Pero esta zona a que hacemos referencia no es una creación de la nada, sino que es heredera de toda una historia. Historia que en nuestro caso particular no vamos a referir a la parte política de la conquista y la tarea de su estructuración institucional, sino principalmente a lo que creemos es su punto central: su organización económica y las derivaciones que esto produjo.
En ese sentido podemos sentar un principio fundamental: fuimos y somos colonias de potencias económicas y producimos en función de los intereses del mercado mundial controlado por esas potencias.
Esta es la síntesis de la historia de la zona y es la introducción al análisis de la representante del imperialismo económico en nuestra zona: «La Forestal», nombre con que el pueblo conoció a una empresa que tuvo distintos nombres en su evolución; pero así como una sola fue su finalidad, así también el pueblo, por encima de las distinciones leguleyas reconoció una sola realidad y la llamó LA FORESTAL.
De ella tenemos que hablar, porque en su gestación, evolución y levantamiento está subsumida toda la vida de esta zona y lo que hoy tenemos que padecer es la herencia de su paso.
Nuestra realidad es el fruto de un maridaje corrupto, donde la matrona de nuestro «sistema» entrega para su prostitución la virgen de nuestra naturaleza al grosero macho del poderío inglés.
1- Enajenación de las tierras
El «Estado» (tenía moneda, policía, ferrocarriles, autoridades políticas y bandera propias) de «La Forestal», surge de una «venta» de 668.396 leguas cuadradas de tierra (1.804.563 Has.) de la Provincia de Santa Fe a Cristóbal Murrieta & Cía.
El origen de esta venta está en un empréstito que en 1872 el gobierno de Santa Fe contrajo con la firma Murrieta & Cía., de Londres. Ante la dificultad para el pago de dicho empréstito, en 1880 el Poder Ejecutivo envía un Proyecto de Ley —preparado por el Dr. Lucas González, apoderado de la firma— que es aprobado, por el cual se autoriza la venta de tierras fiscales para el pago de hasta las 2/3 partes del empréstito mencionado. Estas tierras por ley serían vendidas «en Inglaterra u otros puntos de Europa».
El P. E. da poder para vender a Lucas González, autor del proyecto de venta y apoderado de la acreedora.
El Dr. Lucas González vende estas tierras al precio mínimo autorizado por la ley, es decir m$n 1.500 la legua cuadrada, a la firma Murrieta & Cía., de la que el mismo Lucas González era apoderado.
Transformemos estas operaciones en cifras económicas y tendremos algunos detalles interesantes. Así, por ejemplo, el empréstito en el año 1881 era de 110.873 libras, la venta de las 668 leguas significó alrededor de las 210.000 libras; es decir, que se vendieron tierras por aproximadamente 100.000 libras (m$n. 450.000) más de lo que el empréstito sumaba, del cual según la ley sólo las 2/3 partes debían pagarse en tierras. No es menester hacer acotaciones sobre el por qué de todo este proceso; aunque, para aclarar un poco más el sentido de esta «enajenación» cabría hacer notar que el fundamento de acudir a la venta de tierras públicas, como única forma de cubrir el empréstito es falso, porque, para esa misma época, durante el gobierno de Nicasio Oroño se habían cubierto m$n 120.000 con un empréstito interno.
Si nos preguntamos acerca del porqué de tanto interés por estas tierras, tenemos que recordar que la zona vendida era la principal reserva de quebracho colorado del mundo y que tal condición no era desconocida por los compradores, quienes tenían noticias acerca de las posibilidades futuras de estas tierras por cuanto ya se conocía la importancia del quebracho por sus propiedades taníferas, sobre todo a partir de exposiciones realizadas en París y Buenos Aires en 1855 y 1872.
Otro detalle sobre esta misma operación es que nuestro país había expulsado a los indios, creando por intermedio del General Obligado, la «línea de los fortines» que aseguraba el ambiente de tranquilidad necesario como paso previo a la enajenación de las tierras al capital extranjero.
