Esta es la primera de una serie de notas que irán desarrollando el tema de las ciencias sociales en la sociedad actual. La relación entre la sociología y el neo imperialismo, cuya variante local es el desarrollismo, se intentara desentrañar en las mismas. La primera nota introduce al tema general, los conceptos aquí expuestos serán examinados con más detalles en las siguientes. Los títulos provisorios de los artículos que irán apareciendo son: “Funcionalismo y control social”, “Neopositivismo y análisis estructural”. En estos temas se verá críticamente la posibilidad de la sociología – y en general las ciencias sociales de superar el orden social que las produce y modela. Finalmente se tratará el tema de la sociedad monopolista, la racionalización y burocratización de las relaciones y del pensamiento “científico”, y el problema de la independencia nacional y la producción de una nueva cultura (o ciencia, o teoría crítica, o política, como quiera llamársela).
El problema que comenzamos a plantear en este artículo está referido especialmente a la crítica de las concepciones metodológicas aceptadas en sociología y ciencias políticas, aunque por extensión esta crítica también puede aplicarse a otras disciplinas.
La sociología, como disciplina del conocimiento, tiene un conjunto de vicios de partida que hacen muy problemática su superación crítica desde dentro mismo de la disciplina, cualquiera sea el “método” a emplear. Y esta no es una simple discusión o diferencia sobre términos, si me gusta o no el nombre “sociología”, sino que está referida permanentemente al orden político creado por el capitalismo y desarrollado a lo largo del siglo veinte. La sociología es una técnica de análisis – trabaja sobre lo existente – que permite explicar algunos hechos producidos en la vida de relación, a fin de prever su desarrollo, modificarlo o controlarlo, según sea el interés de la mente lúcida que se encuentra en la cima o que pretende estarlo. Siempre está referida a individuos y a intereses. La pretensión de objetividad o exterioridad respecto de los hechos, pretensión que no refuta el supuesto compromiso del sociólogo – decisión tomada a posteriori, de carácter individual y que no discute la premisa anterior – supone necesariamente que la “masa”, inconsciente de los mismos, requiere guías científicas externos a ella. Siempre que hay, guías hay seguidores y por tanto diferenciaciones entre dominantes y dominados. En conclusión, la sociología como disciplina científica está siempre ligada estrechamente a un orden estatal; sin Estado no hay sociología, O en otras palabras, suprimida la exterioridad del Estado, la sociología pierde su razón de ser, en un Estado consciente de sí – que es un Estado que ya ha dejado de serio – la socio logia pura política.
La primera conclusión entonces y que desarrollaremos en esta nota es: la sociología tiene como fin ocultar la politicidad de las relaciones sociales; este ocultamiento lo realiza, consciente o no, al servicio de una política determinada. Las tendencias no conformistas en sociología reclaman un campo específicamente no político para ésta con grave riesgo de caer en un reduccionismo psicológico, de allí su insistencia en la validez propia y autónoma de la disciplina sociológica. Por otra parte, todos sin excepción de escuelas, utilizan una metodología-eológica del procedimiento: común: construcción de modelos de estabilidad o cambio, selección de indicado res, dosificación de las relaciones sociales que se convierten en variables, separación de conocimiento y acción resultado de la concepción positivista-individualista que inunda al pensar sociológico. La objetividad es resultado o expresión de la racionalidad individual. Las determinaciones o condiciones materiales e históricas de existencia son superadas por la especulación científica individualmente. El individuo poseedor del método aprende la realidad social a través de la combinación de variables en el modelo formal, superado el momento de la operación científica, se “compro mete”, se vuelve a meter en una realidad que por un momento consideró exterior. Una vez fijados en la mente de los sociólogos los modelos a la moda son más duros de superar que la misma realidad, se llega a un solipsismo “científico”: si la realidad no se adecúa al modelo la realidad no existe. Eso hasta que aparece una moda nueva; entonces se cambia con rapidez.
