El pueblo boliviano, explotado y perseguido por los diferentes sirvientes que el imperialismo yanqui colocó en el gobierno, tiene también una de las más heroicas historias de lucha de Latinoamérica. Los campesinos y mineros bolivianos, como así también sectores de sus fuerzas armadas, supieron siempre levantarse contra las dictaduras pro-yanquis. Conforme voltearon a la “rosca”, hoy están por voltear al gorila Banzer.

Así como el Brasil se ha convertido en los últimos años en el más fiel colaborador de la colonización de América Latina por los yanquis, merced a la calculada genuflexión de los tecnócratas liderados por el general Golbery Da Couto e Silva, Bolivia no ha dejado de ser el país donde esa dominación es más inestable. Si el liberalismo comenta, soberbio y altanero, que el país del altiplano lleva ya más golpes de Estado que años de formal independencia, nosotros recordamos que no ha pasado año sin que el pueblo boliviano manifestara, de manera inequívoca, su voluntad de lucha, su heroísmo pocas veces igualado y su conciencia crecientemente lúcida.

LA REVOLUCIÓN DEL 52
Un grupo de militares nacionalistas vinculados al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), cuyo jefe Víctor Paz Estenssoro recibiera efectivo apoyo del gobierno peronista durante su exilio en Buenos Aires, promovieron un alzamiento contra la “rosca”, que así se llama la oligarquía boliviana, el 9 de abril de 1952. Derrotados en primera instancia, recurren al armamento de civiles, mientras el pueblo se organiza, asalta un arsenal y en unión de fuerzas de carabineros atacan los cuarteles militares. Los mineros bajan de sus minas, y sus cartuchos de dinamita arrojados con certera puntería y un despreció al peligro rayano en la inconciencia aprendido en las galerías de la muerte de los cerros de estaño, los convierten en los arietes que abren los muros de las guarniciones. Así, por primera vez en la historia de América, un ejército regular, sirviente del imperialismo, es derrotado por el pueblo en armas y totalmente disuelto asiste al licénciamiento de sus efectivos.
Se inicia entonces lo que se llamó el “cogobierno” del MNR y la COB (Central Obrera Boliviana). El gobierno movimientista decretó en los primeros días la nacionalización de las minas, el voto universal y la reforma agraria. Por su parte la COB designa sus representantes en la minería nacionalizada impone el control obrero en las minas con derecho a veto, asegura la más amplia libertad política para el pueblo y organiza las milicias obreras con el armamento arrebatado a sus opresores.
El imperialismo contraataca saboteando los precios del estaño en el mercado mundial, lo que lleva a la economía boliviana a una profunda crisis, simbolizada en la forzosa baja de su producción minera, que pasa de 32.000 en 1952 a 19.000 en 1958. Al mismo tiempo, Rockefeller planifica la “ayuda” que se condiciona, entre otras cosas, a la reestructuración del Ejército. El reemplazante de Paz, Hernán Siles Suazo se convierte en el ejecutor nativo del plan yanqui dirigido por el embajador Stromm. Pocos años tuvieron que pasar para que el ejército, reestructurado con prisa y en silencio, ocupara militarmente las minas derrotando a los mineros cuyas armas habían quedado obsoletas y su parque paulatinamente había decrecido. Los “asesores” yanquis se habían preocupado de que el armamento del nuevo ejército regular cambiara su calibre, por las dudas.

LA GUERRILLA DEL CHE
Paz Estenssoro, que para lograr su reelección aceptó la imposición de Rene Barrientos como su compañero de fórmula, fue derrocado por un golpe militar el 4 de noviembre de 1964. Justamente el general Barrientos ocupó la presidencia y su presencia de “ranger”, con boina verde terciada a la “americana” fue todo un símbolo de la represión al movimiento popular.
Una serie de medidas facilitan la “invasión” del capital foráneo, al tiempo que se prepara pacientemente una provocación antiobrera. En mayo de 1965 es apresado Juan Lechín y desterrado. La COB responde con la huelga general, las radios mineras convocan a la resistencia. Las tropas militares, previo bombardeo aéreo, ocupan las minas, descabezan los sindicatos, arrasan los campamentos, imponen el toque de queda, rebajan por decreto los salarios obreros. De ahí en más, la bandera de lucha sería “retirada de las fuerzas militares de las minas y reposición salarial”.
Los dos años siguientes son de lucha y reorganización. En 1967 se extiende como un reguero de pólvora la existencia de una guerrilla rural en Ñancahuazu, la guerrilla del “Che”. No se sabía todavía quién la dirigía, no se sabía tampoco su real envergadura, pero trasciende su cuestionamiento fundamental al régimen al erigirse en una alternativa de poder. No se peleaba ya únicamente por reposiciones salariales o la libertad de dirigentes, ni sólo por el control obrero, sino que se cuestionaba quién habría de dirigir al país. Aislada técnicamente, igualmente la guerrilla impacta en los centros obreros. En una asamblea realizada en Huanuni, los delegados mineros declaran “territorios libres” a los distritos mineros de Catavi, Siglo XX y Huanuni, planteándose claramente el apoyo al naciente ELN.

