A la muerte de nuestro líder, el General Perón, abundaron discursos que prometían defender la unidad nacional, garantizar la continuidad institucional. No pasaron dos semanas y ya los dirigentes que despidieron los restos del General parecen haber olvidado sus propuestas iniciales de concretar el reagrupamiento de todas las fuerzas que hicieron posible el triunfo popular del 11 de marzo. Ahora, ya no sólo abandonan sus muy buenas intenciones sino que a todo trapo se empieza a ensalzar a esas Fuerzas Armadas que «garantizaron» la expresión «soberana» del pueblo. ¿Es que se olvidaron los famosos «cinco puntos», los condicionamientos que pretendió imponer la dictadura lanussista? Tiempo no pasó mucho, apenas un año y pico.
Que el triunfo popular del 11 de marzo fue una derrota de la dictadura militar que expresaba los intereses del imperialismo y la oligarquía es tan cierto como que esa derrota no era definitivo.
Entonces lo de ahora no parece falta de memoria sino que, muerto Perón, muchos que se escondieron tras el proyecto de unidad nacional conducido por nuestro líder ahora empiezan a mostrar sus cartas: las del Gran Acuerdo Nocional que pretendieron imponer los militares.
En realidad no hay por que asombrarse, el van— dorismo jugó las cartas del imperialismo siempre; antes de las elecciones intentó la proscripción del peronismo, maniobra que tuvo que desbaratar Perón nombrando a Cámpora candidato a presidente. Desde la masacre de Ezeiza en adelante es la mano principal de los monopolios y la oligarquía. El 12 de ¡unió Perón intenta mermar el poder que habrá alcanzado. los hechos posteriores a su muerte se encargarían de demostrar que ese intento fue insuficiente: han copado la conducción cegetista, se ha afirmado el ministro López Rega y ahora busca expandir su poder en el aparato represivo con el proyectado Consejo de Seguridad y el intento de designar un comisario amigo de Villar en la policía de la provincia de Buenos Aires.
Por si todo esto fuese poco ahora reaparece el mismísimo Lanusse a recordarnos todo lo que las fuerzas Armadas, bajo su conducción, hicieron para «facilitar» la «libre» expresión popular. Y por cierto que lo hace en defensa de su ex ministro del interior, artífice del GAN. Pero lo novedoso es que el radicalismo no se limitó a un repudio de la violencia que costara la vida de Mor Roig -como lo hiciera en tantas oportunidades- sino que, coincidiendo con el jefe militar de la tercera etapa de la «Revolución Argentina», lo levantó como la figura que hizo factible el triunfo popular.
Pero vayamos a la cuestión de fondo. ¿Qué pretendió ser el GAN? Ni mas ni menos que la «unidad nocional» sin Perón y sin los trabajadores. Es decir la alianza del empresariado nacional con el imperialismo y ta Oligarquía bajo la tutela de las Fuerzas Armadas. Y las elecciones sólo un medio para garantizar la fachada civil de esa afianza.
Pero esa alianza exige represión para impedir que los trabajadores hagan sentir su peso, para someterlos. Es que en definitiva, el GAN fue el camino de la dependencia. Su opuesto es la unidad nacional y son los trabajadores los únicos que la pueden conducir a través del peronismo que aglutina al resto de las fuerzas nacionales. Porque la unidad nacional es el requisito de la liberación. El GAN es un acuerdo de fuerzas conducido por el imperialismo contra los trabajadores y el pueblo peronista. La unidad nacional la conducen los trabajadores y el pueblo peronista contra la oligarquía y el imperialismo.
Es en ésto en lo que sí somos sectarios, porque buscamos la liberación y no la dependencia. Siguiendo lo que decía Evita: «Soy sectaria, sí. No lo niego; y ya lo he dicho. Pero ¿podrá negarme alguien ese derecho? ¿Podrá negarse a los trabajadores el humilde privilegio de que yo esté más con ellos que con sus patrones». Ese fue el sectarismo que le molestó al señor Jacobo Timerman en el homenaje que la Universidad de Buenos Aires le rindió al General Perón. Ese es el sectarismo que criticó allí su diario, La Opinión. El, como lo demostró largamente, prefiere el GAN.
Ahora ocurre también que el ministro Gelbard descubre que el doble aguinaldo es «perjudicial para el país» y que el Pacto debe ser «flexible». Sobre todo con los precios. Una forma de coincidir, por ahora a medias, con la cabeza del vandorismo, Lorenzo Miguel, para quien con el doble aguinaldo se ha roto el Pacto. De esta manera, también los empresarios nacionales se reacomodan, luego de la desaparición de Perón, acercándose a las fuerzas imperialistas.
Es que, muerto nuestro líder, el gran obstáculo de la oligarquía, copadas las direcciones gremiales y* particularmente la CGT por la burocracia vandorista, marginados los trabajadores del Pacto Social, renacen los profetas del Gran Acuerdo Nacional. Y aquellas Fuerzas Armadas de Onganta, Levingston y Lanusse, dominando la escena política desde un prudente segundo piano.
Ocurre sin embargo que hay algunos detalles importantes que en esta historia de reflotar el GAN se olvidan demasiado fácilmente. El principal es que con el GAN, como lo demostró el intento de la dictadura militar, no haya paz.
En segundo lugar que el proyecta fue derrotado.
Y en esa denota de tos militares la conducción de Perón fue decisiva, junto a las luchas de todo un pueblo.
Y los que especulan ahora con explotar la figura de Perón explicándonos que ya había dejado atrás al peronismo para ser la figura de la unión de los argentinos, aquellos que quieren robarnos al líder de los trabajadores, al jefe del peronismo, ocultan que si ningún otro logró constituirse en líder nacional es porque no interpretó ni a los trabajadores ni a todo el pueblo peronista.
Pero esto es lo que no podrán arrancar de la conciencia popular, porque Perón es del pueblo, de los trabajadores, de los peronistas. Y lo que no pudieron hacer con nuestro líder vivo no lo lograrán muerto: nunca Perón será figura del Régimen para consolidar la dependencia. Porque, como lo dijera él mismo el 12 de junio, los peronistas sabemos que jamás defendió otra causa que la causa del pueblo.
Nadie nos quitará a Perón porque con el derrotamos a la dictadura militar, porque cuando cayó muerto el general Sánchez, a pesar de que todos los partidos se arrimaron a sumar su repudio, no pudo el apriete del embajador argentino en España, Rojas Silveira, modificar la posición de nuestro líder: «la violencia de arriba genera la violencia de abajo».
Por eso quienes proponemos la unidad nacional conducida por los trabajadores a través del Movimiento Peronista, los que enfrentamos a la dictadura militar, somos capaces de valorar el poder que subyace en esa conciencia del pueblo. Poder que fue permanentemente despreciado por quienes se apoyaron en la fuerza de la represión; por quienes eligieron el camino de la violencia para defender los privilegios de la oligarquía y el imperialismo.

RODOLFO GALIMBERTI

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