El objeto de la crítica, como método, es aclarar la totalidad del hombre y su mundo partiendo del ser social. Para el materialismo el desarrollo del problema de la relación del hombre y su medio se realiza a partir del contexto económico en sentido amplio. Pero nada tiene que ver con una metodología crítica y materialista el pro ceso inverso, el desarrollo de las técnicas referidas al contexto económico, subordinando el hombre y la historia a la economía. Este último es el camino del marxismo sociológico, del economismo elevado a la categoría de ciencia. El carácter totalista de la teoría a esta altura de los acontecimientos es un presupuesto del cien tífico social, las discusiones sobre las preponderancia operativa de los aspectos parciales o de alcance medio son simples justificaciones que el científico elabora para trabajar sin problemas en un sistema que él dice combatir como ciudadano. En un primer momento, podemos afirmar que las formas que asumirá la transformación de la sociedad dependen del análisis de las relaciones económicas y políticas, mientras que la organización de la nueva sociedad no es el objeto de la teoría sino el resultado del libre actuar de individuos libres. Pero esta conclusión sólo es válida como un primer paso, el problema es cerrar la brecha entre los dos momentos, el de la transformación y el de la construcción de la nueva sociedad. (Sobre este tema ver H.Marcuse, Filosofía y Teoría Crítica en Cultura y Sociedad, Ed. Sur).
Si la realización, producción, de la nueva sociedad no es una tarea filosófica o científica sino política, el conocimiento del mundo también es tarea política o no es verdadero conocimiento. Por lo tanto podemos señalar dos momentos de la praxis – colectiva y no individual – que se refieren a lo expuesto en el párrafo anterior: hay un momento crítico que corresponde al análisis de la estructura y legalidad de la sociedad, y un momento político en sentido estricto que se refiere a la transformación de la sociedad misma. En esto no hay un orden más que en el aspecto individual – considerando dos momentos de la acción de una persona , colectivamente aparecen como una unidad actuante en la lucha social.
El conocimiento científico formal es un hacer que tiene como característica el no ir más allá de lo que ya es: no modifica nada. La constitución del mundo está siempre realizada antes de cualquier actuar fáctico del individuo” (Marcuse, op. cit.). En definitiva , el conocimiento formal es empirismo aerifico, el fetichismo de los hechos inmutables, la creencia en una legalidad exterior a la producción humana de la naturaleza y la sociedad. Es un conocimiento del mundo ya dado, por un individuo impotente frente a la materialidad “confusa”, exterior y coactiva, que limita las posibilidades prácticas del conocer. Hacer conocimiento o hacer ciencia en estos términos no es práctica. La práctica expresa la capacidad social de producir realidades conociendo a la vez la legalidad de las mismas.
La separación de conocimiento y práctica es igual que la separación abstracta, y nunca aceptada por quienes la realizan, entre ciencia y sociedad. El científico es impotente porque se vive a sí mismo como científico Individual o a lo sumo integrado en la comunidad de científicos, Por lo tanto, su vinculación con la exterioridad se produce a través de la elaboración de recetas técnicas para que la sociedad o sus líderes actúen. No hay integración del conocimiento con la praxis, por tanto no hay conocimiento real. O mejor dicho, hay conocimiento burgués, en compartimientos – la sociedad se divide en compartimientos, uno de los cuales corresponde a la ciencia que a su vez so divide en tantos compartimientos como ciencias y especializaciones hay en cada una; entonces hay una praxis, escindida y unilateral, que corresponde a la política burguesa.
El problema de la ciencia desde esta perspectiva se refiere aristotélicamente al tiempo libre, a la separación entre trabajo manual y mecánico, realizado por agentes pasivos, y trabajo intelectual, creador y verdaderamente humano, correspondiente a los agentes activos del cambio. Esta separación se agudiza en la sociedad monopolista a partir de la concepción tecnocrática de la administración que reemplaza a la política liberal.
Estos científicos modernos parten de la idea de progreso como desarrollo, para ellos hay una superación modernizante de lo antiguo, lo tradicional, Pero este desarrollo no es transformación revolucionaria del orden vigente, sino adecuación al modelo de país desarrollado, desarrollo es la palabra que reemplaza a “progreso”. Esta adecuación al modelo es puramente cuantitativa, manteniendo la dominación monopolista y burocrática sin provocar una ruptura radical. La aparente dinámica social – la fuerza impulsora del cambio, el poder de cambiar la naturaleza de las cosas es sólo cinemática en el plano de la sociedad – movimiento en el espacio o el tiempo, ser movido -, y estatismo en el plano conceptual (modelos).
