Un largo enfrentamiento entre los obreros y la dirección de la seccional del SMATA cordobés, por un lado, y la dirección burocrática del gremio, la patronal imperialista y sus agentes del ministerio de Trabajo por el otro, está llegando a su punto culminante.
En este conflicto se juega la política de un largo período en la provincia. Entre la firmeza de los trabajadores, respaldada por los montoneros, y la dureza de la patronal y la burocracia, navegan el gobernador Brunello y el sector legalista todavía indefinido.
Después de la intervención, se entra en una etapa decisiva.

EL VIERNES último, una casi gigantesca asamblea de trabajadores mecánicos cordobeses —la sede sindical resultó insuficiente para albergar a todos—* repudiaba la expulsión del gremio de su secretario general, Rene Salamanca, y del resto de los directivos de la seccional.
Horas antes, una asamblea de congresales montada por José Rodríguez, el secretario general del SMATA nacional, había decidido fas expulsiones y, consecuentemente, el “estado de acefalía” de la seccional cordobesa. En realidad, se trataba lisa y llanamente de una intervención, un objetivo largamente acariciado —y temerosamente postergado— por la burocracia porteña.
Nadie, sin embargo, ni siquiera el propio José Rodríguez, puede soñar con que la decisión signifique el fin del conflicto, iniciado casi dos meses atrás con la exigencia de aumentos salariales (ver La Causa Peronista N° 4).
Hoy la lucha de los mecánicos cordobeses concentra la atención no sólo de todos los sectores de la provincia, sino que se ha convertido sin duda en el hecho más importante del panorama político-gremial de todo el país.
El verdadero carácter del Pacto Social se desnuda implacablemente en un enfrentamiento en el que, por un lado están casi 15.000 trabajadores con sus dirigentes representativos a la cabeza y, por el otro, las empresas imperialistas, la burocracia del SMATA nacional y el Ministerio vandorista. Y de parte de este último bando, ni el más remoto intento de conciliación, de llegar a una solución que evite o aminore el nivel del enfrentamiento. Todo lo contrario. Otero no vaciló en marginar de las tratativas a la conducción cordobesa, ni en calificar la lucha y los reclamos de los mecánicos como la obra de un “grupito de agitadores”. Descaradamente, en cambio, apoyó e instigó a Rodríguez cuando éste tomó la riesgosa decisión de intervenir el SMATA de Córdoba. E hizo más: a través del Ministerio del Interior, logró que se enviara la gendarmería a las empresas automotrices de la provincia. Pero se calló la boca cuando el viernes último, la IKA-Renault cerró las puertas de su planta de Santa Isabel. En suma, una intervención en el mejor estilo lanussista.
Todo esto ante el silencio cómplice de los abogados de la “paz” y la “normalidad constitucional”, sobre todo cuando ésta sirve a sus intereses de llegar victoriosos a la próxima contienda electoral.

UN CAMINO DIFÍCIL
Acosado de todas partes, el ensañamiento con el SMATA cordobés tiene su explicación en la propia historia del gremio y en lo que representa para el conjunto de la clase trabajadora de la provincia. Es, por un lado, el gremio más importante y numeroso de toda Córdoba, y sin duda ambos Cordoba-zos lo contaron entre sus principales protagonistas. Hoy, en manos de una conducción representativa, identificada con los intereses de los trabajadores y avalada por el reconocimiento y la adhesión de éstos, significa un verdadero peligro para el vandorismo.
Y actualmente, la intervención llega tras una serie de frustrados intentos de copar el gremio; entre ellos, la tentativa de fraude en las últimas elecciones y después la fracasada pretensión de no entregar el sindicato a la comisión directiva encabezada por Salamanca.
De ahí que el desenlace de este conflicto sea decisivo para todos los trabajadores cordobeses y para la situación política de la provincia.
La situación planteada es, indudablemente, difícil. Las condiciones en que se produce la lucha no son las más favorables para los trabajadores, que debido al férreo dominio de la burocracia sobre el resto del gremio, se encuentran aislados en relación a éste. Por otra parte, en el marco de la provincia, los mecánicos cordobeses recibieron la solidaridad del Sindicato de Luz y Fuerza, el de Perkins, el de
Trabajadores del Caucho y la Unión Obrera Gráfica, que adhirieron al paro activo del jueves 8. Contaron también con el apoyo de la Comisión Interna de Propulsora, de Química Walco, de PASA, de la asamblea de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires, de los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución, de la Lista Celeste del SMATA, de Enrique Juárez, de la conducción nacional de JTP, y del diputado de JP Miguel Zavala Rodríguez.
En cambio, no se plegaron al paro —aunque sí expresaron su solidaridad con los mecánicos— los sectores legalistas del gremialismo cordobés, que por primera vez en mucho tiempo no actuaron unifica-damente con el sector liderado por Tosco y los gremios llamados independientes.
Todo esto configura, para los mecánicos cordobeses, una situación en la que el camino que se abre es difícil. El riesgo del aislamiento está presente y, por lo tanto, existe también la posibilidad del desgaste o de perder capacidad de respuesta frente a los golpes del enemigo.

