El 3 de octubre de 1968 un grupo de oficiales encabezados por Juan Velasco Alvarado derrocó al gobierno liberal de Belaunde Terry. Algunos de ellos habían participado activamente en la masacre de las guerrillas tres años antes. Algunos habían reprimido violentamente las movilizaciones campesinas. El golpe provocó desconfianza. En la oligarquía porque los militares, históricamente utilizados por los poderosos, se atrevían a poner fin a una farsa entreguista. Las organizaciones populares porque los antecedentes de los golpistas eran oscuros.
Seis días después del derrocamiento de Belaunde, la Revolución Peruana ocupaba militarmente las instalaciones de la International Petroleum Company, en Talara. Era el primer cachetazo al imperialismo. La IPC era en Perú una de las caras más despiadadas del poder yanqui. Desde la perspectiva tradicional de la política peruana, sin embargo, otras medidas no eran tan claras. El Gobierno prohibía la actividad política en las universidades. El Gobierno no amnistiaba a los presos políticos. Los militares acaparaban el poder.
Esto ocurría hace seis años. Hoy la polémica sigue. Mucho más aguda con la oligarquía y el imperialismo por la definitiva acción popular de la Revolución. Más restringida entre los grupos de izquerda que, salvo el caso de los ultra universitarios, brindan su apoyo a la Revolución.
Una Revolución que ha transformado definitivamente la estructura social del Perú, que le ha dado categoría de ser humano libre al indígena, condenado desde siempre a una servidumbre más o menos encubierta en aquel país. Una Revolución que ha subvertido la organización económica, que ha nacionalizado los recursos naturales, que ha introducido la Propiedad Social y ha recortado considerablemente el poder de los grandes capitales. Que da a los trabajadores el derecho y el deber de participar en la dirección de las empresas.
Una mirada retrospectiva lo muestra claramente. El Perú es hoy otro país. Y no sólo porque se hayan construido carreteras, se haya extendido la soberanía marítima a 200 millas o se haya desarrollado la industria petrolera. Que eso es Revolución también. Pero lo fundamental, lo que interesa en concreto, es que la Revolución Peruana ha dado poder político efectivo a los trabajadores.
Confrontando la realidad peruana con la muestra surgen dudas, preguntas. Más aún si se tiene en cuenta que la obra de la Revolución Peruana no ha sido difundida correctamente. Que los medios oligárquicos tergiversan las informaciones, esconden sus logros. Desde otra óptica, algunos supuestos analistas de izquierda hacen hincapié en sus carencias, que también existen.
Con esta nota inicia LA CAUSA PERONISTA una serie de tres notas sobre la Revolución Peruana. Esta es con el Gral. Graham Hurtado, un militar poco conocido fuera del Perú, pero de primordial importancia política. Es el Jefe del Comité de Asesoramiento de la Presidencia. El hombre que habla, discute y aconseja al Gral. Velasco Alvarado en materia política tanto interna como externa. En entrevista exclusiva con LA CAUSA PERONISTA Graham respondió así sobre la Revolución Peruana, sus éxitos, sus falencias y sus objetivos.

CIVILES Y MILITARES

P.: General Graham, tomando como referencia el Comité de Asesoramiento de la Presidencia, que usted comanda y está formando en su totalidad por miembros de la Fuerza Armada, aún cuando cooperan con él civiles en las tareas de estudió y evaluación, ¿no prevé el Gobierno Revolucionario una participación mayor de civiles en los resortes de poder?
G.: Orgánicamente, no hay personal civil en el COAP, sólo hay personal militar, porque así nace. Pero esto no significa que no trabajemos intensamente con personal civil. En estos momentos, para tomar un ejemplo, nuestro Equipo 1 está desarrollando un trabajo. Ahí está trabajando el Capitán de Navio Guerola, viendo con el equipo el reglamento del decreto-ley 20.530, que es un reglamento de pensiones. En este momento está trabajando con el Gral. Vargas. Pero también hay un ingeniero del Ministerio de Trabajo, un abogado que pertenece a la cartera del Primer Ministro y otro abogado que forma parte de Seguro Social. Esta es la forma en que se trabaja con personal civil. En este caso se trata de miembros de la actividad pública. Pero permanentemente llamamos a gente de la actividad privada también. Digamos que orgánicamente en el COAP no hay civiles, ya que todos los que trabajamos aquí sontas destacados de la Fuerza Armada.

