¿SIGUE SIENDO PERONISTA ESTE GOBIERNO?

Estamos a «Un mes de Gobierno de María Estela Martínez de Perón». Así nos lo recuerda la Secretaría de Prensa de la Presidencia. En efecto, ese mismo organismo se encarga de marcar la ruptura. La continuidad del gobierno popular encabezado por Perón se ha roto. La situación que vive el país a poco de su muerte nos lo marca dramáticamente. Por eso, mientras el pueblo y los peronistas sumamos un mes de ausencia de Perón, el lopezreguismo cuenta 30 días de un nuevo gobierno.
Y esta ruptura está marcada por la avalancha imperialista. La misma que intentó frenar Perón el 12 de junio y que se desató, ya desbocada, a su muerte. Esa avalancha que venimos mostrando en cada número. En éste, la cuenta del imperialismo y la oligarquía se abulta drásticamente. Empezando por una reunión multipartidaria que pretendió ser de «unidad nacional» y apenas si logró desplegar una frágil pantalla para el violento avance del antipueblo. Los inicios de un nuevo Gran Acuerdo Nacional, aunque aún no haya aparecido públicamente el Lanusse que lo conduzca. Pero de cualquier modo en el polo opuesto de aquel Niño que presidió Perón.
Porque no hay Gran Acuerdo con el imperialismo si no hay represión contra el pueblo y los trabajadores. Pero para completar el dominio vandorista y lopezreguismo -aliados principales del imperialismo- sobre el gobierno y el Movimiento es necesario todavía barrer una serie de escollos y «apretar» aún más a una serie de aliados.
La televisión ya está en manos del equipo conducido por el Ministro de Bienestar Social. La estatización, que debería servir a los trabajadores y el pueblo, ese es su sentido, y por eso la apoyamos, se pretende que responda a un proyecto de poder personal, igual que la editorial Códex que, nacionalizada, queda en el área del mismo Ministerio, y mientras los agentes copan el aparato estatal sus amos avanzan por detrás: la oligarquía rural se ha lanzado a un ataque furibundo contra una ley agraria que roza sus intereses y nos amenazan con «alterar la tranquilidad del país». Ika Renault deja en la calle 10 mil obreros y los despidos aumentan cotidianamente en todo el país.
Pero esto fue sólo el comienzo de la semana. Después, una de esas bandas parapoliciales que Ortega Peña denunciara contra viento y marea, lo asesinaría a quemarropa. Por si la provocación hubiese sido insuficiente, el comisario Villar se encargó de reprimir a su modo a la muchedumbre que acompañó al cortejo fúnebre. Con toda brutalidad reaparecía así la otra cara del GAN: la violencia represiva.
Los objetivos de la oligarquía y el imperialismo son múltiples pero apuntan o un mismo objetivo: acumular poder. Los ganaderos quieren mejores precios, frenar una legislación que los afecta y limpiar la conducción económica para poner a sus personeros más obsecuentes. El monopolio automotriz quiere negociar en posición de fuerza con la conducción local de SMATA, deteriorar al interventor cordobés y vicepresidente segundo del Movimiento y también darle un empujoncito más a Gelbard. Cosa de allanarles el camino al lopezreguismo en la conducción del Movimiento y a difiero, hombre del vandorismo en economía.
Habría todavía más hechos para analizar, como la unificación de la UIA y la CGE que nunca como hoy beneficia a los monopolios extranjeros, pero la lista sería muy larga. Un hecho, sin embargo, nos tiene que poner en alerta de manera especial: los intentos por proscribir a las organizaciones representativas del peronismo. Prohibir toda expresión peronista, popular.
Y acá es importante no confundirse, las excusas que buscarán pueden ser muchas y el momento a elegir cualquiera. Lo que determinará su decisión es que sigan considerando necesario para su ofensiva la cobertura institucional que hoy tienen o que elijan finalmente la represión abierta y descarada. Lo fundamental es que, así como el 25 de mayo del 73 lo determinante era el pueblo porque tenía la iniciativa y fuerza para mantenerla, el imperialismo sólo podía condicionar su avance, hoy sucede todo lo contrario. Porque la ofensiva y la fuerza está en manos del imperialismo y la oligarquía y nosotros, el pueblo, sólo podemos resistir su escalada para dificultársela, para hacerles perder fuerza a cada paso. Por eso la excusa que elijan es lo de menos. Por eso debemos hostigar al enemigo por todos los medios de que dispone el pueblo, sin despreciar ninguno. Que proscriben al peronismo, a sus organizaciones representativas ya no depende de nosotros, lo que sí depende de nosotros los peronistas es que le sigamos dando batalla a los enemigos del pueblo, proscriptos o no. Como lo hicimos durante 18
años y cada vez con más fuerza y ahora para destruirlos en el futuro definitivamente.
Y hoy, como nunca, nuestra fuerza radica en la organización popular. Como sucedió después del 55, cuando la mayoría de los dirigentes o se habían borrado o nos traicionaban. Y Perón estaba en el exilio. Hoy no lo tenemos a Perón y su conducción sólo la puede reemplazar el pueblo, por eso la reorganización del Movimiento es la única garantía para que el peronismo como organización popular siga siendo un instrumento de liberación. Despreciar esta tarea, restarle importancia es olvidar que esta larga guerra contra el imperialismo y la oligarquía empezó en 1945 porque la empezaron los trabajadores y sólo podrá concluir con el triunfo del pueblo si éste la continúa cada vez con mayor organización y participando masivamente.
Más aún, será necesario fortalecer todos los organismos de masas con que cuenta el pueblo, unidades básicas o sociedades de fomento, clubs de barrio y comisiones internas de fábrica. Porque eso es organizar la resistencia del pueblo al avance imperialista; sólo de lo más hondo del pueblo se podrá combatirlo con éxito. Porque la victoria definitiva sólo la podrá dar todo un pueblo organizado y enfrentándolo por todos los medios y en todos los terrenos. Y nada sería más suicida que querer esconder la cabeza como el avestruz, dejar pasar el chubasco. Y esto es tan cierto como que hoy no se puede darle batalla frontalmente.

RODOLFO GALIMBERTI

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