Como recorrer el camino
Ante la difícil situación planteada para el SMATA cordobés, hubo, desde el comienzo del conflicto, diferentes posiciones acerca de có- * mo encarar la lucha. Esto se evi- 9 denció en distintos momentos; por ejemplo, en la asamblea del martes 6, en el Córdoba Sport, a la que asistieron 5.000 trabajadores y cuya resolución fue no acatar la conciliación obligatoria dispuesta por el Ministerio, por encima de los representantes del SMATA de Córdoba.
Sobre ella, nos dijeron los compañeros de la Agrupación de Mecánicos de JTP: “Fue una asamblea agitativa, en la que lo que no se intentó fue organizar la indudable disposición de lucha de todos los trabajadores mecánicos presentes. Se trataba de ver y planificar cómo dar la batalla definitiva en condiciones más favorables, tratando sobre todo de romper el aislamiento”.
Esta posición ya se había puesto de manifiesto anteriormente cuando ante la inminecia de la intervención, la JTP propuso replantear los términos de la lucha y “disfrazar” la exigencia de aumento salarial por otras reivindicaciones que significaban también mejoras económicas. El objetivo era evitar un nivel de enfrentamiento que no se estaba en condiciones de afrontar por el momentáneo aislamiento de la lucha.
Actualmente, producida la intervención, se trata más que nunca de romper el aislamiento, que sin duda, es lo que persiguen las patronales, la burocracia del SMATA nacional y, por supuesto, el Ministerio de Trabajo. En ese sentido, la agrupación de JTP plantea: “Es necesario que se amplie la solidaridad hacia el SMATA a nivel local, creemos decisivo lograr el apoyo de los gremios legalistas y en el orden nacional, la coordinación con todos los gremios y trabajadores en conflicto”.

La presencia Montonera
En ese marco se entiende la presencia de la Organización Montoneros —a través de Mario Eduardo Firmenich— en los actos, asambleas y movilizaciones que vivieron los trabajadores mecánicos en los últimos días.
Consecuentemente con lo que viene planteando desde la muerte del General Perón, la Organización Montoneros se hizo presente, frente a frente, sin intermediarios, con los principales herederos del General: los trabajadores. Fue a expresar claramente que con este Pacto Social, que está en contra de los trabajadores, y ante el avance del imperialismo, más que nunca hay que organizarse y unificar las luchas. “Sólo asi —dijo— podremos obtener el triunfo. Y tenemos la obligación de triunfar”.
Por esto, Firmenich llevó la posición de Montoneros tanto al acto del activo del jueves 8, como a la asamblea del día siguiente, en la que fue ovacionado por 7.000 trabajadores mecánicos y en la marcha que se realizó posteriormente a la Casa de Gobierno.
En esa concentración, dialogó permanentemente con los trabajadores que lo interrogaban sobre diversos temas: el imperialismo, la burocracia, la opinión de la Organización sobre el futuro de los ministros Otero, López Rega y otros traidores como Rodríguez. El grito de ¡Montoneros! con el que en la Plaza España se le pidió que volviera a hablar a los trabajadores allí reunidos expresaba cabalmente el reconocimiento de los mecánicos cordobeses hacia la Organización Montoneros, como síntesis de sus 18 años de resistencia peronista y su actual disposición a la lucha.

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