El lunes 29 de julio, el vicepresidente 2º del Partido Justicialista, Duilio Brunello, convocó al Plaza Hotel a los políticos «grandes» y «chicos» que recitaron durante más de cuatro horas sus menudencias ante los flashes y las cámaras de televisión.
La intención era hacer creer que ésto era un nuevo Niño.
Cuando en realidad terminó siendo un calco del Gran Acuerdo Nacional que una vez soñara Alejandro Lanusse y su difunto ministro Arturo Mor Roig.
Porque acá faltaba nada menos que el General Perón.

PRESENTES Y AUSENTES
Hay que llenar el vacío que dejó la muerte del General. Esto no es novedad para nadie.
La organización Montoneros y las agrupaciones que conduce, propusieron, inmediatamente después de la muerte del General, un camino, el único viable. La construcción de un frente de liberación capaz de poner un dique de contención al avance imperialista. Un avance que ya se manifestaba en vida del General y que hoy, a un mes de su muerte, se desarrolla vertiginosamente instrumentando a sus lacayos de siempre: la burocracia vandorista y el lopezreguismo.
Pero fue otro el camino elegido.
Aparentemente en el Plaza Hotel estaba «todo el mundo». Desde Balbin hasta Francisco Manrique, desde Lorenzo Miguel hasta el Partido Socialista de los Trabajadores, desde Segundo Palma hasta Orestes Ghioldi del Partido Comunista.
Y aparentemente faltaban unos pocos- ¿Quiénes faltaron? Faltaron fundamentalmente, quienes desde siempre a través de sus organizaciones vienen expresando al pueblo peronista.
Al igual que en el manicomio, en el Plaza no estaban todos los que son ni eran todos los que estaban. Porque a esta Asamblea fueron, entre otros, personajes como Francisco Manrique y Martínez Raymonda. Y faltaron —porque así lo quiso Brunello, lo «sugirieron» los burócratas y lo avalaron con su presencia los asistentes—, los representantes de sectores tales como las Juventudes Políticas Argentinas, la Federación Universitaria para la Liberación Nacional y las Ligas Agrarias. Si era cuestión de juntar apellidos, esto no era distinto a Niño.
Pero si era diferente porque en Niño estaba Perón y acá no.
Entonces, no es casualidad que «sobraran» los representantes de los sectores oligárquicos y francamente imperialistas. Tampoco es casual que se excluyeran a los representantes auténticos de los sectores leales del Movimiento Peronista, alegando una supuesta «automarginación» de Montoneros cuando fueron estos sectores los primeros en convocar a una efectiva integración de las fuerzas nacionales frente al avance del imperialismo.

ANTÓN PIRULERO CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO
Hubo casi una veintena de discursos en el Plaza. Se creía que iban a hablar solamente los partidos nacionales, para agilizar el trámite.
Pero se evidenció una vez más que lo mismo da Perón que Lanusse, lo único que les interesa es anotarse en la carrera desenfrenada por el poder. Para lo cual ninguna puerta puede permanecer cerrada, aunque sea el mismísimo imperialismo el que les preste la llave del tesoro. Que no es otro que la «herencia constitucional».
Brunello que abrió la reunión, habló de la memoria del General y después mentó, dando más vueltas que una oreja, a «ciertas coincidencias de los partidos políticos». Todo muy ambiguo.
Julio Broner, agarró para el lado de la economía, trazó un panorama desolador de nuestro país si se aparta de la línea oficial de la CGE y defendió con ardor el Pacto Social. Fue filmado, grabado y aplaudido. Para él todo anda sobre ruedas.
Lorenzo Miguel no improvisó como la mayoría sino que se fue con el discurso anotadito. Dijo que había que defender al Pacto Social. Por un lado dejó traslucir «los sacrificios» que este Pacto impone a los trabajadores. Pero por otro lado dijo que quienes lo atacan son «apresurados» y «enarbolan falsas reivindicaciones». Lo aplaudieron también.
Ricardo Balbin fue una de las vedettes del gran encuentro. Habló de las «coincidencias nuevas y viejas’ sin explicar más. Aclaró que «el ámbito vital de los radicales es el Congreso» y tuvo frases de este calibre: «Sigo tratando de regalarle al país la imagen de su seguridad y su pacificación».
La indefinición del viejo caudillo radical le permite ubicarse mejor en la carrera de la que hablábamos. Se prepara para elegir. Lo que se olvida, es que sin las palmaditas del General, él no tiene capacidad para regalarle nada a nadie. A menos que se juegue por la «seguridad» del imperialismo.
Juan Carlos Coral, en cambio, hizo una crítica clasista del Pacto Social. Fue, dijo su discurso y se retiró sin adherir a las propuestas. Pero estuvo. Sueldo largó una frase admirativa. Pero no lo aplaudieron. Eran las reglas del juego.
Otro que no fue aplaudido fue Manrique. En parte porque todavía resulta un poco descarado lanzarlo a la circulación y en parte porque no se entendió nada de lo que dijo.
Pero aplaudieron a Martínez Raymonda, su ex compañero de fórmula. Que es lo mismo. O peor.
Y así siguió la reunión. Como en el antón pirulero, cada cual atendiendo a su juego