P.: Aún suponiendo una identidad del Gobierno de la Fuerza Armada con los intereses populares, ¿esa ausencia casi total de civiles en los puestos de decisión del gobierno no crea algún tipo de fricciones, una imagen de élite para los militares?
G.: Yo no creo. Por la sencilla razón que lo efectivo es el trabajo. Y si aquí trabajan técnicos civiles, si se los consulta, estamos cumpliendo el objetivo. Lo que si no hemos querido es hacer de este organismo un organismo burocrático.

P.: Yo iba a que los puestos claves de Gobierno están todos en manos de miembros de la Fuerza Armada…
G.: No todos, no todos. En los Ministerios lo normal es que se tengan militares sólo en algunas funciones de importancia que ellos consideren necesarios. Pero sus estructuras son netamente civiles. Y justamente por eso nace el COAP. Porque se empieza a trabajar en este proceso dentro de una estructura administrativa convencional. Y con ese cuerpo no íbamos a tener asesoramiento revolucionario. Entonces nace el COAP con personal militar para poder filtrar lo que pudiese venir de los ministerios y que no estuviese de acuerdo con la Revolución. En la misma praxis del COAP hemos visto que se hace innecesaria la implementación burocrática de este organismo. Y como hemos recibido tanto del sector público como privado toda clase de asesoramiento sin reticencia alguna, pues hemos visto que de nada nos serviría tener aquí ocho o diez técnicos burócratas cuando podemos pedir asesoramiento sin recargar el presupuesto.

LA REVOLUCIÓN Y LOS PARTIDOS
P.: En una Revolución que ha dejado de lado las prácticas políticas tradicionales, ¿cómo se han adaptado o estructurado las fuerzas políticas existentes hasta 1968?
G.: El fenómeno político que ocurre en Perú desde el 3 de octubre de 1968 es muy singular. El programa de la Revolución tiene un ámbito amplio que, en realidad ha desarmado todos los programas e ideologías de los partidos tradicionales. Ellos han quedado, prácticamente, fuera de carrera. Nosotros nunca hemos tenido una buena organización de partidos políticos en Perú, con la sola excepción del partido aprista, que sí tuvo en algún momento alguna buena organización, que la ha tenido, los demás partidos no han mostrado a través de su existencia la eficiencia y fortaleza de organizaciones buenas. Entonces hay que ver la mixtura que encontramos nosotros cuando asumimos la responsabilidad del poder. El APRA era el único partido que, en realidad, continuaba unificado. Ya había tenido inicialmente su cisma, muchos se abrieron. Muchos ex apristas tomaron inclusive parte activa en el proceso de guerrillas cuando dejaron el APRA. La Democracia Cristiana, que ya tenía como veinte años, también sufrió un cisma en el gobierno del señor Belaunde y se dividió en dos partidos. Su volumen de captación de adeptos —porque no podríamos hablar de masas en este caso— era bastante pequeño. Acción Popular, que fue el partido que formó Belaunde, fue un partido que llegó a tener una fortaleza comparable a la del APRA a las puertas de las elecciones del 68. Pero cuando el señor Belaunde desarrolló su gobierno comenzaron en realidad las frustraciones del pueblo y de su propia gente, el partido terminó en un cisma y se formaron dos fracciones. La belaundista y otra fracción, digamos, revolucionaria.
El Partido Comunista que siempre fue aquí muy pequeño, tuvo una buena organización, pero con pocos cuadros y sin masas. El Partido Socialista, que era y no era partido, una cosa gris.
Toda esta mixtura existía en Perú. Yo creo que es una de las grandes desgracias de nuestro país que no se hayan organizado y polarizado las fuerzas políticas. Además era interés de la oligarquía que nos gobernaba que se mantuviese todo esto así porque el único partido que los amenazó a estos fue el APRA cuando tuvo fuerza y cuando era un verdadero partido revolucionario. Su programa no lo cambiaron, sus dirigentes tampoco, pero su accionar si lo cambiaron. Y entonces dejó este partido de ser revolucionario.
Frente al cuadro de la Revolución, la primera reacción de los partidos políticos es venírsenos encima indicando que era un cuartelazo más, un golpe de estado más. Cuando comienza el accionar popular de la Revolución ya comenzamos a contar con la simpatía de la democracia cristiana, de Acción Popular, no la belaundista sino la Socialista. Luego del Partido Comunista, el Socialista, el odriista. Este último partido aún existía en aquellos momentos y lo disolvió el propio General Odría. El volumen de masas que llegó a conducir al odriismo fue similar al del APRA y al de Acción Popular, pero el propio líder lo disolvió al comenzar su dolencia.
Entonces hemos contado con el apoyo de estas facciones políticas, aunque el APRA y Acción Popular belaundista se pusieron en una oposición muy activa. Había también el Partido Social Progresista que se volcó inicialmente a favor de la Revolución.
La oposición del APRA, que fue en un principio franca y beligerante, fue sufriendo un cambio. Cuando comenzamos a ejecutar las realizaciones revolucionarias y a respetar las demandas del pueblo, cuando el APRA ve superado su programa y va quedando en el vacío y se le va yendo la gente, pasa a hacernos una oposición de emboscada, a buscar alianzas con la ultraizquierda. Y en este plan ha seguido y sigue. Sus dirigentes no tienen descaro en decir que en realidad nosotros estamos cumpliendo el programa de ellos, y aún superándolo.
El belaundismo, por su parte, ha continuado con una actitud muy beligerante, insultativa, amenazadora y buscando contacto con elementos disconformes para ver la división entre el pueblo y la Fuerza Armada y dentro mismo de la Fuerza Armada. Por eso, y aún siendo un grupúsculo sin importancia numérica, pues bien, ha habido que darle su estáte quieto porque no dejan trabajar.