LA MASACRE DE SAN JUAN
Los altos mandos del Ejército, con la asesoría yanqui, advierten el peligro de la situación. Saben bien que cuando la vanguardia armada logra entroncar con el pueblo resulta imbatible. Y proceden. Preparan toda una operación militar contra los distritos mineros. Para la noche de San Juan, la noche más fría del año, se realizan los tradicionales festejos, con fogatas y cohetes, bailes y ponches. Cuando el cansancio y el alcohol acompasan el dormir de los campamentos, sigilosas sombras cierran su cerco y se lanzan al asalto de los tugurios cual si fueran casamatas celosamente defendidas. Hombres, mujeres, ancianos y niños son pasados pollas armas. Morteros y ametralladoras, con sus blancos alumbrados por luces de bengala, demuestran la eficacia del aprendizaje en las escuelas de la “zona de panamá”. La organización minera sufrió otra derrota, justo cuando comenzaba a levantar cabeza y a encontrar una cabeza para orientar su lucha.
Meses después, en otro frente caía el “Che”. Muerto se convertiría en bandera en toda Latinoamérica, pero más aún en Bolivia, donde a partir del 67 toda lucha que se plantea, levanta inevitablemente la alternativa del poder.

EL GOBIERNO DE JUAN JOSÉ TORRES
Otros hombres, que acompañaron al “Che” en Ñancahuazu, dirigidos por el Inti, reconstituyeron el ELN y después de variadas circunstancias, ensayan nuevamente la guerrilla rural, esta vez en Teoponte. La inexperiencia, la falta de cuadros militares y el insuficiente conocimiento del medio, provocan otra derrota militar. Pero el cimbronazo que recorre el país llega a los cuarteles y un grupo de militares nacionalistas, encabezados por el general Juan José Torres toma el poder. Sus medidas, de claro contenido nacionalista y popular, como la expropiación de la Gulf, concitan el apoyo del pueblo, que se moviliza. Precisamente la renacida COB, la Federación Minera y los partidos populares organizan la llamada “Asamblea del Pueblo”. El enemigo, por su parte, se prepara, y complota. El pueblo pide armas, Torres vacila, piensa que todavía puede triunfar sólo con el apoyo militar. Torres vacila pero no traiciona, no se decide a golpear primero a los gorilas pero tampoco reprime al pueblo.
La “Asamblea Popular” se pierde en largas reuniones, emite ruidosas declaraciones, sanciona la creación de milicias … pero no las organiza.
El 19 de agosto, el oscuro coronel Banzer se insurrecciona contra el gobierno popular. Es detenido y deportado. Vuelve de inmediato y el 21 de agosto lo encuentra al frente de las tropas golpistas que, poco a poco, vieron volcarse a su favor a la mayoría de los regimientos. Es que entre un gobierno popular titubeante y un gorila decidido, los milicos van cediendo ante el más fuerte. Cuando Torres quiere reaccionar ya es tarde. Sólo dos batallones del regimiento “colorados”, comandados por el mayor Sánchez, le sonfieles. Reparten las pocas armas que les quedan y junto a los mineros de la Federación Minera dirigidos por Lechin, el incipiente MIR y el reconstituido ELN comandado por el “Chato” Peredo, libran la legendaria “batalla de La Paz”. Fracasado su intento de tomar el cuartel y arsenal de Mi-raflores, deben replegarse. Una nueva derrota popular abre el camino a la más brutal de las dictaduras, la del gorila Banzer.

