¿QUIENES SON Y PARA QUIEN GOBIERNAN?

Si algo caracteriza este momento político es la incertidumbre, la inestabilidad y, sobre todo, la frustración y la bronca. Resulta necesario, entonces, echar una mirada panorámica para intentar aclarar los tantos. En definitiva, para tratar de dirigir mejor nuestros esfuerzos.
Hay que responder a varias preguntas: ¿quiénes gobiernan y a qué fuerzas representan? En segundo lugar, ¿qué objetivos persiguen? Luego tendríamos que ver los acuerdos y contradicciones que tienen los sectores gobernantes entre sí y con el imperialismo y cómo se enfrentan con el pueblo. Por último, habría que tirar algunas puntas para ver hacia dónde marcha el proceso.

1. – ¿QUIENES GOBIERNAN Y A QUE FUERZAS REPRESENTAN?
Por un lado están Isabel y López Rega. Dentro del conjunto de sectores gobernantes, son los que tienen la batuta. Sin embargo, su poder no proviene de representar a fuerzas sociales, sino de hacer uso de las relaciones que los ligaban desde hace años a Perón. Isabel como tercera esposa del General; López por haber sido su secretario privado.
Por otro lado, está la burocracia vandorista. Los que controlen y negocian la combatividad de los trabajadores peronistas en beneficio de los monopolios. Su poder proviene de estar en ese vértice: por su intermedio el imperialismo busca dominar al movimiento obrero peronista, dándole un lugar dentro del régimen. Finalmente, está Gelbard como expresión de un sector de empresarios nacionales. Como en 1955, como con Lanusse, como ahora, se alian con los sectores proimperialistas. Su característica es ir detrás de quien tenga más poder. Por eso estuvo con Perón sólo cuando vio derrotado el GAN de Lanusse. Su supervivencia en el gobierno de Isabel y López Rega demuestra que el imperialismo, nuevamente, busca ganarse a los medianos y grandes empresarios, para arrastrar a todos los sectores medios de la población y aislar y reducir la fuerza del pueblo y los trabajadores. Es decir, armar un nuevo Gran Acuerdo Nacional.

2. – ¿QUE OBJETIVOS PERSIGUEN TODOS ESTOS SECTORES QUE COMPARTEN EL GOBIERNO?
En primer lugar, dar vuelta la unidad nacional que, con Perón vivo, y pese a todas sus limitaciones, representaba los intereses populares, en un GAN conducido por el imperialismo. Además darlo vuelta sin que formalmente se note. Es decir, destruir todas las fuerzas
organizadas del pueblo, destruir el peronismo. En primer término, porque la represión, propia de la dictadura militar, se lleva adelante con la camiseta peronista. Además porque se impide que los peronistas participen de la organización del Movimiento. De un poderoso movimiento de masas se quiere hacer un débil sello político. En síntesis, aniquilar la organización popular e integrar al régimen a un peronismo domesticado.

3. – ACUERDOS Y CONTRADICCIONES DE LOS SECTORES GOBERNANTES ENTRE SI Y CON EL IMPERIALISMO, Y COMO ENFRENTAN AL PUEBLO.
Todos los sectores que vimos no son el imperialismo. Sus objetivos coinciden con los de los monopolios. A la inversa: mientras cumplan eficazmente esos objetivos, al imperialismo le conviene dejarlos gobernar. Si no pueden o no saben hacerlo y su desgaste se hace insostenible, le queda otras cartas más estables: sus gerentes de empresas (los Krieger Vasena) y los sectores proimperialistas de las Fuerzas Armadas (los Lanusse, los Onganía). Estos sectores que hoy tienen la batuta son sólo una transición. Por eso, para no sucumbir tan rápido es que quieren poner un primer ministro. Algo así como un fusible para que no revienten las instalaciones. Y la verdad que las líneas vienen cargadas. Porque la tarea de enfrentar a un pueblo con 18 años de experiencia no es fácil. Sobre todo porque la organización popular generada por el peronismo, sin ser suficiente para continuar naturalmente a Perón, para llenar en lo inmediato su vacío, es muy superior a la existente en 1955, cuando la oligarquía y el imperialismo dieron el gran zarpazo.
Pero además la cosa no les resultará fácil por sus contradicciones internas. Los sectores gobernantes son un bloque pero con grietas. Y eso se ve todos los días. Así las pujas entre Gelbard y el vandorista Gómez Morales que reaparecen con el asunto de la emisión de bonos externos. En cambio, la pelea entre López Rega y el jefe de economía parecen haber terminado con un brindis. De allí que «Las Bases» -órgano del Ministro comisario- rubrique el acuerdo dándole la tapa al hasta ayer odiado Gelbard. En cambio, López Rega no ceja en su intento de quitarle poder a la cúpula vandorista. Tal como lo reflejó, con evidente malhumor, «Primicia Argentina». En fin, cada uno quiere un poco más de lo que tiene pero necesita de los otros si quiere mantener su puesto y tener la fuerza suficiente para enfrentar al pueblo peronista.
Pero lo cierto es que su política demuestra peligrosidad cuando se ve que genera contradicciones en el propio pueblo. Impide que todos los sectores que lo componen identifiquen al unisono a su enemigo principal. Asi, mientras cinco mil obreros peleaban en Córdoba contra la policía y varios caían baleados, otros diez mil se reunían en la Plaza de Mayo para apoyar la nacionalización de la venta de combustibles.
Y aquí se impone una aclaración. Destruir al peronismo es la obsesión oligárquicoimperialista desde hace 18 años. Hoy más que nunca porque nuestra organización ha crecido considerablemente. Para las fuerzas antipopulares ese objetivo político es hoy lo principal. Aunque tenga que pagar con algunas concesiones económicas. Siempre y cuando no afecten la propiedad de sus bienes, su poder. El caso de la venta de combustibles es típico. Es el costo que el imperialismo está dispuesto a pagar para que este bloque gobernante cumpla con su misión política. Por eso ninguna empresa petrolera hizo oir su protesta; ninguno de sus medios de prensa se puso nervioso. Más bien campea un llamativo silencio. Y como éste puede haber otros hechos similares. Nadie debería sorprenderse de que, a medida que se haga sentir la respuesta popular a esta política, aparezcan decisiones de corte nacionalista. Con esos limites: no afectarles la propiedad a los monopolios.