P.: ¿Clausuró la Revolución los partidos políticos?
G.: No, no los hemos clausurado. Lo único que se ha hecho es cerrar el local de Acción Popular belaundista para ver si se calman estos señores vocingleros que con la ayuda extranjera que tienen no dejan trabajar. Por lo demás en Perú se han realizado congresos del APRA, del Partido Comunista, del Partido Democristiano. Pero el congreso que realiza Acción Popular comienza con una beligerancia y un ataque tremendos que coinciden, casualmente, con la acción contrarrevolucionaria tanto interna como externa. Esa es la razón por la que el gobierno ha tenido que ponerles la manito y decirles: «Bueno, hasta aquí nomás, muchachos».

REVOLUCIÓN Y ORGANIZACIÓN POLÍTICA
P.: ¿Y este Gobierno Revolucionario no se plantea la formación en un futuro más cercano o lejano la formación de un partido de masas?
G.: Bueno, tanto como formar partido estaría un poco contra nuestra posición misma. Yo creo que sí, con el tiempo, va a haber, o se tiene que auspiciar un movimiento de masas en apoyo de la Revolución. Lo que no queremos nosotros es que este proceso revolucionario tome rígidamente el esquema de los socialismos marxistes leninistas. O sea, que el propio proceso no comience a ser conducido por un conjunto de ciudadanos agrupados en un Partido minoritario desde el cual manipulan al elemento gobernante y a la Fuerza Armada para llevar adelante determinado proceso. Nuestra ideología es otra. Nosotros queremos que el pueblo mismo pueda y deba gobernarse. Y 61 mismo debe irse organizando. Las formas propias en que el pueblo deba institucionalizar sus tendencias, bueno, quedan a su entera libertad. Podran ser partidos u otro tipo de organizaciones. Pero lo que no queremos es esa dirigencia de pequeña oligarquía de partido, que comience a ser la conducción de este movimiento. Por supuesto toda masa necesita una conducción. Pero sus líderes deben salir del conjunto de la masa. Primero tenemos que llegar a que el pueblo tenga el nivel de conciencia necesario para asumir que significa la organización y la conducción. Mientras tanto habrá que dirigir a la masa en cierta forma. Pero la tendencia general es esta, no tendemos a ponerle a la masa una organización política para que esta conduzca por donde quiera sino que, con el tiempo, sea de la propia masa del pueblo de donde salgan los dirigentes.
Esta es una de nuestras recusaciones a la concepción comunista. El hecho de que exista un partido que, sin estar dentro del gobierno, maneja desde afuera a ese gobierno. Siendo que esos partidos suelen ser minoritarios. Si tomamos el caso de la Unión Soviética, creo que el Partido no tiene más de 17 millones de afiliados y sin embargo maneja un país de varias centenas de millones.

