Del 25 de mayo de 1973 nos separo yo más de un año. Y supimos esperar. Y el 11 de marzo en Atlanta dijimos que no podía pasar un nuevo 26 de julio sin Evita en el país y entre los trabajadores. Y el 26 pasó y se quiere que nos conformemos con nuevas promesas. Y esto no sólo con Evita, pues durante todo este proceso fueron quedando sin respuesta un conjunto de reivindicaciones de los trabajadores y el pueblo. Es que este pacto los excluye de sus beneficios y los incluye en los sacrificios y la represión. Todo eso que también representa la ausencia de Evita en la Patria, porque ella dio su vida por los intereses de los trabajadores contra la oligarquía y el imperialismo.
Por eso se nos sigue separando de Evita. Porque se le teme a la abanderada de los humildes como le tuvieron miedo a Perón cuando se lo llevaron a la carrera del Congreso. Los que les temen, temen al pueblo. Porque lamentablemente para los traidores, la oligarquía y el imperialismo, a los descamisados nunca se le podrá arrebatar a Perón y Evita. Cualesquiera que sean las vallas que se pretenda levantar, o la imagen que invente de ellos el Régimen Liberal. Por más que se fabriquen altares y que se los denomine de la Patria, jamás Eva Perón estará junto a Aramburu en el corazón del pueblo: allí sólo hay lugar para ella, para Perón y todos los que dieron su vida por una Patria liberada. El fusilador siempre estará con los suyos: la oligarquía y el imperialismo. Y esto lo saben quienes temen a Evita y Perón. Tanto temen al pueblo que jamás se atreverían a decir que no quieren traerla, por eso se apresuran a publicitar altares humillantes para los peronistas mientras postergan el regreso de Evita. Ese regreso que saben puede tener la fuerza arrolladora de aquel 17 de noviembre en donde murieron las esperanzas del Gran Acuerdo Nacional. ¡Cómo no van a temer ese regreso los que hoy quieren suceder a Perón en lugar del pueblo y usurpar el poder de nuestro líder para sellar un nuevo gran acuerdo con el imperialismo!
Por eso el escamoteo que se nos hace de Evita y Perón está directamente vinculado al deterioro del proceso de liberación y al avance del imperialismo a través de sus agentes internos, el vandorismo y el lópezreguismo.
Porque resulta, compañeros, que no sólo tenemos que seguir aguantando sin Evita, ahora que estamos sin Perón, sino que el heredero del General, el pueblo, no puede abrigarlos en el calor de una concentración multitudinaria. Allí dónde siempre estuvieron y donde siempre seguirán estando a pesar de prohibiciones absurdas. Por lo menos absurdas para los peronistas, porque nuestro orden nunca puede ser -y nuestro líder se cansó de recordarlo- el orden represivo de la oligarquía y el imperialismo.
Aquí pasa compañeros que a Evita y Perón el pueblo sigue sin poder homenajearlos como se merecen, todos juntos, en la calle, con ese amor popular que enlazó a los descamisados en cada concentración.
Y esto que ya es incomprensible para nosotros, los peronistas, se vuelve bronca cuando se prohibe además el acto de la Comisión de Repatriación de los Restos de Evita que se iba a hacer en un local cerrado, una cancha. Lo importante era que no hubiese un acto central, que no se reuniese demasiado pueblo junto. Se busca que los peronistas nos conformemos con una misa oficial sin trabajadores. Como en la época de la dictadura lanussista en que podíamos dedicarle a Evita sólo una misa y eso si estaba organizada por el traidor de Paladino, garantía de que los peronistas no serían convocados. Pero los peronistas no nos conformaremos mansamente con ésto justo ahora que también nos falta nuestro líder. Justo ahora que los necesitamos más que mima, sabiendo que ellos están presentes cuando el pueblo está presente en las calles, territorio de los peronistas. ¿Es que tenemos que tolerar que Perón y Evita estén ausentes, como el pueblo?
Nunca creí que el “cambalache” que denuncié en Atlanta el 11 de marzo pasado diese para tanto. Cómo no va a parecer una pesadilla de Discépolo el que el pueblo de Perón tenga que sacar tarjeta, de 8 a 20 y con no sé cuantas yerbas más para verlo no más de 5 minutos. Porque con estas cosas el gobierno demuestra temer al pueblo peronista movilizado, al artífice del triunfo contra la camarilla militar. Porque el General es del pueblo y con él debe estar en la calle, con Evita. Y el que se horrorice de esta posibilidad, el que piense en desorden es porque no es peronista ni está con el pueblo.
Como Otero que decidió chantajear con quitarle la personería a los gremios que exijen reivindicaciones reales de los trabajadores. Para el Ministro de Trabajo esto es un desorden que atenta contra el Pacto Social, no así los constantes aumentos de precios. Es que entiende que el Pacto debe ser “flexible” para las patronales y no para los trabajadores.
Es así que quienes prohiben la protesta de los trabajadores por sus derechos, desmovilizan y desorganizan ol pueblo peronista, largan otra vez el globo de la expulsión de Cámpora del Movimiento. Y los que quieren jugar al equilibrio -como Brunello-, amonestado también por el vandorismo por su presencia en el homenaje que la Universidad le realizara al General- terminan legalizando las pretensiones de los traidores al peronismo. En cambio olvidan que, desaparecido Perón, la única manera de salvar al Movimiento de la destrucción es reorganizándolo democrática y masivamente. Más aún, es la única manera de legitimar su propia autoridad ya que el único heredero de Perón es el pueblo y a él le corresponde decidir.
A todo esto el enemigo principal sigue avanzando. El imperialismo, por medio de sus aliados López Rega y la burocracia vandorista, consolidan su control del Poder. Como quien no quiere la cosa, colocaron a Cafiero -el candidato a presidente de la UOM para las elecciones del 11 de marzo, vetado por Perón- en la Secretaría de Comercio. Un hombre de entera confianza de los monopolios ahora maneja la llave del control de precios. Tal vez su puesto sea transitorio: no sería de extrañar que fuese el candidato a sucesor de Gelbard.
Y toda esta avanzada necesita, como condición principal la desmovilización popular, la destrucción de sus organizaciones representativas, el silenciamiento de sus órganos de expresión.
Y esto lo sabe muy bien López Rega quien, a través de la agencia Telam y de los demás resortes de poder que domina, presiona por obtener la proscripción de la organización Montoneros.
Por eso el manipuleo que se está haciendo de Perón y Evita, no es un hecho aislado. Y, pese a todo, el pueblo peronista recordó a sus abanderados en cada rincón de la Patria, en cada fábrica, villa, universidad o barrio. Porque es imposible prohibir la expresión del peronismo. Lo único que se puede lograr es cambiar las formas de esa expresión como lo atestiguan 18 años de resistencia y lucha contra la oligarquía y el imperialismo.

RODOLFO GALIMBERTI

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