• Causas del conflicto
  • El 11º de Mayo de 1967 cuando el gobierno “invita” a los empresarios a adherirse al plan de “estabilización”, Fabril Financiera es una de las empresas —de las primeras— que firma el acuerdo… y este año, a pocos días de iniciado el conflicto. Fabril ratifica el acuerdo y da apoyo a la nefasta política económica. Por eso esta huelga no es un hecho aislado, sino una muestra más de la rebelión de los obreros ante las injusticias que se vienen cometiendo para asegurar el proceso de concentración monopolista, proseguir la entrega del patrimonio nacional y aumentar la explotación del pueblo.
    Las causas inmediatas de la huelga comienzan a partir de julio de 1967: en esos días aparecen unos “cronometristas” (expertos en medición de trabajo) y esto provoca un pedido de explicación a la empresa. Allí empieza la “racionalización”.
    A la sección encuadernación, que fue la primera en padecer los “beneficios” le siguió la sección litografía aquí se puso a prueba la fuerza de los obreros para evitar más atropellos.
    Estas son las primeras medidas para ir preparando el conflicto. Después vino la renovación de la parle directiva: el ingeniero Sarabia, que impuso un sistema carcelario en Editorial Abril: el capitán Regero. “racionalizador” del Establecimiento Gráfico Argentino y el capitán Betardo “racionalizador” de Flaiban, y otros como Salas, Lonardi (h.) y Coelho, fueron los encargados de arrasar con todo…. ya no se respetaron ni la ley del refrigerio, ni la leche en las secciones insalubres, y ninguna legislación del trabajo.
    El 14 de enero de este año la empresa despidió a 48 trabajadores y entre ellos al secretariado gremial íntegramente y a parte de la comisión interna. Se argumentaron cargos inexistentes y se llegó a acusar a compañeros que estaban desde hacía 20 días en vacaciones…
    Cerrados todos los caminos, fuimos a la huelga. En los días siguientes se realizaron las típicas maniobras por parte de la empresa y del Ministerio de Trabajo.
    Desde el comienzo se fue creando entre nosotros la conciencia de que estábamos ante una larga huelga. Larga y dura. A los dos meses de comenzada la huelga pudimos concretar la etapa de movilización mediante la formación de comisiones de lucha, el piquete en los talleres, la visita a los compañeros hasta ir logrando la participación de todo el gremio y llegar al paro general.
    Esta huelga viene recorriendo un camino en el cual cada etapa nos va demostrando la ineficacia del sindicalismo considerado solamente como una defensa profesional de los trabajadores.
    Veamos lo siguiente: la empresa comete una serie de injusticias contra los trabajadores. Nosotros nos defendemos. ¿Cómo nos defendemos? Ya el sistema imperante nos tiene marcado el camino de lo respuesta… denunciar el conflicto, esperar la conciliación, audiencias y reuniones, abogados y funcionarios, etc., etc., o sea, entretener y enfriar la rebelión de los trabajadores.
    En cambio, ¿cuál fue el camino que usó la empresa para atacarnos? Fue rápido y expeditivo: después de provocarnos por todos los medios, nos echan y listo.
    Ellos no recorren los ministerios ni esperan las audiencias. Sólo ponen en funcionamiento la máquina legal después de haber cometido las injusticias y cuando saben que va haber una justa reacción por parte de los trabajadores.
    Por eso que la única posibilidad de protesta fue la huelga. Por eso que la única respuesta posible es no acatar la intimación “congeladora” de la Secretaría de Trabajo.
    Este es el juego exterior del sistema. Hay otro juego mucho más peligroso, con leyes no escritas pero que a través de los muchos años de derrotas, traiciones y desengaños, se han metido y se han hecho carne en los trabajadores.
    Así se empieza a hablar de “negociación”; así comienzan a tenderse los hilos de los “contactos” (estos contactos que nos dejan un tendal de obreros “electrocutados”); así comienza a aceptarse todo lo injusto como algo natural, como un mal menor y casi necesario.

  • NO a la “negociación”
  • Nuestra actitud está diciendo que NO a toda “negociación” que se base en decirle que SI a las injusticias: consentir que caiga la injusticia sobre uno solo de los trabajadores, es como consentirla sobre todos los trabajadores.
    También rompemos con nuestra lucha la vieja trampa de “salvar” la organización. Quieren que salvemos la organización para que perdamos nuestra dignidad y nuestra conciencia de trabajadores. Quieren que salvemos una estructura que después de la claudicación no nos va a servir para nada.
    Las posibilidades del “triunfo” inmediato de la huelga son muy duras. A la dictadura no le conviene el “mal ejemplo” del triunfo de los trabajadores que desafían las leyes del sistema, que luchan de acuerdo a sus propias tácticas y que se transforman en una fuerza revolucionaria difícil de contener.
    Pero hay un triunfo que ya es patrimonio de los trabajadores gráficos de Fabril, de todo el gremio y de todos los trabajadores: es el triunfo del desacato a todas las formas con que el sistema pretende asfixiarnos y vencernos en cada conflicto, el triunfo de la rebelión cada día más consiente, organizada y eficaz contra este sistema de explotación.
    Este es nuestro objetivo: que nuestra lucha haga tomar conciencia de que hay que cambiar la mentalidad y los métodos de la rebelión popular y que tenemos que luchar para alcanzar el poder. Solamente el poder en nuestras manos garantizará para siempre el derecho que tenemos los trabajadores para realizarnos como hombre y el derecho que tienen los hombres, sin opresores ni oprimidos, para realizarse plenamente.

  • Gestión ante la Iglesia]
    Los compañeros Dante Oberlin y José Oriol se entrevistaron con monseñor Aramburu para requerirle una declaración solidaria de la jerarquía local con el personal de Fabril, es decir, una declaración acorde con los documentos y encíclicas de la Iglesia, con las resoluciones de Medellín y con todas las proclamaciones de la iglesia respecto a la cuestión social.
    Esta gestión es similar a todas las que se han realizado con los sectores de la vida nacional que, en las palabras o en los hechos, se manifiestan al ludo de los que sufren.
    Y bien, de esta reunión resulta un mensaje de monseñor Aramburu en el cual exhorta a un diálogo a ambas partes en conflicto. A esto mensaje le siguen dos respuestas: la nuestra, en la cual reiteramos nuestra mejor disposición para solucionar los problemas de nuestras 1.300 familias, y la respuesta empresaria (conocida por los diarios) en la cual se niegan a analizar las causas que originaron el conflicto, única posibilidad para poder resolver la situación con ésa mentada “buena voluntad y ecuanimidad” a que se refiérela empresa.
    El mensaje de monseñor Aramburu no podía lograr ni el diálogo ni la solución esperada, ya que la insensibilidad de las empresas es algo muy conocido y muy vivido en la carne y en el dolor de los trabajadores. La última asamblea de Fabril analizó esta cuestión y contó con la adhesión del padre Carlos Múgica quien hizo llegar la solidaridad a nuestra lucha, basada en “el deber que nos enseña Cristo de estar siempre al lado de los que sufren la injusticia”.
    La Iglesia debo probar en los hechos concretos y solidarios sus escritos y palabras que la comprometen con la realidad que sufren los trabajadores.
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