P.: ¿Se plantea la Revolución volver al sistema de partidos previo al 3 de octubre?
G.: No, pero no pensamos tampoco borrarlos, prohibirlos. Creemos que, superadas en forma revolucionaria las estructuras económicas, políticas y sociales que impusieron ese sistema, estos partidos irán desapareciendo. Salvo que logren presentar al pueblo alternativas superiores. Pero tengo mis dudas porque nuestro programa es bastante abierto, progresista. Y lo cumplimos puntualmente, que es lo que realmente vale más allá de las posiciones declamadas.

P.: Lo que no se ve claro es cómo se va a producir el relevo de la Fuerza Armada en la responsabilidad del gobierno.
G.: Exacto. No se ve nada claro. Porque ir pensando ya en el relevo cuando estamos apenas a seis años del comienzo, cuando estamos iniciando un proceso, porque seis años dentro de un proceso revolucionario no es nada, es un poco demasiado rápido. Sin embargo creo que en un par de años tendremos que comenzar a buscar una salida política de acuerdo al Programa de Gobierno que se va a dar a publicación el 28 de julio. Este programa fue hecho al inicio de la Revolución. Pero nuestra estrategia no es eliminar una cosa para poner otra sino que estamos siempre dando alternativas al pueblo.
Nosotros, por ejemplo, no eliminamos la propiedad privada. La hemos puesto dentro de un marco de justicia, la hemos reducido. Le hemos dado más amplitud a la propiedad privada en un marco más grande. Pero al lado le hemos puesto, en paralelo, a la propiedad social. El pueblo tiene para elegir. Que en el futuro sea la propiedad social la que domine el panorama económico o que sea la propiedad privada reformada por el régimen de Comunidad Laboral, por el que los trabajadores • participan de las decisiones y utilidades de las empresas, eso lo tiene que decir la historia, no fijarlo nosotros. Y lo tiene que decidir también la eficiencia real que demuestren los hombres que se enrolen en estas alternativas que da la Revolución.
Igual hemos hecho, valga el ejemplo, en el Deporte. Nosotros no estamos eliminando el deporte profesional. Es decir no lo estamos eliminando por ley. Sí, dentro del espíritu de la ley y dentro de su aplicación, lo que buscamos es eliminar ese tipo de deporte. Pero no lo eliminamos por decreto sino que le colocamos en paralelo otro tipo de organización deportiva por la cual todo apoyo irá al deporte amateur, a la recreación. Y ese es nuestro estilo.

P.: Usted hablaba recién de alternativas que la Revolución ofrece al pueblo, de caminos a elegir. Si el desarrollo histórico demostrara que en el futuro ese sector de Propiedad Social creado por la Revolución avanzará sobre el sector privado, si se comprobara un grado creciente de socialización de los medios productivos ¿respetaría esta Revolución ese desarrollo o lo interrumpiría en nombre de su ideología?
G.: Fijesé, estaría un poco fuera de nuestro esquema. Esa situación debería producirse por la competencia que ha impuesto y que acepta la Revolución. Pero no en la aplicación de esquemas foráneos. Pero esto de eliminar de facto la propiedad privada obedece a esquemas diferentes a los nuestros.
Pero el qué irá a pasar de aquí a veinte años nadie lo puede saber. Yo en una charla que di hace poco en el CAEM a la Escuela de Guerra Brasilera, pues se me hizo una pregunta muy interesante, se me preguntó hasta dónde creía yo que nosotros podíamos garantizar, así me la hicieron, garantizar el que esto no fuese hacia el comunismo. Mi respuesta fue muy clara. Yo le dije que nosotros no podíamos garantizar eso, que el único que le podía garantizar algo al pueblo peruano era el propio pueblo. Porque él, como brasileño, no podía garantizarme que dentro de cinco años en Brasil no gobierne el comunismo. Nadie puede garantizar cosas así. El avance histórico de los pueblos, la dinámica social es tal que nadie puede garantizar. ¿O usted cree que Estados Unidos mismo puede garantizarme que mañana o pasado puede ocurrir algo en su propio país al ritmo que se mueve el desarrollo social y político del mundo?