¿A QUE JUGAMOS?
Se juega a la herencia de Perón. Una herencia que, él mismo lo dijo, es el pueblo. Pero no cualquier pueblo, no el pueblo que intentan enarbolar como ente espiritual los burócratas. Es el pueblo organizado. Y esto también lo dijo Perón.
Cuando las organizaciones efectivas del pueblo crecen, se da el ataque, ya político, ya militar, y se
intenta su destrucción. Muerto el General se siente el vacío. El pueblo intenta llenarlo con su presencia. Entonces, como en el caso de Montoneros, se monta una campaña de provocación para mostrarlo como «ausente», como «automarginado».
Muerto Perón se nota también el avance del imperialismo en todos los frentes. Desde el avance del vandorismo en la CGT hasta el avance de representantes imperialistas, como Cafiero, en el tambaleante Ministerio de Economía.
Desde la aparición pública y política de Lanusse en escena, criticando agudamente al General Perón, hasta Manrique en el Plaza Hotel,
Esta ausencia de representantes auténticos, esta presencia del imperialismo más descarado y, fundamentalmente, el gran vacío de pueblo en la superestructura política que crea la desaparición del Líder, establece la diferencia entre aquel encuentro de Niño y este encuentro del Plaza Hotel.
Allá eran los sectores nacionales, de la mano de Perón, avanzando sobre el repliegue del imperialismo. Acá son aquellos mismos sectores, ahora claudicantes, tratando de avanzar sobre la muerte del General, pero no para organizar al pueblo sino debilitándolo, cuando no para combatirlo. Los que aceptan negociar porque están en inferioridad de condiciones. Esos que creen que ganan. Los que aceptan un peronismo sin peronistas, los que especulan con su desgaste.
Sin Perón, y sin el pueblo, son figuritas, piezas de recambio en la ofensiva imperialista. Al aceptar las reglas que imponen hombres sin representatividad, estructuras vacías de pueblo, están cada vez más lejos de una real Unidad Nacional y cada vez más cerca de un Gran Acuerdo Nacional.
Cada vez más lejos de aquel Niño en que Perón los convocó para avanzar en la Liberación y cada vez más cerca de aquel GAN que los usaba para institucionalizar la Dependencia ta —que por la presión sindicalista nunca llegó al Congreso— especificaba en uno de sus párrafos: «…Este proyecto define la función del Estado como garante de la salud y determina a partir de la postulación del principio de la solidaridad nacional, su responsabilidad como financiador y garante económico en la dirección de un sistema que será único e igualitario para todos los argentinos».
Estas palabras del General eran clarísimas. Y el mensaje era coherente con el contenido del primer proyecto, que, básicamente, consistía en integrar los tres subsectores de salud reseñados, en un solo sistema. Significaba crear un Fondo Financiero Sanitario Nacional, que iba a nuclear todos los recursos económicos de los tres subsectores y también sus deudas. El Estado integraría los recursos financieros necesarios a este fondo que, también anualmente contaría con todos los aportes que recaudan los sindicatos de los trabajadores y que son en la actualidad administrados por el INOS, el INSS (Instituto Nacional de Seguridad Social) y el INSSJP (Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados). Todos esos fondos conformaban alrededor del 6% del producto bruto anual del país. Los recursos serian manejados por una estructura de conducción gobernada por el Estado, ios trabajadores y ios médicos, que racionalizaría en todo el país la prestación de toda forma de salud al pueblo, y planificada la distribución de esos recursos según las necesidades regionales, de investigación y de estadística
Además, el proyecto daba un plazo de 3 años a las restantes obras sociales sindicales (UOM, UOCRA, etc.) y mutuales (Hospital Italiano. Británico, etc.), para incorporarlas al Sistema Unico. Ese lapso se otorgaba «para que puedan incorporarse al Sistema sin lesionar las prestaciones actuales».
La ley, así redactada, respondía efectivamente al sentido de igualidad y gratuidad del sistema único de salud, fundamentado en el criterio de solidaridad social que establece la esencia revolucionaria del peronismo.

