Hace pocos días, el gobierno mandó al Congreso un proyecto de ley para regimentar la explotación y el comercio de hidrocarburos. Inmediatamente, desde la oposición -principalmente los radicales y la APR- y desde el propio Movimiento Peronista se desató una ola de protestas «nacionalistas». El Sindicato de Petroleros del Estado, luego la CGT, dieron a conocer públicamente su posición y los diputados gremiales anunciaron que no votarian el proyecto.

En verdad, el texto que el Poder Ejecutivo mandó a las Cámaras era difícil de explicar para un gobierno peronista. No sólo dejaba todo como está en el terreno de la explotación y la destilación de petróleo, sino que incluso en la comercialización no modificaba nada. Simplemente, prohibía a las empresas extranjeras privadas avanzar en la porción que ya tienen en el comercio de hidrocarburos, de modo que en un futuro lejano el Estado —en una utópica evolución— podría quedarse con la mayor tajada.
Las protestas contra semejante proyecto tuvieron eco esta semana y el gobierno pudo mostrar, por primera vez en mucho tiempo, una fachada nacionalista. Efectivamente, los surtidores serán «pintados de azul y blanco» y las compañías Shell y Esso desaparecerán, hasta tanto el Congreso decida en definitiva, de la comercialización. El secretario de Prensa Villone calificó esto de hecho histórico: reverdecían los laureles peronistas del gobierno.
Qué significa este repentino vuelco «nacionalista» en un momento en que se concede cada vez más a la oligarquía y el imperialismo? Se trata sin duda de un hecho positivo, porque significa un avance sobre las compañías extranjeras. Sin embargo, conviene analizar los límites de este avance.
En primer lugar, no toca los intereses de las empresas en lo que se refiere al transporte y la destilación. Además, no significa expropiación alguna sino que, simplemente, se reducen las ganancias de esas empresas al limitarlas en la etapa más gananciosa del negocio.
En segundo lugar, parece existir en el mundo una verdadera ola de «nacionalismo» de este tipo. Gobiernos como ios de los emiratos árabes, o el presidente de Venezuela —que antes de serlo fue abogado de los monopolios— Andrés Pérez, se visten hoy con ropaje antiimperialista y recortan las ganancias de las petroleras. Es que estas empresas han ganado tanta plata en el negocio desde que comenzó a aumentar el precio del petróleo, que las oligarquías nativas de toda laya quieren compartir los beneficios.
Finalmente, es bueno recordar hoy que quien conduce la administración de YPF fue acusado en su momento de ser un asesor directo de las empresas extranjeras. Precisamente llegó a la presidencia del directorio después de que fuera desplazado el general Fattigatti, un militar nacionalista que no se prestó al negocio de las compañías y quiso salvar a YPF y rescatar su primacía en la producción, transporte, destilación y comercialización de petróleo.
Desde un punto de vista político, puede llamar la atención el hecho de que haya sido la CGT —que nunca se distinguió por su vocación nacionalista en los últimos tiempos— la que impulsara el proyecto actual. En el torneo por el poder que mantiene con los monopolios nacionales de Gelbard, avanza ahora con banderas nacionales y populares. Esto era una necesidad para el vandorismo y para el gobierno, porque los únicos hechos que estaba produciendo era la represión contra los militantes del pueblo y contra las protestas de los trabajadores.
De esta manera, tratan de poner en segundo plano la represión y peronizan su deteriorada imagen.
De todos modos, mientras se le otorga a YPF el monopolio de la comercialización, la Corporación de Empresas Nacionales, un organismo que debería servir para agilizar el funcionamiento de fas empresas estatales, ahoga a YPF: las demás empresas no le pagan sus deudas y la colocan al borde de una crisis financiera muy seria.

Los Limites De La Estatizacion
En el período en que Jorge Hayek era subsecretario de Energía y el coronel Manuel Reimundes se hallaba al frente de YPF, bajo la presidencia dé Roberto Marcelo Levingston, los funcionarios descubrieron, entra otras cosas, que el modo como repartía el petróleo Yacimientos Petrolíferos Fiscales en la llamada «mesa de crudos» garantizaba el funcionamiento a pleno de las destilerías de la Shell y la Esso. Paralelamente, esa distribución obligaba a mantener capacidad ociosa en las plantas de destilación de la empresa estatal. Reimundes y Hayek pretendieron alterar dichas proporciones reduciendo la cuota a los pulpos extranjeros; antes de poder cumplir con sus planes ambos fueron removidos.
Al asumir la presidencia Héctor Cámpora, se nombró titular de YPF al general Ernesto Fattigatti. Este quiso cumplir también con una política nacionalista y chocó contra los agentes de los monopolios foráneos enquistados en los mismos cuadros administrativos de la empresa fiscal. Sin embargo, se llevaron a cabo importantes investigaciones. Uno de los sumarios comprobaba que era enorme la participación de compañías navieras extranjeras en la importación de petróleo, más allá de las limitaciones impuestas a la flota del Estado. Estudiando el asunto de cerca, encontraron que desde la propia Gerencia de Importaciones de YPF se giraban los pedidos de combustible a los puertos del exterior siempre que algún barco de la More-McCormack estaba allí anclado con bodega disponible y cuando los propios buques de Yacimientos Petrolíferos Fiscales se hallaban en el otro extremo del globo.
Tal vez por ese descubrimiento, que desnudaba los crecientes intereses monopólicos en el transporte del petróleo, Fattigatti fue reemplazado por un funcionario «de carrera» de la empresa fiscal sin que lograse introducir modificaciones a ese estado de cosas. El organismo gremial que agrupa a los oficiales de la Marina Mercante elevó al Parlamento un trabajo donde consta que durante 1974 se requerirán para la importación de alrededor de tres millones de toneladas en petróleo crudo. Sólo en setiembre y octubre de 1973 YPF pagó en concepto de fletes una cifra próxima a los veinte millones de dólares; en el último bimestre del año pasado habría estado ya en los 30 millones. Para 1974 la empresa fiscal presupuestó 60 millones de dólares pero los funcionarios comentaron que probablemente se llegaría a los 100 por el aumento de las tarifas. Esto representa alrededor de la cuarta parte de lo que el país gasta en fletes, y supone una fuente importantísima de ganancias para los monopolios armadores.
Entre tanto, el problema mayor lo constituye el hecho irrecusable de que la extracción de petróleo en el pais está paralizada. En 1973 se obtuvo casi un cuatro por ciento menos que en 1972 y en el primer semestre de este año la producción acumulada resulta inferior en un 1,7 por ciento a igual lapso del 73. Ocurre, sin embargo, que la mayor disminución se observa en las áreas adjudicadas por contrato a las firmas foráneas. Un dato no menos revelador es que los contratistas sistemáticamente no logran éxito en sus exploraciones, cuando YPF detecta con frecuencia nuevos yacimientos. Habría una política del capital extranjero en su conjunto para obligar a la Argentina a la importación, que coincide con los programados por los sucesores de Fattigatti, Horacio Subiri y Armando Venturini. De hecho, en el primer semestre de 1974 el volumen de crudos traídos del exterior ha crecido casi al doble, en tanto el gasto en divisas se expandió casi ocho veces, desde unos 30 hasta casi 250 millones de dólares.

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