LAS OPOSICIONES
P.: ¿Hace el gobierno peruano diferencias entre las oposiciones tradicionalmente llamadas de izquierda y derecha?
G.: Hubo un momento en que si se podían ver diferencias. Pero en Perú ha ocurrido lo que ocurre en muchos otros pueblos. Cuando las minorías se tienen que enfrentar a un enemigo muy grande se aglutinan. Al comienzo se batía la oligarquía por su lado, con su derecha. Y se batían los ultras y el APRA por su lado. Pero en cuando han visto que esta Revolución se va aceptando y asumiendo como suya, no cabe la menor duda de que se plasme una oposición conjunta. ¡Por eso en la oposición contrarrevolucionaria se encuentran hoy la oligarquía, el APRA y la ultraizquierda. La ultraizquierda con sus diferentes matices, llámense MIR, Vanguardia Revolucionaria, Bandera Roja, Patria Roja, etc. Todos están metidos en esos lugares dónde se puede armar la contrarrevolución.

P.: Sin embargo una visión panorámica de la oposición indica que la contrarrevolución de derecha dispone de periódicos, medios de manipulación ideológica, apoyo externo, etc., mientras que la oposición ultra se afinca en la Universidad y en pocos reductos que aún mantiene en algunos sectores laborales. Esto indica así, a simple vista, diferencias entre la contrarrevolución imperialista y la ultraizquierda.
G.: En cuanto a instrumentos de oposición si. Claro, la derecha trabaja aquí no sólo con los grandes voceros de prensa que todavía siguen en sus manos y conforman un problema que habrá que resolver el día menos pensado. Le voy a dar una muestra de esto en el diario La Prensa. Hoy publican el aumento de los automóviles. Ocurre que Perú se propone controlar su propia industria automotriz. Para ello debe ir empezando a fabricar las partes que aún se importan. Esto y bien lo saben los argentinos, exige aumentos de precios porque hay que crear técnicas, poner en funcionamiento nuevos procesos de producción, capacitar técnicos. En pocas palabras, requiere inversiones que se reflejan en los costos. Pero tiene un fin superior, un fin de interés nacional. Bien, el diario La Prensa de Lima aprovecha el natural malestar que provoca este aumento en los automóviles para iniciar una campaña sutil y falaz. Ha publicado una lista, aprovechando que es de interés general, con los precios comparados y los porcentajes de aumentos. Pero además ha mentido, ha manipulado las cifras, las ha distorsionado. Eso es grave ya. Ya se sabe cómo pueden mentir las estadísticas hábilmente manejadas. Bien, esta es la contrarrevolución, esta sí es la derecha en acción. Este es su estilo de ataque.
Hablaba yo de acción externa. Esta oposición imperialista cuenta con el apoyo de la prensa internacional. Cuenta con La Prensa de su país, de la Argentina, o sea el periódico La Prensa. Ese periódico que en la Argentina es el único que se ha atrevido ante el cadáver del General Perón, antes de ser enterrado, a hacerle una crítica personal, una crítica a él como persona. Bueno, cuentan con toda esa prensa internacional porque todo esto a través de la SIP está muy bien orquestado. Nuestro líder, el General Velasco ha definido a la SIP como lo que es, una guarida de empresarios que lo única que defienden tras la máscara de la libertad de prensa son sus enormes intereses económicos y los de sus aliados. Prensa popular y prensa imperialista.

P.: Esta oposición de los grandes periódicos es desembozadamente la oposición de sectores muy minoritarios…
G.: Ni eso, ni eso. Esta es una oposición de intereses imperialistas no de sectores.

P.: ¿No existe una prensa que, aún no militando en la Revolución, sea vocero de la oposición de sectores populares?
G.: Eso casi no existe. Está, por ejemplo, el periódico Unidad, que pertenece al Partido Comunista y representa, bueno, a ese pequeño sector y que hace oposición pero no hace oposición. Es una cosa un poquito oscura, poco clara.

P.: El General Velasco en persona ha calificado duramente a los grandes periódicos voceros de la oligarquía y el imperialismo, ¿considera el gobierno en un mismo plano a este tipo de prensa y a la prensa de los sectores populares?
G.: No, porque el ataque o la acción agazapada contrarrevolucionaria, porque hay que llamarla así, de estos otros es una acción que trata de llevar agua a su molino. Pero los periódicos del imperialismo no tratan de llevar agua para su molino porque saben que no hay agua que llevar dentro de los campos en que estamos. Si nosotros estamos en un campo que busca una sociedad justa, solidaria, humana, o sea, que vamos hacia un socialismo, y el comunismo es socialismo, es colectivismo, lógicamente lo que nosotros podamos hacer puede cargarse a la cuenta de ellos, pueden aprovecharlo para sus molinos. En cambio la posición de esta prensa oligárquica no, son tan diametralmente opuestos que los estilos son diferentes. Entonces nosotros tenemos que concentrar nuestra acción contra quien nos ataca directamente. Que son estos señores de los grandes medios de difusión.

