbolos más íntimos
  • En medio de esta chacota que coloniza Bolivia, que baja desde el Palacio de Gobierno hasta los comités políticos, el país es ocupado, se organiza su saqueamiento y se sistematiza la desnacionalización de sus generaciones que no verán después otro remedio que vivir en un país norteamericanizado, con un ejército que actúa al servicio de doctrinas extranjeras, con obreros aplastados después de la muerte, sin la posibilidad de la emergencia de ninguna clase verdaderamente nacional, socialista o capitalista, pero realmente boliviana.
    Pero los países no mueren, nunca mueren. Es, por eso, la hora de romper con la chacota partidista de estos días y de disolver el vacío denunciándolo. Es la hora de organizarse sin otra consigna que la de reducir a sus límites debidos, a un invasor extranjero que nos desprecia y escupe sobre nuestros símbolos más íntimos. Es la hora en que los bolivianos deben juntar sus brazos para echar a los intrusos. Nosotros, cualquiera que sea nuestra suerte posterior, llamamos a nuestro pueblo a despreciar las facciones y reclutarse en torno exclusivo de la nación, que debe pensar en sí misma antes que en ninguna otra cosa. Resistamos a los que ocupan nuestra patria!
    RENE ZAVALETA MERCADO. SERGIO ALMARAZ PAZ. JAIME OTERO CALDERÓN. RAUL IBARNEGARAY TELLEZ. MARIA ELBA GUTIÉRREZ. FELIX ROSPIGLIOSI NIETO. HORACIO TORRES GUZMAN. GUILLERMO RIVEROS TEJADA. JORGE CALVIMONTES MONTES. SERGIO VI RR E IRA. EUSEBIO GIRONDA. ENRIQUE FER-NHOLDS RUIZ.

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