Lo que nos dijo un compañero
Con el Roña estuvimos juntos desde el principio. Desde el primer momento estuvo en la conducción de la UES, venía del Buenos Aires, ahí había formado una agrupación que en sólo tres meses llegó a contar con setenta compañeros. La necesidad de extender la organización a la provincia lo llevó a la zona Sur. Fue el compañero que quizás más aporto al desarrollo de la UES. Dentro de toda la militancia, siempre encontraba tiempo para escribir para hacer propuestas, tenia una capacidad de trabajo tremenda.
El nombre del Roña no le surge porque era sucio, sino porque era desordenado. Por ejemplo escribía en un cuaderno de atrás para adelante, con notas y llamadas por todos lados que nadie pedía descifrar; o llevaba el diario lleno de papeles, mal plegado. Por esa forma de ser lo llamamos Roña, por eso los compañeros de la zona Sur decidieron regalarle una valija de ese cultivo. Me dijo «me siento el tipo más infeliz del mundo, por un problema de orgullo me embroma que me consideren despelotado; pero al mismo tiempo me siento el tipo más feliz de la tierra porque mis compañeros pensaron en mi».
Hay tantas cosas para contar del Roña, que se yo, cada vez que se iba al baño se llevaba cuatro libros y un cuaderno para anotar. Te convencía de cualquier cosa, discutía sobre la importancia de la UES con todo el mundo y el tipo que le discutía después salía preguntando que podía hacer.
Como el no garantizaba levantarse solo, venía a dormir a casa. Hasta que podía despertarlo pasaba media hora. Es que durante la noche mientras dormía hablaba en voz alta de los documentos que tratábamos durante el día, en todo el país la gente habla de los documentos de la UES como «los documentos del Roña».
Fue el que reveló la necesidad de que los estudiantes de las escuelas técnicas fueran la columna vertebral de la UES. Fue el que sostuvo la necesidad de descentralizar el laburo dadas las características de nuestro frente. «No hay que crear estructuras ficticias tenemos que organizar colegio por colegio» decía, y después, riéndose de su obsesión en remarcar este objetivo, decía «colegio por colegio; división por división, tintero por tintero, compañero por compañero». Una vez en lugar de hacerse actos por colegio propuso que se hicieran actos por división y el producto fue increíblemente más rico, participaron muchos más compañeros de esta forma».

Lo que nos dijo su compañera
El Gringo y el Roña eran muy amigos. Se querían mucho. El Gringo decía del Roña «es un gran pibe». El Roña decía del Gringo «es un gran tipo». El Gringo al Roña lo tenía recagando: el Gringo era un tipo chiquito pero con una voz gruesa y le decía «Roña, silenció». «No me deja vivir en paz —protestaba el Roña— no puedo decir nada», y lo imitaba al Gringo con su voz gruesa dando órdenes. Una vez apareció con un chichón en la nariz porque habían jugado de manos con el Gringo y a éste se le había escapado un golpe, voy a empezar a hacer ka ra te, decía, sino el gringo me la da.»
No quiero ser jetón, decía el Roña, porque los jetones se deforman ideológicamente. Se acostaba y se levantaba pensando en la UES. Tenía un problema serio con la puntualidad porque además de atender la UES se metía también con el trabajo del barrio y no llegaba en hora a las citas. En los últimas meses había logrado imponerse la puntualidad y estaba contento. Era un desordenado bárbaro, pero eso no afectaba su trabajo, su desorden sólo se reflejaba en la ropa o en los bolsillos, en su militancia no se sentía.
Andaba con los bolsillos llenos de cafiaspirinas porque pibe que se le acercaba en el tren pibe que le compraba cafiaspirina, estampitas, no podía decir no.
Me acuerdo que en una Villa durante el operativo que hizo la UES en Salta este año, el último día, cuando nos estábamos despidiendo de los compañeros lo llaman: Señor Roña, y le dicen que hay una mujer que sufrió un ataque. El Roña la secó haciéndole respiración artificial boca a boca. La metió en un taxi y la llevamos a un hospital, ahí empezaron con los trámites burocráticos. Otra vez la sacó, pero como no la atendieron murió. Se sentía muy triste, siempre se acordaba de eso. Le hinchaba a los padres para que adoptaran un pibe, porque era hijo único y sabía que un día iba a faltar.
El Roña era un tipo y un militante extraordinario, nos deja un vacío grande. Los colegios, estos días, los compañeros comentaban que tenemos que doblar nuestra militancia para llenar ese vacío. Este fin de semana nos vamos a reunir para designar a quien lo reemplazará como responsable.

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