NO-COMUNISMO Y ANTICOMUNISMO
P.: Esta Revolución Peruana se define como no-comunista pero se niega definirse como anticomunista. ¿En qué radica esta diferencia de términos que se establece?
G.: Nosotros no creemos que la política y las ideologías se den en un sólo plano. En un solo plano tenemos de un lado al capitalismo y del otro al comunismo. Nosotros no nos ubicamos entre el capitalismo y el comunismo. Nosotros tenemos una concepción política espacial, estamos fuera de ese eje establecido entre el capitalismo y el comunismo. Las posiciones «antis» son lineales. En ese eje tradicional para ser anticapitalista hay que ser comunista. Si uno se queda en el medio no es anticapitalista, no es nada. Y si es anticomunista tiene que estar metido dentro del capitalismo. Nosotros, que no nos ubicamos en esa concepción lineal, que estamos en otro plano, no tenemos que ser ni anticaptalismo ni anticomunismo. Pero no aceptamos ni sus ideolgías ni sus economías. Por eso estamos en un nivel diferente, tratando de crear el socialismo que conviene a nuestra patria.

P.: Sin embargo el cambio de estructuras que lleva a cabo esta Revolución, y pongamos por ejemplo la Ley de Propiedad Social, es en esencia anticapitalista ya que ataca los priyilegios de la propiedad privada.
G.: No, no es así. Así sería si nosotros dijéramos: «No hay más propiedad privada y hay propiedad social». Eso es «anti». Lo que nosotros decimos es «Si, que haya propiedad privada, si, pero también hay esta, la Propiedad Social». Por eso nuestro estilo es de versus, no es anti. La posición antí es de anular esto porque estamos contra esto. Nuestra posición es ofrecer una alternativa diferente, en otro plano diferente a los tradicionales. El pueblo dirá, que elija su camino. El devenir histórico dirá sí tuvimos razón. Y en el devenir histórico lo dirá el propio pueblo. Y él lo variará si es necesario.

FUERZA ARMADA Y GUERRILLA
P.: A partir de 1965 Perú vivió una experiencia guerrillera muy importante en tres zonas de su territorio. La Fuerza Armada, que ahora está cumpliendo un programa similar al de aquellas guerrillas, reprimió los levantamientos y los sofocó. ¿Cómo vivió la Fuerza Armada aquel proceso entonces y cómo lo evalúa en la actualidad?
G.: En 1965 el Ejército aún tenia la esperanza de que el Gobierno, que había ofrecido los cambios de estructuras y el ir hacia otra sociedad, iba a cumplir. Porque apenas si tenía dos años y le quedaban cuatro por delante. Creímos que la actitud de aquellos hombres que habían tomado las armas para precipitar los cambios era una actitud equivocada. Por eso el Ejército salió y los combatió. Y murieron muchos de ellos como murieron camaradas y amigos nuestros. Cuando tres años después el señor Belaunde no quiso cumplir lo que las circunstancias exigían no nos quedó más remedio que interrumpir el orden constitucional. Pero, como le decía, entonces creímos que la guerrilla se había apresurado. Por eso actuamos contra ellos obedeciendo el mandato de un gobierno que contaba con el apoyo del pueblo. Más tarde, cuando todo seguía igual y no había posibilidad de que surgieran líderes civiles ni se contaban con instituciones capaz de restaurar el proceso votado, la Fuerza Armada tomó la acción.
¿Qué juzgamos hoy? Bueno, hoy no justificamos la acción-violenta porque no es nuestra idea. Pero en el fondo estos grupos tuvieron razón porque se jugó con la esperanza de este pueblo. Hoy estamos trabajando junto a algunos de ellos. Se han enrolado en esta Revolución. Uno de ellos es Héctor Béjar. Béjar dirigió una guerrilla. Hoy día está trabajando con nosotros en SINAMOS. Ha sido muy atacado por la ultraizquierda. El ha ido a las universidades a enfrentar jas críticas, a dialogar, a discutir, a mostrar qué es este proceso revolucionario.