NO QUEDO NADA
De todo ese proyecto popular, no quedó nada O peor: quedó lo formal, un aparato monstruoso sin recursos económicos. Y esto es así porque la voracidad de los dirigentes vandoristas y el poder del imperialismo y sus aliados en nuestro propio gobierno obstaculizaron y cercenaron el proyecto. La presión terminó por «arreglar» los artículos 4, 35 y 36 del primitivo proyecto. Ahora, mediante los dos primeros, las provincias, el sector privado, la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, «podrán» —si así se les ocurre— incorporarse ai sistema; los establecimientos y servicios asistenciates, de investigación y docencia en jurisdicción de las universidades nacionales, fuerzas armas, de seguridad y defensa, «podran» —si quieren— adherir al Sistema.
Por último, el articulo 36 es danto: «Quedan exceptuados de la presente ley, hasta su incoporación voluntaria, los establecimientos y servicios asístenosles pertenecientes a las obras sociales, encuadrados o no en el decreto N° 18.610, existentes a la techa o que se creen, con participación sindical».
El famoso y ya inútil Sistema Nacional Integrado de Salud, queda integrado sólo por 14 hospitales nacionales en todo el país y 40 camas de Tierra del Fuego. Para lo cual se monta toda esta mole burocrática que administrará los mismos e insuficientes fondos que el Estado venia dando para la Salud Pública. Al borrase las Obras Sociales, y seguir manejando los dirigentes los cuantiosos fondos independientemente del Estado, los trabajadores siguen financiando de su bolsillo la medicina de los privilegiados; siguen sin saberlo, consolidando las trenzas médicas, las sociedades oligárquicas de médicos que explotan a otros médicos y las empresas sanatoriales monopólicas.
Los monopolios que fueran con la salud siguen ganando con las
obras sociales; los dirigentes sindicales traidores, siguen recibiendo jugosas coimas y manejando a su gusto los fondos de los trabajadores. Perdió el pueblo. Aquí no ha pasado nada.

LA CHANCHA Y LOS VEINTE
Pero no es esto sólo. La voracidad de los dirigentes sindicales no se calmó con esto.
Al pasar a Diputados y luego de varios meses, la Comisión de Asistencia Social y Salud Pública encargada de estudiar el proyecto lo expone a debate Pero, sin que nadie sepa su origen, al proyecto que salió del Senado con 45 artículos, le apareció uno más. El 38°. Dice: «Toda persona afiliada a entidades no adheridas al Sistema Nacional Integrado de Salud, que de cualquier manera cubran el riesgo de enfermedad, podrán obtener del SNIS las prestaciones necesarias sin cargo alguno. En tal caso, el SNIS deberá requerir de la entidad responsable de la cobertura, la satisfacción del importe que ésta debiera cubrir según las disposiciones vigentes. Las facturas correspondientes tendrán carácter de titulo ejecutivo en ceso de que el pago deba reclamarse judicialmente».
En buen romance, este articulo significaba un «recorte» para los fondos que manejan los dirigentes. Es que los hospitales le pasaron la factura a los sindicatos por los afiliados que tuvieron que atender.
Los dirigentes tendrían que pagarlos de los fondos sindicales. Y como tos burócratas quieren la chancha y los veinte, no toleraron la medida. Furiosas comisiones aleccionadas por Lorenzo Miguel mantuvieron agitadas entrevistas con legisladores gremialistas. Hubo rápidas consurtas con López Rega, nuevos «apretes» a Liotta. Todo lo acostumbrado. El resultado también es el acostumbrado: este fin de semana, los diarios informaban que luego de las reuniones de los dirigentes cegetistas con López Rega y el doctor Liotta, éste «accedió a eliminar el articulo
38 que era el más conflictivo para los hombres de la central obrera».

¿DONDE ESTÁN LOS ORTODOXOS?
Con esto queda clarito que aquí sólo importaron los mangos. Porque cuando la salud pública estaba vaciada de contenido en manos de la dictadura y la oligarquía, cuando los trabajadores no tenian ningún peso en los gobiernos antipopulares, era lógico que los sindicalistas negaran su aporte a Manrique. Pero esto ya no es justificativo con un gobierno que eligió el pueblo
Ahora resulta que los mismos dirigentes que no tuvieron empacho en firmar un Pacto Social que perjudicó a los trabajadores, se erigen en «custodios» de sus Obras Sociales. Pero queda claro el juego con la última supresión (Art. 38). Ese articulo no subordinaba las Obras Sociales al Estado. Sólo especificaba que se debía pagar por los afiliados que atendieran los hospitales públicos. Es decir, que por lo menos pagaran al Estado con el mismo empeño con que pagan a las empresas monopólicas privadas. Claro que es simple adivinar el motivo de esa negativa: por más ortodoxos que se digan, están dispuestos a romper su negocio con las empresas monopólicas y éstas nunca permitirán que lo destruyan.
También dijo Perón en su mensaje acompañando la ley: «La experiencia nacional e internacional enseña que si la solidaridad mutual permitió a principios de siglo el acceso a la medicina a grupos cuyos individuos aislados no podian pagar los derechos de internación y los honorarios médicos, hoy en dia sólo la solidaridad nacional permite evitar que los grupos económicamente más privilegiados se apropien de los servicios de cada vez mayor complejidad y costo en desmedro de los grupos de menores ingresos».
Pero esta clara definición del General ,Perón fue «saltada» por los «ortodoxos». Llegada la hora de la verdad, la solidaridad nacional perdió a favor de los intereses de los dirigentes vandoristas.

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