4. – ¿HACIA DONDE MARCHA ESTE PROCESO?
Si este intento de reactualizar el Gran Acuerdo Nacional fracasa, indudablemente habrá cambios. Y ese reacomodamiento significará para el imperialismo recurrir a sus reservas estratégicas: los sectores proimperialistas de las Fuerzas Armadas y sus testaferros económicos.
Hay quienes piensan que esto es lo que hay que evitar. Son los reformistas de siempre. Los que determinan eternamente su política por la del enemigo. En cambio, una estrategia revolucionaria, tiene en cuenta las maniobras del enemigo pero se determina por el estado de las fuerzas propias. El reformismo esgrime siempre el fantasma del golpe. Prefiere un golpe por día. Dicen que el recambio será todavía más represivo y violento. Sin duda que sus formas externas pueden ser peores, pero olvidan que la capacidad de respuesta popular es muy superior cuando tiene un claro enemigo enfrente. En esto hay 18 años de experiencia. Son los que condenan al pueblo a elegir el mal menor. Nunca piensan cómo alcanzar la victoria
Y para concebir la victoria, hoy hay que preparar la resistencia al avance imperialista. Y esto significa que a cada paso que avance el enemigo debemos hacerle perder fuerza. Y nosotros debemos conservar las propias. Hasta poder reiniciar la ofensiva.

Siempre los peronistas sostuvimos que los trabajadores son la columna vertebral del Movimiento. En estos momentos, en que retroceden las fuerzas del pueblo y se pierden aliados circunstanciales, los trabajadores son más que nunca la reserva estratégica de la que depende el éxito de la resistencia.
Por eso creemos que hay que impulsar la coordinación efectiva de todos los conflictos fabriles. Para lograr los reclamos salariales y de condiciones de trabajo del movimiento obrero, para constituir un polo unificador en la lucha antiburocrática y para resistir el avance imperialista. Para alcanzar las banderas votadas el 11 de marzo y el 23 de setiembre.
Al mismo tiempo, de aquí surgirán los dirigentes peronistas representativos que serán el núcleo de reorganización de la rama sindical del Movimiento. Y esta tarea de organización desde las bases deberá alcanzar a todas las estructuras del peronismo. Para salvarlo como instrumento de liberación. Para impedir que sea utilizado como máscara de la dominación imperialista.

Más aún, el conjunto de los militantes peronistas no sólo deberemos cumplir los trabajos específicos de nuestras agrupaciones, sino que todas ellas deben planificar una única política para el territorio que abarquen. Esta territorialización, a imagen de lo que significaron las Unidas Básicas en la historia del Movimiento, debe girar hoy alrededor de las concentraciones fabriles. Y todo esto habrá que volver a hacerlo sin los locales públicos. Como durante tantos años. Porque la engañosa legalidad que los recubre ya no es garantía para el pueblo y sí punto de referencia para el enemigo. Habrá que replegarse en los propios barrios y villas, en sus organismos de masas, sociedades de fomento, clubs, cooperadoras, juntas vecinales.
Lo mismo que con la prensa. El volante, la pintada, la oblea, la cinta grabada, deberán reemplazar una prensa que este gobierno no puede soportar. Ayer fue «Noticias», probablemente mañana se intente lo mismo con «La Causa Peronista». Lo importante es que el peronismo nunca necesitó ni revistas ni diarios para enfrentar las múltiples maniobras de la antipatria. Y no se pudo confundirlo. No se pudo frenar su avance. Y no se podrá impedir su victoria final.

Rodolfo Galimberti

Tags: ,