El brujovandorismo desató la Guerra contra el Pueblo Peronista

Durante un mes,aprovechando la muerte del General, el brujovandorismo se dedicó a trencear en la sombra y con el menor ruido posible. La cosecha no pudo ser más fructífera para los agentes infiltrados del imperialismo. Esta semana -en cambio- demostraron para que quieren acumular poder: en Córdoba le declararon la guerra a los trabajadores en alianza con el monopolio de Ika Renault; en La Plata asesinan a héroes de la resistencia peronista, como hace dos años la dictadura de Lanusse en Trelew, como hace 18 años el gorilaje en los basurales de José León Suárez.
Esta es la cuestión, el brujovandorismo no pretende sólo liquidar a un sector del peronismo, quiere terminar con el Movimiento a sangre y fuego. Pero con la camiseta peronista, con la «ortodoxia» en una mano y el aparato de los «servicios» en la otra. Lo que hasta hace unos días eran manejos palaciegos hoy son los primeros golpes sangrientos de una guerra. Porque cuando el burócrata Rodríguez, el mismo que se encargó de echar al negro Sabino Navarro de DECA, apoyado por la CGT vandorista declara que «irán a matar a Córdoba» está diciendo que esta guerra que vuelve a la superficie como en los años de gorilaje después del 55 -y que en realidad nunca dejó de existir- es contra los trabajadores, contra el peronismo. Y también como siempre manejada por el imperialismo y la oligarquía, sólo que ahora tiene al brujovandorismo de punta de lanza.
En realidad acá no hay nada nuevo, sólo que todas las fuerzas de la antipatria que venían ganando terreno durante el gobierno de Perón, pero entorpecidas por su liderazgo, hoy pasan a la ofensiva y quieren arrasar con todo.
¿Pero con qué quieren arrasar primero? ¿A qué apunta la masacre de La Plata? ¿Quiénes la ejecutaron?
Primero fue Mugica, después Ortega Peña, ahora Chávez, Pierini y Macor. Toda una amplia gama de peronistas que, más allá de diferencias, de aciertos
y errores, dieron su vida por intentar ser fieles a los intereses del pueblo y los trabajadores que es la única lealtad peronista.
Con Mugica quisieron provocarnos, llevar la guerra al seno mismo del peronismo, desprestigiar a sus organizaciones más representativas. Dividirnos y enfrertarnos internamente para que el imperialismo y la oligarquía pudiesen volver a reinar sin problemas. A Ortega no le pudieron perdonar su incansable habilidad para desnudar la esencia represiva de todos los gobiernos gorilas. Desde Valiese hasta Maestre siempre metió la cuchara donde más les dolía. No le perdonaron que se jugase por los presos de la dictadura, que denunciase la tortura, el asesinato, los secuestros, como partes inseparables de la dominación imperialista.
Con los Chávez, Pierini y Macor la cosa va más lejos. Por más que la excusa lleve el nombre de Salas o Navaso -dos matones que pagaron con su vida el ametrallamiento del pueblo en Ezeiza- las andanadas de balas que les dispararon sus asesinos -que se esforzaron por demostrar su vinculación con los «servicios» y «coordina»- pretenden quebrar a los viejos peronistas. A ios que no arriaron las banderas de liberación. A los que las pasaron todas y siguen siendo un baluarte. Los que luchan desde abajo por fortalecer el Movimiento con organización, con representatividad.
Los agentes del imperialismo intentan con el asesinato y la represión dividir a los sectores representativos del peronismo, enfrentarnos para que perdamos de vista al verdadero enemigo, amedrentarnos. En síntesis: destruir el Peronismo. Por eso nosotros convocamos, más allá de diferencias, a la unidad de todos los peronistas. Por la reorganización del Movimiento.
En realidad los masacradores de La Plata son los continuadores de Aramburu. Porque a Chávez, por ejemplo, lo condenó a muerte la libertadora y lo ejecutaron las bandas que hoy, en manos del brujovandorismo, instrumenta el imperialismo. El mismo imperialismo que movió el brazo de las Fuerzas Arma