Los conceptos de la ciencia formal son el correlato académico de una concepción y una práctica política reformista y a la vez conservadora. Pero la nueva formulación formalista está lejos del academicismo autonomista liberal, en la actualidad se concibe como acción de técnicos al servicio de.. Se cuestiona la ideología pero no la eficiencia técnica. Al mismo tiempo hay que ser conciente que todo proceso de superación real y práctica de la sociedad tiene en sí mismo aspectos de conservación y revalorización del “pasado”. El término “pasado” es ambiguo y puede expresar conservatismo, el problema consiste en la revalorización crítica de la cultura popular, producida incesantemente por los pueblos, revalorización colectiva que actúa como motor, aspecto dinámico, del proceso de transformación revolucionaria.
El desarrollismo realiza un análisis crítico pero parcial y formal. Es una variante teórica momentáneamente en conflicto con ciertos “valores” y procedimientos de la sociedad vigente (aquí no analizamos el desarrollismo político de Frigerio) por aspectos que considera fallas del sistema. La integración se produce en el plano conceptual, concilian las oposiciones en el plano de la razón, critican textos pero reivindican el conocimiento neutral y objetivo sobre la realidad social.
El cambio es visto como progreso acumulativo. Se colocan enfrente de la cultura popular a la que intentan reemplazar por una racionalidad formal, técnica y eficiente. El intento consiste en universalizar la racionalidad técnica, la racionalidad del mercado (contabilidad racional y derecho formal en Max Weber, por ejemplo, y su correlato metodológico: el tipo ideal) y destruir los vínculos solidarios de las clases populares amasados en su historia, que su formación y desarrollo como clases han establecido y modifican permanentemente. El problema para los desarrollistas de izquierda que reducen la sociedad a la economía forma les la imposibilidad de una revolucion aséptica revolución que acceda a lo popular a través de formulaciones abstractamente “revoluciónarias”. La revolución se construye en la relación social y aparece como un momento distinto pero ligado por vínculos profundos a las manifestaciones culturales de los pueblos.
Cuando la sociología opone tradiciónalidad a modernismo está intentando la destrucción de los vínculos comunales y solidarios de las clases populares. De esta manera, cree facilitar el establecimiento de nuevos vinculos burocrático-racionales que fortalecen las relaciones de producción y dependencia imperantes. En nuestros días, por -ejemplo, es evidente el intento de romper con el pasado o afirmarse en los aspectos aristocráticos del mismo, como un intento de impedirla consolidación de los vínculos histórico-culturales del pueblo. Por un lado tenemos el conservadorismo antisocialógico y par otro la sociología como expresión teórica de la moderna racionalidad monopolio ta.
Si la razón pura, conocimiento puro, es independiente de lo empírico-fáctico, entonces el conocer no tiene que ver con una práctica concreta, es puro conocer. De ese puro conocer se pueden hacer diferentes usos, a favor o en contra del orden establecido, pero en sí mismo el conocimiento no tiene- dicen que no tiene – nada que ver con las posiciones que se adoptan a partir del mismo. Igual que la libertad abstracta y subjetiva del burgués, el conocimiento formal tiene un carácter individualista y puramente subjetivo – aprender los objetos exteriores por la reflexión intelectual el conocimiento es interiorización de una exterioridad que se presenta como dada e inmutable. Momento puramente fenoménico del conocer que, desde nuestras perspectiva rechazamos totalmente, dado que el primer momento del conocimiento científico práctico es crítico y no fenoménico.
El positivismo reclama de los científico la aceptación acritica de la facticídad, lo que es por di hecho de serlo. La facticidad es un fetiche que domina el pensamiento científico, determinando su evolución. La crítica parte de la desaparición de lo existente lo que existe está en vías de desaparecer. Se pone en contra del, los hechos y se desarrolla en oposición a la facticidad. Habla en contra de los hechos, contra la realidad fáctica,y a favor de la producción social de esa realidad (realidad producción), La acción humana está en contra de los hechos en todas sus manifestaciones, la práctica social al superar la realidad fáctica la niega, la crítica la niega para superarla. La ciencia formal en cambio, está a favor de los hechos los respeta religiosamente, busca adecuar sus modelos a los hechos, indiscutibles.
