PERÓN VUELVE
Argentina, 9 de febrero de 1971
Al Gral. J. D. Perón:
Como hemos hecho en oportunidades anteriores, aprovechamos la comunicación que con usted tienen los compañeros del Movimiento, para hacerle llegar nuestras inquietudes con respecto al proceso revolucionario del pueblo argentino.
Es nuestra intención y deseo poder comunicarnos personalmente con usted y lo haremos tan pronto como nos sea posible. Hasta tanto nos vemos obligados a recurrir a la colaboración de los compañeros, a quienes estamos profundamente agradecidos.
Deseamos hacerle conocer algunas consideraciones nuestras sobre hechos claves que determinan los pasos a dar por el Movimiento, tanto en el futuro inmediato, es decir tácticamente, como en el futuro a largo plazo, es decir dentro de la concepción estratégica.
1) En primer lugar, creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a PEA.
Es innecesario explayarse sobre los cargos históricos que pesaban sobre él: traición a la Patria y a su Pueblo. Esto sólo bastaba para ejecutar una sentencia que el pueblo ya habla dictaminado. Pero además había otras razones que hacían necesaria esta ejecución.
La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema. Sabemos en que iba a terminar esta jugarreta, porque ya hemos presenciado jugarretas similares desde 1955 para acá. Los gorilas se piensan que se puede engañar a un pueblo con sucesivas expectativas que al final se ven frustradas; pero se equivocan pues no se puede engañar a un pueblo educado en una doctrina que le es propia; no nos engañan a nosotros.
Por eso es que cuando ellos se preparan a fingir un cambio en el sistema porque la dictadura torpe y descarada ya no la aguanta nadie, nosotros, como en el ajedrez, les comemos la pieza clave para arruinarles la maniobra y obligarles a jugar improvisadamente. Los resultados han sido claros, el sistema no puede fingir demasiado cuando es tocado en su fibra intima. Asi, Levingston, que pretende devolver a la función presidencial una imagen popular (absolutamente nula en su predecesor) se desnuda en el bombo oficial por el sepelio de Aramburu.
Al pueblo le queda claro que el sistema es siempre el mismo cualquiera sea la fachada que presente. Porque con salarios congelados o con aumentos controlados el salario real es cada vez menor y el capital internacional cada vez mayor.
Por todo esto es que a diario cosechamos, en el apoyo popular creciente, los frutos de este ajusticiamiento histórico.
Nos preocupan algunas versiones que hemos recogido, según las cuales nosotros con este hecho estropeamos sus planes políticos inmediatos. Demás esta decir que no esta en nuestros propósitos entorpecer la conducción de conjunto que usted realiza para la mejor marcha del Movimiento en su totalidad. Desgraciadamente, ademas, nuestros actos apuntan a señalar la única estrategia que consideramos nosotros, que ignoramos sus planes tácticos inmediatos, y es por eso que es correcta, sin tener, en general, vinculación táctica con otros sectores del Movimiento-Creemos que no sólo para nosotros, sino para el Movimiento entero, es necesaria su palabra esclarecedora acerca de esta hipotética contradicción entre sus planes y nuestro accionar.
2) Otro hecho de singular importancia es la ejecución de Alonso. Este hecho fue protagonizado por un comando denominado Montonero Maza. Este comando utiliza el nombre de nuestra organización y el apellido de nuestro primer compañero muerto en combate; no obstante no pertenece a nuestra organización e ignoramos quiénes lo componen.
Lo cierto es que el pueblo nos adjudicó la autoría del hecho jubilosamente. El pueblo peronista vio entonces en nosotros a los ejecutores de aquellos de que «si los dirigentes no se ponen a la cabeza, adelante con la cabeza de los dirigentes».
Si bien nosotros creemos que nuestra tarea fundamental no consiste en cortarle la cabeza a los burócratas traidores, porque la dinámica que nosotros mismos imponemos a la guerra los obligará a sumarse o a quedar marginados de la historia, sabemos también que es tarea nuestra en la medida que ellos mismos lo hagan necesario.
Es por eso que ante el hecho consumado, y vista la satisfacción popular respecto de él, consideramos necesario convalidarlo con el silencio, aceptando de ese modo la autoría que el pueblo nos atribuía.

9 de febrero de 1971

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