das para derrocar a Perón y el de Aramburu para fusilar a los peronistas que se levantaron el 9 de junio de 1956.
Y hoy son ejecutados hombres como Chávez porque en ellos se unifica la historia el presente y el futuro del peronismo. Como nos lo dijo en su último reportaje: «En el 56 me condenaron a prisión por tiempo indeterminado. Primero en Olmos, después me pasaron a Magdalena. De ahí a Las Heras, Río Gallegos y Rawson de donde me fugué. Luego me volvieron a detener en La Plata»… «Vio, quién me discute a mí el peronismo». Por eso los mataron. «Debemos movilizarnos, preparándonos para el próximo ataque del imperialismo. Defender nuestra condición de peronistas», decía. Por eso los mataron. En cuanto a la reorganización del Movimiento lo planteaba. «Debemos terminar con las decisiones «a dedo» garantizando la elección de dirigentes representativos». «Debemos ser respetuosos con el peronismo. Esa es la única verticalidad ahora». Por eso los mataron.
Los mataron porque le temen al peronismo organizado que, como decía Perón, es el único que puede sobrevivir en el futuro como instrumento de liberación. Y esta masacre demuestra que reorganizarlo es también preparar la resistencia. Además hay que sacar otra lección: no podemos seguir esperando que la reorganización venga de arriba. El tiempo pasa y la cúpula del Movimiento brilla por su silencio. Sólo se nombran interventores que sirven para consolidar trenzas vandoristas. Mientras tanto se masacra al peronismo. Por eso la reorganización la tenemos que hacer desde abajo y desde ya. Los peronistas nos tenemos que llamar a Cablido abierto; como aquel 22 de agosto del 51 con Evita. Ahora, para elegir entre todos una conducción que llene el vacío que nos dejó, al que se suma hoy el de Perón. Porque de arriba sólo lloverá silencio, amenazas y balas. Como en La Plata, como en Córdoba.
Porque en Córdoba tenemos un nuevo ejemplo de cómo entiende la burocracia vandorista los derechos de los trabajadores. Por si de muestra no fuese suficiente un «botonazo». Si los monopolios -como la Ika- prepean a los obreros, el vandorismo aplaude a los monopolios. Y les mandan la protección de la gendarmería. Si los trabajadores exigen mejores condiciones de trabajo y salarios justos, los atacan por romper un Pacto Social que sólo beneficia a las patronales. Si defienden a sus direcciones gremiales representativas, las expulsan y les declaran la guerra.
Esa es la política del brujovandorismo. Ni que hablar de peronismo organizado, ni de trabajadores que pelean por sus derechos, mucho menos que pretendan direcciones gremiales representativas. Si es necesario se acuerdan de la «ortodoxia» y atacan a dirigentes representativos, como los del SMATA cordobés, por no ser peronistas. Pero se olvidan que fueron elegidos por los obreros peronistas del gremio, mientras los burócratas vandoristas andaban muy ocupados preparando el navarrazo.
Y por eso consideramos que a los dirigentes mecánicos de Córdoba debemos apoyarlos, porque son expresión gremial de los trabajadores, porque luchan por sus reivindicaciones. Apoyarlos como peronistas en su lucha contra los monopolios y la burocracia traidora que son nuestros mismos enemigos.
En este marco que nos da la masacre de La Plata y el ataque a los mecánicos cordobeses, la propuesta de participación popular de Isabel se desdibuja. Primero porque se limita al desabastecimiento y no incluye la reorganización del Movimiento, que es donde más hace falta la participación de todos los peronistas. En segundo lugar porque mientras la presidente habla de lucha contra el desabastecimiento, se protege a los monopolios desabastecedores, se reprime a los trabajadores y se asesinan peronistas. Acá están los hechos, allá las palabras. Y en los hechos, lo único que se ve es que el brujovandorismo ha desatado la guerra contra el pueblo y los trabajadores peronistas.

RODOLFO GALIMBERTI

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