Asimismo se suele afirmar que esta operación trajo la «civilización», aparte de cuestionar personalmente la importancia de ello, digamos que para esa época y merced a una Ley de Oroño, se estaba poblando la Ciudad de Reconquista y había surgido la colonia de Avellaneda. Prueba también de esta etapa de crecimiento autónomo que tenía la región, sin la «colaboración» del capital extranjero, son las fábricas existentes en la zona al tiempo que comienza la explotación industrial a cargo de los inversores particulares, pero «La Forestal» desde su instalación ahogó sistemáticamente todo intento de desarrollo de industrias que estuvieran al margen de su control. En ese sentido y para lograr sus fines llegaron a provocar caídas en el precio del mercado mundial del quebracho o tanino para así comprar nuevas propiedades liquidando nuestra incipiente industria nacional.
Todo ello fue posible, como dice Gastón Gori —pág. 52— porque «nunca le faltaron los argentinos que fueran sus abogados, parlamentarios que abogaren por ella, después de haberse alojado en una de sus «casas de visita» (local destinado por la Forestal, para las recepciones y los invitados especiales) y haber sido agasajados por la gerencia, en opulencia que los hacía retornar al recinto legislativo creyendo que allí, entre los bosques, la civilización había penetrado más profundamente que en el Sud». Conocemos por testimonios personales el carácter de estos agasajos al final de los cuales se le pedía «precio» al voto o silencio de los legisladores para conseguir concesiones o rechazar demandas. La estructura de «La Forestal» era tal, que el dicho popular distinguió entre lo que es «particular» y lo que era de «La Forestal».
2- Aspecto Humano
Importa destacar las características del elemento humano en la época de «La Forestal», porque esa es la realidad humana, que hoy constituye el punto central de nuestro análisis: el problema del hombre del monte.
Los trabajadores del monte en su mayor porcentaje, provienen de Corrientes, y en menor índice son santiagueños, chaqueños y paraguayos.
La empresa descargaba su responsabilidad en el contratista (quien cumplía así el papel de «chivo emisario»). Con lo que se cumplía el principio siempre aplicado por los capitales extranjeros de poner como frente visible a los connacionales de los explotados, para que sobre ellos se descargue la ira de su situación, guardando para sí el papel de árbitros independientes.
El trabajo era pagado prácticamente con la alimentación, que también y en su totalidad estaba a cargo de «La Forestal» (el intercambio se hacía por monedas de metal que eran canjeables por mercaderías; por ej. una moneda con la inscripción «1 kg de carne», etc.).
La situación en que se desarrollaba la vida de los obrajes, surge de testimonios de defensores de «La Forestal», quienes como alabanza a la empresa dicen que han podido constatar que «La Forestal» daba hasta 800 vales diarios para raciones de gente necesitada que si no fuera por «La Forestal» se morirían de hambre. Olvidan estos defensores que esos necesitados son gente que trabajan para «La Forestal», la que al suspender temporariamente el trabajo lo ubica en tal situación para hacer aún mayor su necesidad de venderse trabajando.
Este clima que venimos describiendo se aclara aún más si partimos del supuesto que «La Forestal» tenía un control absoluto sobre las transacciones. Se arrogaba funciones judiciales ( y las ejercía efectivamente, por ej., al ejecutar por su propio imperio contratos privados). A tal punto llega esta influencia de la Cía. que los jueces de Paz no tomaban intervención en conflictos con «La Forestal», recibiendo un «subsidio» mensual de la Cía.; asimismo las «sentencias» de «La Forestal» eran llevadas adelante con el auxilio de la fuerza pública.
Había pues, por parte de «La Forestal» un doble método operativo: al Comisario y a los Jueces de Paz los «subvencionaban» y a los rebeldes los incorporaban a las «listas negras», su inclusión en esas listas configuraba un castigo que se podría asimilar a la «muerte civil» de la antigüedad.
Frente a esta situación no era nada sencillo articular una defensa obrera, pero a pesar de todo ello, y merced a la gestión de anarco-socialistas, que se desempeñaban en puestos especializados, comenzó a estructurarse una organización sindical, con una publicación periódica, alrededor de la cual se fue gestando un movimiento de opinión que termina con enfrentamientos y huelgas en los años 1919 y 1920 culminando con los sangrientos episodios de comienzos de 1921, cuando frente a la situación existente «La Forestal» se prepara para un lock-out, disponiendo asimismo las tropas necesarias para la defensa personal de sus directivos y para la contención del movimiento obrero en ciernes (esta defensa se lleva adelante mediante la «Gendarmería Volante» cuerpo especializado y organizado para estos fines). Enero y febrero de 1921 son meses de luchas armadas, sobre todo en Villa Ana y Villa Guillermina, donde a la par que la huelga se va extendiendo se produce el enfrentamiento con la Gendarmería. Muchos son los caídos que atestiguan la violencia desatada, al mismo tiempo que en los montes sigue «la caza del hombre», «La Forestal» cierra obrajes y fábricas «deportando» a los pobladores, dándoles el pasaje para que vuelvan a sus lugares de origen. Ese era el paso previo a la reapertura, la que se produjo enseguida al saneamiento del personal, es decir eliminando a todos los «revoltosos».