P.: ¿Cómo cree usted que se va a llegar a anular a esta ultraizquierda en el Perú?
G.: Bueno, eso no se va a anular nunca ni aquí ni en ningún lado. La ultraizquierda es la ultraizquierda. Si las sociedades marxistas-leninistas que existen dieran oportunidades, seguramente también tendrían ultras. Lo que pasa es que no hay chance por el tipo de organización que tienen estas naciones. Pero si no, seguro que ahí estaban los ultras denunciando a Castro de fascista o a Mao de burgués.

P.: Tras aquella experiencia de guerrillas del 65, ¿no hubo nuevos intentos de guerrilla en Perú?
G.: No, no la hubo. La acción guerrillera tiene como base el apoyo del campesinado si la guerrilla es rural y de la población si es urbana. De otra manera desaparece, no prospera. Si en esta sociedad peruana en este momento los campesinos, como dicen sus líderes más respetados, sienten que hay Revolución y no quieren grandes «gamonales», no le veo posibilidad a la guerrilla. Últimamente tuvimos una experiencia al respecto. El jefe del SINAMOS fue a Ayacucho y fue recibido por los campesinos, lo esperaban a caballo los «morochucos», y hubo un grupo de ultras que quizo organizar una contramanifestación. Los mismos campesinos, los trabajadores, disolvieron la provocación. No ha sido siquiera la policía sino los trabajadores campesinos. Esto es un índice que realizar una acción guerrillera en Perú no tendría ningún apoyo en el campesinado. A pesar de que nosotros no desarrollamos gran acción política en el campo. Algo hace SINAMOS pero no lo que hubiésemos querido.

P.: Parece que fuera suficiente la Reforma Agaria.
G.: Bueno, pero la Reforma Agraria a veces es manejable, manipulable. En una revolución todo es problema.

PERÚ Y LA MUERTE DEL GENERAL PERÓN
P.: ¿Qué impresión causa en la Revolución Peruana, en una visión local e internacional, la muerte del General Perón?
G.: A nivel internacional nosotros, como bien lo ha dicho el Presidente a la Sra. Perón, sentimos que ha desaparecido un verdadero líder revolucionario latinoamericano. Y la muerte de hombres que aún en momentos mucho más difíciles que los actuales, hablamos de la década del 40, tuvieron el valor de crear una nueva manera de gobierno y de alinearse con los desposeídos, indudablemente es lamentable porque va restando el número de pioneros que necesita esta causa.
Nosotros los peruanos perdemos un gran amigo de nuestro pueblo.
No un amigo de hoy. Un amigo desde que él apareció en la escena política de Latinoamérica. En el mismo año 1948 Perón, en la coyuntura política que tuvimos ese año, cuando asumió el poder Odría, nos tendió en nombre del pueblo hermano de la Argentina, su mano amiga, trató de ayudarnos a salir del trance que tuvo el país. Y se mostró como un verdadero hermano. Odría lo estimó y admiró mucho a Perón, le digo porque fui edecán de Odría y escuchaba y hablaba de esto con él. Y hoy, cuando en el gobierno de Perú se presenta otro militar, ya no para esa solución coyuntura! sino para un cambio de sociedad, nuevamente nos brinda su apoyo moral inapreciable y su solidaridad. Eso hace que sintamos la falta que nos va a hacer su voz de aliento.
Nos preocupa la situación del hermano pueblo argentino porque la misma talla y grandeza del líder crea, necesariamente, un vacío político que nos preocupa.
Pero yo tengo fe que van a salir bien librados. Voy a decir por qué tengo fe y ahora más que nunca. Tengo fe porque conversé hace un mes y medio con cuatro dirigentes de la Juventud Peronista (Gullo, Marzocca, Vidaña y Ventura) que llegaron a Perú en una misión de acercamiento, para concretar la participación de la Juv. Peruana en un Congreso Latinoamericano. Por que esos cuatro muchachos argentinos nos mostraron que Argentina tiene futuro político, tiene pasta. Y de gente muy bien centrada. De gente pensante. De gente joven pero que piensa con madurez, que tiene visión de futuro. Y eso, honradamente, y lo digo cada vez que tengo ocasión, ha fortalecido mi esperanza de que Argentina va a salir adelante. Más si, como sé, esta no es sólo la posición progresista de la Juventud Peronista sino la de la mayoría de la juventud argentina comprometida con la política. Tengo esperanza porque sé que esa juventud impedirá cualquier retorno a una maniobra de la derecha cavernaria que ya no tiene lugar en nuestros pueblos.

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