El yo conocedor de lo existente, de lo anterior y exterior a la individualidad abstracta, no puede actuar sobre la exterioridad si no es escindiendo el momento del conocimiento fenoménico de la acción, en una actitud técnica sobre la realidad. Aparecen así los técnicos del sistema y los técnicos de la revolución, que aportan a cualquiera de estos procesos una idéntica actitud científica y una idéntica idoneidad técnica, adquiridas en la ruda disciplina del aprendizaje científico, neutralmente valorativo en sí mismo,
El poseedor de la lógica del procedimiento es un científico, sabe “diseñar” un trabajo científico, lo demás es secundario. Esta cuantificación filosófica es otra muestra del cambio de carácter de la ciencia: de un oficio artesanal ligado a la producción, la ciencia pasa a ser un oficio burocrático ligado a la administración de cosas. De aquí surge el tecnócrata a sueldo que es un recopilador y racionalizador al servicio de una política. “Independientemente” del contenido de esa política son eficientes para cualquier sistema. El correlato económico de esta categoría profesional es el “ejecutivo”, eficiente administrador de empresas, también eficaz para cualquier sistema. El científico es el gerente del conocimiento en la sociedad imperialista.
Aparecen los manipuladores de la realidad, los burócratas de la revolución, los enamorados de los hechos. Practica se confunde con pragmatismo, el fetichismo de la racionalidad es el que manda: las relaciones de los hombres con sus, productos (instituciones) y de las instituciones entre sí (por ejemplo de la industria con la economía rural latifundista) aparecen como las relaciones verdaderamente humanas. El problema de la revolución es el de la transformación de las instituciones-producto en otras más eficientes y aptas. La política y los cambios en las relaciones sociales – o su mantenimiento- se con vierten en un problema aritmético, de suma y resta (la racionalidad según Hobbes). La revolución es el resultado de abstractas combinaciones entre indicadores, así el peronismo proviene de que, en 1945 aproximadamente, cambia la relación de los índices del producto bruto en favor de la industria y en desmedro de la agricultura y la ganadería.
El problema de las relaciones entre los hombres se convierte en un simple medio para el fin institucional, por lo tanto se lo resuelve burocráticamente, administrativamente. Están los que racionalizan empresas para hacerlas más rendidoras, y los que subordinan a los hombres a una nueva cosa: instituciones más aptas y eficientes.
Si el problema de la revolución es la emancipación del hombre del dominio de otros hombres y de las cosas; para los tecnócratas significa la subordinación de los hombres a nuevas cosas: instituciones centralizadas y planificadoras, por supuesto que dirigidas por ellos. Mediatizan al hombre con el objeto de alcanzar un fin más alto, la racionalidad, la eficiencia, terminar con el despilfarro de recursos etc. El hombre no es el producto de su historia sino un agente subordinado a la finalidad histórica o a las leyes de esas entelequias denominadas estructuras. El técnico y no la clase social, o el pueblo es el que domina la circunstancias, y el técnico ordena y redistribuye a los agentes para que, no de una manera azaroza sino planeada, alcancen el fin histórico descubierto por los científicos.
La cristalización de nuevas instituciones-producto deja para un futuro la realización y producción consciente y colectiva de la historia. Se mantiene el carácter pasivo y obediente del pueblo, esta vez bajo las órdenes de nuevos y renovados tecnócratas que modifican la forma prehistóricamente burguesa de dominación para conservar la sociedad monopolista e imperialista. El problema policial del orden y el burgués de la buena administración se convierten en los problemas centrales. La revolución es igual a desarrollo, y en la práctica, para los desarrollistas de izquierda no hay ninguna revolución sino un continuo jugar sus posiciones en favor de otros desarrollistas más lúcidos: de los tecnócratas conscientes del sistema imperialista, que utilizan y subordinan a los “técnicos de la revolución” que son impotentes para realizarla.

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