3- Pueblos de La Forestal
Las poblaciones industriales fueron La Gallereta, Villa Ana, Villa Guillermina y Tartagal, los demás fueron centros de abastecimientos. Pero todas las poblaciones: las industriales y las proveedoras de materias primas estaban concebidas para el único y exclusivo principio de la explotación forestal.
En cada uno de los pueblos industriales, funcionó una fábrica de tanino, y en ellos se daban las características de nuestras poblaciones modernas, de lo que aún hoy, a pesar del abandono hay pruebas evidentes. Allí encontramos luz eléctrica, agua corriente, cloacas, servicios sanitarios (farmacia, médico, hospital) y demás clubes deportivos, uno para cada sector (obreros-empleados y personal superior) y hasta en algunos casos, como en Tartagal por ejemplo, canchas de Golf, donde se llegaron a realizar torneos internacionales.
Los empleados y personal superior vivían en casas construidas por «La Forestal», las que seguían siendo de su propiedad. El cuidado de las mismas estaban integramente a cargo de la Cía. desde la limpieza del césped, hasta la provisión de bombitas de luz.
Así en medio de lo que pocos años antes había sido una cultura indígena se había instalado esa forma extraña de vida que con el orden típico de los europeos explotaban montes y personas y organizaban ciudades, en las que hoy es dable observar esas construcciones que nada tienen que ver con nuestra costumbre.
Toda la vida de cada uno de los hombres de «La Forestal», estaba pendiente plena y absolutamente del desarrollo de la empresa.
4- Ferrocarriles
Importa destacar este aspecto, por cuanto «La Forestal» por medio del control de los ferrocarriles mantuvo otros monopolios.
Los ferrocarriles de «La Forestal», tuvieron en la Peía, de Santa Fe una extensión de 400 Km., que fueron levantados en casi toda su totalidad cuando «La Forestal» quiso, sin pagar por ello ningún derecho ni impuesto alguno. Ni por el levantamiento, ni tampoco por los cuarenta millones de Kg. de hierro y cobre que vendió. Los ferrocarriles era otro de los modos de mantener el control absoluto sobre la región, eliminando todo intento de competencia. Si otro productor quería transportar su producción debía llevarlo por los trenes de «La Forestal» y allí el monto de lo que se cobraba por transporte transformaba el costo de los productos transportados ubicándolos en situación de incompetencia.
5- Levantamiento de las fábricas
Desde de 1948 a 1963 «La Forestal» levantó sus cuatro fábricas porque según surge de estadísticas, ya para esa época el mercado mundial del tanino había disminuido por el reemplazo del cuero por productos sintéticos, había sido conquistado por la producción de mimosa, explotación que en el año 1940 comienza a ser hecha en Rhodesia, Kenya y Sudáfrica por «La Forestal», por supuesto bajo nombres folklóricos de los nuevos centros de explotación. Esta explotación se hace más intensa en Sudáfrica bajo la tranquila política del apartheid.
Se hundió asimismo nuestra industria taninera porque «La Forestal» elevó el precio de nuestro producto, haciéndolo incompatible en el mercado mundial. Marzorati, Presidente de la Cámara Argentino-Paraguaya del Quebracho Colorado, decía en 1964 que nuestro país no tenía mercados y que nuestras materias primas no pueden competir, por la elevación del precio del tanino por parte de los monopolios que extraen el producto de la mimosa.