EL SUBDITO DEL BRASIL
Banzer, que inició su movimiento en las fronteras del coloso amazónico, recibió abundante apoyo logístico y de estado mayor de sus congéneres, los gorilas brasileños. Conquistado el poder, inició una vasta acción represiva, sólo superada después por Pino-chet y Cía. Los partidos populares fueron perseguidos, los sindicatos asaltados, poblaciones enteras arrasadas y la tortura se elevó al común denominador de los “interrogatorios” policiales y militares.
Los geopolíticos brasileños advierten en Bolivia su posibilidad de llegar al Pacífico, abastecerse de gas, hierro y petróleo, sentando a al vez una base territorial apta para su posterior etapa de expansión en el cono sur. “Brasil te ama”, pasa a ser la consigna que martillea permanentemente los oídos bolivianos. Bien dicen que hay amores que matan. Y en Bolivia, por sobretodas las cosas, se mata.
Banzer convierte a Bolivia en una subcolonia brasileña, pero al mismo tiempo sume al país en la peor de sus crisis económicas.

LA OFICIALIDAD NACIONALISTA
Pero el gobierno de J. J. Torres ha dejado semillas. El ejemplo heroico de los hombres del mayor Sánchez no ha caído en el olvido. Ya en 1973 se conocieron el primero y segundo manifiesto del clandestino “Ejército mayor de la oficialidad joven”. En ellos planteaban “la necesidad de que los cuadros del ejército discutan abiertamente en los cuarteles los problemas actuales de Bolivia y el mundo”, señalando firmemente que “la joven oficialidad no debe olvidar que la lealtad de todo militar hacia su superior termina cuando éste ha dejado de ser leal a la patria, y es justamente esta premisa la que mueve nuestros actos”.
En las últimas semanas, un movimiento de esa oficialidad joven, acaudillada por el mayor Gary Prado (que obtuviera notoriedad por su participación en las acciones contra el “Che”), si bien fracasó en su primer intento de derrocar a Banzer, conmovió las bases del régimen, que se vio obligado a negociar. Fuentes bien informadas aseguran que después de deportados los principales cabecillas, un nuevo movimiento interno en el Ejército obligó a Banzer a negociar, salvando su gobierno a cambio de comprometer una amplia amnistía, la reposición de los oficiales dados de baja y la convocatoria a elecciones generales en un plazo breve. Pero como siempre, los gorilas no cumplen sus compromisos y apenas Banzer sintió que aflojaba la presión sobre su cuello se sintió liberado de sus promesas y comenzó a maniobrar para zafarse. Por eso, no ha causado asombro un nuevo manifiesto de los oficiales jóvenes anunciando que habían retornado clandestinamente a su patria, para oponerse al régimen por las armas.

LOS PARTIDOS Y ORGANIZACIONES POPULARES
Los partidos y movimientos populares, vieron reaoomodarse sus fuerzas, con divisiones y fusiones varias, a partir del FRA (Frente de Acción Antiimperialista) que en sus orígenes núcleo a los partidos y movimientos populares, a la Federación de Mineros y al ELN. Y aunque entre ellos existen divergencias acerca de la mejor manera de enfrentarse al gorila je, todos coinciden en la necesidad de derrocar a la dictadura gorila amamantada por los brasileños y financiada por los yanquis, como un paso previo indispensable para la efectiva liberación de Bolivia. La tradición histórica de ese país dice que la cosa no será fácil. Los intereses en juego son muchos como para que EE.UU. y Brasil admitan una fácil derrota. Justamente porque la caída de Banzer restablecería el equilibrio en el cono sur, es de prever que se jugarán a fondo en su defensa. Quizá no con la intervención militar directa, todavía, pero sí acudiendo a todos los medios de presión en los países limítrofes para que dificulten el regreso a su país de los patriotas exiliados y acopiando el máximo de apoyo logístico hacia las unidades militares seleccionadas para cumplir el triste papel de verdugos de su propio pueblo.
Los sindicatos reorganizados en la clandestinidad ya han hecho oír su voz. También ellos quieren derrocar a Banzer. Los oficiales nacionalistas declaran su voluntad de combatir. Los partidos, movimientos y organizaciones populares han demostrado en estos duros años de dictadura que sabrán ponerse a la altura de los acontecimientos.
Triste y sombrío es el futuro de Banzer. Los tiempos que vendrán, y pronto, mostrarán que el pueblo boliviano sabrá culminar la revolución que iniciara en 1952, que el “Che” no murió en vano regando con su sangre esa porción de tierra americana, que las banderas de redención y justicia entintada en sangre del pueblo flameará sobre la patria liberada.
Triste y sombrío el porvenir del gorila Banzer.

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