No hay una América Latina cristiana. América Latina recibió y sigue recibiendo el cristianismo europeo, pero no hay una América Latina cristiana.
Suena raro pero es así. Hay muchos cristianos, dentro de la unidad fundamental. La unidad se la da la visión, la fe común en una manera de ser hombre, de relacionarse con los demás, con la naturaleza, con el todo.
Pero al realizarse concretamente en la historia el cristianismo asumió formas distintas, fue distinto en cada grupo humano. Uno fue el cristianismo griego, otro el de Asia Menor, otro el de Egipto, otro el de la Mesopotamia. El cristianismo no cae del cielo, no crea todo de la nada. Se encarna en el hombre concreto y lo transforma. Y cada grupo humano es un tipo de hombre distinto.
El problema y la distorsión comenzó cuando el cristianismo se identificó con una de las formas concretas, Europa.
El cristianismo europeo, plasmado en la Edad Media, era una de las maneras de intentar realizar en la historia la “utopía” cristiana; una manera de ser persona, de organizar la sociedad, de dominar la naturaleza. Una manera de expresar en categorías racionales la realidad. Pero creyeron que era la definitiva y la única.
Una especie de estalinización del cristianismo. Un movimiento con dinamismo universal se identifica con un solo país (o continente) y acaba queriendo imponer a todo espacio y tiempo “su” forma.
Antes de eso, el misionero asumía totalmente la cultura del pueblo al que llegaba. Después de eso, los misioneros llevaban el cristianismo Europeo, imponían a Europa.
Hoy hay cristianos en China, en India, en Japón, pero no hay un cristianismo chino, indio, japonés; son reductos de religión y cultura europeas.
El problema se complica cuando se tiene en cuenta que el misionero europeo llegaba junto al ejército.
El cristianismo comenzó siendo anunciado a, los pobres, y sólo los “ricos” que renunciaban a sus privilegios podían ser cristianos. Los primeros misioneros antes que el cristianismo fuese religión oficial, al llegar a un país se encontraban solos sin ningún apoyo oficial, sin poder. Su primer destinatario era el pueblo, no las clases dirigentes, que en general los miraban con recelo o los perseguían. La iglesia local estaba formada por elementos del pueblo y pocos “ricos”, de la clase dirigente. Las autoridades de la comunidad que se formaba surgían del pueblo.
Otra fue la historia desde que el cristianismo se hizo religión oficial. El misionero llegaba junto con el ejército, las nuevas autoridades sociales se hacían cristianas. El pueblo se hacía cristiano pero no ocupaba cargos directivos, recibía el cristianismo desde “arriba”, se bautizaba todo el pueblo porque se bautizaba el rey. El evangelio no era predicado a los pobres sino a los ricos, a la corte, a los sabios, y ellos dirigían la nueva comunidad cristiana. Era fácil y más rápido. Pero ya no era cristianización sino europeización. Se le imponía al pueblo una forma cultural y religiosa. El pueblo defendía sus valores asimilando solo superficialmente la nueva religión, pero conservando el fondo que le era propio. Seguían tan “paganos” como antes pero lo vestían de formas y palabras cristianas europeas.
A América el cristianismo llegó en el apogeo de Europa, y cuando comenzaba la Europa moderna. Las poblaciones indígenas, aún las más evolucionadas, estaban más de tres mil años atrás en Europa. No opusieron resistencia seria a los europeos. Y frente a la blandura de la reacción la conquista fue una inundación. Hubo europeos “buenos” que “trataron bien a los indios”. Pero no se trataba de eso. Buenos o malos, los conquistadores impusieron una cultura, y también una religión, extranjeras.
No surgió una nueva civilización, sólo una colonia total, económica, cultural, religiosa, de Europa. En la historia sólo surgieron civilizaciones nuevas cuando era el primitivo, el nómade, el “bárbaro” el que invadía y dominaba al civilizado. Entonces, ya en el poder, asumía la tradición cultural de los vencidos pero insuflándole la vitalidad nueva de su grupo “primitivo”. Cuando el civilizado domina, puede imponer su cultura, pero no crea nada nuevo.
En América Latina la autoridad, civil y religiosa, fue directamente europea, española. Los indígenas, los que fueron incorporados a la sociedad, recibieron la religión cristiana española con todas sus expresiones.
Solo fue una cristianización superficial. La experiencia básica religiosa siguió siendo la primitiva, aunque con nombres y ritos cristianos europeos. Lo llaman superstición, se habla mucho de eso: “los indígenas tienen una religión cristiana mezclada con supersticiones”. Pero es algo más que creencias aisladas y marginales, es la misma experiencia de. lo divino, de lo sacro, lo que no era cristiana sino que se conservaba “primitiva”. La virgen María tiene algo de Pachamama, y los santitos que se tienen en la casa son muy parecidos a las divinidades tutelares preeolombianas. No se creó una nueva liturgia americana, sino sólo en manifestaciones colaterales; hubo un arte religioso hispanoamericano (¿hay un arte americano?), o se incorporaron danzas a los festejos religiosos fuera del templo. Pero los ritos de fondo, los sacramentos, se trasladaron tal cual. Es dudoso lo que significaban y significan para ellos. £
Algo parecido pasó con los millones de negros traídos a nuestro continente. Aparentemente fueron cristianizados; pero los “santos” del candombié son los orixás nigerianos con nombres de santos cristianos.