Era evidente que nuestro gobierno y «La Forestal» estaban de acuerdo en anular la producción local de tanino, ello ocurre particularmente a partir del acuerdo del «Club de París» de 1955. Reafirmando esta línea por el decreto 1676/63 que impide que los productores locales puedan vender libremente el tanino, con lo que queda cerrado el círculo que ahogaba toda tentativa de una industria taninera al margen de «La Forestal». Así fue como la riqueza taninera del quebracho colorado se desperdició y dejó de ser utilizada, terminando por ser materia prima para combustible de locomotoras. Por otra parte «La Forestal» en los últimos años diezmó la existencia del quebracho en nuestros montes, inutilizando gran cantidad, o directamente pagando para que se destruyan las plantas jóvenes, los motivos no hace falta explicarlos.
6- Aspectos Económicos
Dos aspectos que nos permiten descubrir el modo como «se benefició» nuestro país por el aporte del capital extranjero en el caso de «La Forestal»: en el año 1909 por la Ley 1505 el Gobierno pagó a «La Forestal» m$n. 3.205.290 por indemnización en un juicio de reivindicación que le iniciara «La Forestal» por 22 leguas de tierra de los ingleses que el Gobierno cobró m$n. 1.002.594 por la venta de 668 leguas y devolvió por indemnización m$n. 3.205.190. Conclusión: el Gobierno enajenó 1.598.983 Has., y pagó por ello m$n. 2.202.596, sin contar los intereses. Es bueno destacar que la transferencia de tierras, compradas en 1884, se opera en 1914, para «permitir» la posesión treintenal de tierras que ocuparon junto con las que habían comprado y por las que nunca pagó nada.
En materia de impuestos damos una sola cifra: la del año 1916, año en el que aporta al Fisco la suma de m$n. 296.966 por distintos impuestos y al Estado Inglés, por exceso de los beneficios m$n. 8.797.503. La diferencia se justifica porque nosotros poníamos solamente la riqueza natural y el elemento humano para explotarla y ellos ponían en cambio «su inteligencia», ciertamente complementaria con la incapacidad y cipa-yismo de nuestros dirigentes.
7- Otras consideraciones:
a) Enfermedades: El 90 % de la población sufría de sífilis o tuberculosis (según médicos de la zona) o ambas cosas a la vez.
Por denuncias legislativas particularmente de los diputados Salvadores y Doldán (en épocas distintas) tenemos datos sobre el estado de la gente. Así por ejemplo sabemos que el 80 % de los fallecidos oscilaba entre una edad de 11 a 35 años. El 50 % de los que iban al servicio militar eran declarados inaptos por la falta de alimentación.
b) Sueldos: Cuando el sueldo de los maestros de la Provincia era de m$n. 130 y era llamado por los diarios de la época «sueldo de hambre», el hachero de «La Forestal» ganaba m$n. 1,20 por jornal diario (jornada de 10 horas), siendo el número de jornales posibles en esa época unos 20 jornales mensuales aproximadamente, de donde tenemos que ganaban m$n. 24 mensuales (la quinta parte del sueldo de hambre de las maestras). El producto de esta situación aparte de los datos anteriores sobre fallecimiento está dado por la miseria de miles de hombres, muchos de los cuales percibieron o perciben esa limosna jerarquizada que la Provincia otorga bajo el nombre de «pensiones graciales».
c) Desocupación periódica: «La Forestal» sometía cíclicamente a su personal a una situación de desocupación. La desocupación se produce por la devastación de una zona y se extiende hasta que se reubique nuevamente el personal, lapso entre los cuales podían pasar varios meses. También se daba por la suspensión periódica de actividades pretextando saturación del mercado, falta de transporte, etc.
Además siempre tenía por costumbre utilizar el sistema de trabajo por turno, de manera que siempre tenía mano de obra capaz de venderse más barata.
d) Herencia de «La Forestal»: En el año 1964 el Gobierno Provincial, en lugar de proceder a una expropiación como correspondía, le compra 110.000 hectáreas, que «La Forestal» en un gesto de «caridad» vende a la Provincia para planes de colonización, al precio de m$n. 2.500.000 la legua de tierra de peor calidad y a m$n. 3.750.000 la legua de la tierra llamada «estancia». El resto de las tierras del antiguo «Imperio de La Forestal» se han ido vendiendo en forma privada y continúa actualmente la venta de alguno de estos campos, que aún pertenecen a «La Forestal» aunque sin que ésta los explote.

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