Europa y el cristianismo europeo evolucionaron, y también evolucionó el cristianismo en América, siguiendo paso a paso las variaciones europeas. Pero eran los europeos en América los que evolucionaban, no la población indígena que no se sentía afectada por todo eso. Hubo un cristianismo ilustrado y “liberal”, y también hubo sacerdotes “liberales” en América; pero como pasó con la creación política del liberalismo, la democracia, los partido:-, las elecciones, no fue aceptado realmente por los indígenas y mestizos. La Iglesia oficial, como en Europa, se aisló del proceso social, y el liberalismo fue anticlerical. Pero eso era para los europeos, clericales o anticlericales; los otros, los indígenas, no entraron en ese juego. Ni la autoridad civil ni la religiosa tenía mucho que ver con ellos, no eran ni muy miembros de la Iglesia ni muy ciudadanos de la república.
En algunos países la inmigración europea de fines del siglo pasado y comienzos .leí actual, dio sobre todo representantes de otros países de Europa en América, pero el fenómeno no se modificó. Pasaron a formar parte de esa Europa en América que es la clase dirigente en nuestros países. Pero en buena parte constituyeron la nueva clase media que iba apareciendo.
En la Argentina, lo que pasó en el ejército y más tarde en lo político, sucedió también en la Iglesia: los dirigentes se reclutaron en esa clase media de inmigración, en su mayor parte. Obispos y generales, sacerdotes y oficiales, y más tarde, con el radicalismo, presidentes y gobernadores fueron en buena parte descendientes de inmigrantes.
En el catolicismo europeo hubo corrientes distintas, y grupos “evolucionados”; también en América se reflejaron esas corrientes, que como siempre, eran producto de importación, no habían nacido de nuestra realidad sino en Europa. Los movimientos obreros católicos como los socialistas, eran franceses o italianos, para los obreros católicos europeos o hijos de europeos. Los partidos políticos cristianos (democracia cristiana), las nuevas corrientes doctrinales en teología, las renovaciones en las formas de culto nacían del dinamismo de la Iglesia europea y se trasladaban a nuestros países. Había que leer libros europeos para conocerlos, o había que ir a estudiar allá.
La realidad es más compleja que cualquier sistematización. Ni en toda América el fenómeno fue parejo, ni es tan neta la división entre lo aborigen y lo europeo.
En Estados Unidos, caso extremo, la situación es totalmente distinta. Comenzó siendo Europea de importación, colonia. Pero allí no hubo tensión entre poblaciones aborígenes y europeas. Lo indígena fue eliminado, era Europa sola. Y sin las trabas de las tradiciones institucionales europeas, crearon una Europa moderna como no podía darse en el viejo mundo. Una “super Europa”. A cambio del indígena, lo primitivo estuvo representado por el negro, sin peso alguno en la formación de la nueva sociedad. Su influjo se dio sólo a nivel irracional, la música.
En América Latina se dio el mestizaje por un lado y una cierta vuelta a lo indígena en el criollo.
Hubo y hay mestizos en las clases dirigentes, pero culturalmente se asimilaron al europeo, la revolución social en Méjico puso en el poder a indios y mestizos, pero no al pueblo. Los dirigentes eran psíquica y culturalmente europeos.
Por el otro lado, hubo “acercamientos” desde las clases dirigentes al pueblo de color. Políticamente hubo “movimientos populares”, líderes populares que se apoyaban en el pueblo. Tal vez algunos, los caudillos regionales que surgieron y quedaron en el pueblo, representaron realmente a ese grupo; pero entonces eran puramente antieuropeos, negaban el progreso; se aislaron, y no ejercieron ninguna influencia real en la historia de nuestros países. Otros, los “grandes”, fueron míticamente depositarios de la confianza del pueblo pero eran en realidad representantes de uno de los sectores de la vieja clase dirigente. Como clase, hay un sector de la oligarquía que es hispanista, católico, antiliberal y “nacionalista”. Si pudiese propugnarían una América preliberal, la hispánica. Pero el problema es que esa América era también colonia europea, también en ella el pueblo estaba sometido, imposibilitado de crear. Se defiende una organización social que fracasó. Lo que defienden en realidad es la situación de privilegio para ellos en esa organización.
Algo parecido se da en lo religioso. “Curas gauchos” o Iglesias modernas en los pueblitos son todavía misiones europeas imponiendo formas de importación. No es el pueblo asimilando la intuición fundamental cristiana y creando una nueva expresión.
Intentar la salida cultivando el folklore o defendiendo las expresiones religiosas primitivas es absurdo, es otra deformación desde las viejas clases dirigentes. Los “occidentales” hablamos con mucho cariño del valor de lo primitivo, en América o África. El valor de lo primitivo no son las formas que creó el pueblo en un momento del pasado, sino la fuerza vital y dinámica, capaz de inventar constantemente frente a circunstancias históricas nuevas. El arqueologismo es el signo del fin de una civilización.
“Sólo cuando el primitivo invadía y dominaba la zona civilizada se creaba una nueva civilización”. Hoy no hay bárbaros que invadan desde afuera las zonas civilizadas, no hay más “afuera”. Toda la tierra está incorporada a la civilización. Lo que sí hay son pueblos y continentes atrasados, y en ellos el pueblo marginado. La vitalidad para crear algo nuevo está allí, pero no ellos colonizados, misionados desde arriba, sino ellos (ungiendo, ellos en el poder. No tratemos de imaginar cómo podría ser la nueva forma que tomaría el cristianismo vivido por pueblos nuevos; sólo seríamos capaces de pensar en algo parecido a lo que dio Europa. Nosotros hemos perdido la capacidad creadora.
Dar el poder al pueblo hoy no es un hecho puramente político. Es crear las condiciones para que se realice el hombre en todas las dimensiones.

Tags: